| Países pobres muy endeudados (PPME) Brasil ha respaldado la Iniciativa para los PPME desde que el Comité para el Desarrollo la adoptara en el otoño de 1996. Entre los miembros del Banco y el FMI hay países que pueden acogerse a esta Iniciativa y países acreedores, y ello ha permitido tener una visión equilibrada de esta cuestión. Nuestra posición no ha variado. El problema de la deuda sigue siendo grave para muchos países pobres en desarrollo, y en los últimos meses los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil de diversos países desarrollados han formulado numerosas propuestas para intensificar y ampliar la Iniciativa para los PPME. En nuestra opinión, algunas de esas propuestas son valiosas, pero es necesario tener una estimación clara de los costos que ello entrañaría y de los recursos necesarios para su financiamiento. Creemos que no sirve de mucho tomar decisiones sin garantizar el financiamiento necesario. Éste es imprescindible para poder mejorar la Iniciativa. Proponemos que junto con las deliberaciones sobre la profundización y ampliación de la Iniciativa se discuta la manera de financiar ese esfuerzo. Es esencial que aumente en medida apreciable la contribución financiera de los países desarrollados y de las organizaciones multilaterales como la AIF, que son acreedores importantes de los países que se han acogido a la Iniciativa para los PPME, pero que hasta ahora no han aportado recursos financieros a ella. Acogemos con satisfacción los anuncios de algunos países desarrollados acerca de su disposición a aumentar sus contribuciones bilaterales. Una distribución equitativa y proporcional de la carga entre los acreedores tanto bilaterales como multilaterales es fundamental para seguir avanzando. También es esencial mantener la integridad financiera del Banco Mundial, cuyos ingresos netos son objeto de crecientes presiones. Cuando se puso en marcha el programa, la contribución inicial del Banco se estimó en US$500 millones. Las estimaciones actuales correspondientes al cierre del ejercicio de 1998 suponen que el Banco Mundial aportará unos US$2.400 millones. De esa cifra, US$400 millones aún no se han financiado, y esto sólo se refiere al programa existente. El FMI también enfrenta déficits financieros similares de DEG 1.300 millones para cubrir el programa actual para los PPME y probablemente tendrá que recurrir a la venta de oro, decisión que respaldamos pero que puede crear problemas para los países que son grandes productores de ese metal y no puede considerarse como una fuente permanente de financiamiento. Tampoco debemos olvidar que con un aumento de los niveles de asistencia oficial para el desarrollo (AOD), que lamentablemente han venido disminuyendo en gran medida en el curso de la presente década, se podrían lograr los mismos resultados que con las operaciones de alivio de la deuda. En este sentido, es desalentador observar que lo que se da en forma de alivio de la deuda se vuelve a quitar por medio de una reducción de la asistencia oficial para el desarrollo. Como parte de nuestra posición equilibrada sobre este asunto, deseo reiterar lo que dije durante la 55a reunión del Comité para el Desarrollo celebrada en abril de 1997 acerca de la importancia de tener un historial satisfactorio de desempeño macroeconómico y del compromiso político por parte de las autoridades para continuar aplicando una política económica acertada que permita reducir la deuda a niveles sostenibles. La Iniciativa para los PPME por sí sola no logrará poner nuevamente a los países en una situación de desarrollo firme, creíble y duradero. En resumen, estamos a favor de examinar más detenidamente la cuestión de un alivio de la deuda más profundo, amplio y rápido, pero también hacemos un llamado a una mayor participación financiera de la AIF, que es el principal acreedor de los países que se han acogido a la Iniciativa para los PPME dentro del Grupo del Banco Mundial, para financiar los cambios en la estructura. Esto podría lograrse, por ejemplo, explicitando las provisiones para pérdidas por concepto de préstamos. También propugnamos una mayor participación de los países desarrollados, sobre todo de aquellos que han venido reduciendo la asistencia oficial para el desarrollo. Principios de una política social acertada La aplicación de políticas sociales acertadas es un pilar fundamental del desarrollo. Unos principios macroeconómicos bien concebidos y la estabilidad financiera son requisitos previos para el crecimiento sostenible, pero no son objetivos por sí mismos. La verdadera meta del desarrollo es elevar las condiciones de vida de la gran mayoría de la población. Estimamos, sin embargo, que el lento progreso que se ha logrado en mejorar las condiciones sociales en los países en desarrollo se debe no tanto a la falta de principios y de conocimientos sobre las prácticas óptimas, sino a la falta de recursos, tanto financieros como humanos. Al igual que en el caso de la Iniciativa para los PPME, este es el verdadero problema. En consecuencia, discutir los principios y prácticas óptimas reviste incluso menos importancia que analizar los recursos, tanto a nivel internacional como nacional, así como los mecanismos de financiamiento. Con respecto a los recursos internos, sin duda es posible mejorar la eficiencia de su utilización, de manera que los escasos fondos públicos se empleen en forma más eficaz. En algunos casos no se necesita financiamiento adicional, sino mejorar la forma en que se gastan los recursos disponibles. Las políticas sociales dan resultado en el largo plazo. En su formulación se deben tener en cuenta las modalidades de financiamiento, las que a su vez deben guardar relación con una presupuestación sostenible a lo largo del tiempo. Por otra parte, el Banco Mundial no fue creado con el propósito de elaborar los principios generales de la política social o de otros sectores. Un aspecto muy importante es que como los principios y códigos deben ser respetados por todos los miembros de la comunidad internacional, éstos deberían ser discutidos y adoptados por las organizaciones multilaterales, donde se aplican a la totalidad de los miembros, y no por el Banco, donde sólo se aplicarían a los países prestatarios. Deberíamos reconocer la labor que se está realizando bajo los auspicios de las Naciones Unidas con respecto a los principios de las políticas sociales. Creemos que la Organización de las Naciones Unidas es el foro adecuado para formular dichos principios. No obstante, el Banco Mundial puede cumplir una función importante en prestar asistencia a los países que la soliciten para poner en práctica las políticas sociales. Al definir y aplicar los principios y prácticas óptimas en materia de política social, es importante resguardarse del peligro de que esas metas nobles y generalmente compartidas se conviertan en presa de ocultas presiones proteccionistas. Suficiencia de capital del Grupo del Banco Mundial Justo antes de la última reunión del Comité para el Desarrollo se adoptaron difíciles decisiones sobre la asignación de los ingresos netos y la política de precios del Banco. En esa oportunidad señalamos que el problema de la insuficiencia de la base de capital utilizable del Banco persistía a pesar de las modificaciones de los precios. No existe desacuerdo sobre la necesidad de mantener la integridad financiera del Banco. Subrayamos una vez más que esa es la responsabilidad colectiva de todos los accionistas. Tampoco nos cabe duda de que el Banco debería seguir ampliando su programa de préstamos en circunstancias normales y estar preparado para responder cuando surja una crisis, actuando siempre con prudencia en cuanto a los riesgos que asume. También es fundamental que la asignación de los ingresos netos del Banco no se extienda más allá de las metas ampliamente compartidas por todos sus miembros, como los niveles actuales de los aportes a la AIF, la Iniciativa para los PPME, el fortalecimiento de capacidades en África y determinadas iniciativas para situaciones posteriores a un conflicto. La reducción de los gastos administrativos sigue siendo un elemento esencial de una sólida gestión y debería continuarse en esa dirección, aunque es evidente que ello no representará una contribución importante al tema en discusión. Como ya se ha recurrido al aumento de los precios, no debemos descartar un aumento general del capital pagado como medio para reforzar la capacidad financiera del Banco. Más que estudiar este asunto, para el Banco tal vez sería incluso más urgente discutir y tomar pronto una decisión sobre un aumento del capital de la CFI. Es importante que el Directorio Ejecutivo continúe sus discusiones sobre estas importantes cuestiones y que en la próxima reunión del Comité para el Desarrollo informe al respecto y presente propuestas equilibradas y de consenso. El Marco Integral de Desarrollo El Marco Integral de Desarrollo contiene aspectos prometedores para encarar los desafíos que plantea el desarrollo. Celebramos especialmente el énfasis que se pone en la identificación de los países con los programas, que es una condición indispensable para la eficacia del desarrollo. Dado que, en definitiva, la responsabilidad de encarar los retos del desarrollo recae en el gobierno y la sociedad del país prestatario, es importante que el concepto de identificación se aplique en forma cabal, particularmente a la hora de definir las prioridades. Asistencia a los países que salen de un conflicto Aplaudimos la coordinación que se observa entre el Banco y el FMI y otras instituciones financieras internacionales para definir una estrategia orientada a proporcionar asistencia extraordinaria a los países que salen de un conflicto. Los criterios de elegibilidad y de desempeño deberían aplicarse según las circunstancias de cada país. Al igual que en el caso del programa para los PPME, el éxito de la iniciativa dependerá fundamentalmente de que las autoridades tengan el firme compromiso de adoptar políticas económicas adecuadas, y de la capacidad para evitar que el país vuelva a la situación de conflicto. Estimar los costos potenciales y determinar las fuentes de financiamiento son dos aspectos de vital importancia. Este es un ámbito en que también se requiere el decidido apoyo financiero de los países desarrollados. En el caso de los países que sólo pueden recibir financiamiento de la AIF, estimamos que la asistencia para las situaciones de posguerra debería provenir de la Asociación. Cooperación del Grupo del Banco con los bancos regionales de desarrollo Acogemos con satisfacción el nivel de cooperación que se ha alcanzado entre el Banco Mundial y otros bancos multilaterales de desarrollo. Esa cooperación permite evitar la duplicación de esfuerzos y promueve un mejor uso de recursos, que son escasos, aumentando de esa manera la eficacia en términos de desarrollo en los países receptores. Al mismo tiempo, es importante que cada banco mantenga su propia identidad institucional, perfil y ámbito de acción. Esto significa que dicha cooperación no debe llevar a que las políticas, directrices y decisiones de una institución sean adoptadas automáticamente por las demás. Estimamos que los progresos realizados en la cooperación entre los bancos multilaterales de desarrollo han llegado a niveles adecuados y que no es necesario que este asunto se vuelva a tratar por algún tiempo en reuniones futuras del Comité para el Desarrollo. Países pobres muy endeudados (PPME) Brasil ha respaldado la Iniciativa para los PPME desde que el Comité para el Desarrollo la adoptara en el otoño de 1996. Entre los miembros del Banco y el FMI hay países que pueden acogerse a esta Iniciativa y países acreedores, y ello ha permitido tener una visión equilibrada de esta cuestión. Nuestra posición no ha variado. El problema de la deuda sigue siendo grave para muchos países pobres en desarrollo, y en los últimos meses los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil de diversos países desarrollados han formulado numerosas propuestas para intensificar y ampliar la Iniciativa para los PPME. En nuestra opinión, algunas de esas propuestas son valiosas, pero es necesario tener una estimación clara de los costos que ello entrañaría y de los recursos necesarios para su financiamiento. Creemos que no sirve de mucho tomar decisiones sin garantizar el financiamiento necesario. Éste es imprescindible para poder mejorar la Iniciativa. Proponemos que junto con las deliberaciones sobre la profundización y ampliación de la Iniciativa se discuta la manera de financiar ese esfuerzo. Es esencial que aumente en medida apreciable la contribución financiera de los países desarrollados y de las organizaciones multilaterales como la AIF, que son acreedores importantes de los países que se han acogido a la Iniciativa para los PPME, pero que hasta ahora no han aportado recursos financieros a ella. Acogemos con satisfacción los anuncios de algunos países desarrollados acerca de su disposición a aumentar sus contribuciones bilaterales. Una distribución equitativa y proporcional de la carga entre los acreedores tanto bilaterales como multilaterales es fundamental para seguir avanzando. También es esencial mantener la integridad financiera del Banco Mundial, cuyos ingresos netos son objeto de crecientes presiones. Cuando se puso en marcha el programa, la contribución inicial del Banco se estimó en US$500 millones. Las estimaciones actuales correspondientes al cierre del ejercicio de 1998 suponen que el Banco Mundial aportará unos US$2.400 millones. De esa cifra, US$400 millones aún no se han financiado, y esto sólo se refiere al programa existente. El FMI también enfrenta déficits financieros similares de DEG 1.300 millones para cubrir el programa actual para los PPME y probablemente tendrá que recurrir a la venta de oro, decisión que respaldamos pero que puede crear problemas para los países que son grandes productores de ese metal y no puede considerarse como una fuente permanente de financiamiento. Tampoco debemos olvidar que con un aumento de los niveles de asistencia oficial para el desarrollo (AOD), que lamentablemente han venido disminuyendo en gran medida en el curso de la presente década, se podrían lograr los mismos resultados que con las operaciones de alivio de la deuda. En este sentido, es desalentador observar que lo que se da en forma de alivio de la deuda se vuelve a quitar por medio de una reducción de la asistencia oficial para el desarrollo. Como parte de nuestra posición equilibrada sobre este asunto, deseo reiterar lo que dije durante la 55a reunión del Comité para el Desarrollo celebrada en abril de 1997 acerca de la importancia de tener un historial satisfactorio de desempeño macroeconómico y del compromiso político por parte de las autoridades para continuar aplicando una política económica acertada que permita reducir la deuda a niveles sostenibles. La Iniciativa para los PPME por sí sola no logrará poner nuevamente a los países en una situación de desarrollo firme, creíble y duradero. En resumen, estamos a favor de examinar más detenidamente la cuestión de un alivio de la deuda más profundo, amplio y rápido, pero también hacemos un llamado a una mayor participación financiera de la AIF, que es el principal acreedor de los países que se han acogido a la Iniciativa para los PPME dentro del Grupo del Banco Mundial, para financiar los cambios en la estructura. Esto podría lograrse, por ejemplo, explicitando las provisiones para pérdidas por concepto de préstamos. También propugnamos una mayor participación de los países desarrollados, sobre todo de aquellos que han venido reduciendo la asistencia oficial para el desarrollo. Principios de una política social acertada La aplicación de políticas sociales acertadas es un pilar fundamental del desarrollo. Unos principios macroeconómicos bien concebidos y la estabilidad financiera son requisitos previos para el crecimiento sostenible, pero no son objetivos por sí mismos. La verdadera meta del desarrollo es elevar las condiciones de vida de la gran mayoría de la población. Estimamos, sin embargo, que el lento progreso que se ha logrado en mejorar las condiciones sociales en los países en desarrollo se debe no tanto a la falta de principios y de conocimientos sobre las prácticas óptimas, sino a la falta de recursos, tanto financieros como humanos. Al igual que en el caso de la Iniciativa para los PPME, este es el verdadero problema. En consecuencia, discutir los principios y prácticas óptimas reviste incluso menos importancia que analizar los recursos, tanto a nivel internacional como nacional, así como los mecanismos de financiamiento. Con respecto a los recursos internos, sin duda es posible mejorar la eficiencia de su utilización, de manera que los escasos fondos públicos se empleen en forma más eficaz. En algunos casos no se necesita financiamiento adicional, sino mejorar la forma en que se gastan los recursos disponibles. Las políticas sociales dan resultado en el largo plazo. En su formulación se deben tener en cuenta las modalidades de financiamiento, las que a su vez deben guardar relación con una presupuestación sostenible a lo largo del tiempo. Por otra parte, el Banco Mundial no fue creado con el propósito de elaborar los principios generales de la política social o de otros sectores. Un aspecto muy importante es que como los principios y códigos deben ser respetados por todos los miembros de la comunidad internacional, éstos deberían ser discutidos y adoptados por las organizaciones multilaterales, donde se aplican a la totalidad de los miembros, y no por el Banco, donde sólo se aplicarían a los países prestatarios. Deberíamos reconocer la labor que se está realizando bajo los auspicios de las Naciones Unidas con respecto a los principios de las políticas sociales. Creemos que la Organización de las Naciones Unidas es el foro adecuado para formular dichos principios. No obstante, el Banco Mundial puede cumplir una función importante en prestar asistencia a los países que la soliciten para poner en práctica las políticas sociales. Al definir y aplicar los principios y prácticas óptimas en materia de política social, es importante resguardarse del peligro de que esas metas nobles y generalmente compartidas se conviertan en presa de ocultas presiones proteccionistas. Suficiencia de capital del Grupo del Banco Mundial Justo antes de la última reunión del Comité para el Desarrollo se adoptaron difíciles decisiones sobre la asignación de los ingresos netos y la política de precios del Banco. En esa oportunidad señalamos que el problema de la insuficiencia de la base de capital utilizable del Banco persistía a pesar de las modificaciones de los precios. No existe desacuerdo sobre la necesidad de mantener la integridad financiera del Banco. Subrayamos una vez más que esa es la responsabilidad colectiva de todos los accionistas. Tampoco nos cabe duda de que el Banco debería seguir ampliando su programa de préstamos en circunstancias normales y estar preparado para responder cuando surja una crisis, actuando siempre con prudencia en cuanto a los riesgos que asume. También es fundamental que la asignación de los ingresos netos del Banco no se extienda más allá de las metas ampliamente compartidas por todos sus miembros, como los niveles actuales de los aportes a la AIF, la Iniciativa para los PPME, el fortalecimiento de capacidades en África y determinadas iniciativas para situaciones posteriores a un conflicto. La reducción de los gastos administrativos sigue siendo un elemento esencial de una sólida gestión y debería continuarse en esa dirección, aunque es evidente que ello no representará una contribución importante al tema en discusión. Como ya se ha recurrido al aumento de los precios, no debemos descartar un aumento general del capital pagado como medio para reforzar la capacidad financiera del Banco. Más que estudiar este asunto, para el Banco tal vez sería incluso más urgente discutir y tomar pronto una decisión sobre un aumento del capital de la CFI. Es importante que el Directorio Ejecutivo continúe sus discusiones sobre estas importantes cuestiones y que en la próxima reunión del Comité para el Desarrollo informe al respecto y presente propuestas equilibradas y de consenso. El Marco Integral de Desarrollo El Marco Integral de Desarrollo contiene aspectos prometedores para encarar los desafíos que plantea el desarrollo. Celebramos especialmente el énfasis que se pone en la identificación de los países con los programas, que es una condición indispensable para la eficacia del desarrollo. Dado que, en definitiva, la responsabilidad de encarar los retos del desarrollo recae en el gobierno y la sociedad del país prestatario, es importante que el concepto de identificación se aplique en forma cabal, particularmente a la hora de definir las prioridades. Asistencia a los países que salen de un conflicto Aplaudimos la coordinación que se observa entre el Banco y el FMI y otras instituciones financieras internacionales para definir una estrategia orientada a proporcionar asistencia extraordinaria a los países que salen de un conflicto. Los criterios de elegibilidad y de desempeño deberían aplicarse según las circunstancias de cada país. Al igual que en el caso del programa para los PPME, el éxito de la iniciativa dependerá fundamentalmente de que las autoridades tengan el firme compromiso de adoptar políticas económicas adecuadas, y de la capacidad para evitar que el país vuelva a la situación de conflicto. Estimar los costos potenciales y determinar las fuentes de financiamiento son dos aspectos de vital importancia. Este es un ámbito en que también se requiere el decidido apoyo financiero de los países desarrollados. En el caso de los países que sólo pueden recibir financiamiento de la AIF, estimamos que la asistencia para las situaciones de posguerra debería provenir de la Asociación. Cooperación del Grupo del Banco con los bancos regionales de desarrollo Acogemos con satisfacción el nivel de cooperación que se ha alcanzado entre el Banco Mundial y otros bancos multilaterales de desarrollo. Esa cooperación permite evitar la duplicación de esfuerzos y promueve un mejor uso de recursos, que son escasos, aumentando de esa manera la eficacia en términos de desarrollo en los países receptores. Al mismo tiempo, es importante que cada banco mantenga su propia identidad institucional, perfil y ámbito de acción. Esto significa que dicha cooperación no debe llevar a que las políticas, directrices y decisiones de una institución sean adoptadas automáticamente por las demás. Estimamos que los progresos realizados en la cooperación entre los bancos multilaterales de desarrollo han llegado a niveles adecuados y que no es necesario que este asunto se vuelva a tratar por algún tiempo en reuniones futuras del Comité para el Desarrollo. Países pobres muy endeudados (PPME) Brasil ha respaldado la Iniciativa para los PPME desde que el Comité para el Desarrollo la adoptara en el otoño de 1996. Entre los miembros del Banco y el FMI hay países que pueden acogerse a esta Iniciativa y países acreedores, y ello ha permitido tener una visión equilibrada de esta cuestión. Nuestra posición no ha variado. El problema de la deuda sigue siendo grave para muchos países pobres en desarrollo, y en los últimos meses los gobiernos y organizaciones de la sociedad civil de diversos países desarrollados han formulado numerosas propuestas para intensificar y ampliar la Iniciativa para los PPME. En nuestra opinión, algunas de esas propuestas son valiosas, pero es necesario tener una estimación clara de los costos que ello entrañaría y de los recursos necesarios para su financiamiento. Creemos que no sirve de mucho tomar decisiones sin garantizar el financiamiento necesario. Éste es imprescindible para poder mejorar la Iniciativa. Proponemos que junto con las deliberaciones sobre la profundización y ampliación de la Iniciativa se discuta la manera de financiar ese esfuerzo. Es esencial que aumente en medida apreciable la contribución financiera de los países desarrollados y de las organizaciones multilaterales como la AIF, que son acreedores importantes de los países que se han acogido a la Iniciativa para los PPME, pero que hasta ahora no han aportado recursos financieros a ella. Acogemos con satisfacción los anuncios de algunos países desarrollados acerca de su disposición a aumentar sus contribuciones bilaterales. Una distribución equitativa y proporcional de la carga entre los acreedores tanto bilaterales como multilaterales es fundamental para seguir avanzando. También es esencial mantener la integridad financiera del Banco Mundial, cuyos ingresos netos son objeto de crecientes presiones. Cuando se puso en marcha el programa, la contribución inicial del Banco se estimó en US$500 millones. Las estimaciones actuales correspondientes al cierre del ejercicio de 1998 suponen que el Banco Mundial aportará unos US$2.400 millones. De esa cifra, US$400 millones aún no se han financiado, y esto sólo se refiere al programa existente. El FMI también enfrenta déficits financieros similares de DEG 1.300 millones para cubrir el programa actual para los PPME y probablemente tendrá que recurrir a la venta de oro, decisión que respaldamos pero que puede crear problemas para los países que son grandes productores de ese metal y no puede considerarse como una fuente permanente de financiamiento. Tampoco debemos olvidar que con un aumento de los niveles de asistencia oficial para el desarrollo (AOD), que lamentablemente han venido disminuyendo en gran medida en el curso de la presente década, se podrían lograr los mismos resultados que con las operaciones de alivio de la deuda. En este sentido, es desalentador observar que lo que se da en forma de alivio de la deuda se vuelve a quitar por medio de una reducción de la asistencia oficial para el desarrollo. Como parte de nuestra posición equilibrada sobre este asunto, deseo reiterar lo que dije durante la 55a reunión del Comité para el Desarrollo celebrada en abril de 1997 acerca de la importancia de tener un historial satisfactorio de desempeño macroeconómico y del compromiso político por parte de las autoridades para continuar aplicando una política económica acertada que permita reducir la deuda a niveles sostenibles. La Iniciativa para los PPME por sí sola no logrará poner nuevamente a los países en una situación de desarrollo firme, creíble y duradero. En resumen, estamos a favor de examinar más detenidamente la cuestión de un alivio de la deuda más profundo, amplio y rápido, pero también hacemos un llamado a una mayor participación financiera de la AIF, que es el principal acreedor de los países que se han acogido a la Iniciativa para los PPME dentro del Grupo del Banco Mundial, para financiar los cambios en la estructura. Esto podría lograrse, por ejemplo, explicitando las provisiones para pérdidas por concepto de préstamos. También propugnamos una mayor participación de los países desarrollados, sobre todo de aquellos que han venido reduciendo la asistencia oficial para el desarrollo. Principios de una política social acertada La aplicación de políticas sociales acertadas es un pilar fundamental del desarrollo. Unos principios macroeconómicos bien concebidos y la estabilidad financiera son requisitos previos para el crecimiento sostenible, pero no son objetivos por sí mismos. La verdadera meta del desarrollo es elevar las condiciones de vida de la gran mayoría de la población. Estimamos, sin embargo, que el lento progreso que se ha logrado en mejorar las condiciones sociales en los países en desarrollo se debe no tanto a la falta de principios y de conocimientos sobre las prácticas óptimas, sino a la falta de recursos, tanto financieros como humanos. Al igual que en el caso de la Iniciativa para los PPME, este es el verdadero problema. En consecuencia, discutir los principios y prácticas óptimas reviste incluso menos importancia que analizar los recursos, tanto a nivel internacional como nacional, así como los mecanismos de financiamiento. Con respecto a los recursos internos, sin duda es posible mejorar la eficiencia de su utilización, de manera que los escasos fondos públicos se empleen en forma más eficaz. En algunos casos no se necesita financiamiento adicional, sino mejorar la forma en que se gastan los recursos disponibles. Las políticas sociales dan resultado en el largo plazo. En su formulación se deben tener en cuenta las modalidades de financiamiento, las que a su vez deben guardar relación con una presupuestación sostenible a lo largo del tiempo. Por otra parte, el Banco Mundial no fue creado con el propósito de elaborar los principios generales de la política social o de otros sectores. Un aspecto muy importante es que como los principios y códigos deben ser respetados por todos los miembros de la comunidad internacional, éstos deberían ser discutidos y adoptados por las organizaciones multilaterales, donde se aplican a la totalidad de los miembros, y no por el Banco, donde sólo se aplicarían a los países prestatarios. Deberíamos reconocer la labor que se está realizando bajo los auspicios de las Naciones Unidas con respecto a los principios de las políticas sociales. Creemos que la Organización de las Naciones Unidas es el foro adecuado para formular dichos principios. No obstante, el Banco Mundial puede cumplir una función importante en prestar asistencia a los países que la soliciten para poner en práctica las políticas sociales. Al definir y aplicar los principios y prácticas óptimas en materia de política social, es importante resguardarse del peligro de que esas metas nobles y generalmente compartidas se conviertan en presa de ocultas presiones proteccionistas. Suficiencia de capital del Grupo del Banco Mundial Justo antes de la última reunión del Comité para el Desarrollo se adoptaron difíciles decisiones sobre la asignación de los ingresos netos y la política de precios del Banco. En esa oportunidad señalamos que el problema de la insuficiencia de la base de capital utilizable del Banco persistía a pesar de las modificaciones de los precios. No existe desacuerdo sobre la necesidad de mantener la integridad financiera del Banco. Subrayamos una vez más que esa es la responsabilidad colectiva de todos los accionistas. Tampoco nos cabe duda de que el Banco debería seguir ampliando su programa de préstamos en circunstancias normales y estar preparado para responder cuando surja una crisis, actuando siempre con prudencia en cuanto a los riesgos que asume. También es fundamental que la asignación de los ingresos netos del Banco no se extienda más allá de las metas ampliamente compartidas por todos sus miembros, como los niveles actuales de los aportes a la AIF, la Iniciativa para los PPME, el fortalecimiento de capacidades en África y determinadas iniciativas para situaciones posteriores a un conflicto. La reducción de los gastos administrativos sigue siendo un elemento esencial de una sólida gestión y debería continuarse en esa dirección, aunque es evidente que ello no representará una contribución importante al tema en discusión. Como ya se ha recurrido al aumento de los precios, no debemos descartar un aumento general del capital pagado como medio para reforzar la capacidad financiera del Banco. Más que estudiar este asunto, para el Banco tal vez sería incluso más urgente discutir y tomar pronto una decisión sobre un aumento del capital de la CFI. Es importante que el Directorio Ejecutivo continúe sus discusiones sobre estas importantes cuestiones y que en la próxima reunión del Comité para el Desarrollo informe al respecto y presente propuestas equilibradas y de consenso. El Marco Integral de Desarrollo El Marco Integral de Desarrollo contiene aspectos prometedores para encarar los desafíos que plantea el desarrollo. Celebramos especialmente el énfasis que se pone en la identificación de los países con los programas, que es una condición indispensable para la eficacia del desarrollo. Dado que, en definitiva, la responsabilidad de encarar los retos del desarrollo recae en el gobierno y la sociedad del país prestatario, es importante que el concepto de identificación se aplique en forma cabal, particularmente a la hora de definir las prioridades. Asistencia a los países que salen de un conflicto Aplaudimos la coordinación que se observa entre el Banco y el FMI y otras instituciones financieras internacionales para definir una estrategia orientada a proporcionar asistencia extraordinaria a los países que salen de un conflicto. Los criterios de elegibilidad y de desempeño deberían aplicarse según las circunstancias de cada país. Al igual que en el caso del programa para los PPME, el éxito de la iniciativa dependerá fundamentalmente de que las autoridades tengan el firme compromiso de adoptar políticas económicas adecuadas, y de la capacidad para evitar que el país vuelva a la situación de conflicto. Estimar los costos potenciales y determinar las fuentes de financiamiento son dos aspectos de vital importancia. Este es un ámbito en que también se requiere el decidido apoyo financiero de los países desarrollados. En el caso de los países que sólo pueden recibir financiamiento de la AIF, estimamos que la asistencia para las situaciones de posguerra debería provenir de la Asociación. Cooperación del Grupo del Banco con los bancos regionales de desarrollo Acogemos con satisfacción el nivel de cooperación que se ha alcanzado entre el Banco Mundial y otros bancos multilaterales de desarrollo. Esa cooperación permite evitar la duplicación de esfuerzos y promueve un mejor uso de recursos, que son escasos, aumentando de esa manera la eficacia en términos de desarrollo en los países receptores. Al mismo tiempo, es importante que cada banco mantenga su propia identidad institucional, perfil y ámbito de acción. Esto significa que dicha cooperación no debe llevar a que las políticas, directrices y decisiones de una institución sean adoptadas automáticamente por las demás. Estimamos que los progresos realizados en la cooperación entre los bancos multilaterales de desarrollo han llegado a niveles adecuados y que no es necesario que este asunto se vuelva a tratar por algún tiempo en reuniones futuras del Comité para el Desarrollo. |