Los flujos de capital hacia la región se desplomaron inmediatamente después de la crisis, debido a una mayor incertidumbre, a la desbandada de inversionistas en busca de mercados de mejor calidad, y a que la caída de precios de los productos básicos redujo el atractivo para la inversión privada. Aproximadamente 5,700 millones de dólares en inversión de cartera salieron de Sudáfrica durante el cuarto trimestre de 2008. En el tercer trimestre la reducción fue de 1,000 millones de dólares. En Uganda la fuga de capitales fue mucho más pequeña (119 millones de dólares), aunque contrasta en forma notoria con la entrada de 9 millones de dólares en el tercer trimestre de 2008. En Sudáfrica, la inversión extranjera directa se desplomó de 24,400 millones de rands en el tercer trimestre a 3,300 millones en el cuarto trimestre. Los factores que precipitaron la regresión del flujo de capitales también hicieron que se dispararan los costos de financiamiento para los pocos países de la región que tienen acceso a los mercados internacionales de bonos gubernamentales. Al principio, los márgenes de intermediación de los bonos de deuda soberana aumentaron hasta en 1,900 puntos base (en el caso de Ghana), pero han disminuido desde entonces (ver figura en la página anterior). No obstante, los diferenciales para Ghana y Gabón continúan entre 220 y 375 puntos sobre los niveles previos al 15 de septiembre. Los márgenes para Sudáfrica están 50 puntos arriba. Ante el repunte de los costos de financiamiento y la reticencia a otorgar créditos, muchos países y empresas pospusieron nuevas emisiones de bonos, y los mercados emergentes que se encuentran en la frontera del subdesarrollo han sido los más perjudicados. Aunque la ayuda oficial para la región se ha incrementado, el apoyo adicional no ha sido suficiente para cerrar la creciente brecha de financiamiento de la región, que en 2009 se ubicará entre 30 mil millones y 45 mil millones de dólares (ver capítulo 3i). En respuesta a la fuga de capitales, las monedas de la región experimentaron una fuerte devaluación contra del dólar, como ocurrió con casi todas las divisas del mundo. La depreciación regional promedio fue de 25 por ciento. Sin embargo, en términos ponderados por comercio exterior, las devaluaciones fueron menos severas, precisamente porque todos los países redujeron el valor de sus monedas. Entre los países de los que hay información disponible, sólo Lesoto, Sudáfrica y Zambia devaluaron 10 por ciento o más. La acelerada caída de la demanda mundial de productos industriales redujo aún más los precios de los productos básicos (ver capítulo 1). Para los países exportadores de materias primas, este abaratamiento representó una significativa pérdida de ingresos y ocasionó un grave deterioro de la cuenta corriente. Sin embargo, para los importadores de petróleo la baja de precios de los combustibles significó una mejoría en los términos de intercambio. En general, entre julio de 2008 y mayo de 2009 los términos de intercambio comercial se deterioraron en 18 de los 44 países de la región, y en siete las pérdidas de ingresos fueron superiores a 10 por ciento del PIB (ver figura en la página anterior). Otros 26 países reportaron mejoría en los términos de intercambio, en gran medida gracias al abaratamiento de los combustibles. Cabo Verde, Eritrea, Seychelles y Togo, entre otros países que dependen en gran medida de las importaciones de petróleo para cubrir su demanda interna, resultaron particularmente beneficiados. El debilitamiento de la economía en los países de ingreso alto también ha mermado el envío de remesas y el turismo, dos importantes fuentes de divisas para los países del África al Subsahariana. Los ingresos del sector turístico flaquearon en el último trimestre de 2008 y en los primeros meses de 2009; en tanto, se prevé que las remesas disminuirán alrededor de 4.4 por ciento en 2009. Pese a las devaluaciones (que tienden a incrementar el precio de los productos importados), la inflación en más de la mitad de los países de la región sobre los cuales hay información disponible se desaceleró en más de dos puntos porcentuales entre septiembre de 2008 y marzo de 2009, principalmente por la caída de las cotizaciones del petróleo. Los precios internacionales de los alimentos también han menguado, pero esta baja ha tardado en reflejarse en cada nación. Así, los indicadores interanuales de inflación de los productos alimentarios siguen siendo altos en muchos países. En África occidental, tanto la inflación general como los precios de los alimentos se redujeron en forma drástica. Por ejemplo, en Costa de Marfil el índice de precios al consumidor disminuyó a menos de 4 por ciento en marzo (en cifras anualizadas) después de haber alcanzado casi 9.6 por ciento en septiembre de 2008, en tanto que la inflación correspondiente a los alimentos se redujo de casi 15 por ciento a 5.4 por ciento en el mismo lapso. De manera similar, en Mali el índice de precios al consumidor disminuyó de 12.3 a 5.4 por ciento, en tanto que la inflación de los alimentos se redujo a 6.4 por ciento, luego de haber alcanzado un máximo de 17.5 por ciento en julio. La inflación de los alimentos se incrementó o permaneció alta en muchos países de África occidental, entre ellos Kenia, Ruanda, Tanzania y Uganda. En Etiopía, el aumento de los precios de los alimentos se redujo drásticamente, de 80 por ciento en septiembre de 2008 a 26.5 por ciento en marzo de 2009, lo que redujo la inflación general de 60 a 23.7 por ciento. En Sudáfrica, la inflación alimentaria se mantiene por arriba de 20 por ciento en Botsuana, lo que mantiene elevado el índice general de precios al consumidor, en 11.7 por ciento. En Zambia, la carestía de los alimentos contribuyó con 7.9 puntos porcentuales a la tasa de inflación de 14.7 por ciento registrada en mayo. En Sudáfrica la inflación general también se mantiene alta, a más de 8 por ciento, impulsada por un aumento de 15.7 por ciento en el precio de alimentos y bebidas no alcohólicas, que contribuyó con 2.4 puntos porcentuales al nivel general de inflación en enero de 2009. Los costos de la vivienda y de los servicios públicos tuvieron un impacto similar en la inflación global. La escasez de crédito, aunada a una caída del consumo y de la confianza de los inversionistas, causó un fuerte declive de la demanda mundial de productos africanos, así como una menor demanda interna de inversión y de bienes duraderos de consumo. El desplome de la inversión fue especialmente grave en las industrias extractivas, por la depreciación de los productos básicos y por la dependencia de fuentes de financiamiento externas. La disminución más marcada se observó en el gasto en bienes duraderos (equipo de transporte, en particular). En Sudáfrica, la inversión se redujo a menos de la mitad, de 7.3 por ciento a 3 por ciento (a tasa anual desestacionalizada), debido sobre todo a las restricciones gubernamentales. La inversión del sector privado (principalmente en la minería) siguió expandiéndose a un veloz ritmo de 2.9 por ciento, casi la misma tasa que en el tercer trimestre. Las restricciones al crédito y el aumento de las tasas de interés, aunados al crecimiento del desempleo, debilitaron la confianza de los consumidores de Sudáfrica. Estos fenómenos, junto con la pérdida de patrimonio causada por la depreciación de las viviendas y los títulos accionarios, provocaron que el consumo de los hogares se contrajera 2.7 por ciento en el cuarto trimestre de 2008, a tasa anual desestacionalizada (ver figura en la página anterior). En el trimestre anterior la contracción fue de 0.9 por ciento. El gasto de los consumidores no se había contraído durante dos periodos consecutivos desde 1992. 
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