El incremento de la aversión al riesgo, un replanteamiento de las perspectivas de crecimiento y la necesidad de las empresas e inversionistas de países de ingreso alto de fortalecer sus estados financieros condujeron a una repatriación en gran escala del capital de los países en desarrollo. En consecuencia, los mercados bursátiles de todo el mundo perdieron entre 50% y 60% de sus valores en dólares, lo cual implicó una pérdida generalizada en la riqueza mundial. Desde entonces los mercados de renta variable se estabilizaron, y en algunos casos incluso se recuperaron.
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