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Declaración de Sr. Nitin Desai, Secretario General Adjunto Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, Naciones Unidas

DC/S/99-32 (S)
Panorama económico global de las Naciones Unidas

Las estimaciones más recientes de las Naciones Unidas, que se darán a conocer oficialmente la próxima semana, pronostican un crecimiento global del 2% para 1999, en comparación con el 1,7% en 1998. Se ha logrado frenar la pronunciada disminución de la producción de varios países del sudeste asiático y se prevé para este año un crecimiento en la región superior al 3%, frente a una retracción de más del 1% el año pasado. La recesión de algunas de estas economías ha afectado a un puñado de países de América Latina, en particular Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela. Como resultado, se estima que en América Latina la producción disminuirá el 0,5% este año, pero se espera un incremento superior al 3,5 % para el año 2000. Este año, en África el crecimiento seguirá siendo escaso, pero podría mejorar el año venidero, salvo que se produzca una nueva caída del precio de los productos básicos. Si el rotundo giro en los precios del petróleo se mantiene, los países exportadores se beneficiarán, tanto este año como el próximo.

Según parece, se han evitado, al menos por el momento, un derrumbe financiero global y una recesión económica mundial. No obstante, las perspectivas de crecimiento a corto plazo de las economías en transición y en desarrollo siguen siendo desfavorables. Además, muchos de los riesgos de deterioro de la situación que eran el centro de atención hace seis meses, aún persisten y podrían interrumpir esta limitada recuperación. Todavía no comprendemos cabalmente los factores que provocaron nuestras primeras dificultades financieras ni estamos bien preparados para enfrentarlos si volvieran a presentarse, aunque los sobresaltos de los últimos dos años nos han dejado varias enseñanzas sobre el funcionamiento del sistema monetario y financiero internacional, las medidas necesarias para fortalecerlo y la necesidad de tomar disposiciones complementarias en otras esferas. En momentos en que retorna el orden a los mercados financieros y comienza la recuperación de las economías afectadas, es de primordial importancia mantener el impulso de las propuestas para mejorar el sistema.

Medidas para enfrentar las crisis financieras

Todos convienen en que, para que las instituciones financieras nacionales (e incluso la transparencia, la supervisión y las normas) resulten eficaces en los mercados financieros integrados de la actualidad, es necesario reforzarlas en todos los países, si bien de diferentes maneras y en distinta medida. En el plano internacional, hay cada vez mayor coincidencia en la necesidad de que los países industrializados pongan en práctica políticas de apoyo ante la inestabilidad financiera de otros países; de ampliar el financiamiento de contingencia a disposición de los países en dificultades, y de mejorar el marco institucional en el que operan los mercados financieros. En estas áreas, es preciso consolidar el progreso logrado. Aún persisten las diferencias en algunas otras cuestiones, como los medios para proporcionar liquidez a los países en crisis y las condiciones exigibles; los principios que han de adoptarse con respecto a la convertibilidad de la cuenta de capital, y el papel de las instituciones regionales en la nueva arquitectura.

Las políticas de reducción de las tasas de interés aplicadas por las economías industriales han contribuido a mejorar las perspectivas económicas de los países en crisis. Ello resalta la necesidad de adoptar un método más sistemático y global para solucionar las crisis financieras en el futuro. No sólo los países más afectados o los potencialmente vulnerables deben tomar medidas; los países industrializados deben contribuir adoptando medidas preventivas que eviten el efecto de contagio y otros procesos similares que caracterizan a los mercados financieros globalizados.

La gestión de la liquidez internacional es importante para evitar el contagio y disminuir la propagación de los efectos perjudiciales de las crisis financieras. Se acepta el principio del financiamiento de contingencia, pero no se ha llegado a un acuerdo sobre la manera de poner, de inmediato, fondos suficientes a disposición de un país. Es muy probable que no basten los métodos ad hoc, según las circunstancias de cada caso, que implican financiamiento bilateral y créditos del FMI. Una de las posibles soluciones sería crear liquidez cuando fuere necesario, permitiendo la emisión de derechos especiales de giro (DEG) en caso de condiciones financieras críticas. Se podrían destruir estos fondos una vez restablecidas las condiciones financieras normales. Este mecanismo introduciría un elemento anticíclico en la gestión de la liquidez mundial, además de otorgar mayor protagonismo a los DEG en las finanzas mundiales. La segunda solución en orden de importancia sería autorizar al FMI a recurrir al mercado para movilizar los recursos que le permitan suministrar suficiente financiamiento para contingencias.

Las recientes crisis financieras de varios países se vieron agravadas, y en algunos casos fueron provocadas, por el contagio internacional. Cuando la causa de un desequilibrio es una crisis internacional de este tenor, deben ser menos estrictas las condiciones exigibles para aspirar al financiamiento de contingencia. Ya se ha reconocido este principio en el Servicio de financiamiento compensatorio y para contingencias, pero debería aplicarse también a los casos de contagio. Se ha manifestado la inquietud de que el financiamiento provisto en tales casos ha estado supeditado a demasiadas condiciones; ello menoscaba su legitimidad y debilita al FMI. A fin de restaurar la plena confianza en el principio de condicionalidad, es necesario llegar a un nuevo acuerdo global sobre su empleo.

Se acepta ahora en general que la liberalización de las cuentas de capital debe ser gradual, debe aplicarse en primera instancia a los flujos a largo plazo y con cautela en el caso de fondos a corto plazo más inestables (como los créditos bancarios y los flujos de cartera), y debe ser precedida por la creación de instituciones financieras sólidas (incluso normas de supervisión y control). Los acuerdos internacionales en este campo deben incluir mecanismos de salvaguardia que permitan a las economías en desarrollo y en transición imponer desincentivos temporarios o controles sobre la afluencia de capital, especialmente en épocas de gran auge de capital, y sobre el éxodo de capitales durante las crisis graves.

Los pueblos de los países en transición y en desarrollo son quienes han debido soportar el mayor peso de las conmociones económicas de los últimos dos años. Es por ello que los esfuerzos colectivos para mejorar la administración de la economía mundial deben prestar más atención a sus reclamos y a su situación. El sistema financiero internacional requiere una gestión racional y democrática y debe contemplar y reflejar las diferencias existentes entre los países, tanto en sus culturas cuanto en sus aspiraciones de desarrollo y sus niveles de crecimiento. Se debe ampliar el papel de las economías en transición y en desarrollo en las organizaciones internacionales pertinentes, y aprovechar mejor el potencial de las organizaciones regionales y subregionales en las que participan estos países.

Todas las propuestas precedentes coinciden en que las respuestas a las crisis financieras no deben abordarse sólo desde un estrecho punto de vista técnico, sino desde una perspectiva más amplia de desarrollo a largo plazo, que otorgue prioridad al bienestar presente y futuro de todas las personas, antes que a intereses financieros de corto plazo.

Revitalización de la Iniciativa para los PPME

Para muchos países en desarrollo, en particular para los más pobres, los efectos imprevistos y adversos de la desaceleración de la economía mundial se suman a la carga insostenible de la deuda externa. Gracias a la Iniciativa para los PPME emprendida hace casi tres años por el Banco y el Fondo se ha logrado paliar las dificultades de la deuda de algunos de los países más pobres. Sin embargo, ahora todos reconocen que queda mucho por hacer. Una primera mejora sería ampliar el grupo de países calificados para recibir la ayuda. En segundo término, es necesario ser más flexible en los criterios aplicados en cada caso y, en especial, reducir el período exigido para acceder al beneficio. En tercer lugar, los gobiernos acreedores que aún no han cancelado el saldo de la deuda de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) deberían hacerlo y reducir considerablemente, incluso condonar en algunos casos, otras deudas bilaterales. Varios dirigentes han formulado propuestas que incluyen, en distinta medida, estas ideas. Esperamos que las medidas convenidas se pongan rápidamente en marcha y tengan resultados positivos.

Tratamiento de las necesidades sociales

La desaceleración de la economía mundial de los dos últimos años ha empujado nuevamente a la pobreza a demasiada gente en los países en desarrollo (y no sólo en los países afectados directamente por la crisis). Había demandado decenios alcanzar los logros económicos y sociales que la crisis ha destruido o socavado seriamente.

Una de las principales conclusiones de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, de las Naciones Unidas, celebrada en Copenhague en marzo de 1995, fue la necesidad de reconocer la gran superposición de políticas sociales y económicas y de integrarlas en las estrategias nacionales de crecimiento. Una de las enseñanzas más recientes es que, en épocas de crisis económica, deben abordarse tanto los aspectos sociales como los económicos. Se deben establecer políticas que contemplen, desde un comienzo, disposiciones para evitar o solucionar las perturbaciones sociales causadas por la propia crisis o por las medidas correctivas necesarias, y no las incorporen como "agregados" conforme se va realizando el ajuste. En tiempos de crisis, la necesidad de tales medidas de emergencia se reduciría si los programas sociales a largo plazo fueran menos vulnerables a la inestabilidad económica y financiera.

En vista de la necesidad de plantear estas cuestiones, ha sido muy bien recibida la tarea de preparar un documento sobre los "Principios y prácticas recomendados en materia de política social", encomendada al Banco Mundial por el Comité para el Desarrollo. Las Naciones Unidas también han acogido con agrado la propuesta de perfeccionar los principios de política social dentro del sistema de las Naciones Unidas. Es posible que este tema se trate en el curso de los preparativos de la Asamblea General para su período extraordinario de sesiones sobre la Cumbre de Copenhague. Este período extraordinario de sesiones se llevará a cabo en Ginebra del 26 al 30 de junio del año 2000, pero el mes próximo se reunirá un Comité Preparatorio y este asunto podría agregarse a su programa. No debe subestimarse la complejidad de llegar a acuerdos internacionales sobre principios en materia de política social, pero el consenso ayudaría tanto a los gobiernos como a las organizaciones internacionales a abordar problemas sociales cruciales e, incluso, hacer frente con mayor eficacia a las crisis financieras.

Deliberaciones de la Asamblea General sobre financiamiento del desarrollo

La Asamblea General también se está preparando para una reunión internacional de alto nivel sobre financiamiento del desarrollo, que se celebrará a fines del año 2001. La Asamblea está estudiando actualmente "la forma, el alcance y el programa" de la reunión propuesta. El Banco y el Fondo han participado activa y positivamente en estas conversaciones y los Estados miembros han dejado en claro que desean que ambos organismos intervengan plenamente en la preparación de este acontecimiento, así como en la propia reunión. Al parecer, los gobiernos de distintas orientaciones comparten la idea de que las decisiones multilaterales sobre cuestiones financieras se toman principalmente en estas instituciones y otras afines. Al mismo tiempo, los gobiernos también comparten la opinión de que las Naciones Unidas pueden constituir un foro para lograr un consenso político sobre algunos principios generales en los que puedan fundarse las decisiones que se adopten en otros ámbitos. Por ello se tiene la esperanza de que la reunión del año 2001 contribuya notablemente a mejorar la cooperación multilateral en el campo de las finanzas internacionales. Se confía en que el Fondo y el Banco continuarán participando plenamente en todo este proceso.

Panorama económico global de las Naciones Unidas

 

Las estimaciones más recientes de las Naciones Unidas, que se darán a conocer oficialmente la próxima semana, pronostican un crecimiento global del 2% para 1999, en comparación con el 1,7% en 1998. Se ha logrado frenar la pronunciada disminución de la producción de varios países del sudeste asiático y se prevé para este año un crecimiento en la región superior al 3%, frente a una retracción de más del 1% el año pasado. La recesión de algunas de estas economías ha afectado a un puñado de países de América Latina, en particular Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela. Como resultado, se estima que en América Latina la producción disminuirá el 0,5% este año, pero se espera un incremento superior al 3,5 % para el año 2000. Este año, en África el crecimiento seguirá siendo escaso, pero podría mejorar el año venidero, salvo que se produzca una nueva caída del precio de los productos básicos. Si el rotundo giro en los precios del petróleo se mantiene, los países exportadores se beneficiarán, tanto este año como el próximo.

Según parece, se han evitado, al menos por el momento, un derrumbe financiero global y una recesión económica mundial. No obstante, las perspectivas de crecimiento a corto plazo de las economías en transición y en desarrollo siguen siendo desfavorables. Además, muchos de los riesgos de deterioro de la situación que eran el centro de atención hace seis meses, aún persisten y podrían interrumpir esta limitada recuperación. Todavía no comprendemos cabalmente los factores que provocaron nuestras primeras dificultades financieras ni estamos bien preparados para enfrentarlos si volvieran a presentarse, aunque los sobresaltos de los últimos dos años nos han dejado varias enseñanzas sobre el funcionamiento del sistema monetario y financiero internacional, las medidas necesarias para fortalecerlo y la necesidad de tomar disposiciones complementarias en otras esferas. En momentos en que retorna el orden a los mercados financieros y comienza la recuperación de las economías afectadas, es de primordial importancia mantener el impulso de las propuestas para mejorar el sistema.

Medidas para enfrentar las crisis financieras

 

Todos convienen en que, para que las instituciones financieras nacionales (e incluso la transparencia, la supervisión y las normas) resulten eficaces en los mercados financieros integrados de la actualidad, es necesario reforzarlas en todos los países, si bien de diferentes maneras y en distinta medida. En el plano internacional, hay cada vez mayor coincidencia en la necesidad de que los países industrializados pongan en práctica políticas de apoyo ante la inestabilidad financiera de otros países; de ampliar el financiamiento de contingencia a disposición de los países en dificultades, y de mejorar el marco institucional en el que operan los mercados financieros. En estas áreas, es preciso consolidar el progreso logrado. Aún persisten las diferencias en algunas otras cuestiones, como los medios para proporcionar liquidez a los países en crisis y las condiciones exigibles; los principios que han de adoptarse con respecto a la convertibilidad de la cuenta de capital, y el papel de las instituciones regionales en la nueva arquitectura.

Las políticas de reducción de las tasas de interés aplicadas por las economías industriales han contribuido a mejorar las perspectivas económicas de los países en crisis. Ello resalta la necesidad de adoptar un método más sistemático y global para solucionar las crisis financieras en el futuro. No sólo los países más afectados o los potencialmente vulnerables deben tomar medidas; los países industrializados deben contribuir adoptando medidas preventivas que eviten el efecto de contagio y otros procesos similares que caracterizan a los mercados financieros globalizados.

La gestión de la liquidez internacional es importante para evitar el contagio y disminuir la propagación de los efectos perjudiciales de las crisis financieras. Se acepta el principio del financiamiento de contingencia, pero no se ha llegado a un acuerdo sobre la manera de poner, de inmediato, fondos suficientes a disposición de un país. Es muy probable que no basten los métodos ad hoc, según las circunstancias de cada caso, que implican financiamiento bilateral y créditos del FMI. Una de las posibles soluciones sería crear liquidez cuando fuere necesario, permitiendo la emisión de derechos especiales de giro (DEG) en caso de condiciones financieras críticas. Se podrían destruir estos fondos una vez restablecidas las condiciones financieras normales. Este mecanismo introduciría un elemento anticíclico en la gestión de la liquidez mundial, además de otorgar mayor protagonismo a los DEG en las finanzas mundiales. La segunda solución en orden de importancia sería autorizar al FMI a recurrir al mercado para movilizar los recursos que le permitan suministrar suficiente financiamiento para contingencias.

Las recientes crisis financieras de varios países se vieron agravadas, y en algunos casos fueron provocadas, por el contagio internacional. Cuando la causa de un desequilibrio es una crisis internacional de este tenor, deben ser menos estrictas las condiciones exigibles para aspirar al financiamiento de contingencia. Ya se ha reconocido este principio en el Servicio de financiamiento compensatorio y para contingencias, pero debería aplicarse también a los casos de contagio. Se ha manifestado la inquietud de que el financiamiento provisto en tales casos ha estado supeditado a demasiadas condiciones; ello menoscaba su legitimidad y debilita al FMI. A fin de restaurar la plena confianza en el principio de condicionalidad, es necesario llegar a un nuevo acuerdo global sobre su empleo.

Se acepta ahora en general que la liberalización de las cuentas de capital debe ser gradual, debe aplicarse en primera instancia a los flujos a largo plazo y con cautela en el caso de fondos a corto plazo más inestables (como los créditos bancarios y los flujos de cartera), y debe ser precedida por la creación de instituciones financieras sólidas (incluso normas de supervisión y control). Los acuerdos internacionales en este campo deben incluir mecanismos de salvaguardia que permitan a las economías en desarrollo y en transición imponer desincentivos temporarios o controles sobre la afluencia de capital, especialmente en épocas de gran auge de capital, y sobre el éxodo de capitales durante las crisis graves.

Los pueblos de los países en transición y en desarrollo son quienes han debido soportar el mayor peso de las conmociones económicas de los últimos dos años. Es por ello que los esfuerzos colectivos para mejorar la administración de la economía mundial deben prestar más atención a sus reclamos y a su situación. El sistema financiero internacional requiere una gestión racional y democrática y debe contemplar y reflejar las diferencias existentes entre los países, tanto en sus culturas cuanto en sus aspiraciones de desarrollo y sus niveles de crecimiento. Se debe ampliar el papel de las economías en transición y en desarrollo en las organizaciones internacionales pertinentes, y aprovechar mejor el potencial de las organizaciones regionales y subregionales en las que participan estos países.

Todas las propuestas precedentes coinciden en que las respuestas a las crisis financieras no deben abordarse sólo desde un estrecho punto de vista técnico, sino desde una perspectiva más amplia de desarrollo a largo plazo, que otorgue prioridad al bienestar presente y futuro de todas las personas, antes que a intereses financieros de corto plazo.

Revitalización de la Iniciativa para los PPME

 

Para muchos países en desarrollo, en particular para los más pobres, los efectos imprevistos y adversos de la desaceleración de la economía mundial se suman a la carga insostenible de la deuda externa. Gracias a la Iniciativa para los PPME emprendida hace casi tres años por el Banco y el Fondo se ha logrado paliar las dificultades de la deuda de algunos de los países más pobres. Sin embargo, ahora todos reconocen que queda mucho por hacer. Una primera mejora sería ampliar el grupo de países calificados para recibir la ayuda. En segundo término, es necesario ser más flexible en los criterios aplicados en cada caso y, en especial, reducir el período exigido para acceder al beneficio. En tercer lugar, los gobiernos acreedores que aún no han cancelado el saldo de la deuda de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) deberían hacerlo y reducir considerablemente, incluso condonar en algunos casos, otras deudas bilaterales. Varios dirigentes han formulado propuestas que incluyen, en distinta medida, estas ideas. Esperamos que las medidas convenidas se pongan rápidamente en marcha y tengan resultados positivos.

Tratamiento de las necesidades sociales

 

La desaceleración de la economía mundial de los dos últimos años ha empujado nuevamente a la pobreza a demasiada gente en los países en desarrollo (y no sólo en los países afectados directamente por la crisis). Había demandado decenios alcanzar los logros económicos y sociales que la crisis ha destruido o socavado seriamente.

Una de las principales conclusiones de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, de las Naciones Unidas, celebrada en Copenhague en marzo de 1995, fue la necesidad de reconocer la gran superposición de políticas sociales y económicas y de integrarlas en las estrategias nacionales de crecimiento. Una de las enseñanzas más recientes es que, en épocas de crisis económica, deben abordarse tanto los aspectos sociales como los económicos. Se deben establecer políticas que contemplen, desde un comienzo, disposiciones para evitar o solucionar las perturbaciones sociales causadas por la propia crisis o por las medidas correctivas necesarias, y no las incorporen como "agregados" conforme se va realizando el ajuste. En tiempos de crisis, la necesidad de tales medidas de emergencia se reduciría si los programas sociales a largo plazo fueran menos vulnerables a la inestabilidad económica y financiera.

En vista de la necesidad de plantear estas cuestiones, ha sido muy bien recibida la tarea de preparar un documento sobre los "Principios y prácticas recomendados en materia de política social", encomendada al Banco Mundial por el Comité para el Desarrollo. Las Naciones Unidas también han acogido con agrado la propuesta de perfeccionar los principios de política social dentro del sistema de las Naciones Unidas. Es posible que este tema se trate en el curso de los preparativos de la Asamblea General para su período extraordinario de sesiones sobre la Cumbre de Copenhague. Este período extraordinario de sesiones se llevará a cabo en Ginebra del 26 al 30 de junio del año 2000, pero el mes próximo se reunirá un Comité Preparatorio y este asunto podría agregarse a su programa. No debe subestimarse la complejidad de llegar a acuerdos internacionales sobre principios en materia de política social, pero el consenso ayudaría tanto a los gobiernos como a las organizaciones internacionales a abordar problemas sociales cruciales e, incluso, hacer frente con mayor eficacia a las crisis financieras.

Deliberaciones de la Asamblea General sobre financiamiento del desarrollo

 

La Asamblea General también se está preparando para una reunión internacional de alto nivel sobre financiamiento del desarrollo, que se celebrará a fines del año 2001. La Asamblea está estudiando actualmente "la forma, el alcance y el programa" de la reunión propuesta. El Banco y el Fondo han participado activa y positivamente en estas conversaciones y los Estados miembros han dejado en claro que desean que ambos organismos intervengan plenamente en la preparación de este acontecimiento, así como en la propia reunión. Al parecer, los gobiernos de distintas orientaciones comparten la idea de que las decisiones multilaterales sobre cuestiones financieras se toman principalmente en estas instituciones y otras afines. Al mismo tiempo, los gobiernos también comparten la opinión de que las Naciones Unidas pueden constituir un foro para lograr un consenso político sobre algunos principios generales en los que puedan fundarse las decisiones que se adopten en otros ámbitos. Por ello se tiene la esperanza de que la reunión del año 2001 contribuya notablemente a mejorar la cooperación multilateral en el campo de las finanzas internacionales. Se confía en que el Fondo y el Banco continuarán participando plenamente en todo este proceso.

Panorama económico global de las Naciones Unidas

 

Las estimaciones más recientes de las Naciones Unidas, que se darán a conocer oficialmente la próxima semana, pronostican un crecimiento global del 2% para 1999, en comparación con el 1,7% en 1998. Se ha logrado frenar la pronunciada disminución de la producción de varios países del sudeste asiático y se prevé para este año un crecimiento en la región superior al 3%, frente a una retracción de más del 1% el año pasado. La recesión de algunas de estas economías ha afectado a un puñado de países de América Latina, en particular Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela. Como resultado, se estima que en América Latina la producción disminuirá el 0,5% este año, pero se espera un incremento superior al 3,5 % para el año 2000. Este año, en África el crecimiento seguirá siendo escaso, pero podría mejorar el año venidero, salvo que se produzca una nueva caída del precio de los productos básicos. Si el rotundo giro en los precios del petróleo se mantiene, los países exportadores se beneficiarán, tanto este año como el próximo.

Según parece, se han evitado, al menos por el momento, un derrumbe financiero global y una recesión económica mundial. No obstante, las perspectivas de crecimiento a corto plazo de las economías en transición y en desarrollo siguen siendo desfavorables. Además, muchos de los riesgos de deterioro de la situación que eran el centro de atención hace seis meses, aún persisten y podrían interrumpir esta limitada recuperación. Todavía no comprendemos cabalmente los factores que provocaron nuestras primeras dificultades financieras ni estamos bien preparados para enfrentarlos si volvieran a presentarse, aunque los sobresaltos de los últimos dos años nos han dejado varias enseñanzas sobre el funcionamiento del sistema monetario y financiero internacional, las medidas necesarias para fortalecerlo y la necesidad de tomar disposiciones complementarias en otras esferas. En momentos en que retorna el orden a los mercados financieros y comienza la recuperación de las economías afectadas, es de primordial importancia mantener el impulso de las propuestas para mejorar el sistema.

Medidas para enfrentar las crisis financieras

 

Todos convienen en que, para que las instituciones financieras nacionales (e incluso la transparencia, la supervisión y las normas) resulten eficaces en los mercados financieros integrados de la actualidad, es necesario reforzarlas en todos los países, si bien de diferentes maneras y en distinta medida. En el plano internacional, hay cada vez mayor coincidencia en la necesidad de que los países industrializados pongan en práctica políticas de apoyo ante la inestabilidad financiera de otros países; de ampliar el financiamiento de contingencia a disposición de los países en dificultades, y de mejorar el marco institucional en el que operan los mercados financieros. En estas áreas, es preciso consolidar el progreso logrado. Aún persisten las diferencias en algunas otras cuestiones, como los medios para proporcionar liquidez a los países en crisis y las condiciones exigibles; los principios que han de adoptarse con respecto a la convertibilidad de la cuenta de capital, y el papel de las instituciones regionales en la nueva arquitectura.

Las políticas de reducción de las tasas de interés aplicadas por las economías industriales han contribuido a mejorar las perspectivas económicas de los países en crisis. Ello resalta la necesidad de adoptar un método más sistemático y global para solucionar las crisis financieras en el futuro. No sólo los países más afectados o los potencialmente vulnerables deben tomar medidas; los países industrializados deben contribuir adoptando medidas preventivas que eviten el efecto de contagio y otros procesos similares que caracterizan a los mercados financieros globalizados.

La gestión de la liquidez internacional es importante para evitar el contagio y disminuir la propagación de los efectos perjudiciales de las crisis financieras. Se acepta el principio del financiamiento de contingencia, pero no se ha llegado a un acuerdo sobre la manera de poner, de inmediato, fondos suficientes a disposición de un país. Es muy probable que no basten los métodos ad hoc, según las circunstancias de cada caso, que implican financiamiento bilateral y créditos del FMI. Una de las posibles soluciones sería crear liquidez cuando fuere necesario, permitiendo la emisión de derechos especiales de giro (DEG) en caso de condiciones financieras críticas. Se podrían destruir estos fondos una vez restablecidas las condiciones financieras normales. Este mecanismo introduciría un elemento anticíclico en la gestión de la liquidez mundial, además de otorgar mayor protagonismo a los DEG en las finanzas mundiales. La segunda solución en orden de importancia sería autorizar al FMI a recurrir al mercado para movilizar los recursos que le permitan suministrar suficiente financiamiento para contingencias.

Las recientes crisis financieras de varios países se vieron agravadas, y en algunos casos fueron provocadas, por el contagio internacional. Cuando la causa de un desequilibrio es una crisis internacional de este tenor, deben ser menos estrictas las condiciones exigibles para aspirar al financiamiento de contingencia. Ya se ha reconocido este principio en el Servicio de financiamiento compensatorio y para contingencias, pero debería aplicarse también a los casos de contagio. Se ha manifestado la inquietud de que el financiamiento provisto en tales casos ha estado supeditado a demasiadas condiciones; ello menoscaba su legitimidad y debilita al FMI. A fin de restaurar la plena confianza en el principio de condicionalidad, es necesario llegar a un nuevo acuerdo global sobre su empleo.

Se acepta ahora en general que la liberalización de las cuentas de capital debe ser gradual, debe aplicarse en primera instancia a los flujos a largo plazo y con cautela en el caso de fondos a corto plazo más inestables (como los créditos bancarios y los flujos de cartera), y debe ser precedida por la creación de instituciones financieras sólidas (incluso normas de supervisión y control). Los acuerdos internacionales en este campo deben incluir mecanismos de salvaguardia que permitan a las economías en desarrollo y en transición imponer desincentivos temporarios o controles sobre la afluencia de capital, especialmente en épocas de gran auge de capital, y sobre el éxodo de capitales durante las crisis graves.

Los pueblos de los países en transición y en desarrollo son quienes han debido soportar el mayor peso de las conmociones económicas de los últimos dos años. Es por ello que los esfuerzos colectivos para mejorar la administración de la economía mundial deben prestar más atención a sus reclamos y a su situación. El sistema financiero internacional requiere una gestión racional y democrática y debe contemplar y reflejar las diferencias existentes entre los países, tanto en sus culturas cuanto en sus aspiraciones de desarrollo y sus niveles de crecimiento. Se debe ampliar el papel de las economías en transición y en desarrollo en las organizaciones internacionales pertinentes, y aprovechar mejor el potencial de las organizaciones regionales y subregionales en las que participan estos países.

Todas las propuestas precedentes coinciden en que las respuestas a las crisis financieras no deben abordarse sólo desde un estrecho punto de vista técnico, sino desde una perspectiva más amplia de desarrollo a largo plazo, que otorgue prioridad al bienestar presente y futuro de todas las personas, antes que a intereses financieros de corto plazo.

Revitalización de la Iniciativa para los PPME

 

Para muchos países en desarrollo, en particular para los más pobres, los efectos imprevistos y adversos de la desaceleración de la economía mundial se suman a la carga insostenible de la deuda externa. Gracias a la Iniciativa para los PPME emprendida hace casi tres años por el Banco y el Fondo se ha logrado paliar las dificultades de la deuda de algunos de los países más pobres. Sin embargo, ahora todos reconocen que queda mucho por hacer. Una primera mejora sería ampliar el grupo de países calificados para recibir la ayuda. En segundo término, es necesario ser más flexible en los criterios aplicados en cada caso y, en especial, reducir el período exigido para acceder al beneficio. En tercer lugar, los gobiernos acreedores que aún no han cancelado el saldo de la deuda de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) deberían hacerlo y reducir considerablemente, incluso condonar en algunos casos, otras deudas bilaterales. Varios dirigentes han formulado propuestas que incluyen, en distinta medida, estas ideas. Esperamos que las medidas convenidas se pongan rápidamente en marcha y tengan resultados positivos.

Tratamiento de las necesidades sociales

 

La desaceleración de la economía mundial de los dos últimos años ha empujado nuevamente a la pobreza a demasiada gente en los países en desarrollo (y no sólo en los países afectados directamente por la crisis). Había demandado decenios alcanzar los logros económicos y sociales que la crisis ha destruido o socavado seriamente.

Una de las principales conclusiones de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, de las Naciones Unidas, celebrada en Copenhague en marzo de 1995, fue la necesidad de reconocer la gran superposición de políticas sociales y económicas y de integrarlas en las estrategias nacionales de crecimiento. Una de las enseñanzas más recientes es que, en épocas de crisis económica, deben abordarse tanto los aspectos sociales como los económicos. Se deben establecer políticas que contemplen, desde un comienzo, disposiciones para evitar o solucionar las perturbaciones sociales causadas por la propia crisis o por las medidas correctivas necesarias, y no las incorporen como "agregados" conforme se va realizando el ajuste. En tiempos de crisis, la necesidad de tales medidas de emergencia se reduciría si los programas sociales a largo plazo fueran menos vulnerables a la inestabilidad económica y financiera.

En vista de la necesidad de plantear estas cuestiones, ha sido muy bien recibida la tarea de preparar un documento sobre los "Principios y prácticas recomendados en materia de política social", encomendada al Banco Mundial por el Comité para el Desarrollo. Las Naciones Unidas también han acogido con agrado la propuesta de perfeccionar los principios de política social dentro del sistema de las Naciones Unidas. Es posible que este tema se trate en el curso de los preparativos de la Asamblea General para su período extraordinario de sesiones sobre la Cumbre de Copenhague. Este período extraordinario de sesiones se llevará a cabo en Ginebra del 26 al 30 de junio del año 2000, pero el mes próximo se reunirá un Comité Preparatorio y este asunto podría agregarse a su programa. No debe subestimarse la complejidad de llegar a acuerdos internacionales sobre principios en materia de política social, pero el consenso ayudaría tanto a los gobiernos como a las organizaciones internacionales a abordar problemas sociales cruciales e, incluso, hacer frente con mayor eficacia a las crisis financieras.

Deliberaciones de la Asamblea General sobre financiamiento del desarrollo

 

La Asamblea General también se está preparando para una reunión internacional de alto nivel sobre financiamiento del desarrollo, que se celebrará a fines del año 2001. La Asamblea está estudiando actualmente "la forma, el alcance y el programa" de la reunión propuesta. El Banco y el Fondo han participado activa y positivamente en estas conversaciones y los Estados miembros han dejado en claro que desean que ambos organismos intervengan plenamente en la preparación de este acontecimiento, así como en la propia reunión. Al parecer, los gobiernos de distintas orientaciones comparten la idea de que las decisiones multilaterales sobre cuestiones financieras se toman principalmente en estas instituciones y otras afines. Al mismo tiempo, los gobiernos también comparten la opinión de que las Naciones Unidas pueden constituir un foro para lograr un consenso político sobre algunos principios generales en los que puedan fundarse las decisiones que se adopten en otros ámbitos. Por ello se tiene la esperanza de que la reunión del año 2001 contribuya notablemente a mejorar la cooperación multilateral en el campo de las finanzas internacionales. Se confía en que el Fondo y el Banco continuarán participando plenamente en todo este proceso.




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