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Declaración del Sr. Paul Martin, Ministro de Finanzas, Canada

DC/S/99-18 (S)
Introducción

Cuando nos reunimos el pasado otoño, el principal desafío que afrontábamos era la forma de responder a la crisis financiera de los mercados emergentes. Hemos podido hacer frente a la crisis y las instituciones financieras internacionales han sido decisivas en nuestros esfuerzos. Si bien sigue habiendo deficiencias en la economía mundial, ya hay indicios de mejoramiento en Asia, lo cual nos da una base para el optimismo respecto de una recuperación a más largo plazo. El desafío a que se enfrenta ahora la comunidad internacional es el de mantener la concentración generada por la crisis en la necesidad de fortalecer el sistema financiero internacional.

El papel del Banco Mundial en la ayuda a los países para luchar contra las crisis financieras ha sido considerable. Tenemos una deuda de gratitud con el Presidente James Wolfensohn y con los funcionarios del Banco por su labor incansable. En este momento difícil, la eficacia del Banco se ha visto reforzada en buena medida por la mayor flexibilidad y eficiencia que han sido las principales características de las reformas internas iniciadas hace más de dos años.

Necesidad de volver a concentrarse en las cuestiones de desarrollo de más largo plazo

El Banco ha dedicado considerable apoyo financiero a renovar la confianza en los países en crisis, pero no debe perder de vista su mandato principal, consistente en sacar de la pobreza a los pobres del mundo y mejorar los niveles de vida en todas partes. El Banco Mundial es primordialmente una institución de desarrollo, sin soluciones inmediatas posibles para los muchos desafíos a que se enfrenta.

Por este motivo, acogemos con satisfacción el Marco Integral de Desarrollo del Banco, que prevé un enfoque holístico, más general, del desarrollo, un enfoque que sitúa a los propios países en el centro del proceso de desarrollo.

Un elemento clave del Marco Integral de Desarrollo son las relaciones de colaboración. Esta colaboración incluye a las organizaciones no gubernamentales (ONG), al sector privado y a otros elementos de la sociedad civil, además de los gobiernos. Efectivamente, las ONG que desarrollan actividades en el sector social de esos países, y que luchan contra la pobreza en primera línea, son importantes agentes del desarrollo. El Banco, al igual que otros organismos multilaterales y bilaterales de desarrollo, debe hacer más para aprovechar la considerable variedad de experiencias de las ONG.

En el pasado, los organismos multilaterales y bilaterales no han estado siempre de acuerdo sobre la forma de enfocar problemas concretos, y en algunos casos la rivalidad institucional provocó superposiciones y duplicaciones. Esto no beneficia a nadie. Diferentes organismos de asistencia para el desarrollo tienen potenciales distintos, y el enfoque del Marco Integral de Desarrollo puede contribuir a mejorar la coordinación entre el Banco y otros participantes en el desarrollo estimando sus capacidades relativas. Cuando una institución posee una capacidad técnica especial, debe asumir un papel de liderazgo respecto de una cuestión concreta. El Banco se encuentra con una variedad de exigencias mayor de la que puede resolver con eficacia. Debe orientar sus propios esfuerzos adonde mejor pueda cumplir su mandato en la lucha contra la pobreza. Ello requerirá grandes esfuerzos en el sector social, especialmente con respecto a la salud y la educación básica.

Siempre que el Marco Integral de Desarrollo vaya evolucionando en estrecha consulta con los bancos regionales de desarrollo, las Naciones Unidas y los organismos de ayuda bilateral, podría ser el catalizador de la coordinación más estrecha y más eficaz de las tareas de desarrollo que hemos estado reclamando.

Eficacia de la ayuda

Sin embargo, el Marco Integral de Desarrollo no es más que una parte del cuadro general. Para completar ese cuadro debemos velar por que los recursos dedicados al desarrollo se utilicen con eficacia.

En los dos últimos decenios han surgido entre el público dudas considerables acerca de la eficacia de la asistencia para el desarrollo. Anteriores problemas de mal aprovechamiento y despilfarro sobre el terreno han alimentado el escepticismo público y han reducido el apoyo a la asistencia para el desarrollo. Los organismos de desarrollo han extraído importantes enseñanzas de sus experiencias y han adoptado medidas para mejorar la eficacia de la asistencia. El Banco, trabajando de concierto con otros, puede desempeñar un papel decisivo para contribuir a incrementar la confianza del público demostrando que la ayuda funciona.

Hay cuatro lecciones fundamentales de la labor de desarrollo que son tan pertinentes para los organismos multilaterales y bilaterales de ayuda como para los países en desarrollo.

Primero, una buena gestión económica es esencial para la eficacia de la asistencia para el desarrollo. La experiencia demuestra que la ayuda exterior ha reducido la pobreza en los países que aplican buenas políticas económicas y sociales. El respeto del estado de derecho, unos regímenes eficaces de lucha contra la corrupción, la apertura al comercio, la estabilidad macroeconómica y unos servicios sociales eficaces son los componentes esenciales de un buen entorno normativo que garantiza la utilización eficiente de los recursos. A este respecto, el histórico estudio del Banco Mundial sobre la eficacia de la ayuda, que se publicó el año pasado, aporta nuevas pruebas fehacientes del firme vínculo existente entre unas buenas políticas económicas y sociales y la eficacia de la ayuda externa. Además, unas instituciones gubernamentales y jurídicas sólidas y eficaces son esenciales para el crecimiento económico y para el éxito en la reducción de la pobreza. Las penosas experiencias de la crisis financiera de los mercados emergentes no han hecho más que reforzar esas conclusiones; los países con políticas e instituciones más débiles han sido los más gravemente afectados.

Segundo, los organismos de desarrollo deben abandonar la filosofía de "aprobación y desembolso". La calidad de la ayuda es mucho más importante que la cantidad de la ayuda. Con excesiva frecuencia, el éxito de las tareas de desarrollo se ha medido exclusivamente por el volumen de fondos desembolsados. Sin embargo, el verdadero éxito del desarrollo sólo puede medirse por el grado en que la asistencia ha fortalecido las instituciones y, de forma más general, ha promovido entornos económicos positivos.

Tercero, la ayuda debe estar adaptada a las condiciones de los países y los sectores. Los problemas varían mucho entre los países, y las capacidades institucionales pueden variar aún más. Se ha dado con demasiada frecuencia el hecho de que los organismos de desarrollo no hayan analizado bastante las circunstancias individuales. Para ello, una mayor interacción con los organismos y las organizaciones comunitarias locales mejorará necesariamente el diseño de los proyectos. Si algo hemos aprendido de la experiencia pasada es que un enfoque estandarizado del desarrollo no funciona y que para que los proyectos de desarrollo tengan éxito los agentes locales deben tener un fuerte sentimiento de responsabilidad en su diseño y ejecución.

Por último, una buena gestión de los asuntos públicos constituye el núcleo de un buen entorno normativo y es la clave del aprovechamiento eficaz de los recursos. Si bien recientemente ha habido progresos en el fortalecimiento del buen gobierno en todo el mundo, muchos países siguen careciendo de infraestructuras jurídicas e institucionales eficaces para luchar contra la corrupción y las prácticas derrochadoras. Para tener éxito, las políticas encaminadas a fortalecer las instituciones y mejorar la buena gestión deben contar con un firme apoyo político de los gobiernos. El Banco es un agente muy influyente a nivel mundial y debe ejercer su influencia en todas las ocasiones para reforzar el mensaje de que una mejor gestión produce economías más sólidas y más ricas.

Las disposiciones más estrictas para luchar contra la corrupción que recientemente se han incorporado a las propias directrices sobre adquisiciones del Banco son una medida positiva; no obstante, hay que hacer más. El mayor apoyo a las reformas jurídicas y de la administración pública es un componente necesario de una estrategia más amplia del Banco para mejorar la buena gestión en todo el mundo. El Banco puede desempeñar un papel decisivo para ayudar a los gobiernos a mejorar la transparencia de sus procesos presupuestarios.

Los esfuerzos del Grupo del Banco no pueden limitarse únicamente al sector estatal. La reforma del sector empresarial, incluida la formulación de un marco jurídico eficaz para las transacciones comerciales, la adopción de normas internacionales de contabilidad y auditoría, mejores prácticas de gestión y el requisito de que la administración rinda cuentas a los accionistas, debe ser un ámbito importante de concentración del Banco. Además, con su mandato especial respecto del sector privado, la Corporación Financiera Internacional está bien situada para desempeñar un papel decisivo en este proceso.

Necesidad de un Banco fuerte

Junto con una planificación y una utilización eficaz de la asistencia, necesitamos unas instituciones internacionales de desarrollo fuertes y, en particular, un Banco Mundial fuerte. Como accionistas del Banco, tenemos la responsabilidad de velar por que la institución continúe contando con recursos suficientes para hacer bien su trabajo. Tras pedir al Banco que adoptara un papel activo en el esfuerzo internacional por afrontar la crisis financiera de los mercados emergentes, debemos estar dispuestos a abordar los efectos que esta carga ha tenido para el propio Banco. No hay duda de que la crisis financiera de los mercados emergentes ha planteado exigencias considerables a los recursos del Banco en los dos últimos años. Si bien éste ha podido hacerles frente, su capacidad financiera ha sido sometida a una dura prueba. Por consiguiente, debemos estar abiertos a todas las opciones para reforzar la posición financiera del Banco, incluido un incremento del capital, de ser necesario.

No obstante, el apoyo del Canadá a un incremento del capital dependería de que el Banco realizara esfuerzos para aumentar la eficacia de sus operaciones en favor del desarrollo, incluido el establecimiento de un vínculo más firme entre los préstamos del Banco y los resultados en lo relativo a la buena gestión de los asuntos públicos.

Alivio de la deuda de los países más pobres

Muchos de los países más pobres del mundo, para los cuales la deuda exterior representa una carga financiera agobiante, constituyen una categoría especial entre los países en desarrollo. Por sí solas, unas políticas mejores no bastan para promover el desarrollo económico sostenible a largo plazo. Unas onerosas obligaciones relativas al servicio de la deuda merman recursos que podrían destinarse a prioridades del sector social, como la salud y la educación.

Desde hace mucho tiempo, Irlanda ha propugnado un liderazgo más firme respecto de la cuestión de prestar asistencia a los países pobres muy endeudados (PPME), y recientemente el Parlamento irlandés aprobó el conjunto de medidas de alivio de la deuda multilateral del Gobierno, que supone una transferencia de £4 millones de la segunda Cuenta Especial para Contingencias (CEC-2) al Fondo Fiduciario para los PPME del servicio reforzado de ajuste estructural (SRAE) del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el pago de £11 millones al Fondo Fiduciario para los PPME del Banco Mundial. El Parlamento irlandés también ha aprobado una contribución de £7 millones al Fondo Fiduciario del SRAE. Los pagos se iniciarán en el plazo de unas semanas. Irlanda apoya la profundización, la aceleración y la ampliación de la Iniciativa para los PPME y la venta de oro del FMI para contribuir a sufragar una parte de la participación del FMI en la Iniciativa para los PPME.

El Canadá, en colaboración con sus socios del Grupo de los Siete, está determinado a encontrar formas de ayudar mejor a los PPME.

El 25 de marzo, el Primer Ministro del Canadá, Jean Chrétien, anunció la iniciativa del Canadá sobre la deuda para hacer frente a este problema. Brevemente, los aspectos más destacados de esa iniciativa son los siguientes:

· Desde el punto de vista bilateral, el Canadá ya ha condonado su deuda por concepto de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) de los PPME y proporciona toda su asistencia bilateral para el desarrollo exclusivamente en condiciones de donación. El Canadá insta a todos los acreedores bilaterales oficiales del mundo desarrollado a que hagan lo mismo. El Canadá también apoya una cancelación completa de todas las deudas (por concepto de AOD y comerciales) que tienen con acreedores bilaterales oficiales los países menos adelantados que se espera que cumplan los requisitos para recibir ayuda en calidad de PPME, y que hayan demostrado su dedicación al buen gobierno y los derechos humanos. Si otros no están de acuerdo, el Canadá procederá unilateralmente a condonar sus préstamos restantes no relacionados con la AOD a los PPME que cumplan los requisitos del caso.

· Desde el punto de vista multilateral, el Canadá pide un alivio de la deuda más general, más generoso y más puntual en el marco de la Iniciativa para los PPME. También en apoyo de los países más pobres, el Canadá ha dedicado más de $Can 400 millones a aumentar los recursos de préstamos del SRAE del FMI.

· Con miras a prevenir futuras crisis de la deuda, el Canadá insta a los prestamistas a adoptar buenas prácticas crediticias y a mejorar la transparencia de sus operaciones.

El alivio de la deuda, pese a ser un elemento importante de una estrategia global para luchar contra la pobreza, no es una panacea. Debe ir acompañado de medidas que aborden las deficiencias subyacentes, en particular las dirigidas a mejorar el buen gobierno y reducir los gastos militares y otros gastos no productivos.

Las necesidades especiales de los países pequeños

Los pequeños países en desarrollo representan otra categoría que merece especial atención, y deseo dar las gracias al Primer Ministro Owen Arthur de Barbados por su labor como Presidente del Grupo Ministerial para los Estados pequeños que fue convocado por el Secretario General del Commonwealth. El Banco ha reconocido que debe reconsiderar el enfoque que aplica a los Estados pequeños, habida cuenta de los aspectos positivos y negativos propios de esos países. En todo análisis de la situación económica de los pequeños Estados hay que hacer especial hincapié en su vulnerabilidad a las perturbaciones naturales y económicas y al peligro muy real de que los pequeños Estados se vean marginados en el contexto de la globalización.

Hay países representados por el Canadá que entran claramente en esta categoría. La pérdida de mercados de exportación por la eliminación de los acuerdos de comercio preferente y la competencia agresiva de otros exportadores amenazan las perspectivas de crecimiento en la región del Caribe. Debe haber una estrategia coordinada del Banco, el Fondo y otros organismos multilaterales y bilaterales para ayudar a esos países en su integración en la economía mundial. La integración en la región y en la economía internacional es esencial para el futuro desarrollo económico. Toda iniciativa que se proponga para esos países debe contemplar una estrategia global de desarrollo y debe incluir asistencia durante un período de transición que conduzca a la integración en la economía mundial.

El pequeño tamaño pone a las economías del Caribe en desventaja económica por lo que respecta a mantener la actividad económica, habida cuenta de unos elevados costos fijos y de la ausencia de economías de escala en la producción. El pequeño tamaño también limita las oportunidades de diversificación del riesgo. Cualquier programa de asistencia para esos países debe procurar mitigar la inestabilidad económica. Además, la diversificación debe considerarse un mecanismo esencial de reducción del riesgo. Con ese fin, el Banco y otros organismos deben intensificar sus esfuerzos por promover la diversificación económica. Necesariamente, esto requerirá que el Banco lleve a cabo una labor analítica adicional para determinar los desafíos y los condicionantes específicos a que se enfrentan las pequeñas economías.

Hacia el futuro

Los desafíos que afrontan el Banco y los países en desarrollo para promover un crecimiento sostenible a largo plazo y luchar contra la pobreza son enormes. Las limitaciones de recursos hacen que el Banco deba concentrar sus esfuerzos allí donde sus actividades vayan a ser más eficaces. La cuestión clave es la forma en que el Banco puede ayudar a los países a formular políticas económicas eficaces y a crear instituciones sólidas que son esenciales para el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza. El difícil período de los dos últimos años ha demostrado que el Banco posee la flexibilidad y la visión necesarias para hacer frente a problemas complejos. El Canadá tine la completa seguridad de que el Banco posee la capacidad de afrontar directamente los desafíos futuros.

ntroducción

Cuando nos reunimos el pasado otoño, el principal desafío que afrontábamos era la forma de responder a la crisis financiera de los mercados emergentes. Hemos podido hacer frente a la crisis y las instituciones financieras internacionales han sido decisivas en nuestros esfuerzos. Si bien sigue habiendo deficiencias en la economía mundial, ya hay indicios de mejoramiento en Asia, lo cual nos da una base para el optimismo respecto de una recuperación a más largo plazo. El desafío a que se enfrenta ahora la comunidad internacional es el de mantener la concentración generada por la crisis en la necesidad de fortalecer el sistema financiero internacional.

El papel del Banco Mundial en la ayuda a los países para luchar contra las crisis financieras ha sido considerable. Tenemos una deuda de gratitud con el Presidente James Wolfensohn y con los funcionarios del Banco por su labor incansable. En este momento difícil, la eficacia del Banco se ha visto reforzada en buena medida por la mayor flexibilidad y eficiencia que han sido las principales características de las reformas internas iniciadas hace más de dos años.

Necesidad de volver a concentrarse en las cuestiones de desarrollo de más largo plazo

El Banco ha dedicado considerable apoyo financiero a renovar la confianza en los países en crisis, pero no debe perder de vista su mandato principal, consistente en sacar de la pobreza a los pobres del mundo y mejorar los niveles de vida en todas partes. El Banco Mundial es primordialmente una institución de desarrollo, sin soluciones inmediatas posibles para los muchos desafíos a que se enfrenta.

Por este motivo, acogemos con satisfacción el Marco Integral de Desarrollo del Banco, que prevé un enfoque holístico, más general, del desarrollo, un enfoque que sitúa a los propios países en el centro del proceso de desarrollo.

Un elemento clave del Marco Integral de Desarrollo son las relaciones de colaboración. Esta colaboración incluye a las organizaciones no gubernamentales (ONG), al sector privado y a otros elementos de la sociedad civil, además de los gobiernos. Efectivamente, las ONG que desarrollan actividades en el sector social de esos países, y que luchan contra la pobreza en primera línea, son importantes agentes del desarrollo. El Banco, al igual que otros organismos multilaterales y bilaterales de desarrollo, debe hacer más para aprovechar la considerable variedad de experiencias de las ONG.

En el pasado, los organismos multilaterales y bilaterales no han estado siempre de acuerdo sobre la forma de enfocar problemas concretos, y en algunos casos la rivalidad institucional provocó superposiciones y duplicaciones. Esto no beneficia a nadie. Diferentes organismos de asistencia para el desarrollo tienen potenciales distintos, y el enfoque del Marco Integral de Desarrollo puede contribuir a mejorar la coordinación entre el Banco y otros participantes en el desarrollo estimando sus capacidades relativas. Cuando una institución posee una capacidad técnica especial, debe asumir un papel de liderazgo respecto de una cuestión concreta. El Banco se encuentra con una variedad de exigencias mayor de la que puede resolver con eficacia. Debe orientar sus propios esfuerzos adonde mejor pueda cumplir su mandato en la lucha contra la pobreza. Ello requerirá grandes esfuerzos en el sector social, especialmente con respecto a la salud y la educación básica.

Siempre que el Marco Integral de Desarrollo vaya evolucionando en estrecha consulta con los bancos regionales de desarrollo, las Naciones Unidas y los organismos de ayuda bilateral, podría ser el catalizador de la coordinación más estrecha y más eficaz de las tareas de desarrollo que hemos estado reclamando.

Eficacia de la ayuda

Sin embargo, el Marco Integral de Desarrollo no es más que una parte del cuadro general. Para completar ese cuadro debemos velar por que los recursos dedicados al desarrollo se utilicen con eficacia.

En los dos últimos decenios han surgido entre el público dudas considerables acerca de la eficacia de la asistencia para el desarrollo. Anteriores problemas de mal aprovechamiento y despilfarro sobre el terreno han alimentado el escepticismo público y han reducido el apoyo a la asistencia para el desarrollo. Los organismos de desarrollo han extraído importantes enseñanzas de sus experiencias y han adoptado medidas para mejorar la eficacia de la asistencia. El Banco, trabajando de concierto con otros, puede desempeñar un papel decisivo para contribuir a incrementar la confianza del público demostrando que la ayuda funciona.

Hay cuatro lecciones fundamentales de la labor de desarrollo que son tan pertinentes para los organismos multilaterales y bilaterales de ayuda como para los países en desarrollo.

Primero, una buena gestión económica es esencial para la eficacia de la asistencia para el desarrollo. La experiencia demuestra que la ayuda exterior ha reducido la pobreza en los países que aplican buenas políticas económicas y sociales. El respeto del estado de derecho, unos regímenes eficaces de lucha contra la corrupción, la apertura al comercio, la estabilidad macroeconómica y unos servicios sociales eficaces son los componentes esenciales de un buen entorno normativo que garantiza la utilización eficiente de los recursos. A este respecto, el histórico estudio del Banco Mundial sobre la eficacia de la ayuda, que se publicó el año pasado, aporta nuevas pruebas fehacientes del firme vínculo existente entre unas buenas políticas económicas y sociales y la eficacia de la ayuda externa. Además, unas instituciones gubernamentales y jurídicas sólidas y eficaces son esenciales para el crecimiento económico y para el éxito en la reducción de la pobreza. Las penosas experiencias de la crisis financiera de los mercados emergentes no han hecho más que reforzar esas conclusiones; los países con políticas e instituciones más débiles han sido los más gravemente afectados.

Segundo, los organismos de desarrollo deben abandonar la filosofía de "aprobación y desembolso". La calidad de la ayuda es mucho más importante que la cantidad de la ayuda. Con excesiva frecuencia, el éxito de las tareas de desarrollo se ha medido exclusivamente por el volumen de fondos desembolsados. Sin embargo, el verdadero éxito del desarrollo sólo puede medirse por el grado en que la asistencia ha fortalecido las instituciones y, de forma más general, ha promovido entornos económicos positivos.

Tercero, la ayuda debe estar adaptada a las condiciones de los países y los sectores. Los problemas varían mucho entre los países, y las capacidades institucionales pueden variar aún más. Se ha dado con demasiada frecuencia el hecho de que los organismos de desarrollo no hayan analizado bastante las circunstancias individuales. Para ello, una mayor interacción con los organismos y las organizaciones comunitarias locales mejorará necesariamente el diseño de los proyectos. Si algo hemos aprendido de la experiencia pasada es que un enfoque estandarizado del desarrollo no funciona y que para que los proyectos de desarrollo tengan éxito los agentes locales deben tener un fuerte sentimiento de responsabilidad en su diseño y ejecución.

Por último, una buena gestión de los asuntos públicos constituye el núcleo de un buen entorno normativo y es la clave del aprovechamiento eficaz de los recursos. Si bien recientemente ha habido progresos en el fortalecimiento del buen gobierno en todo el mundo, muchos países siguen careciendo de infraestructuras jurídicas e institucionales eficaces para luchar contra la corrupción y las prácticas derrochadoras. Para tener éxito, las políticas encaminadas a fortalecer las instituciones y mejorar la buena gestión deben contar con un firme apoyo político de los gobiernos. El Banco es un agente muy influyente a nivel mundial y debe ejercer su influencia en todas las ocasiones para reforzar el mensaje de que una mejor gestión produce economías más sólidas y más ricas.

Las disposiciones más estrictas para luchar contra la corrupción que recientemente se han incorporado a las propias directrices sobre adquisiciones del Banco son una medida positiva; no obstante, hay que hacer más. El mayor apoyo a las reformas jurídicas y de la administración pública es un componente necesario de una estrategia más amplia del Banco para mejorar la buena gestión en todo el mundo. El Banco puede desempeñar un papel decisivo para ayudar a los gobiernos a mejorar la transparencia de sus procesos presupuestarios.

Los esfuerzos del Grupo del Banco no pueden limitarse únicamente al sector estatal. La reforma del sector empresarial, incluida la formulación de un marco jurídico eficaz para las transacciones comerciales, la adopción de normas internacionales de contabilidad y auditoría, mejores prácticas de gestión y el requisito de que la administración rinda cuentas a los accionistas, debe ser un ámbito importante de concentración del Banco. Además, con su mandato especial respecto del sector privado, la Corporación Financiera Internacional está bien situada para desempeñar un papel decisivo en este proceso.

Necesidad de un Banco fuerte

Junto con una planificación y una utilización eficaz de la asistencia, necesitamos unas instituciones internacionales de desarrollo fuertes y, en particular, un Banco Mundial fuerte. Como accionistas del Banco, tenemos la responsabilidad de velar por que la institución continúe contando con recursos suficientes para hacer bien su trabajo. Tras pedir al Banco que adoptara un papel activo en el esfuerzo internacional por afrontar la crisis financiera de los mercados emergentes, debemos estar dispuestos a abordar los efectos que esta carga ha tenido para el propio Banco. No hay duda de que la crisis financiera de los mercados emergentes ha planteado exigencias considerables a los recursos del Banco en los dos últimos años. Si bien éste ha podido hacerles frente, su capacidad financiera ha sido sometida a una dura prueba. Por consiguiente, debemos estar abiertos a todas las opciones para reforzar la posición financiera del Banco, incluido un incremento del capital, de ser necesario.

No obstante, el apoyo del Canadá a un incremento del capital dependería de que el Banco realizara esfuerzos para aumentar la eficacia de sus operaciones en favor del desarrollo, incluido el establecimiento de un vínculo más firme entre los préstamos del Banco y los resultados en lo relativo a la buena gestión de los asuntos públicos.

Alivio de la deuda de los países más pobres

Muchos de los países más pobres del mundo, para los cuales la deuda exterior representa una carga financiera agobiante, constituyen una categoría especial entre los países en desarrollo. Por sí solas, unas políticas mejores no bastan para promover el desarrollo económico sostenible a largo plazo. Unas onerosas obligaciones relativas al servicio de la deuda merman recursos que podrían destinarse a prioridades del sector social, como la salud y la educación.

Desde hace mucho tiempo, Irlanda ha propugnado un liderazgo más firme respecto de la cuestión de prestar asistencia a los países pobres muy endeudados (PPME), y recientemente el Parlamento irlandés aprobó el conjunto de medidas de alivio de la deuda multilateral del Gobierno, que supone una transferencia de £4 millones de la segunda Cuenta Especial para Contingencias (CEC-2) al Fondo Fiduciario para los PPME del servicio reforzado de ajuste estructural (SRAE) del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el pago de £11 millones al Fondo Fiduciario para los PPME del Banco Mundial. El Parlamento irlandés también ha aprobado una contribución de £7 millones al Fondo Fiduciario del SRAE. Los pagos se iniciarán en el plazo de unas semanas. Irlanda apoya la profundización, la aceleración y la ampliación de la Iniciativa para los PPME y la venta de oro del FMI para contribuir a sufragar una parte de la participación del FMI en la Iniciativa para los PPME.

El Canadá, en colaboración con sus socios del Grupo de los Siete, está determinado a encontrar formas de ayudar mejor a los PPME.

El 25 de marzo, el Primer Ministro del Canadá, Jean Chrétien, anunció la iniciativa del Canadá sobre la deuda para hacer frente a este problema. Brevemente, los aspectos más destacados de esa iniciativa son los siguientes:

· Desde el punto de vista bilateral, el Canadá ya ha condonado su deuda por concepto de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) de los PPME y proporciona toda su asistencia bilateral para el desarrollo exclusivamente en condiciones de donación. El Canadá insta a todos los acreedores bilaterales oficiales del mundo desarrollado a que hagan lo mismo. El Canadá también apoya una cancelación completa de todas las deudas (por concepto de AOD y comerciales) que tienen con acreedores bilaterales oficiales los países menos adelantados que se espera que cumplan los requisitos para recibir ayuda en calidad de PPME, y que hayan demostrado su dedicación al buen gobierno y los derechos humanos. Si otros no están de acuerdo, el Canadá procederá unilateralmente a condonar sus préstamos restantes no relacionados con la AOD a los PPME que cumplan los requisitos del caso.

· Desde el punto de vista multilateral, el Canadá pide un alivio de la deuda más general, más generoso y más puntual en el marco de la Iniciativa para los PPME. También en apoyo de los países más pobres, el Canadá ha dedicado más de $Can 400 millones a aumentar los recursos de préstamos del SRAE del FMI.

· Con miras a prevenir futuras crisis de la deuda, el Canadá insta a los prestamistas a adoptar buenas prácticas crediticias y a mejorar la transparencia de sus operaciones.

El alivio de la deuda, pese a ser un elemento importante de una estrategia global para luchar contra la pobreza, no es una panacea. Debe ir acompañado de medidas que aborden las deficiencias subyacentes, en particular las dirigidas a mejorar el buen gobierno y reducir los gastos militares y otros gastos no productivos.

Las necesidades especiales de los países pequeños

Los pequeños países en desarrollo representan otra categoría que merece especial atención, y deseo dar las gracias al Primer Ministro Owen Arthur de Barbados por su labor como Presidente del Grupo Ministerial para los Estados pequeños que fue convocado por el Secretario General del Commonwealth. El Banco ha reconocido que debe reconsiderar el enfoque que aplica a los Estados pequeños, habida cuenta de los aspectos positivos y negativos propios de esos países. En todo análisis de la situación económica de los pequeños Estados hay que hacer especial hincapié en su vulnerabilidad a las perturbaciones naturales y económicas y al peligro muy real de que los pequeños Estados se vean marginados en el contexto de la globalización.

Hay países representados por el Canadá que entran claramente en esta categoría. La pérdida de mercados de exportación por la eliminación de los acuerdos de comercio preferente y la competencia agresiva de otros exportadores amenazan las perspectivas de crecimiento en la región del Caribe. Debe haber una estrategia coordinada del Banco, el Fondo y otros organismos multilaterales y bilaterales para ayudar a esos países en su integración en la economía mundial. La integración en la región y en la economía internacional es esencial para el futuro desarrollo económico. Toda iniciativa que se proponga para esos países debe contemplar una estrategia global de desarrollo y debe incluir asistencia durante un período de transición que conduzca a la integración en la economía mundial.

El pequeño tamaño pone a las economías del Caribe en desventaja económica por lo que respecta a mantener la actividad económica, habida cuenta de unos elevados costos fijos y de la ausencia de economías de escala en la producción. El pequeño tamaño también limita las oportunidades de diversificación del riesgo. Cualquier programa de asistencia para esos países debe procurar mitigar la inestabilidad económica. Además, la diversificación debe considerarse un mecanismo esencial de reducción del riesgo. Con ese fin, el Banco y otros organismos deben intensificar sus esfuerzos por promover la diversificación económica. Necesariamente, esto requerirá que el Banco lleve a cabo una labor analítica adicional para determinar los desafíos y los condicionantes específicos a que se enfrentan las pequeñas economías.

Hacia el futuro

Los desafíos que afrontan el Banco y los países en desarrollo para promover un crecimiento sostenible a largo plazo y luchar contra la pobreza son enormes. Las limitaciones de recursos hacen que el Banco deba concentrar sus esfuerzos allí donde sus actividades vayan a ser más eficaces. La cuestión clave es la forma en que el Banco puede ayudar a los países a formular políticas económicas eficaces y a crear instituciones sólidas que son esenciales para el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza. El difícil período de los dos últimos años ha demostrado que el Banco posee la flexibilidad y la visión necesarias para hacer frente a problemas complejos. El Canadá tine la completa seguridad de que el Banco posee la capacidad de afrontar directamente los desafíos futuros.

ntroducción

Cuando nos reunimos el pasado otoño, el principal desafío que afrontábamos era la forma de responder a la crisis financiera de los mercados emergentes. Hemos podido hacer frente a la crisis y las instituciones financieras internacionales han sido decisivas en nuestros esfuerzos. Si bien sigue habiendo deficiencias en la economía mundial, ya hay indicios de mejoramiento en Asia, lo cual nos da una base para el optimismo respecto de una recuperación a más largo plazo. El desafío a que se enfrenta ahora la comunidad internacional es el de mantener la concentración generada por la crisis en la necesidad de fortalecer el sistema financiero internacional.

El papel del Banco Mundial en la ayuda a los países para luchar contra las crisis financieras ha sido considerable. Tenemos una deuda de gratitud con el Presidente James Wolfensohn y con los funcionarios del Banco por su labor incansable. En este momento difícil, la eficacia del Banco se ha visto reforzada en buena medida por la mayor flexibilidad y eficiencia que han sido las principales características de las reformas internas iniciadas hace más de dos años.

Necesidad de volver a concentrarse en las cuestiones de desarrollo de más largo plazo

El Banco ha dedicado considerable apoyo financiero a renovar la confianza en los países en crisis, pero no debe perder de vista su mandato principal, consistente en sacar de la pobreza a los pobres del mundo y mejorar los niveles de vida en todas partes. El Banco Mundial es primordialmente una institución de desarrollo, sin soluciones inmediatas posibles para los muchos desafíos a que se enfrenta.

Por este motivo, acogemos con satisfacción el Marco Integral de Desarrollo del Banco, que prevé un enfoque holístico, más general, del desarrollo, un enfoque que sitúa a los propios países en el centro del proceso de desarrollo.

Un elemento clave del Marco Integral de Desarrollo son las relaciones de colaboración. Esta colaboración incluye a las organizaciones no gubernamentales (ONG), al sector privado y a otros elementos de la sociedad civil, además de los gobiernos. Efectivamente, las ONG que desarrollan actividades en el sector social de esos países, y que luchan contra la pobreza en primera línea, son importantes agentes del desarrollo. El Banco, al igual que otros organismos multilaterales y bilaterales de desarrollo, debe hacer más para aprovechar la considerable variedad de experiencias de las ONG.

En el pasado, los organismos multilaterales y bilaterales no han estado siempre de acuerdo sobre la forma de enfocar problemas concretos, y en algunos casos la rivalidad institucional provocó superposiciones y duplicaciones. Esto no beneficia a nadie. Diferentes organismos de asistencia para el desarrollo tienen potenciales distintos, y el enfoque del Marco Integral de Desarrollo puede contribuir a mejorar la coordinación entre el Banco y otros participantes en el desarrollo estimando sus capacidades relativas. Cuando una institución posee una capacidad técnica especial, debe asumir un papel de liderazgo respecto de una cuestión concreta. El Banco se encuentra con una variedad de exigencias mayor de la que puede resolver con eficacia. Debe orientar sus propios esfuerzos adonde mejor pueda cumplir su mandato en la lucha contra la pobreza. Ello requerirá grandes esfuerzos en el sector social, especialmente con respecto a la salud y la educación básica.

Siempre que el Marco Integral de Desarrollo vaya evolucionando en estrecha consulta con los bancos regionales de desarrollo, las Naciones Unidas y los organismos de ayuda bilateral, podría ser el catalizador de la coordinación más estrecha y más eficaz de las tareas de desarrollo que hemos estado reclamando.

Eficacia de la ayuda

Sin embargo, el Marco Integral de Desarrollo no es más que una parte del cuadro general. Para completar ese cuadro debemos velar por que los recursos dedicados al desarrollo se utilicen con eficacia.

En los dos últimos decenios han surgido entre el público dudas considerables acerca de la eficacia de la asistencia para el desarrollo. Anteriores problemas de mal aprovechamiento y despilfarro sobre el terreno han alimentado el escepticismo público y han reducido el apoyo a la asistencia para el desarrollo. Los organismos de desarrollo han extraído importantes enseñanzas de sus experiencias y han adoptado medidas para mejorar la eficacia de la asistencia. El Banco, trabajando de concierto con otros, puede desempeñar un papel decisivo para contribuir a incrementar la confianza del público demostrando que la ayuda funciona.

Hay cuatro lecciones fundamentales de la labor de desarrollo que son tan pertinentes para los organismos multilaterales y bilaterales de ayuda como para los países en desarrollo.

Primero, una buena gestión económica es esencial para la eficacia de la asistencia para el desarrollo. La experiencia demuestra que la ayuda exterior ha reducido la pobreza en los países que aplican buenas políticas económicas y sociales. El respeto del estado de derecho, unos regímenes eficaces de lucha contra la corrupción, la apertura al comercio, la estabilidad macroeconómica y unos servicios sociales eficaces son los componentes esenciales de un buen entorno normativo que garantiza la utilización eficiente de los recursos. A este respecto, el histórico estudio del Banco Mundial sobre la eficacia de la ayuda, que se publicó el año pasado, aporta nuevas pruebas fehacientes del firme vínculo existente entre unas buenas políticas económicas y sociales y la eficacia de la ayuda externa. Además, unas instituciones gubernamentales y jurídicas sólidas y eficaces son esenciales para el crecimiento económico y para el éxito en la reducción de la pobreza. Las penosas experiencias de la crisis financiera de los mercados emergentes no han hecho más que reforzar esas conclusiones; los países con políticas e instituciones más débiles han sido los más gravemente afectados.

Segundo, los organismos de desarrollo deben abandonar la filosofía de "aprobación y desembolso". La calidad de la ayuda es mucho más importante que la cantidad de la ayuda. Con excesiva frecuencia, el éxito de las tareas de desarrollo se ha medido exclusivamente por el volumen de fondos desembolsados. Sin embargo, el verdadero éxito del desarrollo sólo puede medirse por el grado en que la asistencia ha fortalecido las instituciones y, de forma más general, ha promovido entornos económicos positivos.

Tercero, la ayuda debe estar adaptada a las condiciones de los países y los sectores. Los problemas varían mucho entre los países, y las capacidades institucionales pueden variar aún más. Se ha dado con demasiada frecuencia el hecho de que los organismos de desarrollo no hayan analizado bastante las circunstancias individuales. Para ello, una mayor interacción con los organismos y las organizaciones comunitarias locales mejorará necesariamente el diseño de los proyectos. Si algo hemos aprendido de la experiencia pasada es que un enfoque estandarizado del desarrollo no funciona y que para que los proyectos de desarrollo tengan éxito los agentes locales deben tener un fuerte sentimiento de responsabilidad en su diseño y ejecución.

Por último, una buena gestión de los asuntos públicos constituye el núcleo de un buen entorno normativo y es la clave del aprovechamiento eficaz de los recursos. Si bien recientemente ha habido progresos en el fortalecimiento del buen gobierno en todo el mundo, muchos países siguen careciendo de infraestructuras jurídicas e institucionales eficaces para luchar contra la corrupción y las prácticas derrochadoras. Para tener éxito, las políticas encaminadas a fortalecer las instituciones y mejorar la buena gestión deben contar con un firme apoyo político de los gobiernos. El Banco es un agente muy influyente a nivel mundial y debe ejercer su influencia en todas las ocasiones para reforzar el mensaje de que una mejor gestión produce economías más sólidas y más ricas.

Las disposiciones más estrictas para luchar contra la corrupción que recientemente se han incorporado a las propias directrices sobre adquisiciones del Banco son una medida positiva; no obstante, hay que hacer más. El mayor apoyo a las reformas jurídicas y de la administración pública es un componente necesario de una estrategia más amplia del Banco para mejorar la buena gestión en todo el mundo. El Banco puede desempeñar un papel decisivo para ayudar a los gobiernos a mejorar la transparencia de sus procesos presupuestarios.

Los esfuerzos del Grupo del Banco no pueden limitarse únicamente al sector estatal. La reforma del sector empresarial, incluida la formulación de un marco jurídico eficaz para las transacciones comerciales, la adopción de normas internacionales de contabilidad y auditoría, mejores prácticas de gestión y el requisito de que la administración rinda cuentas a los accionistas, debe ser un ámbito importante de concentración del Banco. Además, con su mandato especial respecto del sector privado, la Corporación Financiera Internacional está bien situada para desempeñar un papel decisivo en este proceso.

Necesidad de un Banco fuerte

Junto con una planificación y una utilización eficaz de la asistencia, necesitamos unas instituciones internacionales de desarrollo fuertes y, en particular, un Banco Mundial fuerte. Como accionistas del Banco, tenemos la responsabilidad de velar por que la institución continúe contando con recursos suficientes para hacer bien su trabajo. Tras pedir al Banco que adoptara un papel activo en el esfuerzo internacional por afrontar la crisis financiera de los mercados emergentes, debemos estar dispuestos a abordar los efectos que esta carga ha tenido para el propio Banco. No hay duda de que la crisis financiera de los mercados emergentes ha planteado exigencias considerables a los recursos del Banco en los dos últimos años. Si bien éste ha podido hacerles frente, su capacidad financiera ha sido sometida a una dura prueba. Por consiguiente, debemos estar abiertos a todas las opciones para reforzar la posición financiera del Banco, incluido un incremento del capital, de ser necesario.

No obstante, el apoyo del Canadá a un incremento del capital dependería de que el Banco realizara esfuerzos para aumentar la eficacia de sus operaciones en favor del desarrollo, incluido el establecimiento de un vínculo más firme entre los préstamos del Banco y los resultados en lo relativo a la buena gestión de los asuntos públicos.

Alivio de la deuda de los países más pobres

Muchos de los países más pobres del mundo, para los cuales la deuda exterior representa una carga financiera agobiante, constituyen una categoría especial entre los países en desarrollo. Por sí solas, unas políticas mejores no bastan para promover el desarrollo económico sostenible a largo plazo. Unas onerosas obligaciones relativas al servicio de la deuda merman recursos que podrían destinarse a prioridades del sector social, como la salud y la educación.

Desde hace mucho tiempo, Irlanda ha propugnado un liderazgo más firme respecto de la cuestión de prestar asistencia a los países pobres muy endeudados (PPME), y recientemente el Parlamento irlandés aprobó el conjunto de medidas de alivio de la deuda multilateral del Gobierno, que supone una transferencia de £4 millones de la segunda Cuenta Especial para Contingencias (CEC-2) al Fondo Fiduciario para los PPME del servicio reforzado de ajuste estructural (SRAE) del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el pago de £11 millones al Fondo Fiduciario para los PPME del Banco Mundial. El Parlamento irlandés también ha aprobado una contribución de £7 millones al Fondo Fiduciario del SRAE. Los pagos se iniciarán en el plazo de unas semanas. Irlanda apoya la profundización, la aceleración y la ampliación de la Iniciativa para los PPME y la venta de oro del FMI para contribuir a sufragar una parte de la participación del FMI en la Iniciativa para los PPME.

El Canadá, en colaboración con sus socios del Grupo de los Siete, está determinado a encontrar formas de ayudar mejor a los PPME.

El 25 de marzo, el Primer Ministro del Canadá, Jean Chrétien, anunció la iniciativa del Canadá sobre la deuda para hacer frente a este problema. Brevemente, los aspectos más destacados de esa iniciativa son los siguientes:

· Desde el punto de vista bilateral, el Canadá ya ha condonado su deuda por concepto de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) de los PPME y proporciona toda su asistencia bilateral para el desarrollo exclusivamente en condiciones de donación. El Canadá insta a todos los acreedores bilaterales oficiales del mundo desarrollado a que hagan lo mismo. El Canadá también apoya una cancelación completa de todas las deudas (por concepto de AOD y comerciales) que tienen con acreedores bilaterales oficiales los países menos adelantados que se espera que cumplan los requisitos para recibir ayuda en calidad de PPME, y que hayan demostrado su dedicación al buen gobierno y los derechos humanos. Si otros no están de acuerdo, el Canadá procederá unilateralmente a condonar sus préstamos restantes no relacionados con la AOD a los PPME que cumplan los requisitos del caso.

· Desde el punto de vista multilateral, el Canadá pide un alivio de la deuda más general, más generoso y más puntual en el marco de la Iniciativa para los PPME. También en apoyo de los países más pobres, el Canadá ha dedicado más de $Can 400 millones a aumentar los recursos de préstamos del SRAE del FMI.

· Con miras a prevenir futuras crisis de la deuda, el Canadá insta a los prestamistas a adoptar buenas prácticas crediticias y a mejorar la transparencia de sus operaciones.

El alivio de la deuda, pese a ser un elemento importante de una estrategia global para luchar contra la pobreza, no es una panacea. Debe ir acompañado de medidas que aborden las deficiencias subyacentes, en particular las dirigidas a mejorar el buen gobierno y reducir los gastos militares y otros gastos no productivos.

Las necesidades especiales de los países pequeños

Los pequeños países en desarrollo representan otra categoría que merece especial atención, y deseo dar las gracias al Primer Ministro Owen Arthur de Barbados por su labor como Presidente del Grupo Ministerial para los Estados pequeños que fue convocado por el Secretario General del Commonwealth. El Banco ha reconocido que debe reconsiderar el enfoque que aplica a los Estados pequeños, habida cuenta de los aspectos positivos y negativos propios de esos países. En todo análisis de la situación económica de los pequeños Estados hay que hacer especial hincapié en su vulnerabilidad a las perturbaciones naturales y económicas y al peligro muy real de que los pequeños Estados se vean marginados en el contexto de la globalización.

Hay países representados por el Canadá que entran claramente en esta categoría. La pérdida de mercados de exportación por la eliminación de los acuerdos de comercio preferente y la competencia agresiva de otros exportadores amenazan las perspectivas de crecimiento en la región del Caribe. Debe haber una estrategia coordinada del Banco, el Fondo y otros organismos multilaterales y bilaterales para ayudar a esos países en su integración en la economía mundial. La integración en la región y en la economía internacional es esencial para el futuro desarrollo económico. Toda iniciativa que se proponga para esos países debe contemplar una estrategia global de desarrollo y debe incluir asistencia durante un período de transición que conduzca a la integración en la economía mundial.

El pequeño tamaño pone a las economías del Caribe en desventaja económica por lo que respecta a mantener la actividad económica, habida cuenta de unos elevados costos fijos y de la ausencia de economías de escala en la producción. El pequeño tamaño también limita las oportunidades de diversificación del riesgo. Cualquier programa de asistencia para esos países debe procurar mitigar la inestabilidad económica. Además, la diversificación debe considerarse un mecanismo esencial de reducción del riesgo. Con ese fin, el Banco y otros organismos deben intensificar sus esfuerzos por promover la diversificación económica. Necesariamente, esto requerirá que el Banco lleve a cabo una labor analítica adicional para determinar los desafíos y los condicionantes específicos a que se enfrentan las pequeñas economías.

Hacia el futuro

Los desafíos que afrontan el Banco y los países en desarrollo para promover un crecimiento sostenible a largo plazo y luchar contra la pobreza son enormes. Las limitaciones de recursos hacen que el Banco deba concentrar sus esfuerzos allí donde sus actividades vayan a ser más eficaces. La cuestión clave es la forma en que el Banco puede ayudar a los países a formular políticas económicas eficaces y a crear instituciones sólidas que son esenciales para el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza. El difícil período de los dos últimos años ha demostrado que el Banco posee la flexibilidad y la visión necesarias para hacer frente a problemas complejos. El Canadá tine la completa seguridad de que el Banco posee la capacidad de afrontar directamente los desafíos futuros.




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