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Habida cuenta de que hoy viven en el mundo en desarrollo 1.300 millones de jóvenes —el grupo más extenso en toda la historia—, no ha existido jamás un mejor momento para invertir en los jóvenes, que gozan de mejor salud y han recibido más instrucción que las generaciones anteriores e ingresarán en la fuerza de trabajo con menos dependientes debido a los cambios demográficos. Por el contrario, no aprovechar esta oportunidad de darles una formación más eficaz para desempeñarse laboralmente y para ser ciudadanos activos, podrÃa ocasionar una desilusión generalizada y tensiones sociales.  “El gran número de jóvenes que viven en los paÃses en desarrollo ofrece amplias oportunidades al tiempo que plantea riesgosâ€, afirma François Bourguignon, Primer Vicepresidente y Primer Economista, EconomÃa del Desarrollo, del Banco Mundial. “Las posibilidades son enormes, pues muchos paÃses tendrán una fuerza de trabajo más extensa y calificada y un menor número de dependientes. No obstante, estos jóvenes deberán recibir una preparación adecuada que les permita crear y encontrar buenos empleosâ€. En el informe se señala que los jóvenes constituyen casi la mitad de las filas de desempleados de todo el mundo y que exclusivamente en la región de Oriente Medio y Norte de Ãfrica, por ejemplo, deben crearse 100 millones de empleos para el año 2020 a fin de estabilizar su situación en la esfera laboral. Asimismo, las encuestas de jóvenes en Asia oriental y en Europa oriental y Asia central —que se llevaron a cabo como parte de la investigación para el informe— señalan que el acceso al empleo, asà como la seguridad fÃsica, es su mayor preocupación. MuchÃsimos jóvenes —unos 130 millones de entre 15 y 24 años de edad— no saben leer ni escribir. La enseñanza secundaria y la adquisición de aptitudes sólo tienen sentido si se ha completado con éxito la escuela primaria. Y como éste no es el caso, deben redoblarse los esfuerzos en esta esfera. Además, más del 20% de las empresas de paÃses como Argelia, Bangladesh, Brasil, China, Estonia y Zambia declaran que uno de los obstáculos importantes o graves que afectan a sus operaciones consiste en la falta de aptitudes y educación adecuadas de los trabajadores. Para superar esta desventaja se requieren más y mejores inversiones en los jóvenes. “La mayorÃa de los paÃses en desarrollo tiene una breve ventana de oportunidad para resolver la situación antes de que su vasta población juvenil llegue a la edad madura, y pierda asà su ventaja demográfica. Es más que una polÃtica social acertada; es una de las decisiones de fondo que los paÃses en desarrollo podrÃan tomar para erradicar la pobreza y galvanizar su economÃaâ€, afirma Manny Jimenez, principal autor del informe y Director de Desarrollo Humano del Departamento de Asia Oriental y el PacÃfico del Banco Mundial. Según un estudio, el hecho de que en 1965-90 la tasa de crecimiento de Asia oriental haya superado en más del 40% a la de América Latina obedece a polÃticas progresistas en materia de macroeconomÃa, comercio, educación, salud y formación profesional, asà como al crecimiento más rápido de su población en edad de trabajar. Los paÃses que dejen pasar esta oportunidad demográfica quedarán aún más rezagados en el marco de la economÃa mundial. En el Informe sobre el desarrollo mundial se señala que la mayorÃa de las autoridades normativas sabe que los jóvenes ejercerán una gran influencia en el destino social y económico de su nación, pero al mismo tiempo enfrentan graves dilemas al escoger la manera más eficaz de invertir en ellos. También se identifican tres polÃticas estratégicas que permiten potenciar las inversiones en la población juvenil: 1) ampliar las oportunidades, 2) mejorar las capacidades, y 3) ofrecer segundas oportunidades a los jóvenes que han quedado rezagados debido a circunstancias difÃciles o decisiones desacertadas. Estas polÃticas abordan las cinco fases de transición fundamentales que afrontan los jóvenes e inciden en toda su vida económica, social y familiar, a saber: seguir estudiando, comenzar a trabajar, adoptar un estilo de vida saludable, formar una familia y ejercer los derechos cÃvicos. Oportunidades. Cuando sus posibilidades de recibir buenos servicios de educación y de atención de la salud son mayores, los jóvenes pueden adquirir las aptitudes de vida que les permiten navegar sin zozobras por el mar de la adolescencia y la juventud; en forma similar, una mejor formación profesional los ayuda a competir en el ámbito laboral. La participación de los jóvenes en actividades polÃticas y en organizaciones sociales es fundamental para potenciar la voz de los jóvenes en la vida cÃvica de sus propias comunidades y también es de vital importancia para un buen gobierno. Si los jóvenes no tienen la posibilidad de participar productivamente en la vida cÃvica, sus frustraciones pueden generar tensiones económicas y sociales, con la consiguiente creación de conflictos que persisten durante largo tiempo. En Sri Lanka, por ejemplo, el actual enfrentamiento étnico entre los cingaleses y los tamiles fue causado inicialmente por la frustración experimentada por los estudiantes tamiles, a quienes se habÃa privado de la posibilidad de ingresar en universidades y otros canales de participación cÃvica. Capacidades. Es importante proporcionar información a los jóvenes y desarrollar sus aptitudes para tomar decisiones, especialmente respecto de su salud y del aprendizaje continuo. Armados con la información y los incentivos adecuados, estos jóvenes pueden tomar decisiones acertadas. El análisis del programa Mejores Alternativas de Vida, en la India, que ofrece información sobre salud y servicios reproductivos y formación profesional a mujeres de entre 12 y 20 años de edad que viven en barrios de tugurios urbanos y zonas rurales, indica que las jóvenes que participaban en el programa intervenÃan en forma más significativa que las restantes en decisiones vitales clave. Segundas oportunidades. Los paÃses deben establecer programas destinados a jóvenes que han quedado rezagados debido a circunstancias difÃciles o decisiones desacertadas, entre ellas: deserción escolar, drogadicción, conducta delictiva o desempleo prolongado. Las segundas oportunidades ayudan a los jóvenes a reconstruir su futuro y, consiguientemente, generan beneficios a largo plazo para la sociedad en su conjunto. La rehabilitación es costosa, pero los beneficios son máximos para los jóvenes que aún tienen por delante toda una vida de productividad potencial. Según el informe, 300.000 personas menores de 18 años han participado recientemente en conflictos armados, y otras 500.000 han sido reclutadas por fuerzas militares o paramilitares. La experiencia de los programas de desmovilización y rehabilitación demuestra que los jóvenes combatientes pueden reconstruir su vida cuando reciben formación laboral y apoyo médico y psicológico. Si bien estas cuestiones no se resuelven fácilmente, los paÃses en desarrollo, asà como su población juvenil pueden extraer enseñanzas de docenas de ejemplos en que los jóvenes, con el apoyo de polÃticas e instituciones públicas acertadas, no sólo han podido hacer frente a sus dificultades, sino que han prosperado.  “En comparación con sus predecesores, los jóvenes de hoy tienen un mayor grado de instrucción, gozan de una apertura polÃtica más amplia y tienen más contacto con el mundo exterior a través de la televisión, internet y la migración, gracias a lo cual pueden recorrer con más facilidad la etapa de transición y convertirse en los ciudadanos del futuro comprometidos y respetuosos de la leyâ€, afirma Mamta Murthi, coautora del Informe sobre el desarrollo mundial, 2007, y economista superior en el Departamento de Europa y Asia Central del Banco Mundial.  Murthi sostiene que la canalización de los conocimientos y la creatividad natural de los jóvenes contribuye a estimular el crecimiento económico y puede producir beneficios perdurables que también tendrán efectos positivos en las futuras generaciones. En otras palabras, incidirán en los resultados de la lucha mundial contra la pobreza durante los próximos 40 ó 50 años.
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