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Sri Lanka: los agentes del gobierno recuerdan… Sanan las heridas que dejó el tsunami

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Los agentes del gobierno, cuyo nombramiento está a cargo del gobierno central, tienen sus orígenes en la época colonial, cuando el país estaba dividido en nueve provincias y ellos eran los principales administradores provinciales.

 

Uno de los agentes más conocidos fue Leonard Woolf, famoso en Sri Lanka por sus escritos y posteriormente, como el marido de la gran escritora Virginia Woolf. Él comenzó su carrera de funcionario público británico como agente de Jaffna Kachcheri (Oficina del gobierno). Debido a los cambios en la estructura del gobierno local y el nombramiento de ministros de distrito, quienes además forman parte del Congreso, los agentes del gobierno ya no tienen el poder que ostentaba Woolf.  Sin embargo, luego del tsunami, el gobierno elevó su categoría y los invistió como la autoridad competente a cargo de las operaciones de socorro.

 

Chulie de Silva, funcionaria a cargo de asuntos externos del Banco en Colombo, descubrió que para muchos de estos agentes la tarea implicó adquirir conocimiento práctico y directo sobre gestión de actividades relacionadas con los desastres.

 

Recursos
Sitios oficiales del Banco
Sitio web de recuperación tras el tsunami

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Sri Lanka: los agentes del gobierno recuerdan… Sanan las heridas que dejó el tsunami
16 de diciembre, 2005 —El Agente de Matara, Gamini Jayasekera, vio cómo se acercaba la ola; ésta lo atrapó, pero sobrevivió y pocas horas después montó una improvisada oficina para iniciar las operaciones de socorro.

 

Su tarea no fue fácil; si bien su hija estaba a salvo, su único hijo estaba desparecido. Jayasekera se encontró frente una aldea totalmente destruida y una enorme pila de cadáveres. Su secretaría también quedó en ruinas.

 

Pese a su propio calvario, buscó concentrarse en lo que había que hacer: juntó a médicos, la policía, el Ejército y su personal para dar inicio a las labores de socorro.

 

“Los militares retiraron los escombros, los médicos trabajaron 24 horas al día sin descanso. Estamos orgullosos de que nadie murió a causa de lesiones en el hospital; tampoco hubo muertos por inanición ni enfermedades o epidemias posteriores”, dice Jayasekera.    Con todo, el recuento en Matara fue desastroso: 1.391 muertos, 6.652 heridos y otros 508 desparecidos. El 70% de las víctimas fatales eran mujeres.

 

A medida que nos relata los sucesos de ese día, le cuesta un poco contarnos que su hijo apareció sano y salvo en la casa de un pariente dos días después.

 

“El dinero no era el problema’, dice Jayasekera y explica que el gobierno liberó alrededor de US$98.000 (10 millones de LKR) para operaciones de socorro emprendidas por los agentes y los convirtió en las autoridades competentes en virtud de los reglamentos para casos de emergencia. “Tomamos huellas digitales y fotografías de los muertos y registramos la información en CD, a fin de permitir la identificación. Todos los días había reuniones con la policía, los militares y el personal para evaluar los avances del trabajo y analizar las deficiencias.

 

Jayasekera
El Agente de Matara, Gamini Jayasekera
“La comunidad fue un gran apoyo. Incluso los más pobres llegaban con un kilo de azúcar para ayudar”, dice Jayasekera. “En algún momento, nos faltaron vehículos pesados y los habitantes de lugares tan alejados como Panadura nos ofrecieron sus camiones, todo lo cual ha forjado nuevas relaciones de mutuo beneficio”, agrega.

 

En la administración pública

 

En la punta norte de Sri Lanka, K. Pathmanathan, un experimentado y antiguo miembro de la administración pública desempeñaba los últimos días de su cargo en Jaffna cuando sobrevino el tsunami. 

 

“Me apuré en llegar al lugar cuando oí sobre la tragedia.  El mar había entrado aproximadamente un kilómetro”. Toma un mapa y explica: “Esta franja costera de aquí hasta aquí”, dice apuntando a la franja de Point Pedro hacia el sur “desapareció por completo”. “La gente no tenía ningún lugar seguro ni en este lado ni en el otro. No había policías ni oficiales del ejército: una gran cantidad de soldados fueron embestidos por el tsunami mientras hacían guardia en la zona costera”.

 

“Es cierto que pertenecemos a la administración pública, pero nos guiamos por normas y procedimientos y no podemos hacer lo que se nos venga en gana”, dice, mientras explica cómo impulsó a la comunidad para que reaccionara a la tragedia.   Lo que le resultó muy útil fue su experiencia directa en operaciones de socorro y rescate en Jaffna durante los años de guerra. “Cuando el ejército y el grupo armado Tigres de Liberación del Ealam Tamil se disponían a ir a la guerra, nosotros nos preparábamos para proteger a la gente”. En 1995, cuando unas 400.000 personas resultaron desplazadas, Pathmanathan lideró la operación de rescate y socorro que suministró refugios temporales, alimentación y otras necesidades básicas. 

 

“Yo capacité a la gente. Ahora ya saben dónde están los refugios seguros, cómo ayudar a otros y   cómo reaccionar de inmediato. No me refiero sólo a los demás funcionarios, sino que también a las organizaciones no gubernamentales y las cooperativas”, agrega.

 

Pathmanathan agrupó a los Grama Sevaka, funcionarios a nivel de poblado del actual sistema de gobierno, y cerró los caminos con lo cual impidió el ingreso de saqueadores a la zona. La Sociedad de Cooperativas de Pesca fue el principal grupo comunitario que lideró las actividades inmediatas de socorro.   Además, organizó a los voluntarios en equipos de entre cinco y 10 personas y comenzó a rastrear la zona devastada para asegurar que todos los heridos recibieran atención.

 

Usando los tuk tuk para pedir ayuda

 

Pathmanathan
K. Pathmanathan, un experimentado y antiguo miembro de la administración pública en Sri Lanka
Mientras las operaciones de socorro seguían en marcha, las ricas tradiciones comunitarias de Sri Lanka, que implican compartir y dar comida y ayudar al otro en tiempos de necesidad, jugaron un rol esencial. En ese sentido, Jaffna contaba con un sistema bien consolidado debido a los años de conflicto y activarlo fue fácil. Pathmanathan encomendó a los conductores de triciclos tuk tuk a que solicitaran comida y ropa para las personas refugiadas en las escuelas.  Y tal como se esperaba, la gente envió alimentos cocinados, vestuario y ayuda para las víctimas refugiadas en los albergues en los mismos tuk tuk.

 

Todas las viviendas de la franja costera más baja de Jaffna fueron arrasadas. Sólo quedaron unos pocos heridos; la mayoría de los habitantes –más de 2.000– murieron o están desaparecidos. Aquellos que sobrevivieron tienen un sentido total de pérdida. Algunos quedaron sin ropa, pues sus enseres fueron arrastrados por la increíble fuerza de las poderosas olas. Tampoco tenían dinero, ni bienes o identificación.

 

Sin embargo, la mayoría tenía una importante tarea, llevar a cabo el ritual religioso final de sus seres queridos muertos.  Como entendía esta necesidad, Pathmanathan no esperó la apertura de los bancos ni la autorización del gobierno. Se movilizó rápidamente para juntar dinero entre los comerciantes y entregó US$98 (LKR10, 000) a cada familiar que retiraba un cadáver del hospital para cubrir los gastos funerarios.

 

El tsunami destruyó más de 6.000 familias en las zonas de Jaffna y Mullaitivu. En Batticaloa, la zona más afectada, había más de 54.000 sobrevivientes del tsunami alojados en 100 albergues.

 

Una enorme tarea

 

“Empezar de nuevo fue una enorme tarea”, dice Emelda Sukumaran, agente del gobierno de Mullativu.

 

La asertiva y dinámica Sukumaran perdió su flamante nueva casa, pero tuvo suerte pues su familia sobrevivió porque habían salido temprano esa mañana a visitar a unos parientes.

 

En Mullativu, el 80% de los desplazados internos estaban siendo reubicados cuando los golpeó el tsunami. Para los retornados a causa de la guerra, éste fue un retroceso enorme. 

 

Sukumaran
Emelda Sukumaran, Agente del Gobierno de Mullativu
Mientras Sukumaran mueve un lápiz en su mano dice expresivamente: “No recuperé ni siquiera un lápiz de mi casa, pero la asistencia que prestamos a los afectados por el tsunami estuvo bien coordinada”.

 

Sin embargo, esta mujer enfrentó otro duro golpe: la pérdida de 12 miembros del personal a su cargo. “Teníamos dinero, pero no teníamos la capacidad de implementar un plan de recuperación expedito”, dice. Pese a los obstáculos, Sukumaran lideró un programa conforme al cual se acomodó rápidamente a la gente en 22 campamentos y se les dio alimentos y agua potable. Incluso las escuelas abrieron a tiempo en enero luego de las vacaciones de diciembre.

 

Fue gracias al trabajo de los agentes y del personal del gobierno que se pudo trasladar a los refugiados de los campamentos transitorios. Todas las familias que alguna vez pasaron por ahí están ahora en refugios temporales y algunos incluso han podido recuperar sus formas de sustento.

 

Según los funcionarios de Matara, uno de los programas de reconstrucción del gobierno, denominado “Volver a casa”, ha avanzado bien.   Sin embargo, los programas de reconstrucción en otros lugares han tenido muchos problemas.

 

Pathmanathan, actual Director de Proyectos del Programa del Banco para Vivienda, zona Noreste dice: “en este momento, el programa está detenido”.  Algunas de las dificultades son los atrasos en el programa no estatal del sector vivienda  así como la escasez de tierra para reubicar a las personas que vivían en la zona de los 100-200 metros, zona en la que el Gobierno de Sri Lanka ha prohibido la reconstrucción como medida preventiva.

 

Por ahora, la regla de la zona de amortiguamiento se ha flexibilizado lo que motiva una nueva reevaluación del financiamiento de los donantes para fines habitacionales en esta zona. Algunos dicen que la falta de personal técnico capacitado para acelerar la entrega de las siguientes rondas de donaciones también ha obstaculizado el avance del programa “Volver a casa”. Por su parte, el gobierno y los donantes también reconocen la necesidad de involucrar más a los beneficiarios en el proceso de ejecución, así como de revisar la asignación de donaciones con el fin de incluir el aumento en el costo de la construcción.

 

A medida que se acerca el primer aniversario de la tragedia, el objetivo del gobierno y de sus asociados para el desarrollo es que todas las familias que perdieron su hogar sepan, en este aniversario o muy pronto dónde estará su nuevo hogar, cómo se financiará y qué función cumplirán ellos en su materialización.




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