La ayuda procedente de donantes tradicionales se redujo entre 2006 y 2007, de ahí la necesidad de que los donantes aumenten drásticamente la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) a fin de cumplir con los compromisos contraídos. Las nuevas fuentes de ayuda, como los donantes bilaterales que no son miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD), las entidades privadas y los fondos verticales, están aumentando considerablemente las entradas de capital en los países en desarrollo.
La mayoría de los países de África al sur del Sahara dependen de las entradas oficiales. Es preciso aumentar la ayuda destinada a estos países para alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio (ODM).
El alivio de la deuda (a través de la Iniciativa de países pobres muy endeudados -PPME- y la Iniciativa multilateral para el alivio de la carga de la deuda) ha reducido sustancialmente la carga de la deuda que soportan los países pobres. No obstante, mantener la sostenibilidad de la deuda una vez otorgado el alivio pertinente sigue siendo un importante desafío.
La complejidad cada vez mayor de la arquitectura de la ayuda hace más difícil el reto de asegurar la eficacia y coherencia de ésta.
Tendencias de la ayuda
Tras reducirse en un 4,5% en términos reales en 2006, la AOD neta de los 22 países del CAD de la OCDE cayó un 8,4% más, hasta llegar a una cifra estimada en US$103.700 millones en 2007. No obstante, la cuantía de la AOD en 2005 era excepcionalmente alta, dado que incluía operaciones de alivio de la deuda de gran volumen (más de US$19.000 millones sólo a Nigeria e Irak). Las perspectivas de cumplir el objetivo fijado por el G8 de aumentar la ayuda a los países pobres en US$50.000 millones de 2004 a 2010 estarán supeditadas a la rápida aceleración del crecimiento de la ayuda fundamental para el desarrollo.
Por otro lado, los países en desarrollo han realizado progresos en el refuerzo de las estrategias de desarrollo y los marcos institucionales para la aplicación de dichas estrategias. Entre los países que han conseguido excelentes resultados y los buenos candidatos a un aumento de la ayuda se incluyen Burkina Faso, Ghana, Madagascar, Mozambique, Rwanda, Tanzanía y Viet Nam. Entre los países que podrían utilizar eficazmente aumentos moderados de la ayuda se incluyen Armenia, Bangladesh, Honduras, la República Kirguisa y Malí. En los últimos años, una parte significativa del aumento de la AOD se ha concentrado en unos pocos países.
Los donantes asumieron compromisos alentadores con la Asociación Internacional de Fomento (AIF) (US$25.100 millones para el periodo comprendido entre 2008 y 2011), así como con organismos que otorgan fondos en condiciones favorables de otros bancos regionales de desarrollo y con el Fondo mundial de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo.
Los fondos se ven ampliados gracias a innovadores enfoques de financiamiento, como el Servicio Financiero Internacional para la Inmunización, que emitió un bono por valor de US$1.000 millones en 2006, y el impuesto de solidaridad a los pasajes aéreos, introducido en Francia a mediados de 2006 y que se está aplicando también en otros países.
Se ha ampliado la variedad de fuentes de ayuda. En la actualidad, el número de países donantes que no son miembros del CAD se aproxima a 30. Dichos países —incluidos Brasil, China, India, Malasia, Rusia, Tailandia, Venezuela, algunos países ricos en petróleo y nuevos países de la UE— están proporcionando ayudas por un valor que se estima en US$8.000 millones al año, y se espera que dichas ayudas aumenten. La ayuda de donantes privados se estimó en US$14.600 millones en 2006. La Fundación Gates desembolsó por sí sola más de US$1.000 millones en 2006.
Si bien la ayuda destinada a África ha aumentado, gran parte de ella se ha otorgado en forma de alivio de la deuda. Los flujos de ayuda global procedentes del CAD y de donantes multilaterales destinados a la región aumentaron a US$40.000 millones en 2006, cuantía que representa un incremento de US$6.900 millones en términos reales con respecto a los niveles de 2005 y de US$12.400 millones con respecto a los de 2004.
La fragmentación de la ayuda —más donantes con cuotas inferiores de la ayuda total— es una nueva cuestión. Los datos del CAD de la OCDE relativos a 61 países pobres y Estados frágiles muestran que más del 60% de los países recibieron ayuda de un mínimo de 20 donantes distintos, y más del 75% de los países contaban con 10 donantes o más que, en conjunto, representaban como máximo el 10% de la ayuda. Ello hace que las estrategias fuertes dirigidas por los países sean más importantes que nunca.
La previsibilidad de la ayuda sigue siendo un problema, aunque dicha previsibilidad esté mejorando a largo plazo: según el estudio sobre la Asociación Estratégica con África, de los US$2.700 millones comprometidos por los donantes en 2006 en apoyo del presupuesto general, el 92% se desembolsó en ese año, comparado con el 85% en 2006 y menos del 70% en 2003.
Las ayudas para la salud han aumentado drásticamente con el apoyo de más de 100 entidades tradicionales y no tradicionales, y en 2006 ascendieron a cerca de US$17.000 millones (mientras que en 2000 ascendieron a US$6.800 millones). Entre las fuentes de ayuda se incluyen nuevos programas bilaterales, como el Plan de Emergencia del Presidente de Estados Unidos para el Alivio del SIDA (PEPFAR), fuentes privadas como la Fundación Gates y fondos mundiales, tales como el Fondo mundial de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo y la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (GAVI). En general, el financiamiento del 15% del gasto en atención de salud en África procede de fuentes externas. Aunque los donantes aportan un financiamiento muy necesario para la atención médica, algunos de ellos lo destinan a subsectores específicos, lo que puede llevar a desequilibrios en las prioridades de atención médica de los países, incluida la falta de consideración de la inversión en los sistemas de salud subyacentes.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) estima que en 2030 los flujos financieros destinados a países en desarrollo deberían ser del orden de US$100.000 millones anuales para financiar la mitigación del cambio climático. La adaptación al cambio climático requerirá una suma comprendida entre unos US$28.000 millones y US$67.000 millones.
En el marco del Protocolo de Kyoto, el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) ha creado un dinámico mercado mundial del carbono, cuyo valor se estimaba en US$30.000 millones en 2006, tres veces superior al de 2005. Según estimaciones preliminares, este crecimiento prosiguió en 2007. Se calcula que el MDL ha apalancado aproximadamente US$9.200 millones en inversiones para tecnología limpia en países en desarrollo en 2006, alrededor del 48% del total de sus inversiones en tecnologías limpias.
Alivio de la deuda
En marzo de 2008, 33 países se beneficiaban del alivio de la deuda al amparo de la Iniciativa PPME, 23 de los cuales alcanzaron el punto de culminación y recibieron el total del alivio de la deuda comprometido en el marco de la Iniciativa PPME y la Iniciativa multilateral para el alivio de la carga de la deuda. Hasta la fecha, un total de 41 países han sido identificados como candidatos a acogerse al alivio de la deuda.
Actualmente, el total del alivio de la deuda que se entregará a los 33 países se estima en US$72.000 millones en valor neto actualizado de finales de 2006, lo que reducirá la carga de la deuda de estos países en casi un 90%. El servicio de la deuda abonada por estos países se ha reducido en alrededor de 2 puntos porcentuales del PIB entre 1999 y 2006, en tanto que el gasto destinado a la lucha contra la pobreza ha aumentado en la misma magnitud.
Sin embargo, la sostenibilidad de la deuda a largo plazo no está asegurada: se considera que tan sólo 9 de los 23 países que ya han alcanzado el punto de culminación presentan un bajo riesgo de sobreendeudamiento en el futuro, y que los demás presentan un riesgo moderado o alto. La sostenibilidad requerirá reformas para crear capacidad de resistencia ante impactos exógenos, un sólido marco macro y una buena gestión de la deuda.