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Después de la tormenta: Lucha contra la pobreza en países afectados por conflictos

Disponible en: العربية, English, français
  • La mitad de los países en conflicto reinciden en la violencia después de 10 años.
  • Diseñar una recuperación definitiva constituye la base de una nueva estrategia.
  • Comprender las raíces del enfrentamiento es un requisito previo.


25 de junio de 2008– Hay una estrecha relación entre pobreza y conflicto; decenas de países y millones de personas son víctimas de patrones de inseguridad e indigencia.

Sin embargo, un país afectado por un conflicto no es sólo un país pobre más empobrecido: las guerras también abren nuevas formas de pobreza y nuevas trampas para quienes ya son pobres. Es probable que en un país afectado por un conflicto violento existan grandes grupos de desplazados, muchos heridos y personas traumatizadas, además de nuevos hogares vulnerables encabezados por mujeres.

Además del deterioro de caminos y redes de agua –situación que se encuentra en otros países pobres– un país azotado por la guerra sufre la destrucción total de sus bienes físicos y su infraestructura y la ruptura de su tejido social debido a la profunda desconfianza. Más aún, los factores que impulsaron el conflicto y las nuevas dinámicas de la pobreza persisten durante mucho tiempo después del cese del fuego. En consecuencia, los países afectados por un conflicto enfrentan un riesgo particular: la mitad reincide en la violencia en un plazo de 10 años.

El Banco Mundial, incentivado por el énfasis estratégico que pone su presidente, Robert B. Zoellick, en los países frágiles en situaciones posteriores a un conflicto, está investigando sobre la interacción entre pobreza y conflictos. En este proceso, se analiza la experiencia de países como Afganistán, Sri Lanka y Sierra Leona para determinar de qué forma los organismos de desarrollo pueden impulsar programas contra la pobreza que reduzcan también los riesgos de que surja un nuevo conflicto.

Programa del Reino Unido-Banco Mundial se centra en 13 países frágiles y afectados por conflictos

Para comprender mejor los desafíos de luchar contra la pobreza en los países afectados por un conflicto, el Ministerio Británico para el Desarrollo Internacional (DFID, por sus siglas en inglés) del Reino Unido colaboró con el departamento de desarrollo social del Banco Mundial en un programa analítico y de asistencia técnica de cuatro años de duración. Su principal objetivo era identificar la manera más eficaz de adaptar las herramientas normales de lucha contra la pobreza para abordar los problemas específicos de los países frágiles y devastados por la guerra. El programa se centró especialmente en 13 países frágiles y afectados por conflictos, entre ellos Afganistán, Burundi, República Centroafricana, Haití y Sierra Leona. Los resultados fueron analizados en un taller realizado el 17 de junio en el Banco.

“Ayudar a los países a diseñar la recuperación definitiva después de un conflicto es una prioridad crítica y uno de los pilares estratégicos de nuestro nuevo presidente”, indicó Caroline Kende-Robb, directora interina del departamento de desarrollo social. “Para ser eficaces, debemos entender los motivos que desencadenan un conflicto y cómo éstos se cruzan con la pobreza”.

Los nexos entre conflicto y pobreza afectan a un conjunto de países donde opera el Banco: de los 65 países de ingreso bajo que participan en la formulación de estrategias de lucha contra la pobreza, cerca de una tercera parte ha experimentado conflictos violentos y varios otros se encuentran ante el riesgo de que surja un conflicto de este tipo. El taller se centró en dos desafíos específicos: llevar a cabo estudios de pobreza –urgentemente necesarios pero difíciles de llevar a cabo en países devastados por la guerra– y formular estrategias de lucha contra la pobreza eficaces y realistas.

El primer objetivo de los programas contra la pobreza es establecer qué condujo al enfrentamiento

Cada vez más, los especialistas en desarrollo están de acuerdo en que en los países afectados por un conflicto violento es arriesgado diseñar nuevos programas contra la pobreza sin establecer claramente primero las diversas rupturas sociales, las injusticias y los patrones de exclusión que condujeron al enfrentamiento.

Mark Segal, especialista en conflictos del DFID, recordó que hace algunos años en Nepal, ciertos organismos de desarrollo diagnosticaron mal la esencia del problema y asumieron que el crecimiento y la reducción de la pobreza eliminarían en forma automática los riesgos de caer en un conflicto, incluso aquellos ocasionados por la desigualdad y la exclusión: “La gente dijo: ‘Estamos atacando la pobreza y por eso mismo estamos abordando el conflicto’. Aquello no tenía sentido”.

En términos generales, el personal operacional del Banco tiende a estar de acuerdo en que deben considerarse los factores que componen el conflicto. “Quien piense que es posible atacar la pobreza sin abordar este aspecto está claramente equivocado”, indicó Peter C. Harrold, director de servicios a los países del Banco Mundial.

Según Per Egil Wam, especialista superior en ciencias sociales del Banco Mundial, que condujo este programa, “si no se presta demasiada atención al conflicto, es posible llegar a tomar medidas perjudiciales. Podrían fortalecerse los desequilibrios regionales o las medidas podrían resultar irrelevantes y no abordar a los grupos excluidos”. Por ejemplo, un análisis de la pobreza puede no asignarle una prioridad especial a los ex combatientes, ya que éstos probablemente no sobresaldrían como uno de los grupos más pobres. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que los programas de reintegración de los ex combatientes son vitales para disminuir el riesgo de recaer en la violencia.

Las encuestas ayudan a develar de qué manera perciben el conflicto los diferentes grupos de la población

Las encuestas son herramientas útiles para entender mejor la forma en que los grupos de la población perciben un conflicto. Encuestas realizadas en forma relativamente rápida en la República Centroafricana y Sierra Leona arrojaron datos útiles acerca de cómo el conflicto civil ha afectado a la sociedad y aportaron información para los programas de recuperación sin retrasar significativamente una paz que tanta falta le hacía a esos países. Los métodos de investigación participativa también ayudan a los planificadores a comprender la naturaleza y la magnitud de las injusticias sociales y la manera en que se prestan los servicios.

Las estrategias de lucha contra la pobreza deben abordar la pobreza que resulta de un conflicto y deberían atenuar aquellos factores, como la exclusión regional o étnica, que podría reiniciar la guerra. William Byrd del departamento de reducción de la pobreza y gestión económica de Asia meridional sostuvo que poner énfasis en el conflicto “de hecho podría ayudar a concentrar las ideas de la gente para diseñar una estrategia de lucha contra la pobreza más focalizada”, aprovechando los programas más importantes para consolidar la paz.

Los procesos participativos a la hora de planificar estrategias de lucha contra la pobreza pueden por sí mismos contribuir tanto a generar paz como a darle legitimidad y capacidad de respuesta al nuevo gobierno. Pero los peligros de prometer en exceso son reales. “En Sierra Leona”, recordó Wam, “utilizaban un jingle que literalmente decía, ‘Viene el PRSP (las siglas en inglés del Programa de estrategias de lucha contra la pobreza) y todos nuestros problemas desaparecerán’”.




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