Éstas son algunas de las preguntas que se hacen los paÃses en desarrollo que ya sufren las consecuencias del cambio climático, y que se captan en un video patrocinado por el Banco Mundial titulado “Life Out of Balance: Climate Change in the Developing World †[La vida pierde el equilibrio: El cambio climático en el mundo en desarrollo], presentado durante la conferencia sobre cambio climático de las Naciones Unidas que se lleva a cabo en Bali, Indonesia.
Los paÃses en desarrollo y en especial la gente más pobre del mundo son los más vulnerables a los cambios del clima y a los fenómenos climáticos extremos, como inundaciones, sequÃas, olas de calor y aumento del nivel del mar.
Lo anterior involucra la incorporación plena del tema del cambio climático a sus proyectos básicos de desarrollo, entre los cuales destacan aquellos destinados a energÃa, agricultura y uso del suelo, y asimismo la búsqueda de soluciones innovadoras para financiar medidas que reduzcan los efectos adversos del cambio climático.
Las necesidades en este campo son enormes. Si bien los cálculos varÃan, la mayorÃa de los observadores concuerda en que se necesitarÃan cientos de miles de millones de dólares cada año para poner en marcha estrategias de adaptación en los paÃses en desarrollo.
Rakia observa las cañas de mijo aparentemente saludables que plantó durante la breve estación lluviosa de este año. Un examen más detallado de las espigas revela que el cultivo no prosperó y que las vainas están vacÃas.
“Las lluvias nos engañaron. Llegaron, pero luego se interrumpieronâ€, dice Rakia, de 35 años, madre y productora de mijo en la región semiárida de Sahel en NÃger.
El desierto ha avanzado sostenidamente hacia el Sahel de Ãfrica occidental durante los últimos 30 años. La disminución de las precipitaciones y la sobreexplotación han cobrado su precio y han acarreado sequÃa y hambruna.
“Nuestro ganado está flaco, porque el pasto no creció. Antes tenÃamos unos cinco a seis meses de lluvia, pero ahora la estación lluviosa dura mucho menos. En el pasado, el abrevadero contenÃa agua durante seis a siete meses, pero ahora ya no da abasto. Nuestro abrevadero se está secandoâ€.
Al igual que la mayorÃa de los habitantes del poblado de Feteye, el sustento y el alimento de Rakia y sus hijos dependen de la agricultura.
En ocasiones, la familia se queda tres de cada cuatro noches sin comer, dice Rakia.
“Nos acostamos con hambre. ¿Logrará sobrevivir mi familia? Si no viene la lluvia, no podemos labrar la tierra. Si la lluvia no cae, ¿vale la pena vivir?â€
“En menos de una hora, podÃa pescar muchos peces con mi arpón submarino. ¡Y algunas veces volvÃa con la pesca incluso antes de que el arroz estuviera listo!â€
Sin embargo, las cosas han cambiado en las aguas de la Isla de Kapoposang en Sulawesi meridional. Los arrecifes de coral otrora colmados de peces se están blanqueando y se encuentran cubiertos de algas.
Ahora puede tardar horas antes de arponear un único pez. “A veces no logro pescar ninguno y nos quedamos todo un dÃa sin comerâ€, cuenta.
“En estos tiempos, mi mujer ya no prepara las comidas como antes. Ahora primero debo conseguir el pescadoâ€.
“Los Bugis que viven en estas islas son los que están más alejados de la tierra firme. No tenemos otros trabajos aparte de la pesca. No hacemos trabajo de oficina; sólo conocemos la vida de marâ€.
En Pucarumi, una pequeña comunidad a los pies de los nevados Andes peruanos, Felipe reflexiona sobre el destino del glaciar Ausangate. Año tras año, el enorme glaciar blanco de su infancia ha ido retrocediendo y lentamente se ha vuelto oscuro.
Los glaciares se están derritiendo a tal velocidad en todo el mundo que algunos habrán desaparecido en 15 a 25 años más. En los Andes, este proceso amenazará el suministro de agua de las principales ciudades sudamericanas y pondrá en riesgo a las poblaciones y su alimento.