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Declaración de Declaración de la Sra. Short y del Sr. Brown, Reino Unido

DC/S/99-21 (S)
Declaración de la Sra. Short y del Sr. Brown (Reino Unido)

 

Introducción

El Comité para el Desarrollo examinará varias cuestiones de importancia en estas reuniones. En particular, esperamos con interés los debates que se realicen sobre la Iniciativa para los países pobres muy endeudados (PPME) y los principios de las prácticas recomendadas en materia de política social en la sesión reservada y sobre las cuestiones que figuran en el temario del almuerzo del Presidente. Como se solicitó, esta declaración se centra principalmente en el Marco Integral de Desarrollo, la asistencia a los países que salen de un conflicto y la cooperación del Grupo del Banco con otros bancos regionales de desarrollo.

En la última reunión, celebrada en octubre, pocos imaginamos que cuando nos volviéramos a reunir en esta sesión de la primavera Europa sudoriental estaría atravesando un conflicto de tal magnitud que dejó a nada menos que un millón de personas sin hogar en sus propios países o los obligó a refugiarse en los Estados vecinos. Todos esperamos que este conflicto llegue a su fin sin tardanza y que los refugiados puedan comenzar a regresar a salvo a Kosovo. Celebramos que miembros del Comité para el Desarrollo y el Comité Provisional estén examinando en una reunión aparte la crisis de Kosovo y sus consecuencias para la región.

Como miembros de la comunidad internacional nuestra respuesta a las crisis humanitarias es relativamente eficaz. Por el contrario, esa eficacia disminuye cuando se trata de ayudar a consolidar una paz sostenible. Muy frecuentemente, los acuerdos de paz no cuentan con los recursos y el apoyo suficiente y la violencia vuelve a surgir muy poco tiempo después de habérselos concluido.

Asistencia a los países que salen de un conflicto

Así pues, es adecuado que la asistencia a los países que salen de un conflicto sea una de las cuestiones que se están sometiendo al examen del Comité para el Desarrollo. Lo llamativo es que en general los conflictos surgen en las zonas más pobres del mundo y agudizan aún más su pobreza. En el caso de Kosovo, casi todos los refugiados se desplazaron a Albania y Macedonia, los dos países más pobres de Europa. Como se ha reconocido en este foro, esta situación crea una carga enorme no sólo para los países en conflicto sino también para sus vecinos.

Por consiguiente, los problemas derivados de los conflictos son muy genuinos y, al examinar los aspectos técnicos de la prestación de ayuda, debemos tener presente los objetivos prácticos, que son asistir a la población de los países que han pasado por conflictos para que puedan reconstruir sus vidas y avanzar hacia el objetivo del desarrollo sostenible y la eliminación de la pobreza.

La situación de los países que salen de un conflicto no es estática; por el contrario, es una situación de cambio constante, en que los países, en mayor o menor medida, se encuentran en un ciclo de guerra y paz y tal vez no salgan de él durante un período de tiempo considerable. En esos casos, cuando se reinicia una etapa de conflicto, los adelantos que se habían logrado en la época de paz pueden quedar totalmente anulados y los donantes y gobiernos deben empezar de cero con nuevos recursos, adquiriendo, a veces, nuevas deudas. El Banco puede desempeñar un importante papel en la tarea de prestar asistencia en la etapa de transición de la guerra a la paz y en la de ayudar a garantizar el mantenimiento de ésta. La participación en Sierra Leona, donde se están llevando a cabo tareas innovadoras mediante el apoyo prestado al Programa de Desmovilización del Gobierno, es fundamental para los esfuerzos que está realizando el país para lograr una paz duradera y comenzar su reconstrucción. Se puede afirmar que este tipo de criterio flexible trae consigo ciertos riesgos, pero, en nuestra opinión, los beneficios los superan con creces. Debemos aunar nuestros esfuerzos para poner fin a este círculo vicioso y encontrar modalidades innovadoras para que la comunidad internacional pueda participar en forma práctica en las actividades que realizan los países en las situaciones en etapa de posguerra. Creemos que, a través de esa asistencia, podremos ayudar a evitar que esos países vuelvan a encontrarse nuevamente en situaciones de conflicto.

El Banco Mundial y el FMI pueden desempeñar un importante papel para ayudar a identificar las maneras en que se puede prestar asistencia a los países que salen de un conflicto, sin que esa asistencia genere un aumento de su endeudamiento. En otras palabras, debemos encontrar el modo de resolver los problemas verdaderamente reales de esos países y ayudar en las actividades de rehabilitación sin que ello provoque problemas difíciles en el futuro. El Reino Unido tuvo el agrado de participar, junto con el Banco, en un curso práctico que se celebró en marzo en el que se debatieron algunas de estas cuestiones.

En la Cumbre de Birmingham, de mayo de 1998, los dirigentes del Grupo de los Ocho instaron al Banco y al FMI a que formularan propuestas acordadas para los problemas específicos a que se enfrentan los países que salen de un conflicto. Es desalentador que todavía no se haya llegado a conclusiones firmes en ese sentido. No obstante, se han realizado algunos adelantos.

El personal del Banco ha elaborado criterios para los programas de otorgamiento de préstamos a los países en etapa de posguerra; sin lugar a dudas, para los países más pobres, es probable que la AIF sea la fuente más adecuada. Paralelamente, el personal del FMI ha formulado propuestas para un mecanismo destinado a aumentar el financiamiento y los préstamos disponibles con más facilidades de pago. Esas ideas son bienvenidas.

También acogemos con beneplácito el que el Banco y el Fondo estén dispuestos a considerar la cuestión de los pagos en mora caso por caso y permitir que se vayan acumulando esos atrasos. Será esencial que todas las demás instituciones financieras internacionales hagan lo mismo. La posibilidad de que las subvenciones de la AIF puedan concederse antes de que se hayan pagado totalmente los montos en mora y la disposición del FMI a ofrecer una reprogramación de la deuda en términos no concesionarios mediante la postergación de pagos o el pago en moneda nacional son, ambas, modos constructivos de proceder.

Para los países que salen de un conflicto, esas medidas en su conjunto representan un gran adelanto en la flexibilidad y un cambio de la posición tradicional de vincular la condicionalidad al historial y los niveles de reembolso del país prestatario a una posición en la cual se tiene en cuenta, en forma más realista, lo que los países están haciendo en la práctica.

No obstante, las propuestas para el establecimiento de un fondo fiduciario para los países que salen de un conflicto todavía presentan ciertas complicaciones. Creemos que sería prematuro hacer un llamamiento en este momento para que los donantes hagan contribuciones a ese fondo. Los recursos no abundan y no sería conveniente comprometerlos para un fondo de esa índole antes de seleccionar a los países en los que se podrían utilizar. Para que pueda movilizarse dicho fondo fiduciario, el Banco y el Fondo deberían seguir vigilando la situación hasta que los candidatos adecuados hayan podido superar en cierta medida sus situaciones de conflicto. Sólo en ese momento deberíamos pedir a los donantes que transfieran recursos a ese fondo.

Por último, nos complace observar el cambio en la perspectiva internacional en relación con el vínculo entre las estrategias y el alivio de la deuda, cuando ese vínculo es adecuado según las circunstancias de los distintos países. Ahora bien, el alivio de la deuda es un instrumento que va más allá de los 20 ó 30 países que en la actualidad figuran en la lista de países que salen de un conflicto y se debe tener en cuenta en los casos en que sea necesario. No es un sinónimo de una estrategia para dichos países.

Marco Integral de Desarrollo

Al reconocer la necesidad de no limitarse únicamente a los proyectos y establecer los elementos de un Marco Integral de Desarrollo (MID), el Banco puso de relieve una de las principales cuestiones que obstaculizan el desarrollo. Se trata de la naturaleza fragmentada del sistema que nosotros, como donantes, utilizamos con los países en desarrollo. Si bien no es un concepto totalmente nuevo, el MID adopta una perspectiva más integrada y de más largo plazo en relación con el desarrollo. En ese sentido, la acogemos con agrado.

Tal vez el elemento más importante de este criterio es que los gobiernos de cada país en desarrollo deberán hacerse cargo de sus propios programas de desarrollo. Este es un componente clave del MID. El papel de los donantes será el de facilitar el proceso mediante la aportación de conocimientos y recursos de acuerdo a los procedimientos identificados en la Asociación para la estrategia del desarrollo del Banco. Por consiguiente, no se trata simplemente de otro intento de coordinar las actividades de los donantes, sino, como su nombre lo indica, la intención de establecer un programa de desarrollo por países, en el cual participen todos aquellos que tienen algo que contribuir. Para poder ponerlo en práctica, habrá que estar dispuesto a intercambiar información con gobiernos (a nivel nacional, provincial y local), instituciones multilaterales y bilaterales, el sector privado, la sociedad civil y otros actores a fin de poder abordar la totalidad de las cuestiones pertinentes, incluido el comercio, la inversión y el alivio de la deuda. En los casos en que sea necesario, será preciso abordar en forma abierta la cuestión de la corrupción. En White Paper on International Development, publicado por el gobierno del Reino Unido en noviembre de 1997, se reconoce que estas cuestiones son una parte integral del programa de desarrollo internacional del país. En todo este proceso, para nosotros es muy importante la participación del FMI, muy particularmente por su contribución a los documentos sobre parámetros de política económica y a los programas del servicio reforzado de ajuste estructural.

Nuestra tarea ahora es identificar las modalidades de trabajo para que los conceptos se puedan trasladar a una buena práctica diaria. Esta tarea puede llevarse a cabo tanto a nivel de los distintos proyectos como en los debates sobre políticas con los gobiernos en un nivel sectorial o nacional. En ese sentido, deseamos referirnos al uso de una diversidad de medios, incluidos los criterios a nivel de todos los sectores; un proceso mucho más transparente de consulta sobre la elaboración de las estrategias de asistencia a los países y mejores relaciones de colaboración con los distintos organismos donantes.

Por consiguiente, el Marco Integral de Desarrollo debería considerarse un proceso orientado según nuevos parámetros y no meramente otra actividad para la coordinación de los donantes. Con este proceso lo que se intenta es crear una visión estratégica para la reducción de la pobreza de la que sean responsables los propios países en desarrollo y en la que participen plenamente los asociados en el desarrollo.

La labor relacionada con los marcos debe centrarse en cada país y será importante realizar ejercicios experimentales en una gama adecuada de países para poner a prueba el concepto. Nos complace colaborar con los gobiernos de Ghana y de Bolivia, así como con el Banco, en la elaboración de marcos en esos países. La voluntad de esos gobiernos de ofrecerse como lugares piloto demuestra su compromiso para hacer que esta iniciativa funcione. Pero la autoselección en sí no es una condición suficiente para convertirse en un país de ensayo. Es necesario establecer criterios más claros para la selección de aquellos que serán los pioneros en este ejercicio y tal vez, para ello, sea necesario ponerlo a prueba en menos de 13 países. Algunos de estos países quizás necesiten ayuda para gestionar el proceso. Tampoco deberíamos cometer el error de poner demasiadas expectativas y esperar obtener resultados demasiado pronto. Los gobiernos necesitarán tiempo para poder hacerse cargo del proceso y alentar la participación en la elaboración de los marcos. Por esa razón, 18 meses tal vez no sean suficientes para evaluar la eficacia del proceso.

En este momento, el marco se centra demasiado en las aportaciones, es decir, lo que nosotros, como donantes, y otros estamos contribuyendo al desarrollo. En nuestra opinión, debemos enfocar la mira en el otro extremo del proceso, o sea, los resultados que queremos obtener de él. Esos resultados son, para el Reino Unido, el logro de los objetivos internacionales para el desarrollo de reducir la cantidad de gente que vive en la pobreza absoluta para el año 2015. El Banco Mundial se ha comprometido con esos objetivos, al igual que, nos complace señalar, el Banco Africano de Desarrollo en su reciente Declaración sobre la visión.

El examen de los resultados es una de las cuestiones que habrá que seguir abordándose en forma central. Por consiguiente, felicitamos el establecimiento dentro del Banco de una Secretaría del MID, que se ocupará de examinar las distintas actividades piloto, extraer lecciones aplicables a todos los países, y difundir las prácticas óptimas. Ahora bien, en modo alguno esto debería restar importancia al principio de que la responsabilidad de los proyectos recae en los países interesados. El MID brinda al Banco la oportunidad de poner en práctica sus principios sobre la asociación. Nos complace que se haya reconocido que el Banco no debería ser el principal donante en todos los países en que se realizarán las actividades piloto y esperamos que, en algunos de éstos, los que asuman ese papel sean los bancos regionales de desarrollo.

Cooperación con los bancos regionales de desarrollo

Reconocemos la significativa contribución que pueden hacer todos los bancos multilaterales de desarrollo por el volumen de sus recursos, el ámbito mundial de sus actividades y la riqueza de conocimientos generales y especializados al desarrollo y la eliminación de la pobreza. Como miembros del Grupo de estudio sobre los bancos multilaterales de desarrollo, que presentó un informe al Comité para el Desarrollo en 1996, acogemos con agrado, pues, el seguimiento continuo de sus recomendaciones.

En el informe del Grupo de estudio se justifica la razón de la coexistencia del Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo debido a su diversidad. En el informe se dice que el sistema que se utiliza actualmente ofrece opciones, estimula la innovación y ayuda a no darse por satisfecho con resultados limitados. Sin embargo, hará falta una coordinación de estas instituciones para que su presencia conjunta no sea redundante ni contraproducente o cause la duplicación o yuxtaposición de esfuerzos, reduciendo, así, la eficacia y la capacidad de responder directamente a las necesidades de los países. Estas entidades deberán combinar sus virtudes respectivas mediante la adopción de políticas coherentes y operaciones coordinadas. Estamos totalmente de acuerdo con esta opinión.

En ese sentido, nos mostramos complacidos de las reuniones periódicas que se han instituido entre los presidentes de todos los bancos multilaterales de desarrollo, la última de las cuales se celebró en Abidján en octubre último. También nos felicitamos de los adelantos que se han realizado en la armonización de los procedimientos y prácticas de adquisición y evaluación.

No obstante, debemos reconocer que el mundo ha cambiado incluso en los dos años y medio que han transcurrido desde la publicación del Informe del Grupo de estudio. Uno de los cambios más importantes es el proceso de descentralización por el que está atravesando el Banco Mundial para acercarse en mayor medida a sus prestatarios. Muchos funcionarios del Banco, a través de sus oficinas exteriores, se encuentran actualmente en las regiones. Ello significa que ha aumentado la posibilidad de establecer contactos estrechos con el personal de los bancos regionales de desarrollo, lo cual ofrece muchas oportunidades para una mayor comunicación y colaboración con esos bancos. A la luz de esta situación, creemos que en el documento que se distribuyó tal vez se describa la situación en forma demasiado optimista, ya que hasta el momento, las instancias de cooperación entre el personal del Banco Mundial y los bancos regionales han sido increíblemente limitadas. Instamos a todo ese personal a aumentar la colaboración entre sí en pro de una mayor eficacia. No obstante, esto no es más que un elemento de un panorama más amplio. Con el establecimiento del Marco Integral de Desarrollo, todos los miembros de la comunidad financiera internacional deberán aunar sus esfuerzos para aplicar una estrategia de la que sea responsable el país prestatario. Para poder lograr realmente la erradicación de la pobreza, para la cual estamos luchando, un elemento fundamental será la cooperación entre todos los actores.

Conclusión

Los acontecimientos recientes han puesto de relieve la importancia de establecer sistemas para ayudar a proteger a la población más vulnerable de los efectos de las crisis financieras y fortalecer a las economías para que puedan superarlos. Con normas mínimas para hacer frente al desempleo, los problemas de la salud y la mala educación se ayudará a generar la confianza y el apoyo popular necesarios para la reforma económica.

Cuando se propuso, en octubre último, que el Banco Mundial elaborara principios generales de buenas políticas sociales, nosotros consideramos esa propuesta una parte esencial de la reforma del sistema financiero internacional. Encomiamos al Banco por los adelantos sustanciales que ha realizado al presentar al Comité para el Desarrollo un proyecto de documento sobre Principios de las prácticas recomendadas en materia de política social. En nuestra opinión, estos principios merecen nuestro firme apoyo y una rápida aplicación. Se trata de principios que tienen el potencial de complementar la función vital de otras organizaciones, especialmente las Naciones Unidas, en esta esfera y de convertirse en una valiosa herramienta que ayudará al Banco Mundial y al FMI en el diseño y aplicación de los programas de ajuste. Si se utilizan de esa manera, estaremos más seguros de que se protegerán los presupuestos del sector social destinados a los grupos más pobres y más vulnerables.

Declaración de la Sra. Short y del Sr. Brown (Reino Unido)

 

Introducción

El Comité para el Desarrollo examinará varias cuestiones de importancia en estas reuniones. En particular, esperamos con interés los debates que se realicen sobre la Iniciativa para los países pobres muy endeudados (PPME) y los principios de las prácticas recomendadas en materia de política social en la sesión reservada y sobre las cuestiones que figuran en el temario del almuerzo del Presidente. Como se solicitó, esta declaración se centra principalmente en el Marco Integral de Desarrollo, la asistencia a los países que salen de un conflicto y la cooperación del Grupo del Banco con otros bancos regionales de desarrollo.

En la última reunión, celebrada en octubre, pocos imaginamos que cuando nos volviéramos a reunir en esta sesión de la primavera Europa sudoriental estaría atravesando un conflicto de tal magnitud que dejó a nada menos que un millón de personas sin hogar en sus propios países o los obligó a refugiarse en los Estados vecinos. Todos esperamos que este conflicto llegue a su fin sin tardanza y que los refugiados puedan comenzar a regresar a salvo a Kosovo. Celebramos que miembros del Comité para el Desarrollo y el Comité Provisional estén examinando en una reunión aparte la crisis de Kosovo y sus consecuencias para la región.

Como miembros de la comunidad internacional nuestra respuesta a las crisis humanitarias es relativamente eficaz. Por el contrario, esa eficacia disminuye cuando se trata de ayudar a consolidar una paz sostenible. Muy frecuentemente, los acuerdos de paz no cuentan con los recursos y el apoyo suficiente y la violencia vuelve a surgir muy poco tiempo después de habérselos concluido.

Asistencia a los países que salen de un conflicto

Así pues, es adecuado que la asistencia a los países que salen de un conflicto sea una de las cuestiones que se están sometiendo al examen del Comité para el Desarrollo. Lo llamativo es que en general los conflictos surgen en las zonas más pobres del mundo y agudizan aún más su pobreza. En el caso de Kosovo, casi todos los refugiados se desplazaron a Albania y Macedonia, los dos países más pobres de Europa. Como se ha reconocido en este foro, esta situación crea una carga enorme no sólo para los países en conflicto sino también para sus vecinos.

Por consiguiente, los problemas derivados de los conflictos son muy genuinos y, al examinar los aspectos técnicos de la prestación de ayuda, debemos tener presente los objetivos prácticos, que son asistir a la población de los países que han pasado por conflictos para que puedan reconstruir sus vidas y avanzar hacia el objetivo del desarrollo sostenible y la eliminación de la pobreza.

La situación de los países que salen de un conflicto no es estática; por el contrario, es una situación de cambio constante, en que los países, en mayor o menor medida, se encuentran en un ciclo de guerra y paz y tal vez no salgan de él durante un período de tiempo considerable. En esos casos, cuando se reinicia una etapa de conflicto, los adelantos que se habían logrado en la época de paz pueden quedar totalmente anulados y los donantes y gobiernos deben empezar de cero con nuevos recursos, adquiriendo, a veces, nuevas deudas. El Banco puede desempeñar un importante papel en la tarea de prestar asistencia en la etapa de transición de la guerra a la paz y en la de ayudar a garantizar el mantenimiento de ésta. La participación en Sierra Leona, donde se están llevando a cabo tareas innovadoras mediante el apoyo prestado al Programa de Desmovilización del Gobierno, es fundamental para los esfuerzos que está realizando el país para lograr una paz duradera y comenzar su reconstrucción. Se puede afirmar que este tipo de criterio flexible trae consigo ciertos riesgos, pero, en nuestra opinión, los beneficios los superan con creces. Debemos aunar nuestros esfuerzos para poner fin a este círculo vicioso y encontrar modalidades innovadoras para que la comunidad internacional pueda participar en forma práctica en las actividades que realizan los países en las situaciones en etapa de posguerra. Creemos que, a través de esa asistencia, podremos ayudar a evitar que esos países vuelvan a encontrarse nuevamente en situaciones de conflicto.

El Banco Mundial y el FMI pueden desempeñar un importante papel para ayudar a identificar las maneras en que se puede prestar asistencia a los países que salen de un conflicto, sin que esa asistencia genere un aumento de su endeudamiento. En otras palabras, debemos encontrar el modo de resolver los problemas verdaderamente reales de esos países y ayudar en las actividades de rehabilitación sin que ello provoque problemas difíciles en el futuro. El Reino Unido tuvo el agrado de participar, junto con el Banco, en un curso práctico que se celebró en marzo en el que se debatieron algunas de estas cuestiones.

En la Cumbre de Birmingham, de mayo de 1998, los dirigentes del Grupo de los Ocho instaron al Banco y al FMI a que formularan propuestas acordadas para los problemas específicos a que se enfrentan los países que salen de un conflicto. Es desalentador que todavía no se haya llegado a conclusiones firmes en ese sentido. No obstante, se han realizado algunos adelantos.

El personal del Banco ha elaborado criterios para los programas de otorgamiento de préstamos a los países en etapa de posguerra; sin lugar a dudas, para los países más pobres, es probable que la AIF sea la fuente más adecuada. Paralelamente, el personal del FMI ha formulado propuestas para un mecanismo destinado a aumentar el financiamiento y los préstamos disponibles con más facilidades de pago. Esas ideas son bienvenidas.

También acogemos con beneplácito el que el Banco y el Fondo estén dispuestos a considerar la cuestión de los pagos en mora caso por caso y permitir que se vayan acumulando esos atrasos. Será esencial que todas las demás instituciones financieras internacionales hagan lo mismo. La posibilidad de que las subvenciones de la AIF puedan concederse antes de que se hayan pagado totalmente los montos en mora y la disposición del FMI a ofrecer una reprogramación de la deuda en términos no concesionarios mediante la postergación de pagos o el pago en moneda nacional son, ambas, modos constructivos de proceder.

Para los países que salen de un conflicto, esas medidas en su conjunto representan un gran adelanto en la flexibilidad y un cambio de la posición tradicional de vincular la condicionalidad al historial y los niveles de reembolso del país prestatario a una posición en la cual se tiene en cuenta, en forma más realista, lo que los países están haciendo en la práctica.

No obstante, las propuestas para el establecimiento de un fondo fiduciario para los países que salen de un conflicto todavía presentan ciertas complicaciones. Creemos que sería prematuro hacer un llamamiento en este momento para que los donantes hagan contribuciones a ese fondo. Los recursos no abundan y no sería conveniente comprometerlos para un fondo de esa índole antes de seleccionar a los países en los que se podrían utilizar. Para que pueda movilizarse dicho fondo fiduciario, el Banco y el Fondo deberían seguir vigilando la situación hasta que los candidatos adecuados hayan podido superar en cierta medida sus situaciones de conflicto. Sólo en ese momento deberíamos pedir a los donantes que transfieran recursos a ese fondo.

Por último, nos complace observar el cambio en la perspectiva internacional en relación con el vínculo entre las estrategias y el alivio de la deuda, cuando ese vínculo es adecuado según las circunstancias de los distintos países. Ahora bien, el alivio de la deuda es un instrumento que va más allá de los 20 ó 30 países que en la actualidad figuran en la lista de países que salen de un conflicto y se debe tener en cuenta en los casos en que sea necesario. No es un sinónimo de una estrategia para dichos países.

Marco Integral de Desarrollo

Al reconocer la necesidad de no limitarse únicamente a los proyectos y establecer los elementos de un Marco Integral de Desarrollo (MID), el Banco puso de relieve una de las principales cuestiones que obstaculizan el desarrollo. Se trata de la naturaleza fragmentada del sistema que nosotros, como donantes, utilizamos con los países en desarrollo. Si bien no es un concepto totalmente nuevo, el MID adopta una perspectiva más integrada y de más largo plazo en relación con el desarrollo. En ese sentido, la acogemos con agrado.

Tal vez el elemento más importante de este criterio es que los gobiernos de cada país en desarrollo deberán hacerse cargo de sus propios programas de desarrollo. Este es un componente clave del MID. El papel de los donantes será el de facilitar el proceso mediante la aportación de conocimientos y recursos de acuerdo a los procedimientos identificados en la Asociación para la estrategia del desarrollo del Banco. Por consiguiente, no se trata simplemente de otro intento de coordinar las actividades de los donantes, sino, como su nombre lo indica, la intención de establecer un programa de desarrollo por países, en el cual participen todos aquellos que tienen algo que contribuir. Para poder ponerlo en práctica, habrá que estar dispuesto a intercambiar información con gobiernos (a nivel nacional, provincial y local), instituciones multilaterales y bilaterales, el sector privado, la sociedad civil y otros actores a fin de poder abordar la totalidad de las cuestiones pertinentes, incluido el comercio, la inversión y el alivio de la deuda. En los casos en que sea necesario, será preciso abordar en forma abierta la cuestión de la corrupción. En White Paper on International Development, publicado por el gobierno del Reino Unido en noviembre de 1997, se reconoce que estas cuestiones son una parte integral del programa de desarrollo internacional del país. En todo este proceso, para nosotros es muy importante la participación del FMI, muy particularmente por su contribución a los documentos sobre parámetros de política económica y a los programas del servicio reforzado de ajuste estructural.

Nuestra tarea ahora es identificar las modalidades de trabajo para que los conceptos se puedan trasladar a una buena práctica diaria. Esta tarea puede llevarse a cabo tanto a nivel de los distintos proyectos como en los debates sobre políticas con los gobiernos en un nivel sectorial o nacional. En ese sentido, deseamos referirnos al uso de una diversidad de medios, incluidos los criterios a nivel de todos los sectores; un proceso mucho más transparente de consulta sobre la elaboración de las estrategias de asistencia a los países y mejores relaciones de colaboración con los distintos organismos donantes.

Por consiguiente, el Marco Integral de Desarrollo debería considerarse un proceso orientado según nuevos parámetros y no meramente otra actividad para la coordinación de los donantes. Con este proceso lo que se intenta es crear una visión estratégica para la reducción de la pobreza de la que sean responsables los propios países en desarrollo y en la que participen plenamente los asociados en el desarrollo.

La labor relacionada con los marcos debe centrarse en cada país y será importante realizar ejercicios experimentales en una gama adecuada de países para poner a prueba el concepto. Nos complace colaborar con los gobiernos de Ghana y de Bolivia, así como con el Banco, en la elaboración de marcos en esos países. La voluntad de esos gobiernos de ofrecerse como lugares piloto demuestra su compromiso para hacer que esta iniciativa funcione. Pero la autoselección en sí no es una condición suficiente para convertirse en un país de ensayo. Es necesario establecer criterios más claros para la selección de aquellos que serán los pioneros en este ejercicio y tal vez, para ello, sea necesario ponerlo a prueba en menos de 13 países. Algunos de estos países quizás necesiten ayuda para gestionar el proceso. Tampoco deberíamos cometer el error de poner demasiadas expectativas y esperar obtener resultados demasiado pronto. Los gobiernos necesitarán tiempo para poder hacerse cargo del proceso y alentar la participación en la elaboración de los marcos. Por esa razón, 18 meses tal vez no sean suficientes para evaluar la eficacia del proceso.

En este momento, el marco se centra demasiado en las aportaciones, es decir, lo que nosotros, como donantes, y otros estamos contribuyendo al desarrollo. En nuestra opinión, debemos enfocar la mira en el otro extremo del proceso, o sea, los resultados que queremos obtener de él. Esos resultados son, para el Reino Unido, el logro de los objetivos internacionales para el desarrollo de reducir la cantidad de gente que vive en la pobreza absoluta para el año 2015. El Banco Mundial se ha comprometido con esos objetivos, al igual que, nos complace señalar, el Banco Africano de Desarrollo en su reciente Declaración sobre la visión.

El examen de los resultados es una de las cuestiones que habrá que seguir abordándose en forma central. Por consiguiente, felicitamos el establecimiento dentro del Banco de una Secretaría del MID, que se ocupará de examinar las distintas actividades piloto, extraer lecciones aplicables a todos los países, y difundir las prácticas óptimas. Ahora bien, en modo alguno esto debería restar importancia al principio de que la responsabilidad de los proyectos recae en los países interesados. El MID brinda al Banco la oportunidad de poner en práctica sus principios sobre la asociación. Nos complace que se haya reconocido que el Banco no debería ser el principal donante en todos los países en que se realizarán las actividades piloto y esperamos que, en algunos de éstos, los que asuman ese papel sean los bancos regionales de desarrollo.

Cooperación con los bancos regionales de desarrollo

Reconocemos la significativa contribución que pueden hacer todos los bancos multilaterales de desarrollo por el volumen de sus recursos, el ámbito mundial de sus actividades y la riqueza de conocimientos generales y especializados al desarrollo y la eliminación de la pobreza. Como miembros del Grupo de estudio sobre los bancos multilaterales de desarrollo, que presentó un informe al Comité para el Desarrollo en 1996, acogemos con agrado, pues, el seguimiento continuo de sus recomendaciones.

En el informe del Grupo de estudio se justifica la razón de la coexistencia del Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo debido a su diversidad. En el informe se dice que el sistema que se utiliza actualmente ofrece opciones, estimula la innovación y ayuda a no darse por satisfecho con resultados limitados. Sin embargo, hará falta una coordinación de estas instituciones para que su presencia conjunta no sea redundante ni contraproducente o cause la duplicación o yuxtaposición de esfuerzos, reduciendo, así, la eficacia y la capacidad de responder directamente a las necesidades de los países. Estas entidades deberán combinar sus virtudes respectivas mediante la adopción de políticas coherentes y operaciones coordinadas. Estamos totalmente de acuerdo con esta opinión.

En ese sentido, nos mostramos complacidos de las reuniones periódicas que se han instituido entre los presidentes de todos los bancos multilaterales de desarrollo, la última de las cuales se celebró en Abidján en octubre último. También nos felicitamos de los adelantos que se han realizado en la armonización de los procedimientos y prácticas de adquisición y evaluación.

No obstante, debemos reconocer que el mundo ha cambiado incluso en los dos años y medio que han transcurrido desde la publicación del Informe del Grupo de estudio. Uno de los cambios más importantes es el proceso de descentralización por el que está atravesando el Banco Mundial para acercarse en mayor medida a sus prestatarios. Muchos funcionarios del Banco, a través de sus oficinas exteriores, se encuentran actualmente en las regiones. Ello significa que ha aumentado la posibilidad de establecer contactos estrechos con el personal de los bancos regionales de desarrollo, lo cual ofrece muchas oportunidades para una mayor comunicación y colaboración con esos bancos. A la luz de esta situación, creemos que en el documento que se distribuyó tal vez se describa la situación en forma demasiado optimista, ya que hasta el momento, las instancias de cooperación entre el personal del Banco Mundial y los bancos regionales han sido increíblemente limitadas. Instamos a todo ese personal a aumentar la colaboración entre sí en pro de una mayor eficacia. No obstante, esto no es más que un elemento de un panorama más amplio. Con el establecimiento del Marco Integral de Desarrollo, todos los miembros de la comunidad financiera internacional deberán aunar sus esfuerzos para aplicar una estrategia de la que sea responsable el país prestatario. Para poder lograr realmente la erradicación de la pobreza, para la cual estamos luchando, un elemento fundamental será la cooperación entre todos los actores.

Conclusión

Los acontecimientos recientes han puesto de relieve la importancia de establecer sistemas para ayudar a proteger a la población más vulnerable de los efectos de las crisis financieras y fortalecer a las economías para que puedan superarlos. Con normas mínimas para hacer frente al desempleo, los problemas de la salud y la mala educación se ayudará a generar la confianza y el apoyo popular necesarios para la reforma económica.

Cuando se propuso, en octubre último, que el Banco Mundial elaborara principios generales de buenas políticas sociales, nosotros consideramos esa propuesta una parte esencial de la reforma del sistema financiero internacional. Encomiamos al Banco por los adelantos sustanciales que ha realizado al presentar al Comité para el Desarrollo un proyecto de documento sobre Principios de las prácticas recomendadas en materia de política social. En nuestra opinión, estos principios merecen nuestro firme apoyo y una rápida aplicación. Se trata de principios que tienen el potencial de complementar la función vital de otras organizaciones, especialmente las Naciones Unidas, en esta esfera y de convertirse en una valiosa herramienta que ayudará al Banco Mundial y al FMI en el diseño y aplicación de los programas de ajuste. Si se utilizan de esa manera, estaremos más seguros de que se protegerán los presupuestos del sector social destinados a los grupos más pobres y más vulnerables.

Declaración de la Sra. Short y del Sr. Brown (Reino Unido)

 

Introducción

El Comité para el Desarrollo examinará varias cuestiones de importancia en estas reuniones. En particular, esperamos con interés los debates que se realicen sobre la Iniciativa para los países pobres muy endeudados (PPME) y los principios de las prácticas recomendadas en materia de política social en la sesión reservada y sobre las cuestiones que figuran en el temario del almuerzo del Presidente. Como se solicitó, esta declaración se centra principalmente en el Marco Integral de Desarrollo, la asistencia a los países que salen de un conflicto y la cooperación del Grupo del Banco con otros bancos regionales de desarrollo.

En la última reunión, celebrada en octubre, pocos imaginamos que cuando nos volviéramos a reunir en esta sesión de la primavera Europa sudoriental estaría atravesando un conflicto de tal magnitud que dejó a nada menos que un millón de personas sin hogar en sus propios países o los obligó a refugiarse en los Estados vecinos. Todos esperamos que este conflicto llegue a su fin sin tardanza y que los refugiados puedan comenzar a regresar a salvo a Kosovo. Celebramos que miembros del Comité para el Desarrollo y el Comité Provisional estén examinando en una reunión aparte la crisis de Kosovo y sus consecuencias para la región.

Como miembros de la comunidad internacional nuestra respuesta a las crisis humanitarias es relativamente eficaz. Por el contrario, esa eficacia disminuye cuando se trata de ayudar a consolidar una paz sostenible. Muy frecuentemente, los acuerdos de paz no cuentan con los recursos y el apoyo suficiente y la violencia vuelve a surgir muy poco tiempo después de habérselos concluido.

Asistencia a los países que salen de un conflicto

Así pues, es adecuado que la asistencia a los países que salen de un conflicto sea una de las cuestiones que se están sometiendo al examen del Comité para el Desarrollo. Lo llamativo es que en general los conflictos surgen en las zonas más pobres del mundo y agudizan aún más su pobreza. En el caso de Kosovo, casi todos los refugiados se desplazaron a Albania y Macedonia, los dos países más pobres de Europa. Como se ha reconocido en este foro, esta situación crea una carga enorme no sólo para los países en conflicto sino también para sus vecinos.

Por consiguiente, los problemas derivados de los conflictos son muy genuinos y, al examinar los aspectos técnicos de la prestación de ayuda, debemos tener presente los objetivos prácticos, que son asistir a la población de los países que han pasado por conflictos para que puedan reconstruir sus vidas y avanzar hacia el objetivo del desarrollo sostenible y la eliminación de la pobreza.

La situación de los países que salen de un conflicto no es estática; por el contrario, es una situación de cambio constante, en que los países, en mayor o menor medida, se encuentran en un ciclo de guerra y paz y tal vez no salgan de él durante un período de tiempo considerable. En esos casos, cuando se reinicia una etapa de conflicto, los adelantos que se habían logrado en la época de paz pueden quedar totalmente anulados y los donantes y gobiernos deben empezar de cero con nuevos recursos, adquiriendo, a veces, nuevas deudas. El Banco puede desempeñar un importante papel en la tarea de prestar asistencia en la etapa de transición de la guerra a la paz y en la de ayudar a garantizar el mantenimiento de ésta. La participación en Sierra Leona, donde se están llevando a cabo tareas innovadoras mediante el apoyo prestado al Programa de Desmovilización del Gobierno, es fundamental para los esfuerzos que está realizando el país para lograr una paz duradera y comenzar su reconstrucción. Se puede afirmar que este tipo de criterio flexible trae consigo ciertos riesgos, pero, en nuestra opinión, los beneficios los superan con creces. Debemos aunar nuestros esfuerzos para poner fin a este círculo vicioso y encontrar modalidades innovadoras para que la comunidad internacional pueda participar en forma práctica en las actividades que realizan los países en las situaciones en etapa de posguerra. Creemos que, a través de esa asistencia, podremos ayudar a evitar que esos países vuelvan a encontrarse nuevamente en situaciones de conflicto.

El Banco Mundial y el FMI pueden desempeñar un importante papel para ayudar a identificar las maneras en que se puede prestar asistencia a los países que salen de un conflicto, sin que esa asistencia genere un aumento de su endeudamiento. En otras palabras, debemos encontrar el modo de resolver los problemas verdaderamente reales de esos países y ayudar en las actividades de rehabilitación sin que ello provoque problemas difíciles en el futuro. El Reino Unido tuvo el agrado de participar, junto con el Banco, en un curso práctico que se celebró en marzo en el que se debatieron algunas de estas cuestiones.

En la Cumbre de Birmingham, de mayo de 1998, los dirigentes del Grupo de los Ocho instaron al Banco y al FMI a que formularan propuestas acordadas para los problemas específicos a que se enfrentan los países que salen de un conflicto. Es desalentador que todavía no se haya llegado a conclusiones firmes en ese sentido. No obstante, se han realizado algunos adelantos.

El personal del Banco ha elaborado criterios para los programas de otorgamiento de préstamos a los países en etapa de posguerra; sin lugar a dudas, para los países más pobres, es probable que la AIF sea la fuente más adecuada. Paralelamente, el personal del FMI ha formulado propuestas para un mecanismo destinado a aumentar el financiamiento y los préstamos disponibles con más facilidades de pago. Esas ideas son bienvenidas.

También acogemos con beneplácito el que el Banco y el Fondo estén dispuestos a considerar la cuestión de los pagos en mora caso por caso y permitir que se vayan acumulando esos atrasos. Será esencial que todas las demás instituciones financieras internacionales hagan lo mismo. La posibilidad de que las subvenciones de la AIF puedan concederse antes de que se hayan pagado totalmente los montos en mora y la disposición del FMI a ofrecer una reprogramación de la deuda en términos no concesionarios mediante la postergación de pagos o el pago en moneda nacional son, ambas, modos constructivos de proceder.

Para los países que salen de un conflicto, esas medidas en su conjunto representan un gran adelanto en la flexibilidad y un cambio de la posición tradicional de vincular la condicionalidad al historial y los niveles de reembolso del país prestatario a una posición en la cual se tiene en cuenta, en forma más realista, lo que los países están haciendo en la práctica.

No obstante, las propuestas para el establecimiento de un fondo fiduciario para los países que salen de un conflicto todavía presentan ciertas complicaciones. Creemos que sería prematuro hacer un llamamiento en este momento para que los donantes hagan contribuciones a ese fondo. Los recursos no abundan y no sería conveniente comprometerlos para un fondo de esa índole antes de seleccionar a los países en los que se podrían utilizar. Para que pueda movilizarse dicho fondo fiduciario, el Banco y el Fondo deberían seguir vigilando la situación hasta que los candidatos adecuados hayan podido superar en cierta medida sus situaciones de conflicto. Sólo en ese momento deberíamos pedir a los donantes que transfieran recursos a ese fondo.

Por último, nos complace observar el cambio en la perspectiva internacional en relación con el vínculo entre las estrategias y el alivio de la deuda, cuando ese vínculo es adecuado según las circunstancias de los distintos países. Ahora bien, el alivio de la deuda es un instrumento que va más allá de los 20 ó 30 países que en la actualidad figuran en la lista de países que salen de un conflicto y se debe tener en cuenta en los casos en que sea necesario. No es un sinónimo de una estrategia para dichos países.

Marco Integral de Desarrollo

Al reconocer la necesidad de no limitarse únicamente a los proyectos y establecer los elementos de un Marco Integral de Desarrollo (MID), el Banco puso de relieve una de las principales cuestiones que obstaculizan el desarrollo. Se trata de la naturaleza fragmentada del sistema que nosotros, como donantes, utilizamos con los países en desarrollo. Si bien no es un concepto totalmente nuevo, el MID adopta una perspectiva más integrada y de más largo plazo en relación con el desarrollo. En ese sentido, la acogemos con agrado.

Tal vez el elemento más importante de este criterio es que los gobiernos de cada país en desarrollo deberán hacerse cargo de sus propios programas de desarrollo. Este es un componente clave del MID. El papel de los donantes será el de facilitar el proceso mediante la aportación de conocimientos y recursos de acuerdo a los procedimientos identificados en la Asociación para la estrategia del desarrollo del Banco. Por consiguiente, no se trata simplemente de otro intento de coordinar las actividades de los donantes, sino, como su nombre lo indica, la intención de establecer un programa de desarrollo por países, en el cual participen todos aquellos que tienen algo que contribuir. Para poder ponerlo en práctica, habrá que estar dispuesto a intercambiar información con gobiernos (a nivel nacional, provincial y local), instituciones multilaterales y bilaterales, el sector privado, la sociedad civil y otros actores a fin de poder abordar la totalidad de las cuestiones pertinentes, incluido el comercio, la inversión y el alivio de la deuda. En los casos en que sea necesario, será preciso abordar en forma abierta la cuestión de la corrupción. En White Paper on International Development, publicado por el gobierno del Reino Unido en noviembre de 1997, se reconoce que estas cuestiones son una parte integral del programa de desarrollo internacional del país. En todo este proceso, para nosotros es muy importante la participación del FMI, muy particularmente por su contribución a los documentos sobre parámetros de política económica y a los programas del servicio reforzado de ajuste estructural.

Nuestra tarea ahora es identificar las modalidades de trabajo para que los conceptos se puedan trasladar a una buena práctica diaria. Esta tarea puede llevarse a cabo tanto a nivel de los distintos proyectos como en los debates sobre políticas con los gobiernos en un nivel sectorial o nacional. En ese sentido, deseamos referirnos al uso de una diversidad de medios, incluidos los criterios a nivel de todos los sectores; un proceso mucho más transparente de consulta sobre la elaboración de las estrategias de asistencia a los países y mejores relaciones de colaboración con los distintos organismos donantes.

Por consiguiente, el Marco Integral de Desarrollo debería considerarse un proceso orientado según nuevos parámetros y no meramente otra actividad para la coordinación de los donantes. Con este proceso lo que se intenta es crear una visión estratégica para la reducción de la pobreza de la que sean responsables los propios países en desarrollo y en la que participen plenamente los asociados en el desarrollo.

La labor relacionada con los marcos debe centrarse en cada país y será importante realizar ejercicios experimentales en una gama adecuada de países para poner a prueba el concepto. Nos complace colaborar con los gobiernos de Ghana y de Bolivia, así como con el Banco, en la elaboración de marcos en esos países. La voluntad de esos gobiernos de ofrecerse como lugares piloto demuestra su compromiso para hacer que esta iniciativa funcione. Pero la autoselección en sí no es una condición suficiente para convertirse en un país de ensayo. Es necesario establecer criterios más claros para la selección de aquellos que serán los pioneros en este ejercicio y tal vez, para ello, sea necesario ponerlo a prueba en menos de 13 países. Algunos de estos países quizás necesiten ayuda para gestionar el proceso. Tampoco deberíamos cometer el error de poner demasiadas expectativas y esperar obtener resultados demasiado pronto. Los gobiernos necesitarán tiempo para poder hacerse cargo del proceso y alentar la participación en la elaboración de los marcos. Por esa razón, 18 meses tal vez no sean suficientes para evaluar la eficacia del proceso.

En este momento, el marco se centra demasiado en las aportaciones, es decir, lo que nosotros, como donantes, y otros estamos contribuyendo al desarrollo. En nuestra opinión, debemos enfocar la mira en el otro extremo del proceso, o sea, los resultados que queremos obtener de él. Esos resultados son, para el Reino Unido, el logro de los objetivos internacionales para el desarrollo de reducir la cantidad de gente que vive en la pobreza absoluta para el año 2015. El Banco Mundial se ha comprometido con esos objetivos, al igual que, nos complace señalar, el Banco Africano de Desarrollo en su reciente Declaración sobre la visión.

El examen de los resultados es una de las cuestiones que habrá que seguir abordándose en forma central. Por consiguiente, felicitamos el establecimiento dentro del Banco de una Secretaría del MID, que se ocupará de examinar las distintas actividades piloto, extraer lecciones aplicables a todos los países, y difundir las prácticas óptimas. Ahora bien, en modo alguno esto debería restar importancia al principio de que la responsabilidad de los proyectos recae en los países interesados. El MID brinda al Banco la oportunidad de poner en práctica sus principios sobre la asociación. Nos complace que se haya reconocido que el Banco no debería ser el principal donante en todos los países en que se realizarán las actividades piloto y esperamos que, en algunos de éstos, los que asuman ese papel sean los bancos regionales de desarrollo.

Cooperación con los bancos regionales de desarrollo

Reconocemos la significativa contribución que pueden hacer todos los bancos multilaterales de desarrollo por el volumen de sus recursos, el ámbito mundial de sus actividades y la riqueza de conocimientos generales y especializados al desarrollo y la eliminación de la pobreza. Como miembros del Grupo de estudio sobre los bancos multilaterales de desarrollo, que presentó un informe al Comité para el Desarrollo en 1996, acogemos con agrado, pues, el seguimiento continuo de sus recomendaciones.

En el informe del Grupo de estudio se justifica la razón de la coexistencia del Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo debido a su diversidad. En el informe se dice que el sistema que se utiliza actualmente ofrece opciones, estimula la innovación y ayuda a no darse por satisfecho con resultados limitados. Sin embargo, hará falta una coordinación de estas instituciones para que su presencia conjunta no sea redundante ni contraproducente o cause la duplicación o yuxtaposición de esfuerzos, reduciendo, así, la eficacia y la capacidad de responder directamente a las necesidades de los países. Estas entidades deberán combinar sus virtudes respectivas mediante la adopción de políticas coherentes y operaciones coordinadas. Estamos totalmente de acuerdo con esta opinión.

En ese sentido, nos mostramos complacidos de las reuniones periódicas que se han instituido entre los presidentes de todos los bancos multilaterales de desarrollo, la última de las cuales se celebró en Abidján en octubre último. También nos felicitamos de los adelantos que se han realizado en la armonización de los procedimientos y prácticas de adquisición y evaluación.

No obstante, debemos reconocer que el mundo ha cambiado incluso en los dos años y medio que han transcurrido desde la publicación del Informe del Grupo de estudio. Uno de los cambios más importantes es el proceso de descentralización por el que está atravesando el Banco Mundial para acercarse en mayor medida a sus prestatarios. Muchos funcionarios del Banco, a través de sus oficinas exteriores, se encuentran actualmente en las regiones. Ello significa que ha aumentado la posibilidad de establecer contactos estrechos con el personal de los bancos regionales de desarrollo, lo cual ofrece muchas oportunidades para una mayor comunicación y colaboración con esos bancos. A la luz de esta situación, creemos que en el documento que se distribuyó tal vez se describa la situación en forma demasiado optimista, ya que hasta el momento, las instancias de cooperación entre el personal del Banco Mundial y los bancos regionales han sido increíblemente limitadas. Instamos a todo ese personal a aumentar la colaboración entre sí en pro de una mayor eficacia. No obstante, esto no es más que un elemento de un panorama más amplio. Con el establecimiento del Marco Integral de Desarrollo, todos los miembros de la comunidad financiera internacional deberán aunar sus esfuerzos para aplicar una estrategia de la que sea responsable el país prestatario. Para poder lograr realmente la erradicación de la pobreza, para la cual estamos luchando, un elemento fundamental será la cooperación entre todos los actores.

Conclusión

Los acontecimientos recientes han puesto de relieve la importancia de establecer sistemas para ayudar a proteger a la población más vulnerable de los efectos de las crisis financieras y fortalecer a las economías para que puedan superarlos. Con normas mínimas para hacer frente al desempleo, los problemas de la salud y la mala educación se ayudará a generar la confianza y el apoyo popular necesarios para la reforma económica.

Cuando se propuso, en octubre último, que el Banco Mundial elaborara principios generales de buenas políticas sociales, nosotros consideramos esa propuesta una parte esencial de la reforma del sistema financiero internacional. Encomiamos al Banco por los adelantos sustanciales que ha realizado al presentar al Comité para el Desarrollo un proyecto de documento sobre Principios de las prácticas recomendadas en materia de política social. En nuestra opinión, estos principios merecen nuestro firme apoyo y una rápida aplicación. Se trata de principios que tienen el potencial de complementar la función vital de otras organizaciones, especialmente las Naciones Unidas, en esta esfera y de convertirse en una valiosa herramienta que ayudará al Banco Mundial y al FMI en el diseño y aplicación de los programas de ajuste. Si se utilizan de esa manera, estaremos más seguros de que se protegerán los presupuestos del sector social destinados a los grupos más pobres y más vulnerables.




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