Los riesgos para el África Subsahariana están estrechamente vinculados con la crisis. Una recesión mundial más profunda y prolongada retrasaría la recuperación de la demanda externa, evitaría un repunte de los precios de los productos básicos y mantendría deprimidos los ingresos por turismo, remesas, ayuda externa y flujos de capital privado. Este escenario (descrito en el capítulo 1) ampliaría en aproximadamente tres puntos porcentuales la brecha entre el PIB real y el potencial de la región y prolongaría las condiciones recesivas más allá del periodo pronosticado. La aguda contracción de las remesas y de los flujos de ayuda oficial también es un riesgo para la región, pues numerosos países de África dependen en gran medida del apoyo externo para sustentar sus presupuestos, mientras que las remesas son un importante amortiguador de la pobreza. La disminución de las donaciones y transferencias agravaría los problemas presupuestales y limitaría aún más el margen de maniobra fiscal para aplicar políticas contracíclicas justo cuando más se necesitan. Un factor de incertidumbre a mediano plazo radica en la posibilidad de que el crédito se recupere en los países desarrollados, lo que excluiría de los mercados de capital a países que se encuentran en la frontera del subdesarrollo y tienen grandes necesidades de financiamiento externo, como Ghana, Kenia, Mauritania, Nigeria, Sudáfrica y Tanzania. Entre los países con mercados financieros relativamente desarrollados,14 la desaceleración e incluso la contracción de la actividad económica podría generar un fuerte incremento de la cartera vencida, especialmente entre aquellos países donde el financiamiento a los exportadores nacionales de productos básicos representa una alta proporción de los créditos otorgados. Esta situación podría llevar a los gobiernos a respaldar a las instituciones financieras y a los depositantes, lo que generaría presiones adicionales para las finanzas públicas. El desplome de los ingresos gubernamentales ha aumentado el peligro de que la deuda pública llegue a niveles insostenibles. Esta situación tendrá repercusiones sobre el crecimiento a largo plazo, pues aumentará las tasas de interés, desplazará al sector privado de los mercados de capital y socavará las posibilidades de crecimiento a largo plazo. Este riesgo debe ser ponderado ante la urgente necesidad de estímulos fiscales de corto plazo para aumentar la demanda interna y salvaguardar el crecimiento, en un momento de extrema debilidad de la demanda externa. En un contexto de escasez de recursos, es muy importante que el gasto de los gobiernos sea los más eficiente posible para apoyar el crecimiento, resolver cuellos de botella e incrementar la productividad a largo plazo. 
14 Los países africanos con mercados financieros más desarrollados son Botsuana, Cabo Verde, Ghana, Kenia, Mauritania, Mozambique, Namibia, Nigeria, Seychelles, Sudáfrica, Tanzania y Uganda. |