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Declaración del Sr. Viseur, Ministro de Finanzas, Bélgica

DC/S/99-17 (S)
Antes de ocuparme de nuestro programa, desearía expresar mi agradecimiento y firme apoyo a los esfuerzos que están emprendiendo las instituciones de Bretton Woods para prestar asistencia a los países afectados por la crisis de Kosovo. Acojo con satisfacción la pronta intervención del Banco para prestar asistencia financiera de emergencia a fin de abordar las consecuencias humanitarias de la crisis. Más allá de estas necesidades inmediatas, desearía alentar al Banco a que se uniera a otros socios apropiados para hacer una reflexión sustantiva sobre las necesidades económicas y de desarrollo que podrían contribuir a restablecer una paz duradera en esa parte del mundo. Con la construcción de la Unión Europea se ha demostrado que la integración económica, dirigida por firmes principios democráticos y de mercado, puede constituir una contribución esencial para alcanzar ese objetivo; es un modelo en el que también podrían inspirarse otras regiones del mundo.

El Marco Integral de Desarrollo

Permítanme comenzar uniéndome al apoyo general que está recibiendo la iniciativa del Presidente Wolfensohn relativa al Marco Integral de Desarrollo. Los organismos de desarrollo del grupo de países que represento esperan con interés la posibilidad de cooperar estrechamente con el Banco en la aplicación de esa ambiciosa iniciativa. El Marco Integral de Desarrollo cuenta con el potencial necesario para mejorar el desarrollo y la eficacia de la asistencia en distintos aspectos. Permítanme señalar especialmente la posibilidad que ofrece de debatir y abordar de una forma más sistemática con los países cuestiones relativas al buen gobierno en el contexto de un marco acordado; la posibilidad que supone para el Banco y otros organismos de obtener un rendimiento mejor de sus conocimientos especializados sobre las etapas en que deben llevarse a cabo las reformas basadas en el mercado con plena conciencia de los prerrequisitos institucionales necesarios para que las economías de mercado marchen correctamente, y la oportunidad que brinda a todos los socios en el desarrollo para aprovechar mejor sus ventajas comparativas de una forma más económica y, en última instancia, más eficaz desde el punto de vista del desarrollo.

La aplicación del Marco Integral de Desarrollo será una actividad que dará mucho trabajo y requerirá una atención plena y constante, no sólo por parte del Banco, sino también por parte de los países que se unan a esa actividad. Así pues, será importante concentrar la aplicación del Marco Integral de Desarrollo en los países que perciban claramente las ventajas que puede aportar a sus programas de desarrollo. Tendrá igual importancia el hecho de no desviar recursos ni atención de los países que no hayan solicitado participar en el Marco Integral de Desarrollo porque las ventajas les resultan menos evidentes. Esperamos con interés ulteriores debates con el Presidente a lo largo del proceso de aplicación.

Principios de las prácticas recomendadas en materia de política social

La labor que se está llevando a cabo sobre la elaboración de principios generales relativos a las prácticas recomendadas sobre políticas sociales puede hacer una importante contribución al éxito del Marco Integral de Desarrollo y, de forma más general, a la profundización de la función del Banco de prestar asistencia a países que tienen sus propios problemas de desarrollo a largo plazo. Esta es una esfera en la que las prácticas de desarrollo del Banco, una firme identificación de los países con esa labor y una asociación eficaz con otros organismos –en este caso los organismos pertinentes de las Naciones Unidas, incluida la Organización Internacional del Trabajo– pueden hacer una contribución genuina al avance del programa mundial para el desarrollo. Me satisface observar en el informe que se ha preparado para nuestra reunión que la labor progresa en este sentido. Si se prosigue de forma eficaz, esa asociación renovada permitirá que el Banco y este Comité contribuyan de forma sustantiva al establecimiento de un pilar social en el centro de la nueva arquitectura internacional. Los cuatro principios de una buena política social están expuestos con gran competencia en el informe sobre la labor realizada y a continuación me limitaré a hacer unas breves observaciones relativas a su buena aplicación.

La crisis de Asia, que fue el origen de esta actividad, ha puesto de relieve la necesidad que tienen las economías emergentes que participan en la economía mundial de dotarse de sistemas eficaces de protección de la población frente a las fuerzas negativas de la globalización. La integración en la economía mundial no debería convertirse en una causa de desintegración social a nivel local. Acojo con satisfacción los esfuerzos de todos los países afectados por proteger a sus poblaciones contra las consecuencias inmediatas de pobreza derivadas de la crisis. La reconfirmación de los principios de política social en el marco del programa de desarrollo del Banco debería contribuir a asegurar que esos esfuerzos no se detengan a medio camino. La dificultad de aplicar con eficacia y rapidez algunos de los programas de emergencia actuales indica claramente que ahora será necesario un compromiso constante para superar el concepto de redes de protección social e introducir el tipo de políticas de empleo y de protección social capaces de soportar las conmociones económicas que puedan producirse en el futuro de una forma más sistemática y con un menor costo humano.

Los países en transición se enfrentan a desafíos especiales en esta esfera. Varios de ellos todavía están en trance de solucionar el problema que supone el desmantelamiento de modelos igualitarios en los que se prestaban servicios sociales gratuitos a todos y de reemplazarlos con sistemas basados en el mercado que combinen una distinción adecuada de los ingresos con planes sostenibles de protección social. Si esos países no obtuvieran un asesoramiento y un apoyo adecuados de la comunidad internacional, correrían el riesgo de acumular más desigualdades y pobreza, y ello pondría en peligro la cohesión social necesaria para llevar a cabo con éxito las reformas.

Se ha manifestado la preocupación de que intereses proteccionistas puedan apropiarse de esos principios sociales, especialmente de los relativos a las normas laborales básicas. Por lo que se refiere a esta cuestión, estoy convencido de que la mejor salvaguardia para evitar un resultado tan poco deseable consiste en alentar al Banco a que redoble sus esfuerzos encaminados a colaborar con sus países clientes para crear una sólida identificación con esos principios mostrando una comprensión total por el tejido social propio de cada uno de ellos y prestándoles la asistencia adecuada en apoyo de reformas ambiciosas.

Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados (PPME)

En primer lugar, deseo felicitar al personal de ambas instituciones por la excelente documentación que han preparado para ayudarnos en nuestro examen de la Iniciativa para los PPME. El Presidente Wolfensohn y el Director Gerente Camdessus han dado el tono del debate de hoy con su declaración conjunta y desearía agradecerles su constante liderazgo para impulsar este difícil proceso.

Apoyo totalmente los principios de cambio que, en su opinión, deberían constituir la base de una Iniciativa para los PPME mejorada. Permítanme señalar especialmente los siguientes conceptos: que el alivio de la deuda debería ofrecer una salida clara para situaciones en que la deuda es una carga insostenible, con lo que sería un elemento protector frente a perturbaciones exógenas; que, en vista de su naturaleza irrevocable, el alivio de la deuda debería basarse en resultados de política sostenidos; que el alivio de la deuda debería complementar, más que reemplazar, las corrientes tradicionales de asistencia oficial para el desarrollo (AOD), y que las propuestas de cambio deberían ir acompañadas por propuestas para su financiamiento, lo que supondría que las decisiones sobre el cambio también estarían acompañadas por compromisos firmes sobre su financiamiento.

El hecho de no aplicar de manera coherente esos principios acarrearía el peligro de llevar adelante un mandato ambicioso que no puede producir los resultados esperados debido a una financiación insuficiente o a que en él no se tienen en cuenta las necesidades generales del desarrollo sostenible, o por ambas razones. Teniendo esto presente, permítanme formular los siguientes comentarios sobre las propuestas de cambio más concretas.

En primer lugar, deberíamos admitir que hay buenas razones para un alivio de la deuda más profundo del previsto en un principio. Para muchos PPME, las perspectivas externas se han deteriorado, especialmente para los que dependen en gran medida de exportaciones de productos básicos. La dimensión fiscal de las deudas insostenibles no se abordó de forma explícita en el marco original, a pesar de que en muchos casos constituye un obstáculo para mayores inversiones en desarrollo social. Creo que será necesario rebajar los objetivos de sostenibilidad externa y fiscal a un máximo del 200% para alcanzar el objetivo final de la Iniciativa de ofrecer a los países una estrategia duradera para solucionar el problema de la deuda. Junto con la recuperación de las corrientes de asistencia, que son de vital importancia para el éxito general de la Iniciativa, esta rebaja debería mejorar sustancialmente las posibilidades de liberar recursos que puedan emplearse para fines de desarrollo efectivos.

En segundo lugar, hay que tomar seriamente los repetidos llamamientos de nuestros países en desarrollo miembros a favor de un alivio más rápido de las cargas de la deuda que ponen en peligro sus perspectivas de desarrollo. Creo que deberíamos mostrar confianza en los casos en que el compromiso con unas reformas firmes y un desarrollo racional ha quedado demostrado y, por lo tanto, proponer que se considere seriamente la posibilidad de reducir de seis a tres años el requisito relativo a la trayectoria que figura en el marco de la Iniciativa cuando se trate de países que hayan demostrado esa voluntad.

Sin embargo, deberíamos hacerlo con plena conciencia de las consecuencias de esa decisión. Para ello será necesario que los países que emprendan esa vía rápida en el alivio de la deuda se comprometan desde el principio a llevar a cabo un ambicioso programa de reformas, incluido un programa sobre el buen gobierno, que satisfaga todos los requisitos básicos del alivio eficaz de la deuda desde el punto de vista del desarrollo. Las demoras frecuentes en la aplicación de ese programa supondrían un retraso de las posibilidades de alivio de la deuda y, de forma más general, causarían un deterioro de la credibilidad de la Iniciativa mejorada. Por esta razón las instituciones de Bretton Woods deben movilizar y reunir todas las capacidades pertinentes a fin de asistir a los países que emprendan ese tipo de programas ofreciéndoles un asesoramiento sensato y socialmente sostenible sobre cuestiones normativas.

En tercer lugar, acojo con gran satisfacción la intención de vincular más estrechamente el alivio de la deuda y la inversión en programas de reducción de la pobreza y de desarrollo social. Si bien estoy de acuerdo en que puede ser difícil establecer una vinculación mecánica entre ambas cuestiones, es importante mantener una perspectiva clara del crecimiento adecuado de las inversiones sociales que se derivan del alivio de la deuda. Las nuevas redes del Banco Mundial pueden hacer una contribución importante en este aspecto de la Iniciativa con la elaboración de una lista de prácticas óptimas en materia de programas de desarrollo social, entre las que los países podrían hacer una selección al prepararse para asignar los recursos netos liberados por el alivio de la deuda. Deseo alentar al Banco a que emprenda sin demora esa actividad en estrecha colaboración con organismos bilaterales de desarrollo y con organizaciones pertinentes de la sociedad civil.

Por último, sobre la financiación de una iniciativa mejorada para los PPME, permítanme insistir en la necesidad de establecer, en los meses venideros, un clima positivo en el que todos los participantes interesados se esfuercen al máximo para complementarse mutuamente con un firme compromiso por parte de cada uno de ellos. El Banco Mundial y los demás bancos de desarrollo deberían hacer todo lo que esté en su mano para aumentar sus contribuciones. Sus esfuerzos deberían complementarse con una pronta indicación de la disposición del Club de París de superar el límite del 80% en el alivio de la deuda cuando sea necesario y con compromisos firmes de los países acreedores, en especial los mayores, de contribuir al Fondo Fiduciario para los PPME.

Asistencia a los países que salen de un conflicto

Acojo con satisfacción el progreso realizado desde nuestra última reunión en la cuestión del establecimiento de principios acordados sobre asistencia a los países que salen de un conflicto según cada caso particular, reconociendo los terribles dilemas que pueden surgir cuando esos países tienen que enfrentarse simultáneamente a enormes necesidades de reconstrucción, a la liquidación de atrasos con las instituciones multilaterales y a una carga insostenible de la deuda. Deseo señalar que para la solución satisfactoria de esas situaciones pueden ser necesarias medidas excepcionales, que en algunos casos podrían abarcar el aplazamiento o la reprogramación de los compromisos de pago. Con este enfoque, la solución definitiva de las situaciones de atrasos se produciría en el marco de la Incitativa para los PPME, después de que la comunidad internacional haya obtenido garantías suficientes sobre la sostenibilidad del proceso de paz y sobre la política económica y de desarrollo del país. Es importante que el Fondo y el Banco sigan coordinando estrechamente sus conceptos en evolución sobre estas cuestiones y que todas las medidas excepcionales que se emprendan aplicando el marco de financiación emergente estén bien fundadas en el apoyo apropiado de la comunidad de donantes. Sin embargo, no estoy convencido de la utilidad de establecer un fondo fiduciario general de donantes para las situaciones de ese tipo que puedan producirse en el futuro.

También hay que seguir trabajando para establecer criterios claros sobre las condiciones necesarias para que un país pueda recibir asistencia excepcional en el marco de la iniciativa para los países que salen de un conflicto y, lo que quizá es todavía más importante, sobre las salvaguardias específicas que deben establecerse cuando un país que sale de un conflicto es declarado apto para obtener un apoyo amplio de los organismos multilaterales. Una supervisión estrecha y un despliegue activo de medidas que puedan reducir el peligro de reavivación del conflicto son elementos importantes de ese tipo de enfoque.

Permítanme terminar con dos observaciones concretas a este respecto. En primer lugar, las decisiones relativas a la asistencia a países que salen de un conflicto se basan en un conjunto amplio de consideraciones, incluido el hecho de disponer de garantías suficientes de que la paz se mantendrá; es importante que las instituciones de Bretton Woods tengan acceso a canales transparentes de comunicación con los organismos internacionales que estén en mejor posición para atender consultas relativas a la transición constante hacia la paz, incluidas las condiciones que justificarían la suspensión de más asistencia financiera. En segundo lugar, la reducción del gasto de defensa y los planes de desmovilización se han convertido en elementos comunes de los programas para los países que salen de un conflicto, y aliento a dichas instituciones a que procedan ateniéndose estrechamente a esos principios. Sin embargo, también sabemos que hay otras cuestiones, como la proliferación de las armas ligeras y de las tensiones entre grupos étnicos, que en muchos casos constituyen un obstáculo para la paz y el desarrollo sostenibles. Exhorto al Banco y a los demás organismos pertinentes a que, en estrecha colaboración, mejoren sus conocimientos generales sobre estas cuestiones y las integren de forma más sistemática en sus programas de asistencia.

Antes de ocuparme de nuestro programa, desearía expresar mi agradecimiento y firme apoyo a los esfuerzos que están emprendiendo las instituciones de Bretton Woods para prestar asistencia a los países afectados por la crisis de Kosovo. Acojo con satisfacción la pronta intervención del Banco para prestar asistencia financiera de emergencia a fin de abordar las consecuencias humanitarias de la crisis. Más allá de estas necesidades inmediatas, desearía alentar al Banco a que se uniera a otros socios apropiados para hacer una reflexión sustantiva sobre las necesidades económicas y de desarrollo que podrían contribuir a restablecer una paz duradera en esa parte del mundo. Con la construcción de la Unión Europea se ha demostrado que la integración económica, dirigida por firmes principios democráticos y de mercado, puede constituir una contribución esencial para alcanzar ese objetivo; es un modelo en el que también podrían inspirarse otras regiones del mundo.

El Marco Integral de Desarrollo

Permítanme comenzar uniéndome al apoyo general que está recibiendo la iniciativa del Presidente Wolfensohn relativa al Marco Integral de Desarrollo. Los organismos de desarrollo del grupo de países que represento esperan con interés la posibilidad de cooperar estrechamente con el Banco en la aplicación de esa ambiciosa iniciativa. El Marco Integral de Desarrollo cuenta con el potencial necesario para mejorar el desarrollo y la eficacia de la asistencia en distintos aspectos. Permítanme señalar especialmente la posibilidad que ofrece de debatir y abordar de una forma más sistemática con los países cuestiones relativas al buen gobierno en el contexto de un marco acordado; la posibilidad que supone para el Banco y otros organismos de obtener un rendimiento mejor de sus conocimientos especializados sobre las etapas en que deben llevarse a cabo las reformas basadas en el mercado con plena conciencia de los prerrequisitos institucionales necesarios para que las economías de mercado marchen correctamente, y la oportunidad que brinda a todos los socios en el desarrollo para aprovechar mejor sus ventajas comparativas de una forma más económica y, en última instancia, más eficaz desde el punto de vista del desarrollo.

La aplicación del Marco Integral de Desarrollo será una actividad que dará mucho trabajo y requerirá una atención plena y constante, no sólo por parte del Banco, sino también por parte de los países que se unan a esa actividad. Así pues, será importante concentrar la aplicación del Marco Integral de Desarrollo en los países que perciban claramente las ventajas que puede aportar a sus programas de desarrollo. Tendrá igual importancia el hecho de no desviar recursos ni atención de los países que no hayan solicitado participar en el Marco Integral de Desarrollo porque las ventajas les resultan menos evidentes. Esperamos con interés ulteriores debates con el Presidente a lo largo del proceso de aplicación.

Principios de las prácticas recomendadas en materia de política social

La labor que se está llevando a cabo sobre la elaboración de principios generales relativos a las prácticas recomendadas sobre políticas sociales puede hacer una importante contribución al éxito del Marco Integral de Desarrollo y, de forma más general, a la profundización de la función del Banco de prestar asistencia a países que tienen sus propios problemas de desarrollo a largo plazo. Esta es una esfera en la que las prácticas de desarrollo del Banco, una firme identificación de los países con esa labor y una asociación eficaz con otros organismos –en este caso los organismos pertinentes de las Naciones Unidas, incluida la Organización Internacional del Trabajo– pueden hacer una contribución genuina al avance del programa mundial para el desarrollo. Me satisface observar en el informe que se ha preparado para nuestra reunión que la labor progresa en este sentido. Si se prosigue de forma eficaz, esa asociación renovada permitirá que el Banco y este Comité contribuyan de forma sustantiva al establecimiento de un pilar social en el centro de la nueva arquitectura internacional. Los cuatro principios de una buena política social están expuestos con gran competencia en el informe sobre la labor realizada y a continuación me limitaré a hacer unas breves observaciones relativas a su buena aplicación.

La crisis de Asia, que fue el origen de esta actividad, ha puesto de relieve la necesidad que tienen las economías emergentes que participan en la economía mundial de dotarse de sistemas eficaces de protección de la población frente a las fuerzas negativas de la globalización. La integración en la economía mundial no debería convertirse en una causa de desintegración social a nivel local. Acojo con satisfacción los esfuerzos de todos los países afectados por proteger a sus poblaciones contra las consecuencias inmediatas de pobreza derivadas de la crisis. La reconfirmación de los principios de política social en el marco del programa de desarrollo del Banco debería contribuir a asegurar que esos esfuerzos no se detengan a medio camino. La dificultad de aplicar con eficacia y rapidez algunos de los programas de emergencia actuales indica claramente que ahora será necesario un compromiso constante para superar el concepto de redes de protección social e introducir el tipo de políticas de empleo y de protección social capaces de soportar las conmociones económicas que puedan producirse en el futuro de una forma más sistemática y con un menor costo humano.

Los países en transición se enfrentan a desafíos especiales en esta esfera. Varios de ellos todavía están en trance de solucionar el problema que supone el desmantelamiento de modelos igualitarios en los que se prestaban servicios sociales gratuitos a todos y de reemplazarlos con sistemas basados en el mercado que combinen una distinción adecuada de los ingresos con planes sostenibles de protección social. Si esos países no obtuvieran un asesoramiento y un apoyo adecuados de la comunidad internacional, correrían el riesgo de acumular más desigualdades y pobreza, y ello pondría en peligro la cohesión social necesaria para llevar a cabo con éxito las reformas.

Se ha manifestado la preocupación de que intereses proteccionistas puedan apropiarse de esos principios sociales, especialmente de los relativos a las normas laborales básicas. Por lo que se refiere a esta cuestión, estoy convencido de que la mejor salvaguardia para evitar un resultado tan poco deseable consiste en alentar al Banco a que redoble sus esfuerzos encaminados a colaborar con sus países clientes para crear una sólida identificación con esos principios mostrando una comprensión total por el tejido social propio de cada uno de ellos y prestándoles la asistencia adecuada en apoyo de reformas ambiciosas.

Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados (PPME)

En primer lugar, deseo felicitar al personal de ambas instituciones por la excelente documentación que han preparado para ayudarnos en nuestro examen de la Iniciativa para los PPME. El Presidente Wolfensohn y el Director Gerente Camdessus han dado el tono del debate de hoy con su declaración conjunta y desearía agradecerles su constante liderazgo para impulsar este difícil proceso.

Apoyo totalmente los principios de cambio que, en su opinión, deberían constituir la base de una Iniciativa para los PPME mejorada. Permítanme señalar especialmente los siguientes conceptos: que el alivio de la deuda debería ofrecer una salida clara para situaciones en que la deuda es una carga insostenible, con lo que sería un elemento protector frente a perturbaciones exógenas; que, en vista de su naturaleza irrevocable, el alivio de la deuda debería basarse en resultados de política sostenidos; que el alivio de la deuda debería complementar, más que reemplazar, las corrientes tradicionales de asistencia oficial para el desarrollo (AOD), y que las propuestas de cambio deberían ir acompañadas por propuestas para su financiamiento, lo que supondría que las decisiones sobre el cambio también estarían acompañadas por compromisos firmes sobre su financiamiento.

El hecho de no aplicar de manera coherente esos principios acarrearía el peligro de llevar adelante un mandato ambicioso que no puede producir los resultados esperados debido a una financiación insuficiente o a que en él no se tienen en cuenta las necesidades generales del desarrollo sostenible, o por ambas razones. Teniendo esto presente, permítanme formular los siguientes comentarios sobre las propuestas de cambio más concretas.

En primer lugar, deberíamos admitir que hay buenas razones para un alivio de la deuda más profundo del previsto en un principio. Para muchos PPME, las perspectivas externas se han deteriorado, especialmente para los que dependen en gran medida de exportaciones de productos básicos. La dimensión fiscal de las deudas insostenibles no se abordó de forma explícita en el marco original, a pesar de que en muchos casos constituye un obstáculo para mayores inversiones en desarrollo social. Creo que será necesario rebajar los objetivos de sostenibilidad externa y fiscal a un máximo del 200% para alcanzar el objetivo final de la Iniciativa de ofrecer a los países una estrategia duradera para solucionar el problema de la deuda. Junto con la recuperación de las corrientes de asistencia, que son de vital importancia para el éxito general de la Iniciativa, esta rebaja debería mejorar sustancialmente las posibilidades de liberar recursos que puedan emplearse para fines de desarrollo efectivos.

En segundo lugar, hay que tomar seriamente los repetidos llamamientos de nuestros países en desarrollo miembros a favor de un alivio más rápido de las cargas de la deuda que ponen en peligro sus perspectivas de desarrollo. Creo que deberíamos mostrar confianza en los casos en que el compromiso con unas reformas firmes y un desarrollo racional ha quedado demostrado y, por lo tanto, proponer que se considere seriamente la posibilidad de reducir de seis a tres años el requisito relativo a la trayectoria que figura en el marco de la Iniciativa cuando se trate de países que hayan demostrado esa voluntad.

Sin embargo, deberíamos hacerlo con plena conciencia de las consecuencias de esa decisión. Para ello será necesario que los países que emprendan esa vía rápida en el alivio de la deuda se comprometan desde el principio a llevar a cabo un ambicioso programa de reformas, incluido un programa sobre el buen gobierno, que satisfaga todos los requisitos básicos del alivio eficaz de la deuda desde el punto de vista del desarrollo. Las demoras frecuentes en la aplicación de ese programa supondrían un retraso de las posibilidades de alivio de la deuda y, de forma más general, causarían un deterioro de la credibilidad de la Iniciativa mejorada. Por esta razón las instituciones de Bretton Woods deben movilizar y reunir todas las capacidades pertinentes a fin de asistir a los países que emprendan ese tipo de programas ofreciéndoles un asesoramiento sensato y socialmente sostenible sobre cuestiones normativas.

En tercer lugar, acojo con gran satisfacción la intención de vincular más estrechamente el alivio de la deuda y la inversión en programas de reducción de la pobreza y de desarrollo social. Si bien estoy de acuerdo en que puede ser difícil establecer una vinculación mecánica entre ambas cuestiones, es importante mantener una perspectiva clara del crecimiento adecuado de las inversiones sociales que se derivan del alivio de la deuda. Las nuevas redes del Banco Mundial pueden hacer una contribución importante en este aspecto de la Iniciativa con la elaboración de una lista de prácticas óptimas en materia de programas de desarrollo social, entre las que los países podrían hacer una selección al prepararse para asignar los recursos netos liberados por el alivio de la deuda. Deseo alentar al Banco a que emprenda sin demora esa actividad en estrecha colaboración con organismos bilaterales de desarrollo y con organizaciones pertinentes de la sociedad civil.

Por último, sobre la financiación de una iniciativa mejorada para los PPME, permítanme insistir en la necesidad de establecer, en los meses venideros, un clima positivo en el que todos los participantes interesados se esfuercen al máximo para complementarse mutuamente con un firme compromiso por parte de cada uno de ellos. El Banco Mundial y los demás bancos de desarrollo deberían hacer todo lo que esté en su mano para aumentar sus contribuciones. Sus esfuerzos deberían complementarse con una pronta indicación de la disposición del Club de París de superar el límite del 80% en el alivio de la deuda cuando sea necesario y con compromisos firmes de los países acreedores, en especial los mayores, de contribuir al Fondo Fiduciario para los PPME.

Asistencia a los países que salen de un conflicto

Acojo con satisfacción el progreso realizado desde nuestra última reunión en la cuestión del establecimiento de principios acordados sobre asistencia a los países que salen de un conflicto según cada caso particular, reconociendo los terribles dilemas que pueden surgir cuando esos países tienen que enfrentarse simultáneamente a enormes necesidades de reconstrucción, a la liquidación de atrasos con las instituciones multilaterales y a una carga insostenible de la deuda. Deseo señalar que para la solución satisfactoria de esas situaciones pueden ser necesarias medidas excepcionales, que en algunos casos podrían abarcar el aplazamiento o la reprogramación de los compromisos de pago. Con este enfoque, la solución definitiva de las situaciones de atrasos se produciría en el marco de la Incitativa para los PPME, después de que la comunidad internacional haya obtenido garantías suficientes sobre la sostenibilidad del proceso de paz y sobre la política económica y de desarrollo del país. Es importante que el Fondo y el Banco sigan coordinando estrechamente sus conceptos en evolución sobre estas cuestiones y que todas las medidas excepcionales que se emprendan aplicando el marco de financiación emergente estén bien fundadas en el apoyo apropiado de la comunidad de donantes. Sin embargo, no estoy convencido de la utilidad de establecer un fondo fiduciario general de donantes para las situaciones de ese tipo que puedan producirse en el futuro.

También hay que seguir trabajando para establecer criterios claros sobre las condiciones necesarias para que un país pueda recibir asistencia excepcional en el marco de la iniciativa para los países que salen de un conflicto y, lo que quizá es todavía más importante, sobre las salvaguardias específicas que deben establecerse cuando un país que sale de un conflicto es declarado apto para obtener un apoyo amplio de los organismos multilaterales. Una supervisión estrecha y un despliegue activo de medidas que puedan reducir el peligro de reavivación del conflicto son elementos importantes de ese tipo de enfoque.

Permítanme terminar con dos observaciones concretas a este respecto. En primer lugar, las decisiones relativas a la asistencia a países que salen de un conflicto se basan en un conjunto amplio de consideraciones, incluido el hecho de disponer de garantías suficientes de que la paz se mantendrá; es importante que las instituciones de Bretton Woods tengan acceso a canales transparentes de comunicación con los organismos internacionales que estén en mejor posición para atender consultas relativas a la transición constante hacia la paz, incluidas las condiciones que justificarían la suspensión de más asistencia financiera. En segundo lugar, la reducción del gasto de defensa y los planes de desmovilización se han convertido en elementos comunes de los programas para los países que salen de un conflicto, y aliento a dichas instituciones a que procedan ateniéndose estrechamente a esos principios. Sin embargo, también sabemos que hay otras cuestiones, como la proliferación de las armas ligeras y de las tensiones entre grupos étnicos, que en muchos casos constituyen un obstáculo para la paz y el desarrollo sostenibles. Exhorto al Banco y a los demás organismos pertinentes a que, en estrecha colaboración, mejoren sus conocimientos generales sobre estas cuestiones y las integren de forma más sistemática en sus programas de asistencia.




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