Desde principios del decenio de 1990, los países en desarrollo se han integrado más y más en los mercados mundiales. Paradójicamente, su crecimiento general ya no depende tanto de las condiciones externas o, más específicamente, de las importaciones de los países de ingreso alto. Durante los últimos 15 años, los países en desarrollo abrieron sus economías, aumentaron las exportaciones y ampliaron rápidamente su participación en el mercado del comercio internacional. Las exportaciones como proporción del PIB de las economías en desarrollo aumentaron del 22% en 1992 al 29% en 2000 y al 39% en 2007. Durante ese mismo período, la participación de estos países en las exportaciones mundiales se incrementó gradualmente del 20% al 37% y China fue el país responsable de exactamente la mitad de ese aumento. A primera vista, la función predominante de las exportaciones en los países en desarrollo hace pensar que ahora esas economías dependen —más que hace 15 años— de la demanda de importación de los países de ingreso alto y del ciclo del comercio internacional. No obstante, esto queda descartado por dos razones. En primer lugar, el exitoso desempeño en materia de exportaciones de los países en desarrollo ha estado impulsado por un aumento de la capacidad de producción y no por la aceleración de la demanda extranjera. Actualmente la capacidad de producción se ve limitada por la falta de infraestructura adecuada (incluida la energía) y no por una ausencia de demanda real en los mercados mundiales. En segundo lugar, el comercio sur-sur crece a más del doble de velocidad que el comercio norte-sur, lo cual reduce el impacto de la reducción de la demanda de importaciones en los países de ingreso alto. 
Este giro hacia un crecimiento impulsado por factores nacionales en el mundo en desarrollo puede ilustrarse descomponiendo el crecimiento de PIB en elementos tendenciales y cíclicos. Desde el decenio de 1960, las tasas de crecimiento de los países en desarrollo y los países de ingreso alto eran notablemente similares. Pero en la década de 1990, las tasas de crecimiento estructural se separaron rápidamente. Mientras tanto, los componentes cíclicos del crecimiento mantuvieron una firme correlación. En todo caso, el coeficiente de correlación del crecimiento cíclico entre países en desarrollo y de ingreso alto aumentó con el tiempo, en consonancia con la penetración de los países en desarrollo en los mercados mundiales. No obstante, el crecimiento general del mundo en desarrollo estaba cada vez más dominado por un crecimiento tendencial muy firme, mientras que las fluctuaciones cíclicas se convirtieron en la justificación de una parte más pequeña del crecimiento. Y aun con una baja cíclica, las tasas de crecimiento superaron los máximos anteriores. La aceleración del crecimiento de los países en desarrollo que se inició luego de 2002 se corresponde con el período de aumento de los precios de los productos básicos (que se mantiene hasta hoy). ¿Es posible que la actual corriente ascendente del crecimiento sea simplemente el resultado de términos de intercambio favorables para los países en desarrollo exportadores de productos básicos (un ciclo de expansión seguido, posiblemente, de una contracción) en vez del reflejo de una alteración de principios fundamentales? Esto es poco probable porque el aumento inicial de los precios del petróleo, los metales y los productos agrícolas se debió a la aceleración del crecimiento de la producción y el aumento de la demanda de materiales en países con mercados emergentes importantes, como los BRIC (Brasil, Rusia, India y China).

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