El segundo componente básico del programa de reconstrucción y recuperación tras el tsunami ejecutado por el Gobierno de Sri Lanka se denomina Volver al trabajo. Alrededor de ocho ministerios públicos y 100 organizaciones internacionales y nacionales están involucrados en las actividades destinadas a restablecer las fuentes de sustento de la gente, de modo que la coordinación ha sido un proceso complejo. En junio analizamos los casos de algunos de los afectados. Hoy, cinco meses después, la funcionaria de asuntos externos del Banco en Colombo, Chulie de Silva, vuelve a visitar a esas personas para ver qué tal les ha ido y a conocer a algunas otras…...  El pescador ha vuelto a pescar……  16 de diciembre, 2005 —Mahamarakkalage Patabendi Malini tiende ropa en el tendedero frente a su casa recientemente terminada. La vivienda de nuevo revoque se ubica junto al refugio transitorio donde vivÃan hasta junio. El cartel que lee Salve a los pescadores sigue colgado en los tablones de madera, pero el interior del refugio está vacÃo. Sólo quedan algunas redes de pescar.  Once meses después del tsunami, el esposo de Malini, Norman, está pescando. Él y su familia fueron afortunados el pasado diciembre: estaban a una distancia segura de su aldea en Kalamulla, Paiyagala, gracias a lo cual se salvaron de la furia del tsunami.  “Algunos dÃas la pesca está buena, pero otros no. Asà es la vida del pescadorâ€, dice Maleni mientras nos muestra su casa. La vivienda original estaba fuera de la zona de amortiguamiento decretada por el Gobierno: la zona donde no se puede volver a construir. Malini dice que tuvo suerte de haber podido reconstruir, pero que aún le faltan muebles.  El panadero está horneando…. Sólo a unos pocos pasos calle abajo en Kalamulla, Paiyagala, la situación es muy distinta al interior de la zona de amortiguamiento de 100 metros. Don Noel Palliyaguruge, a quién también conocimos en junio, aún vive en un albergue transitorio y no ha recibido apoyo para vivienda ni recursos para retomar su fuente de sustento como panadero.  |  |  | | Don Noel Palliyaguruge ha rentado una panaderÃa dentro de su antiguo y destruÃdo centro de trabajo. |
|  | “Los pescadores recibieron botes, ahora hay más barcos que antesâ€, dice Noel. “Yo podrÃa haber recibido uno, pero de qué me sirve a mi un boteâ€. Como único sostén de su familia de cuatro personas, no podÃa estar mucho tiempo desocupado. Buscando por ahà encontró y arrendó una panaderÃa abandonada desde hace cuatro meses, lejos de su aldea, más cera del interior de la aldea de Paiyagala.  “Hay muchas panaderÃas en esta parte de la ciudad y el mercado es más competitivo: necesito empezar a hacer pan en mi propia zona, porque ahà no hay panaderÃasâ€, agrega. Está preocupado de perder sus clientes y de no ser capaz de capitalizar durante las fiestas de Navidad, la mejor época para ganar dinero como panadero.   La renta por la panaderÃa en ruinas es de US$20 [LKR 2000] al mes. Como las últimas lluvias han anegado el jardÃn, hay tablones de madera sobre el fango para acceder al local. Pero el panadero cuenta con los elementos básicos: un horno y un mesón largo para amasar. A un lado del mesón se apila un gran montón de masa y en el otro hay bandejas metálicas vacÃas. Noel espolvorea harina en el mesón, aceita sus manos, corta un trozo de masa del montón y con dos pasadas rápidas de sus manos la masa está sobada y lista para ser puesta en la bandeja.  El horno es rudimentario. Noel abre la puerta oxidada y explica cómo carga el horno con leña y luego la enciende para obtener brasas calientes, las que extiende en el piso del horno para calentarlo. Después se hacen a un lado para ubicar las bandejas con la masa y cocer el pan. En la actualidad, hornea unos 175 a 180 panes de molde diario y dice que con suerte hace US$7 [LKR 700] al dÃa. El mismo entrega el pan en su motocicleta, la que le fue donada a través de una iglesia en Rawathewattha, Moratuwa, en las afueras de Colombo.  Noel también hornea parte del pan en el horno que sobrevivió al tsunami. “Mi panaderÃa era nueva, sólo la tenÃa desde hace 16 meses cuando vino el tsunami. En ese entonces, horneaba unos 400 moldes al dÃaâ€, dice Noel. “En estos hornos no puedo hacer panes muy elaborados ni tortasâ€.   |  |  | | Ajith Priyantha y su hermano mayor, Sujith, comenzaron "Los mejores sastres", a su regreso después de trabajar en el Medio Oriente. |
|  | Noel necesita unos US$3.000 [LKR300.000] para la reconstrucción, pero aún no ve la luz al final del túnel. El gobierno ahora ha flexibilizado las restricciones en la zona de amortiguamiento, pero tanto él como muchos otros que vivÃan ahà no están seguros de si llegará apoyo ni cuando.  El sastre nuevamente está cosiendo….  Más abajo por la calle en Maggona, en Los Mejores Sastres, los hermanos Sujith Priyantha y Ajith Priyanta están ocupados cortando y cosiendo. Sujith, el mayor, trabajó en el LÃbano durante cuatro años en una fábrica de vestuario e invirtió sus ahorros para montar la sastrerÃa.  “Era sastre antes de partir a El LÃbano. A mi regreso, busqué una buena ubicación para montar mi negocio. En Maggona solo habÃa un sastre de edad avanzada, asà que instalé una tienda muy atractiva. Uno necesita tener una tienda elegante para atraer al clienteâ€, dice Sujith. “El negocio iba bien y durante los meses buenos ganaba unos US$3.000 [LKR 30.000] mensuales. Luego abrà una segunda tienda y la dejé a cargo de mi hermanoâ€, agrega. En sólo unos pocos minutos, el tsunami se llevó todos sus bienes y materiales en existencias por un valor de US$1.000.   La segunda tienda no resultó tan dañada por el tsunami. Usando todo lo que pudo salvar y luego de vender algunas de las joyas de su mujer, Sujith pudo abrir la tienda en marzo de este año. A los 30 años, Sujith es el principal sostén de su hogar y mantiene a sus ancianos padres. Tuvo que despedir a otras dos personas que trabajaban para él y se quedaron sólo él y su hermano.  Algunas maquinarias que resultaron dañadas están en el servicio técnico, pero no ha tenido dinero para pagar las reparaciones. “Tenemos que mantenernos visibles por lo menos para entregar el servicio más básicoâ€. Pero según él, el negocio deberÃa repuntar, porque ahora apenas se las arregla para sobrevivir. El también ha enviado todos sus datos y llenado numerosos formularios, pero no ha llegado ayuda para la pequeña empresa.  “No estoy pidiendo dávidas, sino apoyo para que podamos levantar cabeza. Cuando le pido al agente del Banco un préstamo de US$3.000 [LKR300.000] él me pide garantÃas, pero yo no las tengoâ€, dice Sujith.  Ayuda de la Federación de mujeres   |  |  | | La Sra. Nazeera Palli tiene una pequeña granja avÃcola para consumidores locales. |
|  | La situación es diferente para Nazeera Palli, una madre de dos jóvenes –un hijo y una hija– que quedó en la miseria luego del tsunami. Ella, que perdió el total de sus inversiones en una granja avÃcola en el árido pueblo de Hambantota, uno de los poblados más afectados por el tsunami, contó con ayuda.    Todas sus aves murieron, pues quedaron si alimento después del tsunami.  Pero Nazeera tenÃa un ángel de la guarda: la organización no gubernamental Federación para el Desarrollo de la Mujer [WDF, por sus siglas en inglés], más comúnmente conocida como Janashakthi o poder de la gente. La Federación cuenta con el apoyo de una donación de US$944.000 del Fondo de Desarrollo Social de Japón [JSDF], uno de los servicios de donaciones del Banco Mundial, y ha respaldado la creación de las unidades bancarias Janashakthi para ofrecer microcrédito a las mujeres.  El Fondo de Desarrollo Social de Japón proporcionó alrededor de US$1 millón para ir en ayuda de las vÃctimas del tsunami en Hambantota, en el Sur, y en los distritos de Jaffna, Vavunia, Trincomalee, en el Noreste.  En Hambantota, la WDF proporcionó capital simiente y microcréditos ampliados para actividades generadoras de ingresos, otorgó becas a los huérfanos del tsunami y entregó fondos para reconstruir las unidades bancarias dañadas en Hambantota, Tangalle y Siribopura. Además, WDF montó tres guarderÃas infantiles, proporcionó máquinas de coser, bicicletas y bombas de agua para ayudar a la gente a retomar las actividades agrÃcolas.  Nazeera recibió un préstamo de US$150 [LKR 15.000] y una donación en efectivo de US$50 [LKR 5000] para comenzar de nuevo. Ella recibe los pedidos de aves por adelantado (por ejemplo, para matrimonios) de parte de organizaciones comerciales. Ahora vende unas 200 aves al mes. Su nuevo emplazamiento es estrecho, pero está cerca de su familia extensa. Sin embargo, la falta de espacio implica que no puede producir huevos.  “Conseguir otra casa es un sueño, pero estoy decidida a pagar el préstamo y pararme en mis propios piesâ€, dice. Su otro sueño es educar a su hija Siyara y a su hijo Sihad.  Ayudar a otros  En Lewayagoda, Hambantota, la WDF entregó US$250 [LKR25.000] a Sriyani Mangala para montar su fábrica de ladrillos. Sriyani perdió a su madre, a sus hermanas y a otros cuatro miembros de su familia.  Krishna Ranjanie, de la aldea de Navaudara en Akkarapaha, quien también sobrevivió al tsunami, consiguió un préstamo de Janashakthi de US$30 [LKR3000] para iniciar una pequeña tienda de abarrotes al lado de su casa.  La Federación perdió 184 miembros y 16 voluntarios en el tsunami. Ahora también ayuda a los niños huérfanos. “En este momento, entregamos becas de US$27 [LKR2.750] al mes a 150 huérfanos. Aumentaremos la cifra para cubrir a todos los demás niños que se encuentran en esta situaciónâ€, señala S.P. Sriyani Mangalika, la dinámica gerenta general de WDF.  Nazeera Palli sintetiza lo que piensan las mujeres de Hambantota: “WDF ha sido mi fortaleza; sus miembros me dieron las ganas de seguir viviendoâ€. |