El crecimiento ininterrumpido registrado en los últimos años ha provocado crecientes limitaciones de la capacidad, subidas de los precios en los mercados de productos básicos (véase más adelante) e importantes desequilibrios internos y externos en varios países. Al mismo tiempo, uno de los principales factores de la longevidad de la actual expansión ha sido la escasa respuesta de la inflación a los altos precios del petróleo —especialmente en países de ingreso alto—, lo que ha permitido mantener relativamente relajadas las políticas monetarias y bajas las tasas de interés.
Sin embargo, la inflación básica es superior a los niveles cómodos de los bancos centrales de los países de ingreso alto y, a pesar de que se ha reducido algo a causa del descenso reciente de los precios del petróleo, la inflación total sigue siendo elevada en los Estados Unidos y está aumentando en Europa.
Por ello, las autoridades monetarias continúan vigilantes y se esperan aumentos adicionales en las tasas de política monetaria tanto en Europa como en Japón.
La inflación en los países de ingreso bajo y mediano ha sido también en general escasa, si bien las tendencias recientes suscitan alguna preocupación. Aunque en los países en desarrollo creció la inflación en respuesta a la subida inicial de los precios del petróleo en 2003, comenzó a decrecer inmediatamente después respondiendo al endurecimiento de las políticas monetarias y al limitado traspaso de los precios. Más recientemente, hay señales de que se están ejerciendo presiones sobre los precios en varios de los países que han crecido con mucha rapidez. Es probable que estos aumentos se deban al efecto directo de la subida de los precios del petróleo durante la primera mitad de 2006, pero es posible que no se hayan dejado sentir todos los efectos del descenso registrado en la segunda mitad. En efecto, aunque la inflación (de año a año) es mayor que el año pasado, las tasas están disminuyendo en varios países que han experimentado una tendencia al alza. La mayor inflación parece deberse al recalentamiento en varios países de ingreso mediano, como Argentina, India, Sudáfrica y la República Bolivariana de Venezuela, así como en varios países menores de Europa y Asia central, Oriente Medio y Norte de África, y Asia meridional. Por lo que respecta a las regiones, la inflación ha aumentado en cada uno de los tres últimos años en la del Oriente Medio y Norte de África y, en cada uno de los seis últimos años, en la de Asia meridional. La evolución es preocupante también en África al sur del Sahara, si bien la gran influencia que los precios de los alimentos ejercen en la canasta de precios al consumidor en dicha región hace que resulte difícil determinar si los aumentos recientes representan una tendencia. En la región de Europa y Asia central, algunos países han combatido la inflación creciente con políticas monetarias más estrictas, mientras que en otros, las medidas de política han sido neutralizadas por la afluencia de capitales o han sido demasiado tímidas para responder a la presión creciente de los precios. La tendencia a una mayor inflación registrada durante los últimos años es objeto de preocupación porque puede dar lugar a un notable incremento de las expectativas de inflación, el cual —teniendo en cuenta los poco eficaces instrumentos de que disponen las autoridades monetarias— sería difícil de rebajar si no se produce una pronunciada desaceleración del crecimiento económico. 
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