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Declaración del Lic. José Angel Gurría, Secretario de Hacienda y Crédito Público, México

DC/S/99-07 (S)
I. Introducción

Es para mí un honor participar en la Quincuagésima Novena Reunión del Comité para el Desarrollo, que nos brinda como siempre un espacio para la reflexión y el intercambio de experiencias sobre este tema de gran trascendencia.

En los umbrales del nuevo milenio el desarrollo económico y, en particular, la superación de la pobreza, continúan siendo los retos principales que enfrentan una gran cantidad de países.

Lo anterior resulta paradójico en una época de impresionantes avances tecnológicos y científicos. La revolución informática ha reducido las distancias y los tiempos acercando a los países del mundo. Se han estrechado los vínculos comerciales y financieros. Esta mayor vinculación, a la vez que ha abierto enormes posibilidades para el desarrollo, también puede implicar ciertos riesgos.

Desafortunadamente los beneficios de estos avances todavía no llegan a un gran número de gente. Se estima que en el mundo en desarrollo habitan alrededor de 1,340 millones de personas que sobreviven con menos de un dólar por día, lo que da una idea de lo mucho que falta por hacer.

II. El contexto internacional

En los años noventa, gracias a la determinación de las naciones en desarrollo para aplicar políticas macroeconómicas sanas y avanzar en la adopción de medidas estructurales, junto con un entorno internacional más favorable, fue posible avanzar en el propósito de mejorar las condiciones de vida en esos países. Sin embargo, la turbulencia financiera del último año y medio ha provocado que en algunos países se retarde el progreso y que en otros incluso se haya retrocedido.

En el corto plazo las perspectivas de la economía mundial no son del todo favorables, particularmente para los países en desarrollo. Las crisis financieras, la desaceleración de los países industrializados y del comercio mundial, así como la reducción de los flujos de financiamiento hacia los países en desarrollo, entre otros factores, hacen más difícil el ambiente externo y aumentan la incertidumbre. La acentuada volatilidad de las expectativas de los mercados financieros, que pasan de un pesimismo injustificado a un optimismo desbordado, es un factor más que se suma a los antes mencionados. En este contexto, será necesario redoblar los esfuerzos de los países en desarrollo y de los organismos multilaterales.

Después de un largo período de crecimiento sostenido y estable en la Posguerra, lo que permitió mejorar las condiciones de vida de la población, durante las dos últimas décadas América Latina ha estado inmersa en la búsqueda de nuevas opciones de desarrollo. A lo largo de este trayecto se han tenido experiencias positivas y también resultados negativos. Como consecuencia de aquéllas, hoy los países latinoamericanos muestran una renovada vitalidad en lo económico y una consolidación de las instituciones democráticas en lo político. Ambos factores son necesarios para el desarrollo. Producto de las profundas transformaciones económicas, América Latina ha podido salir adelante de las dificultades originadas por los severos choques externos enfrentados en fechas recientes. Hasta hace sólo algunos años estos sucesos hubieran tenido considerables efectos adversos.

III. Temas de la reunión del Comité para el Desarrollo

En años recientes se ha ido conformando un consenso sobre los factores necesarios para impulsar el desarrollo: disciplina fiscal; estabilidad de precios; apertura comercial y de inversión; desregulación y promoción de una sana competencia; redimensionamiento del sector público; y, liberalización y adecuada supervisión del sistema financiero, entre otros. Sin embargo, se requieren medidas adicionales para consolidar los avances logrados y, de esta manera, acceder a un crecimiento económico que beneficie a los más vulnerables y que mejore las condiciones de vida de las mayorías.

En un mundo globalizado y en el que convive una diversidad de culturas, algunas de estas preguntas son: ¿Cómo afecta la globalización la eficacia de las políticas y de las instituciones nacionales? ¿Cómo se incorpora a los grupos étnicos a los procesos de modernización económica a la vez que se preserva su identidad cultural? ¿Cómo puede conciliarse la necesidad de promover el bienestar de ciertos grupos con la necesidad de preservar el medio ambiente? Para responder satisfactoriamente estas y otras preguntas se requiere intensificar los esfuerzos conjuntos de los pueblos y de las autoridades y contar con el fuerte apoyo de los organismos multilaterales.

Es en este contexto en que se deben analizar algunos de los temas sugeridos de manera muy oportuna y acertada, para esta reunión del Comité para el Desarrollo:

i) Propuesta para un marco integral de desarrollo. Esta propuesta presenta los temas sobre los que existe un amplio consenso como factores necesarios para el desarrollo. De forma por demás pertinente, sugiere un enfoque participativo entre el gobierno, sociedad y comunidad internacional, a fin de avanzar en el proceso de desarrollo. Sin embargo, muestra una tendencia marcada a asignar el papel central del proceso a los organismos multilaterales. Dado que lograr un mayor desarrollo es una responsabilidad nacional, lo cual es reconocido en el propio documento, se requiere que la sociedad y los gobiernos nacionales definan sus propias agendas, de forma que la atención a problemas como la pobreza, la distribución del ingreso y el deterioro ambiental se incorporen plenamente como objetivos en sus proyectos nacionales y se esté dispuesto a cubrir los costos, tanto sociales como económicos, para enfrentarlos. Una vez que esto se logre, el Banco podrá complementar los esfuerzos internos. En este punto, el diálogo entre el Banco y los países debe reconocer las diferencias existentes a nivel de desarrollo nacional. Consideramos que esta iniciativa es un paso en la dirección correcta, pero aún necesita de mayor análisis. Además, deben identificarse sus implicaciones operativas y presupuestales, por lo que la propuesta requiere de una mayor discusión al interior del Directorio Ejecutivo del Banco.

ii) El financiamiento para el desarrollo requiere fortalecerse. En años recientes, ha existido una tendencia a que este tipo de financiamiento sea cubierto cada vez más por los organismos multilaterales, en tanto que han disminuido los recursos de los países industrializados dirigidos a ese fin. En este marco, es preciso que el costo de las iniciativas de ayuda, todas ellas muy necesarias, se distribuya más equitativamente entre la comunidad internacional. Por esto es importante que la participación del Banco en iniciativas como la asistencia post-conflicto sea acompañada de una decidida cooperación por parte de la comunidad internacional. La acción del Banco tendría que concentrarse de manera prioritaria en coordinar esta cooperación, así como en evaluar las necesidades de reconstrucción. Del mismo modo y ante la experiencia tenida respecto a fenómenos naturales como el Niño y el huracán Mitch, se hace necesario incorporar en la agenda del Banco y de la comunidad internacional iniciativas para hacer frente a emergencias causadas por desastres naturales. El año pasado este tipo de desastres cobraron más de 50,000 vidas y produjeron pérdidas por más de 90,000 millones de dólares.

La atención de los daños causados distrae recursos que, en otras circunstancias, podrían emplearse para promover el desarrollo. Por ello, hago un llamado al Banco a fin de que tome el liderazgo para incorporar en la agenda del desarrollo una "cultura de prevención". En este sentido, resultan plausibles las recientes acciones emprendidas por el Banco en esta dirección, como lo es la creación de la Facilidad para el Manejo de Desastres.

Por otra parte, para tener beneficios sostenibles de la iniciativa para los países pobres muy endeudados, es necesario flexibilizar la operación del programa, reduciendo de manera importante los tiempos para decidir sobre la elegibilidad de un país, así como incrementar los montos del descuento sobre la deuda. Estoy consciente de que la flexibilidad que se logre dependerá de la disponibilidad de recursos, por lo que también estimo preferible concentrar las acciones en un cierto grupo de países. Además, para estar en condiciones de extender los beneficios de esta iniciativa es indispensable conocer claramente las implicaciones financieras tanto para el Banco Mundial como para el resto de los organismos multilaterales, así como la disponibilidad de financiamiento por parte del resto de la comunidad internacional. Del mismo modo, para que la iniciativa tenga un mayor impacto debe asociarse con más claridad con acciones que los países beneficiarios lleven a cabo para combatir la pobreza.

Es particularmente satisfactorio el acuerdo alcanzado en AIF 12, en el cual se conjuntaron los esfuerzos de los países donantes para la consecución del objetivo común de abatir la pobreza. Es deseable que el espíritu de cooperación de este acuerdo se extienda a otras iniciativas orientadas al mismo fin.

iii) Instrumentos y capacidad financiera del Banco. Un tema fundamental es el papel que el Banco Mundial debe tener en un mundo globalizado y, por consiguiente, los instrumentos y los recursos con los que debe contar. Anteriormente me referí a los efectos de "contagio" que se han producido en las actuales crisis financieras. Se ha visto que los mercados tardan en diferenciar la situación específica de cada país en función de sus fundamentos económicos. En el caso de los países denominados emergentes, durante 1998 observamos que los capitales externos de corto plazo salieron para ubicarse en mercados tradicionalmente de bajo riesgo; asimismo, se restringió el acceso de estas economías a los mercados voluntarios de capital y se endurecieron las condiciones de los créditos. Ello también afectó a México, a pesar de la solidez de nuestros fundamentos económicos, situación que fue finalmente reconocida por los mercados a principios del presente año. En estas condiciones, el Banco Mundial podría tener un papel más decisivo para ayudar a los mercados a diferenciar más rápidamente. Es con este propósito que considero que el recientemente aprobado programa de garantías será de gran utilidad. Exhorto a los bancos de desarrollo regionales a que también inicien el uso de este tipo de instrumentos.

Más importante aún, es que el Banco cuente con un nivel de capital adecuado a las condiciones actuales de alta movilidad de los flujos financieros. Las intervenciones que el Banco ha tenido en crisis recientes no dejan lugar a dudas de la importancia de tener una reacción oportuna y en las dimensiones requeridas. Es claro el papel que la institución deberá tener en posibles crisis futuras. Si bien en las condiciones actuales el Banco se encuentra adecuadamente capitalizado, es de esperarse que aumente la demanda futura de recursos. Es por ello que a la brevedad deberemos analizar a profundidad la necesidad de ajustar su capital. Esta medida deberá complementarse con otras acciones, por lo que al mismo tiempo, la asignación futura del ingreso neto deberá favorecer el fortalecimiento financiero de la institución. Además, como un esfuerzo para reforzar la generación de ingreso neto, exhorto a la administración para que durante los próximos años racionalice sustancialmente el presupuesto administrativo. Estos esfuerzos conjuntos permitirán fortalecer la capacidad financiera del Banco y con ello estará mejor preparado para enfrentar los problemas de la pobreza.

Finalmente, quisiera alentar al Banco para que en el cumplimiento de su mandato de combatir la pobreza, continúe apoyando la aplicación de políticas macroeconómicas sanas y la conformación de una agenda de desarrollo en la que participen gobierno y sociedad. Estos elementos, conjuntamente con la consolidación de las instituciones democráticas, contribuirán a avanzar más rápidamente por la vía del desarrollo.

I. Introducción

Es para mí un honor participar en la Quincuagésima Novena Reunión del Comité para el Desarrollo, que nos brinda como siempre un espacio para la reflexión y el intercambio de experiencias sobre este tema de gran trascendencia.

En los umbrales del nuevo milenio el desarrollo económico y, en particular, la superación de la pobreza, continúan siendo los retos principales que enfrentan una gran cantidad de países.

Lo anterior resulta paradójico en una época de impresionantes avances tecnológicos y científicos. La revolución informática ha reducido las distancias y los tiempos acercando a los países del mundo. Se han estrechado los vínculos comerciales y financieros. Esta mayor vinculación, a la vez que ha abierto enormes posibilidades para el desarrollo, también puede implicar ciertos riesgos.

Desafortunadamente los beneficios de estos avances todavía no llegan a un gran número de gente. Se estima que en el mundo en desarrollo habitan alrededor de 1,340 millones de personas que sobreviven con menos de un dólar por día, lo que da una idea de lo mucho que falta por hacer.

II. El contexto internacional

En los años noventa, gracias a la determinación de las naciones en desarrollo para aplicar políticas macroeconómicas sanas y avanzar en la adopción de medidas estructurales, junto con un entorno internacional más favorable, fue posible avanzar en el propósito de mejorar las condiciones de vida en esos países. Sin embargo, la turbulencia financiera del último año y medio ha provocado que en algunos países se retarde el progreso y que en otros incluso se haya retrocedido.

En el corto plazo las perspectivas de la economía mundial no son del todo favorables, particularmente para los países en desarrollo. Las crisis financieras, la desaceleración de los países industrializados y del comercio mundial, así como la reducción de los flujos de financiamiento hacia los países en desarrollo, entre otros factores, hacen más difícil el ambiente externo y aumentan la incertidumbre. La acentuada volatilidad de las expectativas de los mercados financieros, que pasan de un pesimismo injustificado a un optimismo desbordado, es un factor más que se suma a los antes mencionados. En este contexto, será necesario redoblar los esfuerzos de los países en desarrollo y de los organismos multilaterales.

Después de un largo período de crecimiento sostenido y estable en la Posguerra, lo que permitió mejorar las condiciones de vida de la población, durante las dos últimas décadas América Latina ha estado inmersa en la búsqueda de nuevas opciones de desarrollo. A lo largo de este trayecto se han tenido experiencias positivas y también resultados negativos. Como consecuencia de aquéllas, hoy los países latinoamericanos muestran una renovada vitalidad en lo económico y una consolidación de las instituciones democráticas en lo político. Ambos factores son necesarios para el desarrollo. Producto de las profundas transformaciones económicas, América Latina ha podido salir adelante de las dificultades originadas por los severos choques externos enfrentados en fechas recientes. Hasta hace sólo algunos años estos sucesos hubieran tenido considerables efectos adversos.

III. Temas de la reunión del Comité para el Desarrollo

En años recientes se ha ido conformando un consenso sobre los factores necesarios para impulsar el desarrollo: disciplina fiscal; estabilidad de precios; apertura comercial y de inversión; desregulación y promoción de una sana competencia; redimensionamiento del sector público; y, liberalización y adecuada supervisión del sistema financiero, entre otros. Sin embargo, se requieren medidas adicionales para consolidar los avances logrados y, de esta manera, acceder a un crecimiento económico que beneficie a los más vulnerables y que mejore las condiciones de vida de las mayorías.

En un mundo globalizado y en el que convive una diversidad de culturas, algunas de estas preguntas son: ¿Cómo afecta la globalización la eficacia de las políticas y de las instituciones nacionales? ¿Cómo se incorpora a los grupos étnicos a los procesos de modernización económica a la vez que se preserva su identidad cultural? ¿Cómo puede conciliarse la necesidad de promover el bienestar de ciertos grupos con la necesidad de preservar el medio ambiente? Para responder satisfactoriamente estas y otras preguntas se requiere intensificar los esfuerzos conjuntos de los pueblos y de las autoridades y contar con el fuerte apoyo de los organismos multilaterales.

Es en este contexto en que se deben analizar algunos de los temas sugeridos de manera muy oportuna y acertada, para esta reunión del Comité para el Desarrollo:

i) Propuesta para un marco integral de desarrollo. Esta propuesta presenta los temas sobre los que existe un amplio consenso como factores necesarios para el desarrollo. De forma por demás pertinente, sugiere un enfoque participativo entre el gobierno, sociedad y comunidad internacional, a fin de avanzar en el proceso de desarrollo. Sin embargo, muestra una tendencia marcada a asignar el papel central del proceso a los organismos multilaterales. Dado que lograr un mayor desarrollo es una responsabilidad nacional, lo cual es reconocido en el propio documento, se requiere que la sociedad y los gobiernos nacionales definan sus propias agendas, de forma que la atención a problemas como la pobreza, la distribución del ingreso y el deterioro ambiental se incorporen plenamente como objetivos en sus proyectos nacionales y se esté dispuesto a cubrir los costos, tanto sociales como económicos, para enfrentarlos. Una vez que esto se logre, el Banco podrá complementar los esfuerzos internos. En este punto, el diálogo entre el Banco y los países debe reconocer las diferencias existentes a nivel de desarrollo nacional. Consideramos que esta iniciativa es un paso en la dirección correcta, pero aún necesita de mayor análisis. Además, deben identificarse sus implicaciones operativas y presupuestales, por lo que la propuesta requiere de una mayor discusión al interior del Directorio Ejecutivo del Banco.

ii) El financiamiento para el desarrollo requiere fortalecerse. En años recientes, ha existido una tendencia a que este tipo de financiamiento sea cubierto cada vez más por los organismos multilaterales, en tanto que han disminuido los recursos de los países industrializados dirigidos a ese fin. En este marco, es preciso que el costo de las iniciativas de ayuda, todas ellas muy necesarias, se distribuya más equitativamente entre la comunidad internacional. Por esto es importante que la participación del Banco en iniciativas como la asistencia post-conflicto sea acompañada de una decidida cooperación por parte de la comunidad internacional. La acción del Banco tendría que concentrarse de manera prioritaria en coordinar esta cooperación, así como en evaluar las necesidades de reconstrucción. Del mismo modo y ante la experiencia tenida respecto a fenómenos naturales como el Niño y el huracán Mitch, se hace necesario incorporar en la agenda del Banco y de la comunidad internacional iniciativas para hacer frente a emergencias causadas por desastres naturales. El año pasado este tipo de desastres cobraron más de 50,000 vidas y produjeron pérdidas por más de 90,000 millones de dólares.

La atención de los daños causados distrae recursos que, en otras circunstancias, podrían emplearse para promover el desarrollo. Por ello, hago un llamado al Banco a fin de que tome el liderazgo para incorporar en la agenda del desarrollo una "cultura de prevención". En este sentido, resultan plausibles las recientes acciones emprendidas por el Banco en esta dirección, como lo es la creación de la Facilidad para el Manejo de Desastres.

Por otra parte, para tener beneficios sostenibles de la iniciativa para los países pobres muy endeudados, es necesario flexibilizar la operación del programa, reduciendo de manera importante los tiempos para decidir sobre la elegibilidad de un país, así como incrementar los montos del descuento sobre la deuda. Estoy consciente de que la flexibilidad que se logre dependerá de la disponibilidad de recursos, por lo que también estimo preferible concentrar las acciones en un cierto grupo de países. Además, para estar en condiciones de extender los beneficios de esta iniciativa es indispensable conocer claramente las implicaciones financieras tanto para el Banco Mundial como para el resto de los organismos multilaterales, así como la disponibilidad de financiamiento por parte del resto de la comunidad internacional. Del mismo modo, para que la iniciativa tenga un mayor impacto debe asociarse con más claridad con acciones que los países beneficiarios lleven a cabo para combatir la pobreza.

Es particularmente satisfactorio el acuerdo alcanzado en AIF 12, en el cual se conjuntaron los esfuerzos de los países donantes para la consecución del objetivo común de abatir la pobreza. Es deseable que el espíritu de cooperación de este acuerdo se extienda a otras iniciativas orientadas al mismo fin.

iii) Instrumentos y capacidad financiera del Banco. Un tema fundamental es el papel que el Banco Mundial debe tener en un mundo globalizado y, por consiguiente, los instrumentos y los recursos con los que debe contar. Anteriormente me referí a los efectos de "contagio" que se han producido en las actuales crisis financieras. Se ha visto que los mercados tardan en diferenciar la situación específica de cada país en función de sus fundamentos económicos. En el caso de los países denominados emergentes, durante 1998 observamos que los capitales externos de corto plazo salieron para ubicarse en mercados tradicionalmente de bajo riesgo; asimismo, se restringió el acceso de estas economías a los mercados voluntarios de capital y se endurecieron las condiciones de los créditos. Ello también afectó a México, a pesar de la solidez de nuestros fundamentos económicos, situación que fue finalmente reconocida por los mercados a principios del presente año. En estas condiciones, el Banco Mundial podría tener un papel más decisivo para ayudar a los mercados a diferenciar más rápidamente. Es con este propósito que considero que el recientemente aprobado programa de garantías será de gran utilidad. Exhorto a los bancos de desarrollo regionales a que también inicien el uso de este tipo de instrumentos.

Más importante aún, es que el Banco cuente con un nivel de capital adecuado a las condiciones actuales de alta movilidad de los flujos financieros. Las intervenciones que el Banco ha tenido en crisis recientes no dejan lugar a dudas de la importancia de tener una reacción oportuna y en las dimensiones requeridas. Es claro el papel que la institución deberá tener en posibles crisis futuras. Si bien en las condiciones actuales el Banco se encuentra adecuadamente capitalizado, es de esperarse que aumente la demanda futura de recursos. Es por ello que a la brevedad deberemos analizar a profundidad la necesidad de ajustar su capital. Esta medida deberá complementarse con otras acciones, por lo que al mismo tiempo, la asignación futura del ingreso neto deberá favorecer el fortalecimiento financiero de la institución. Además, como un esfuerzo para reforzar la generación de ingreso neto, exhorto a la administración para que durante los próximos años racionalice sustancialmente el presupuesto administrativo. Estos esfuerzos conjuntos permitirán fortalecer la capacidad financiera del Banco y con ello estará mejor preparado para enfrentar los problemas de la pobreza.

Finalmente, quisiera alentar al Banco para que en el cumplimiento de su mandato de combatir la pobreza, continúe apoyando la aplicación de políticas macroeconómicas sanas y la conformación de una agenda de desarrollo en la que participen gobierno y sociedad. Estos elementos, conjuntamente con la consolidación de las instituciones democráticas, contribuirán a avanzar más rápidamente por la vía del desarrollo.

I. Introducción

Es para mí un honor participar en la Quincuagésima Novena Reunión del Comité para el Desarrollo, que nos brinda como siempre un espacio para la reflexión y el intercambio de experiencias sobre este tema de gran trascendencia.

En los umbrales del nuevo milenio el desarrollo económico y, en particular, la superación de la pobreza, continúan siendo los retos principales que enfrentan una gran cantidad de países.

Lo anterior resulta paradójico en una época de impresionantes avances tecnológicos y científicos. La revolución informática ha reducido las distancias y los tiempos acercando a los países del mundo. Se han estrechado los vínculos comerciales y financieros. Esta mayor vinculación, a la vez que ha abierto enormes posibilidades para el desarrollo, también puede implicar ciertos riesgos.

Desafortunadamente los beneficios de estos avances todavía no llegan a un gran número de gente. Se estima que en el mundo en desarrollo habitan alrededor de 1,340 millones de personas que sobreviven con menos de un dólar por día, lo que da una idea de lo mucho que falta por hacer.

II. El contexto internacional

En los años noventa, gracias a la determinación de las naciones en desarrollo para aplicar políticas macroeconómicas sanas y avanzar en la adopción de medidas estructurales, junto con un entorno internacional más favorable, fue posible avanzar en el propósito de mejorar las condiciones de vida en esos países. Sin embargo, la turbulencia financiera del último año y medio ha provocado que en algunos países se retarde el progreso y que en otros incluso se haya retrocedido.

En el corto plazo las perspectivas de la economía mundial no son del todo favorables, particularmente para los países en desarrollo. Las crisis financieras, la desaceleración de los países industrializados y del comercio mundial, así como la reducción de los flujos de financiamiento hacia los países en desarrollo, entre otros factores, hacen más difícil el ambiente externo y aumentan la incertidumbre. La acentuada volatilidad de las expectativas de los mercados financieros, que pasan de un pesimismo injustificado a un optimismo desbordado, es un factor más que se suma a los antes mencionados. En este contexto, será necesario redoblar los esfuerzos de los países en desarrollo y de los organismos multilaterales.

Después de un largo período de crecimiento sostenido y estable en la Posguerra, lo que permitió mejorar las condiciones de vida de la población, durante las dos últimas décadas América Latina ha estado inmersa en la búsqueda de nuevas opciones de desarrollo. A lo largo de este trayecto se han tenido experiencias positivas y también resultados negativos. Como consecuencia de aquéllas, hoy los países latinoamericanos muestran una renovada vitalidad en lo económico y una consolidación de las instituciones democráticas en lo político. Ambos factores son necesarios para el desarrollo. Producto de las profundas transformaciones económicas, América Latina ha podido salir adelante de las dificultades originadas por los severos choques externos enfrentados en fechas recientes. Hasta hace sólo algunos años estos sucesos hubieran tenido considerables efectos adversos.

III. Temas de la reunión del Comité para el Desarrollo

En años recientes se ha ido conformando un consenso sobre los factores necesarios para impulsar el desarrollo: disciplina fiscal; estabilidad de precios; apertura comercial y de inversión; desregulación y promoción de una sana competencia; redimensionamiento del sector público; y, liberalización y adecuada supervisión del sistema financiero, entre otros. Sin embargo, se requieren medidas adicionales para consolidar los avances logrados y, de esta manera, acceder a un crecimiento económico que beneficie a los más vulnerables y que mejore las condiciones de vida de las mayorías.

En un mundo globalizado y en el que convive una diversidad de culturas, algunas de estas preguntas son: ¿Cómo afecta la globalización la eficacia de las políticas y de las instituciones nacionales? ¿Cómo se incorpora a los grupos étnicos a los procesos de modernización económica a la vez que se preserva su identidad cultural? ¿Cómo puede conciliarse la necesidad de promover el bienestar de ciertos grupos con la necesidad de preservar el medio ambiente? Para responder satisfactoriamente estas y otras preguntas se requiere intensificar los esfuerzos conjuntos de los pueblos y de las autoridades y contar con el fuerte apoyo de los organismos multilaterales.

Es en este contexto en que se deben analizar algunos de los temas sugeridos de manera muy oportuna y acertada, para esta reunión del Comité para el Desarrollo:

i) Propuesta para un marco integral de desarrollo. Esta propuesta presenta los temas sobre los que existe un amplio consenso como factores necesarios para el desarrollo. De forma por demás pertinente, sugiere un enfoque participativo entre el gobierno, sociedad y comunidad internacional, a fin de avanzar en el proceso de desarrollo. Sin embargo, muestra una tendencia marcada a asignar el papel central del proceso a los organismos multilaterales. Dado que lograr un mayor desarrollo es una responsabilidad nacional, lo cual es reconocido en el propio documento, se requiere que la sociedad y los gobiernos nacionales definan sus propias agendas, de forma que la atención a problemas como la pobreza, la distribución del ingreso y el deterioro ambiental se incorporen plenamente como objetivos en sus proyectos nacionales y se esté dispuesto a cubrir los costos, tanto sociales como económicos, para enfrentarlos. Una vez que esto se logre, el Banco podrá complementar los esfuerzos internos. En este punto, el diálogo entre el Banco y los países debe reconocer las diferencias existentes a nivel de desarrollo nacional. Consideramos que esta iniciativa es un paso en la dirección correcta, pero aún necesita de mayor análisis. Además, deben identificarse sus implicaciones operativas y presupuestales, por lo que la propuesta requiere de una mayor discusión al interior del Directorio Ejecutivo del Banco.

ii) El financiamiento para el desarrollo requiere fortalecerse. En años recientes, ha existido una tendencia a que este tipo de financiamiento sea cubierto cada vez más por los organismos multilaterales, en tanto que han disminuido los recursos de los países industrializados dirigidos a ese fin. En este marco, es preciso que el costo de las iniciativas de ayuda, todas ellas muy necesarias, se distribuya más equitativamente entre la comunidad internacional. Por esto es importante que la participación del Banco en iniciativas como la asistencia post-conflicto sea acompañada de una decidida cooperación por parte de la comunidad internacional. La acción del Banco tendría que concentrarse de manera prioritaria en coordinar esta cooperación, así como en evaluar las necesidades de reconstrucción. Del mismo modo y ante la experiencia tenida respecto a fenómenos naturales como el Niño y el huracán Mitch, se hace necesario incorporar en la agenda del Banco y de la comunidad internacional iniciativas para hacer frente a emergencias causadas por desastres naturales. El año pasado este tipo de desastres cobraron más de 50,000 vidas y produjeron pérdidas por más de 90,000 millones de dólares.

La atención de los daños causados distrae recursos que, en otras circunstancias, podrían emplearse para promover el desarrollo. Por ello, hago un llamado al Banco a fin de que tome el liderazgo para incorporar en la agenda del desarrollo una "cultura de prevención". En este sentido, resultan plausibles las recientes acciones emprendidas por el Banco en esta dirección, como lo es la creación de la Facilidad para el Manejo de Desastres.

Por otra parte, para tener beneficios sostenibles de la iniciativa para los países pobres muy endeudados, es necesario flexibilizar la operación del programa, reduciendo de manera importante los tiempos para decidir sobre la elegibilidad de un país, así como incrementar los montos del descuento sobre la deuda. Estoy consciente de que la flexibilidad que se logre dependerá de la disponibilidad de recursos, por lo que también estimo preferible concentrar las acciones en un cierto grupo de países. Además, para estar en condiciones de extender los beneficios de esta iniciativa es indispensable conocer claramente las implicaciones financieras tanto para el Banco Mundial como para el resto de los organismos multilaterales, así como la disponibilidad de financiamiento por parte del resto de la comunidad internacional. Del mismo modo, para que la iniciativa tenga un mayor impacto debe asociarse con más claridad con acciones que los países beneficiarios lleven a cabo para combatir la pobreza.

Es particularmente satisfactorio el acuerdo alcanzado en AIF 12, en el cual se conjuntaron los esfuerzos de los países donantes para la consecución del objetivo común de abatir la pobreza. Es deseable que el espíritu de cooperación de este acuerdo se extienda a otras iniciativas orientadas al mismo fin.

iii) Instrumentos y capacidad financiera del Banco. Un tema fundamental es el papel que el Banco Mundial debe tener en un mundo globalizado y, por consiguiente, los instrumentos y los recursos con los que debe contar. Anteriormente me referí a los efectos de "contagio" que se han producido en las actuales crisis financieras. Se ha visto que los mercados tardan en diferenciar la situación específica de cada país en función de sus fundamentos económicos. En el caso de los países denominados emergentes, durante 1998 observamos que los capitales externos de corto plazo salieron para ubicarse en mercados tradicionalmente de bajo riesgo; asimismo, se restringió el acceso de estas economías a los mercados voluntarios de capital y se endurecieron las condiciones de los créditos. Ello también afectó a México, a pesar de la solidez de nuestros fundamentos económicos, situación que fue finalmente reconocida por los mercados a principios del presente año. En estas condiciones, el Banco Mundial podría tener un papel más decisivo para ayudar a los mercados a diferenciar más rápidamente. Es con este propósito que considero que el recientemente aprobado programa de garantías será de gran utilidad. Exhorto a los bancos de desarrollo regionales a que también inicien el uso de este tipo de instrumentos.

Más importante aún, es que el Banco cuente con un nivel de capital adecuado a las condiciones actuales de alta movilidad de los flujos financieros. Las intervenciones que el Banco ha tenido en crisis recientes no dejan lugar a dudas de la importancia de tener una reacción oportuna y en las dimensiones requeridas. Es claro el papel que la institución deberá tener en posibles crisis futuras. Si bien en las condiciones actuales el Banco se encuentra adecuadamente capitalizado, es de esperarse que aumente la demanda futura de recursos. Es por ello que a la brevedad deberemos analizar a profundidad la necesidad de ajustar su capital. Esta medida deberá complementarse con otras acciones, por lo que al mismo tiempo, la asignación futura del ingreso neto deberá favorecer el fortalecimiento financiero de la institución. Además, como un esfuerzo para reforzar la generación de ingreso neto, exhorto a la administración para que durante los próximos años racionalice sustancialmente el presupuesto administrativo. Estos esfuerzos conjuntos permitirán fortalecer la capacidad financiera del Banco y con ello estará mejor preparado para enfrentar los problemas de la pobreza.

Finalmente, quisiera alentar al Banco para que en el cumplimiento de su mandato de combatir la pobreza, continúe apoyando la aplicación de políticas macroeconómicas sanas y la conformación de una agenda de desarrollo en la que participen gobierno y sociedad. Estos elementos, conjuntamente con la consolidación de las instituciones democráticas, contribuirán a avanzar más rápidamente por la vía del desarrollo.




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