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El medio ambiente en primer plano: América Latina y el Caribe

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El medio ambiente en primer plano: América Latina y el Caribe

En términos generales, la región de América Latina y el Caribe está bien encaminada hacia el objetivo de reducir a la mitad la proporción de personas que no tienen acceso a una fuente mejorada de agua y servicios de saneamiento para 2015. No obstante, entre 1990 y 2005, la región perdió una gran cantidad de zonas de bosques que se dedicaron a la agricultura, por lo que la deforestación y la reducción de la biodiversidad se volvieron una seria causa de preocupación. Además, es probable que las mayores pérdidas agrícolas atribuibles al cambio climático se produzcan en partes de América Latina, lo cual hace que la adaptación al cambio climático sea de alta prioridad.

La relación entre medio ambiente y salud 

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En este mapa se muestra la carga de morbilidad relacionada con el medio ambiente de la región, expresada en años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD). Un AVAD equivale a un año completo de vida sana perdido.
Algunos estudios demuestran que Colombia, Guatemala, Honduras, Ecuador, El Salvador y Perú afrontan gastos de salud ocasionados por riesgos ambientales que equivalen a entre el 2% y el 3% de su producto interno bruto. En estos países, el limitado acceso al agua y saneamiento, la higiene deficiente que ocasiona enfermedades transmitidas por el agua y la contaminación del aire constituyen los principales riesgos para la salud relacionados con el medio ambiente.
En términos generales, la región está bien encaminada hacia el objetivo de reducir a la mitad la proporción de personas que no tienen acceso a una fuente mejorada de agua y servicios de saneamiento para 2015.
La región cuenta con una alta tasa de electrificación urbana (98%), pero más del 34% de la población rural carece de acceso al servicio eléctrico y es posible que dependa de los combustibles de biomasa, que afectan a la salud por contaminar el aire en espacios cerrados.
Cambio climático y América Latina
 A menudo se piensa que el cambio climático es un problema del futuro, pero para 2020-29, apenas dentro de 12 años, es probable que los cambios de temperatura afecten a América Latina significativamente. Para evitar los daños ocasionados por los grandes aumentos de temperatura que se producirán entre 2090 y 2099, es necesario actuar hoy.
  La adaptación al cambio climático en la agricultura es una de las principales prioridades de la región, especialmente en países como México, que podría enfrentarse a pérdidas de productividad muy serias.
 La infraestructura de protección y los microseguros también son importantes para hacer frente a los efectos adversos del cambio climático. Algunos de los países con mayor riesgo de padecer inundaciones son Honduras y Jamaica.
 Los seguros basados en índices climáticos, de aplicación experimental en México, Nicaragua y Perú, serán de gran utilidad para ayudar a los agricultores.
 La posibilidad de ofrecer créditos de carbono en los mercados mundiales del carbono a cambio de la preservación de los bosques sería de gran beneficio para muchos países de la región.
Sostenibilidad ambiental
La región posee el mayor porcentaje de riqueza natural per cápita de todas las regiones en desarrollo (US$17.000). Los activos subterráneos son una parte fundamental de esa riqueza natural.
Los países que gozan de riqueza mineral, como Bolivia, Ecuador y Venezuela, no están ahorrando lo suficiente como para contrarrestar el agotamiento de los recursos y la degradación ambiental.
Los recursos hídricos abundan en la mayor parte de la región. Sin embargo, la escasez regional y estacional es un problema cada vez más serio en México, el Caribe y el nordeste de Brasil. La contaminación del agua ha creado serios problemas de calidad en zonas de todos los países.
Hay posibilidades de explotar recursos de energía renovables (electricidad proveniente de fuentes solares, eólicas e hidráulicas; energía geotérmica; biocombustibles).
Salvar los bosques de América Latina

La deforestación, en particular la ocasionada por la utilización de tierras para actividades agrícolas, ha sido muy severa en América Latina: entre 1990 y 2005, la región ha perdido un 7% de su cubierta forestal (una superficie total de 47.000 km2). Brasil fue el país que perdió la mayor superficie de bosques durante este período (31.000 km2) y se encuentra entre los 10 primeros generadores de dióxido de carbono si se tienen en cuenta las emisiones provenientes de la modificación del uso de la tierra.

Un nuevo programa de créditos para el tratamiento del carbono —Reducción de emisiones ocasionadas por la deforestación y la degradación de los bosques— que se está analizando en el seno de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático podría aportar los incentivos adecuados para impedir la pérdida de bosques. Tal como lo señala Chomitz (2007), limpiar una hectárea de la densa selva tropical de la región amazónica de Brasil para dedicarla a cultivos o pasturas puede llegar a liberar 500 toneladas de dióxido de carbono. El valor actual de esta superficie limpia se ubica entre US$100 y US$200. A un precio de US$10 por tonelada de dióxido de carbono, una superficie de bosques que vale US$5.000 se destruye, en nombre del aprovechamiento de la tierra, por una vigésima parte de su valor.

Fotografías: Curt Carnemark 



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