wblogoSpanish imflogoSpanish
Buscar Ir
Click here to ExpandAcerca del Comité para el Desarrollo
Click here to ExpandComunicados
Click here to ExpandDocumentos
Selected MenuDeclaraciones
Click here to ExpandNoticias y Eventos

Recursos adicionales

Declaración del Sr. Ruggiero Renato, Director General de la Organización Mundial del Trabajo

DC/S/99-05 (S)
Declaración del Sr. Renato Ruggiero,

Director General de la Organización Mundial del Comercio

COORDINACIÓN DE POLÍTICAS EN LA ECONOMÍA MUNDIAL: VINCULACIONES ENTRE EL COMERCIO, LAS FINANZAS Y EL DESARROLLO, Y NUEVAS NEGOCIACIONES DE LA OMC

La economía mundial es considerablemente más abierta, integrada y competitiva hoy día que hace 50 años, cuando se crearon las instituciones de Bretton Woods y el GATT. El 25% de la producción mundial se comercia internacionalmente y las economías nacionales establecen vínculos cada vez más estrechos a través no sólo del comercio sino de la inversión extranjera directa y los mercados internacionales de capital.

A medida que avanza la globalización, la gestión eficaz del sistema económico internacional adquiere más importancia, pero también se vuelve más compleja. Se requiere una colaboración mucho más estrecha que en el pasado para formular y poner en práctica políticas comerciales, financieras y de desarrollo que se apoyen mutuamente. El FMI, el Banco Mundial y la OMC tienen responsabilidades especiales para hacer frente a este desafío y para dar mayor coherencia a la formulación de las políticas económicas mundiales.

La crisis financiera y sus repercusiones han dominado el programa económico internacional en los últimos dos años. Si la crisis hubiera provocado el debilitamiento sistemático del sistema de comercio, las consecuencias habrían sido increíblemente más graves. La OMC ha sido el pilar que ha dado fortaleza y estabilidad a la economía mundial durante la expresión de la crisis financiera en toda su extensión y profundidad. La OMC funciona bien y en forma eficaz y ha dado confianza a los gobiernos y al sector privado en el sentido de que la situación, si bien es sumamente preocupante, puede ser manejada. Gracias a la continua integración de la economía mundial, en los países en desarrollo se ha observado un crecimiento más firme y sostenible, lo que en general ha situado a sus economías en mejores condiciones para hacer frente a las actuales dificultades económicas.

La crisis ha dado lugar a un enorme y complejo proceso de reajuste económico no solamente en los países afectados por ella, sino a nivel mundial. Muchas relaciones básicas y tradicionales se han visto perturbadas. Un ejemplo de ello es la aparición de marcados desequilibrios en el comercio mundial, con los consiguientes riesgos de fluctuaciones cambiarias desestabilizadoras y presiones proteccionistas. Mientras no se recupere la estabilidad, el sector privado se verá enfrentado a nuevas e importantes incertidumbres, sobre todo en el ámbito del comercio internacional.

Por ahora, gran parte de la atención de la comunidad internacional se centra con toda propiedad en restituir el orden en los mercados financieros y en aplicar las medidas de ajuste necesarias en las economías golpeadas por la crisis. Es esencial continuar con estos esfuerzos, pero al mismo tiempo hay que complementarlos con políticas que permitan una recuperación a largo plazo del crecimiento económico y el desarrollo en la economía mundial.

La adopción de medidas concretas para liberalizar aún más el comercio internacional y para fortalecer el sistema de comercio reviste una importancia fundamental.

En los países afectados por la crisis es imprescindible aumentar las exportaciones e importaciones, al tiempo que se toman medidas para restablecer las reservas de divisas y la capacidad crediticia en los mercados financieros mundiales y para reanudar el crecimiento de sus economías. Sin estas perspectivas, la aceptación de la situación actual no puede durar mucho, y la estrategia de gestión de la crisis tampoco puede dar frutos por sí sola. Es importante revitalizar el crecimiento impulsado por el comercio para asegurar una recuperación equilibrada y sostenida de la economía mundial en los próximos años.

En diciembre, los miembros de la OMC celebrarán la tercera Conferencia Ministerial e iniciarán formalmente nuevas negociaciones comerciales. La conferencia ofrecerá una oportunidad singular para emprender nuevas iniciativas en el marco del mandato de la OMC desde una perspectiva más amplia que en el pasado, a saber, la perspectiva de una dirección integral y global de la economía. Ya no podemos contentarnos con llevar adelante los programas de comercio, finanzas y desarrollo por caminos artificialmente separados. Sin duda, se deben seguir respetando escrupulosamente las responsabilidades específicas, los mandatos y los procesos decisorios, pero también hay que aprovechar las numerosas complementaciones y sinergias existentes, y tomar medidas al respecto. Es necesario reconocer explícitamente las vinculaciones entre la resolución de los problemas internacionales relativos a la deuda y a la balanza de pagos, el aumento del acceso a los mercados, el mejoramiento de la reacción de la oferta y el fortalecimiento de la capacidad en los países en desarrollo: en pocas palabras, la reanudación del crecimiento sostenible de amplia base en todo el mundo. Se debe avanzar en todos los frentes, en forma concertada y coordinada.

En una situación ideal, el mejor telón de fondo para la Conferencia Ministerial y para dar inicio a nuevas negociaciones comerciales sería una economía mundial en amplio y firme crecimiento, con una sólida situación macroeconómica y financiera. De hecho, este año la economía mundial sufrirá muchas distracciones con respecto al programa de una mayor liberalización. Los ministros de comercio, en estrecha cooperación con los ministros de hacienda y desarrollo, deben asegurar que las negociaciones no se desvíen de su curso. Los problemas que afectan a un sector no pueden resolverse independientemente de los demás.

Las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial tendrán lugar en la ciudad de Washington tan sólo ocho semanas antes de la Conferencia de la OMC en Seattle. Los ministros de hacienda y desarrollo deberían aprovechar esa oportunidad para resaltar la importancia del inicio de un ambicioso programa de negociaciones de la OMC. Ésta se merece el apoyo del FMI y el Banco Mundial. En los últimos dos años ha demostrado su importancia al evitar todo retroceso hacia la restricción del comercio durante la crisis asiática. Las nuevas negociaciones de la OMC, orientadas no sólo a aumentar la liberalización del comercio sino también a fortalecer el sistema económico internacional, pueden complementar los esfuerzos del FMI y el Banco Mundial dirigidos a reanudar el crecimiento y el desarrollo duraderos y a encarar los retos sistémicos que plantea la globalización.

Declaración del Sr. Renato Ruggiero,

Director General de la Organización Mundial del Comercio

COORDINACIÓN DE POLÍTICAS EN LA ECONOMÍA MUNDIAL: VINCULACIONES ENTRE EL COMERCIO, LAS FINANZAS Y EL DESARROLLO, Y NUEVAS NEGOCIACIONES DE LA OMC

La economía mundial es considerablemente más abierta, integrada y competitiva hoy día que hace 50 años, cuando se crearon las instituciones de Bretton Woods y el GATT. El 25% de la producción mundial se comercia internacionalmente y las economías nacionales establecen vínculos cada vez más estrechos a través no sólo del comercio sino de la inversión extranjera directa y los mercados internacionales de capital.

A medida que avanza la globalización, la gestión eficaz del sistema económico internacional adquiere más importancia, pero también se vuelve más compleja. Se requiere una colaboración mucho más estrecha que en el pasado para formular y poner en práctica políticas comerciales, financieras y de desarrollo que se apoyen mutuamente. El FMI, el Banco Mundial y la OMC tienen responsabilidades especiales para hacer frente a este desafío y para dar mayor coherencia a la formulación de las políticas económicas mundiales.

La crisis financiera y sus repercusiones han dominado el programa económico internacional en los últimos dos años. Si la crisis hubiera provocado el debilitamiento sistemático del sistema de comercio, las consecuencias habrían sido increíblemente más graves. La OMC ha sido el pilar que ha dado fortaleza y estabilidad a la economía mundial durante la expresión de la crisis financiera en toda su extensión y profundidad. La OMC funciona bien y en forma eficaz y ha dado confianza a los gobiernos y al sector privado en el sentido de que la situación, si bien es sumamente preocupante, puede ser manejada. Gracias a la continua integración de la economía mundial, en los países en desarrollo se ha observado un crecimiento más firme y sostenible, lo que en general ha situado a sus economías en mejores condiciones para hacer frente a las actuales dificultades económicas.

La crisis ha dado lugar a un enorme y complejo proceso de reajuste económico no solamente en los países afectados por ella, sino a nivel mundial. Muchas relaciones básicas y tradicionales se han visto perturbadas. Un ejemplo de ello es la aparición de marcados desequilibrios en el comercio mundial, con los consiguientes riesgos de fluctuaciones cambiarias desestabilizadoras y presiones proteccionistas. Mientras no se recupere la estabilidad, el sector privado se verá enfrentado a nuevas e importantes incertidumbres, sobre todo en el ámbito del comercio internacional.

Por ahora, gran parte de la atención de la comunidad internacional se centra con toda propiedad en restituir el orden en los mercados financieros y en aplicar las medidas de ajuste necesarias en las economías golpeadas por la crisis. Es esencial continuar con estos esfuerzos, pero al mismo tiempo hay que complementarlos con políticas que permitan una recuperación a largo plazo del crecimiento económico y el desarrollo en la economía mundial.

La adopción de medidas concretas para liberalizar aún más el comercio internacional y para fortalecer el sistema de comercio reviste una importancia fundamental.

En los países afectados por la crisis es imprescindible aumentar las exportaciones e importaciones, al tiempo que se toman medidas para restablecer las reservas de divisas y la capacidad crediticia en los mercados financieros mundiales y para reanudar el crecimiento de sus economías. Sin estas perspectivas, la aceptación de la situación actual no puede durar mucho, y la estrategia de gestión de la crisis tampoco puede dar frutos por sí sola. Es importante revitalizar el crecimiento impulsado por el comercio para asegurar una recuperación equilibrada y sostenida de la economía mundial en los próximos años.

En diciembre, los miembros de la OMC celebrarán la tercera Conferencia Ministerial e iniciarán formalmente nuevas negociaciones comerciales. La conferencia ofrecerá una oportunidad singular para emprender nuevas iniciativas en el marco del mandato de la OMC desde una perspectiva más amplia que en el pasado, a saber, la perspectiva de una dirección integral y global de la economía. Ya no podemos contentarnos con llevar adelante los programas de comercio, finanzas y desarrollo por caminos artificialmente separados. Sin duda, se deben seguir respetando escrupulosamente las responsabilidades específicas, los mandatos y los procesos decisorios, pero también hay que aprovechar las numerosas complementaciones y sinergias existentes, y tomar medidas al respecto. Es necesario reconocer explícitamente las vinculaciones entre la resolución de los problemas internacionales relativos a la deuda y a la balanza de pagos, el aumento del acceso a los mercados, el mejoramiento de la reacción de la oferta y el fortalecimiento de la capacidad en los países en desarrollo: en pocas palabras, la reanudación del crecimiento sostenible de amplia base en todo el mundo. Se debe avanzar en todos los frentes, en forma concertada y coordinada.

En una situación ideal, el mejor telón de fondo para la Conferencia Ministerial y para dar inicio a nuevas negociaciones comerciales sería una economía mundial en amplio y firme crecimiento, con una sólida situación macroeconómica y financiera. De hecho, este año la economía mundial sufrirá muchas distracciones con respecto al programa de una mayor liberalización. Los ministros de comercio, en estrecha cooperación con los ministros de hacienda y desarrollo, deben asegurar que las negociaciones no se desvíen de su curso. Los problemas que afectan a un sector no pueden resolverse independientemente de los demás.

Las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial tendrán lugar en la ciudad de Washington tan sólo ocho semanas antes de la Conferencia de la OMC en Seattle. Los ministros de hacienda y desarrollo deberían aprovechar esa oportunidad para resaltar la importancia del inicio de un ambicioso programa de negociaciones de la OMC. Ésta se merece el apoyo del FMI y el Banco Mundial. En los últimos dos años ha demostrado su importancia al evitar todo retroceso hacia la restricción del comercio durante la crisis asiática. Las nuevas negociaciones de la OMC, orientadas no sólo a aumentar la liberalización del comercio sino también a fortalecer el sistema económico internacional, pueden complementar los esfuerzos del FMI y el Banco Mundial dirigidos a reanudar el crecimiento y el desarrollo duraderos y a encarar los retos sistémicos que plantea la globalización.

Declaración del Sr. Renato Ruggiero,

Director General de la Organización Mundial del Comercio

COORDINACIÓN DE POLÍTICAS EN LA ECONOMÍA MUNDIAL: VINCULACIONES ENTRE EL COMERCIO, LAS FINANZAS Y EL DESARROLLO, Y NUEVAS NEGOCIACIONES DE LA OMC

La economía mundial es considerablemente más abierta, integrada y competitiva hoy día que hace 50 años, cuando se crearon las instituciones de Bretton Woods y el GATT. El 25% de la producción mundial se comercia internacionalmente y las economías nacionales establecen vínculos cada vez más estrechos a través no sólo del comercio sino de la inversión extranjera directa y los mercados internacionales de capital.

A medida que avanza la globalización, la gestión eficaz del sistema económico internacional adquiere más importancia, pero también se vuelve más compleja. Se requiere una colaboración mucho más estrecha que en el pasado para formular y poner en práctica políticas comerciales, financieras y de desarrollo que se apoyen mutuamente. El FMI, el Banco Mundial y la OMC tienen responsabilidades especiales para hacer frente a este desafío y para dar mayor coherencia a la formulación de las políticas económicas mundiales.

La crisis financiera y sus repercusiones han dominado el programa económico internacional en los últimos dos años. Si la crisis hubiera provocado el debilitamiento sistemático del sistema de comercio, las consecuencias habrían sido increíblemente más graves. La OMC ha sido el pilar que ha dado fortaleza y estabilidad a la economía mundial durante la expresión de la crisis financiera en toda su extensión y profundidad. La OMC funciona bien y en forma eficaz y ha dado confianza a los gobiernos y al sector privado en el sentido de que la situación, si bien es sumamente preocupante, puede ser manejada. Gracias a la continua integración de la economía mundial, en los países en desarrollo se ha observado un crecimiento más firme y sostenible, lo que en general ha situado a sus economías en mejores condiciones para hacer frente a las actuales dificultades económicas.

La crisis ha dado lugar a un enorme y complejo proceso de reajuste económico no solamente en los países afectados por ella, sino a nivel mundial. Muchas relaciones básicas y tradicionales se han visto perturbadas. Un ejemplo de ello es la aparición de marcados desequilibrios en el comercio mundial, con los consiguientes riesgos de fluctuaciones cambiarias desestabilizadoras y presiones proteccionistas. Mientras no se recupere la estabilidad, el sector privado se verá enfrentado a nuevas e importantes incertidumbres, sobre todo en el ámbito del comercio internacional.

Por ahora, gran parte de la atención de la comunidad internacional se centra con toda propiedad en restituir el orden en los mercados financieros y en aplicar las medidas de ajuste necesarias en las economías golpeadas por la crisis. Es esencial continuar con estos esfuerzos, pero al mismo tiempo hay que complementarlos con políticas que permitan una recuperación a largo plazo del crecimiento económico y el desarrollo en la economía mundial.

La adopción de medidas concretas para liberalizar aún más el comercio internacional y para fortalecer el sistema de comercio reviste una importancia fundamental.

En los países afectados por la crisis es imprescindible aumentar las exportaciones e importaciones, al tiempo que se toman medidas para restablecer las reservas de divisas y la capacidad crediticia en los mercados financieros mundiales y para reanudar el crecimiento de sus economías. Sin estas perspectivas, la aceptación de la situación actual no puede durar mucho, y la estrategia de gestión de la crisis tampoco puede dar frutos por sí sola. Es importante revitalizar el crecimiento impulsado por el comercio para asegurar una recuperación equilibrada y sostenida de la economía mundial en los próximos años.

En diciembre, los miembros de la OMC celebrarán la tercera Conferencia Ministerial e iniciarán formalmente nuevas negociaciones comerciales. La conferencia ofrecerá una oportunidad singular para emprender nuevas iniciativas en el marco del mandato de la OMC desde una perspectiva más amplia que en el pasado, a saber, la perspectiva de una dirección integral y global de la economía. Ya no podemos contentarnos con llevar adelante los programas de comercio, finanzas y desarrollo por caminos artificialmente separados. Sin duda, se deben seguir respetando escrupulosamente las responsabilidades específicas, los mandatos y los procesos decisorios, pero también hay que aprovechar las numerosas complementaciones y sinergias existentes, y tomar medidas al respecto. Es necesario reconocer explícitamente las vinculaciones entre la resolución de los problemas internacionales relativos a la deuda y a la balanza de pagos, el aumento del acceso a los mercados, el mejoramiento de la reacción de la oferta y el fortalecimiento de la capacidad en los países en desarrollo: en pocas palabras, la reanudación del crecimiento sostenible de amplia base en todo el mundo. Se debe avanzar en todos los frentes, en forma concertada y coordinada.

En una situación ideal, el mejor telón de fondo para la Conferencia Ministerial y para dar inicio a nuevas negociaciones comerciales sería una economía mundial en amplio y firme crecimiento, con una sólida situación macroeconómica y financiera. De hecho, este año la economía mundial sufrirá muchas distracciones con respecto al programa de una mayor liberalización. Los ministros de comercio, en estrecha cooperación con los ministros de hacienda y desarrollo, deben asegurar que las negociaciones no se desvíen de su curso. Los problemas que afectan a un sector no pueden resolverse independientemente de los demás.

Las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial tendrán lugar en la ciudad de Washington tan sólo ocho semanas antes de la Conferencia de la OMC en Seattle. Los ministros de hacienda y desarrollo deberían aprovechar esa oportunidad para resaltar la importancia del inicio de un ambicioso programa de negociaciones de la OMC. Ésta se merece el apoyo del FMI y el Banco Mundial. En los últimos dos años ha demostrado su importancia al evitar todo retroceso hacia la restricción del comercio durante la crisis asiática. Las nuevas negociaciones de la OMC, orientadas no sólo a aumentar la liberalización del comercio sino también a fortalecer el sistema económico internacional, pueden complementar los esfuerzos del FMI y el Banco Mundial dirigidos a reanudar el crecimiento y el desarrollo duraderos y a encarar los retos sistémicos que plantea la globalización.




Permanent URL for this page: http://go.worldbank.org/MPPQDJOO80


Grupo del Banco Mundial | Fondo Monetario Internacional | Contáctenos | Preguntas frecuentes | Índice | Buscar | Portada