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En medio de la crisis mundial que comenzó en septiembre de 2008, Asia meridional registró en ese año calendario un crecimiento relativamente sólido de 7.1 por ciento, aunque menor al robusto 8.7 por ciento de 2007.
Esta reducción, de 1.6 puntos porcentuales, se compara favorablemente con los declives de 3.4 y 2.9 puntos porcentuales registrados respectivamente en las regiones de Asia del Este y el Pacífico y Europa y Asia central.
Las economías de Asia meridional han amortiguado en cierta medida los efectos de la crisis sobre la economía real gracias a que las exportaciones representan una porción relativamente pequeña del PIB regional y la integración de sus mercados financieros es limitada. Además, la producción está menos concentrada en las manufacturas o en la explotación de recursos naturales, sectores muy golpeados por la crisis.
Los ingresos reales y la demanda regional de los consumidores han resultado favorecidos por el colapso de los precios internacionales de los productos básicos, en especial los del petróleo. Sin embargo, el empleo para los trabajadores migratorios y el envío de remesas a la región enfrentan vientos de tormenta, pues la actividad en los países anfitriones, de ingreso alto, ha comenzado a caer.
Varios países se han visto obligados a aplicar severas medidas de ajuste para enfrentar los desequilibrios macroeconómicos, lo que ha derivado en una disminución de la demanda interna. Pakistán padeció una crisis de balanza de pagos en el segundo semestre de 2008 y hacia fin de año llegó a un arreglo con el FMI.
A finales de mayo, Sri Lanka seguía negociando con el FMI un crédito condicional y, al igual que Maldivas, padecía graves desequilibrios.
En este último país el déficit en cuenta corriente se disparó a 53 por ciento del PIB y el déficit fiscal se incrementó a 14 por ciento del PIB.

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