El panorama, en particular lo que se refiere a la duración de los efectos de la crisis y al repunte de la actividad económica, sigue siendo muy incierto, debido al elevado grado de volatilidad y a las grandes fluctuaciones de la demanda en los mercados internacionales. Por otro lado, algunas industrias podrían beneficiarse al recurrir a proveedores de bajo costo, por ejemplo, de textiles baratos (Bangladesh) y de servicios subcontratados (India). En este último país, la agenda de reformas del gobierno recién electo ha generado expectativas entre los inversionistas y podría consolidar la recuperación de la demanda de inversión. En Sri Lanka, el reciente fin de una guerra civil que duró décadas ha dado esperanzas al país, lo que podría ofrecer un impulso extra al crecimiento y permitiría alcanzar mejores resultados que los previstos. Si la recuperación de la economía mundial es más fuerte y rápida de lo que se espera, favorecería un crecimiento más sólido en Asia meridional. El incremento de la demanda externa impulsaría aún más las exportaciones y mejoraría la percepción de riesgo entre los inversionistas, lo que se traduciría en mayores flujos de capital. Aunque estos resultados positivos son factibles, los riesgos de retroceso son aún más evidentes. El principal riesgo es la posibilidad de que la recesión global sea más profunda y prolongada que lo proyectado en el capítulo 1. Estas condiciones debilitarían la demanda externa y harían más lento el crecimiento de las inversiones en Asia meridional. Una recesión mundial más prolongada se traduciría en una caída de las remesas aún mayor, lo que afectaría en particular a Bangladesh, Nepal y Sri Lanka. Además, este escenario frenaría la ayuda extranjera, pues los países desarrollados enfrentarían presiones crecientes sobre sus finanzas públicas. Afganistán quedaría expuesto a un significativo recorte de la ayuda internacional, que equivale a dos tercios del gasto del gobierno central. No obstante, dada la importancia geopolítica de ese país, la reducción de fondos parece improbable. Entre tanto, la disminución de la ayuda forzaría una mayor contracción del gasto público, en particular en Bangladesh, Pakistán y Sri Lanka, donde la asistencia externa representa, respectivamente, 21, 9 y 9 por ciento del gasto del gobierno central. En el ámbito interno, los problemas de la región se relacionan con grandes compromisos de gasto público, alta dependencia de impuestos al comercio y costosos programas de subsidio, factores que pueden intensificar las presiones sobre las finanzas públicas en caso de que la recesión mundial se prolongue (ver figura en la página anterior). Además, las actuales presiones presupuestarias podrían obligar a recortar el gasto en desarrollo. Los grandes déficits fiscales representan una amenaza para el crecimiento a largo plazo, pues el sector público desalienta la producción potencial al desplazar a la inversión privada del mercado de capitales mediante una mayor demanda de recursos por parte de agentes nacionales y extranjeros, presionando así hacia tasas de interés más altas. Asimismo, es probable que las crecientes obligaciones del sector público eleven el endeudamiento y el riesgo de caer en suspensión de pagos. La deuda del gobierno central equivale a 85 por ciento del PIB in Sri Lanka, más de 70 por ciento en Bután, y cerca de 55 por ciento en India, Maldivas y Pakistán. En un contexto de menor crecimiento y desempleo en aumento, la expansión de la pobreza representa un grave riesgo político, humanitario y económico. El sistema de seguridad social de Asia meridional está menos desarrollado que en Asia del Este y el Pacífico, que invierte el equivalente a 2.9 por ciento del PIB en ese rubro, y Oriente Medio y Norte de África, que destina 3 por ciento. El gasto de Asia meridional es de apenas 1.4 por ciento del PIB, menos de la mitad que en las otras regiones. Además, la inseguridad, los conflictos internos y la incertidumbre política siguen siendo causa de preocupación en gran parte de la región. 
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