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Palabras pronunciadas por el presidente del Grupo del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, en la conferencia de prensa del Comité para el Desarrollo

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12 de octubre de 2008. Nuestra reunión se ha celebrado en un momento crítico para la economía mundial, en el que los mercados financieros atraviesan turbulencias sin precedentes. Los países en desarrollo -muchos de ellos ya fuertemente perjudicados por los elevados precios de la energía y los productos alimenticios esenciales- se encuentran ante la posibilidad de que sus esfuerzos por mejorar la vida de sus poblaciones experimenten serios reveses si se prolonga la restricción del crédito o continúa la desaceleración de la economía mundial. Los más pobres y los grupos más vulnerables corren riesgo de sufrir los daños más graves, en algunos casos, permanentes. Este año ya se vieron sumidas en la pobreza 100 millones de personas, y ese número aumentará.

El Banco Mundial utilizará, junto con el Fondo Monetario Internacional y otros agentes, la diversidad de recursos con que cuenta -servicios de financiamiento, análisis y asesoría- para ayudar a los países en desarrollo a fortalecer sus economías, reforzar sus sistemas financieros, mantener el crecimiento y proteger a los grupos más vulnerables contra los efectos de las crisis en curso.

Ésta ha sido una catástrofe causada por el hombre. Las medidas y respuestas para superarla están en manos de todos nosotros. También debemos asegurarnos de que, al centrar la atención en los asuntos que los afectan más de cerca, los gobiernos y ciudadanos no den la espalda a sus compromisos de aumentar la asistencia extranjera con miras a la consecución de los objetivos de desarrollo del milenio. Deben mantenerse los flujos de ayuda. En la reunión de hoy de los ministros hubo unanimidad al respecto.

Las instituciones que integran el Grupo del Banco Mundial están en condiciones de ayudar a sus países asociados:
  • El servicio financiero de desembolso rápido por valor de US$1.200 millones, cuya creación anunció recientemente el Banco, está suministrando ayuda inmediata a países que deben afrontar el impacto del alza del precio de los alimentos en la población pobre y ya cuenta con proyectos, aprobados y en tramitación, por valor de US$850 millones. Instamos a los países a considerar la posibilidad de efectuar contribuciones a este fondo. Australia aportó hace poco 50 millones de dólares australianos, pero necesitamos más.
  • Avanzaremos con un nuevo programa previsto -Energía para los pobres- que permitirá apoyar rápidamente los esfuerzos de los países por reforzar las redes de protección social para poner a los pobres a salvo de las consecuencias del aumento del gasto en combustibles.
  • El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento posee la capacidad financiera para duplicar sin inconvenientes el financiamiento que otorga anualmente a los países en desarrollo, de modo de satisfacer la demanda adicional de los clientes. Y podemos hacer más.
  • Durante la crisis financiera asiática de hace 10 años, creamos un instrumento especial de financiamiento para prestar apoyo a los países con fondos adicionales a fin de satisfacer necesidades urgentes y extraordinarias. Podemos incrementar este apoyo, independientemente de nuestro financiamiento ordinario.
  • La Corporación Financiera Internacional está estudiando la posibilidad de crear un fondo para contribuir a la recapitalización de bancos de países en desarrollo.
Además de las concernientes a la crisis inmediata, respaldaremos iniciativas a largo plazo, entre las que se cuentan las siguientes:
  • Ampliación de la ayuda para que los países con déficit de energía puedan aumentar la eficiencia energética y la producción nacional, a fin de reducir su vulnerabilidad a las perturbaciones en los precios en el futuro.
  • Prestación de más ayuda a los países para abordar las causas y los efectos del cambio climático, y la reciente puesta en marcha de los nuevos fondos de inversión en el clima, a los que 10 países aportaron poco tiempo atrás más de US$6.000 millones.

Al desencadenarse la crisis actual, la población de los Estados Unidos y de Europa ha reaccionado primero con confusión y después, sucesivamente, con frustración, ira y temor. Esas reacciones naturales se extenderán en todo el mundo a medida que las repercusiones vayan propagándose. Debemos tomarlas en serio.

Los acontecimientos de septiembre y octubre han subrayado la necesidad de que modernicemos el multilateralismo y los mercados para adaptarlos a la nueva economía global. Es lo menos que esperan nuestros ciudadanos.

Algunos tal vez afirmen que deberíamos centrar toda nuestra energía y atención en la crisis actual. Los arquitectos del sistema de Bretton Woods sentaron las bases del futuro, aún en momentos en que seguían luchando contra los enemigos del pasado. Es necesario lograr la concertación internacional ahora mismo, no sólo para hacer frente a esta crisis, si no para crear una arquitectura, normas, y un sistema de supervisión nuevos con el objeto de garantizar que esta crisis no se repita jamás.

Debemos crear un sistema mejor para el futuro.




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