| Tendencias de las transferencias de recursos financieros Hoy, como en las anteriores reuniones del Comité, no podemos dejar de sentir preocupación por la situación de la transferencia de recursos financieros para actividades de desarrollo. El flujo total de recursos a los paÃses en desarrollo y economÃas en transición ha sido claramente inestable: su volumen bajó de unos US$ 319.000 millones en 1997 a unos US$275.000 millones en 1998. Resulta especialmente alarmante el fuerte descenso de la afluencia de inversiones de cartera y de capital bancario, debido a los efectos derivados de la crisis mundial. Muchos paÃses se han encontrado en la práctica aislados de los mercados financieros, mientras que otros se han visto obligados a pagar precios exorbitantes –en forma de márgenes exagerados– para poder seguir disfrutando de acceso al mercado. Conviene señalar que la comunidad mundial y, en particular, las instituciones financieras internacionales no se han mostrado pasivas ante la crisis. Su parte en la transferencia de recursos ha aumentado de forma espectacular, lo que ha compensado hasta cierto punto el fuerte golpe sufrido por los paÃses receptores. DesearÃamos destacar el papel positivo que estas instituciones y su administración han desempeñado en el proceso de movilización de la asistencia internacional a los paÃses castigados por la crisis. La eficacia de estos programas de ayuda ha variado según los casos, pero ninguno de los paÃses afectados ha sido abandonado a su propia suerte. Es especialmente importante señalar la relativa estabilidad de los flujos de capital asociados con la inversión extranjera directa. Sin duda ninguna, parte de esta capacidad de adaptación se puede explicar por el fuerte descenso de los precios de los activos en algunos paÃses en desarrollo. No obstante, la inversión extranjera directa ha resultado ser una de las fuentes más fiables de fondos para el desarrollo. En consecuencia, el Grupo del Banco Mundial deberÃa proponerse como objetivo la creación en los paÃses clientes de un entorno favorable a ese tipo de inversión. Por el momento, los problemas distan mucho de estar ya resueltos. La comunidad mundial debe hacer frente al desafÃo de una nueva movilización de recursos. En este contexto, examinaremos el problema de la suficiencia de capital de las instituciones financieras internacionales. Iniciativa para los PPME Compartimos la preocupación de la comunidad internacional con respecto al deterioro de la situación financiera de los paÃses en desarrollo más pobres y la necesidad de esfuerzos adicionales para aliviar su carga de la deuda y encauzar los fondos liberados hacia actividades de desarrollo. Apoyamos las iniciativas formuladas por algunos gobiernos y ONG a fin de suavizar los criterios de admisibilidad para recibir asistencia en el marco de la Iniciativa y aumentar el volumen de los recursos disponibles para alivio de la deuda. Valoramos enormemente la contribución realizada por el Banco y el Fondo a la puesta en marcha de la Iniciativa, asà como la de los acreedores y donantes que disponen de recursos adicionales para ayudar a los PPME. Al mismo tiempo, nos alarma comprobar la necesidad cada vez mayor de nuevos recursos para la Iniciativa, incluso en su forma original. Por ejemplo, de acuerdo con las estimaciones, actualmente el valor neto actualizado de las necesidades financieras se cifra en US$12.500 millones, lo que representa un 30% más de la estimación de agosto de 1998. Ello significa que, si se observa el principio de distribución equitativa de la carga, la contribución de los acreedores del Club de ParÃs deberá aumentar en unos US$1.100 millones, y la del Banco Mundial US$400 millones. Si la Iniciativa se amplÃa más allá de su ámbito original, de acuerdo con las nuevas propuestas, las contribuciones de todas las partes, incluido el Banco, deberán aumentar en forma significativa. En general creemos que, por su misma naturaleza, la Iniciativa supone la necesidad de ajustes periódicos en el curso de su aplicación, siempre que tales ajustes no modifiquen los principios acordados. Por ejemplo, la situación financiera de algunos PPME se ha deteriorado debido a circunstancias que escapan de su control. Por ello, serÃa razonable examinar la posibilidad de concentrar los fondos y esfuerzos de la Iniciativa en los paÃses que han demostrado su compromiso con la reducción de la pobreza, a fin de conseguir una resolución de la deuda en forma duradera y un desarrollo futuro sostenible. Este enfoque selectivo serÃa una solución mucho mejor que la de ampliar el número de posibles candidatos, ya que ofrecerÃa una mayor garantÃa de que no se van a malgastar los recursos. En este sentido, podemos pensar en establecer criterios adicionales distintos de los ya contemplados (como los coeficientes del servicio de la deuda) y garantizar una mayor flexibilidad en su aplicación. La idea de conceder alivio temprano en materia de liquidez, durante el perÃodo intermedio subvencionando el servicio de la deuda de los paÃses admisibles para con las instituciones financieras internacionales debe ser objeto de atenta consideración. Los incentivos positivos contenidos en la Iniciativa podrÃan multiplicarse utilizando el concepto de " tramo flotante", que vincula la liberación de recursos en el punto de culminación a los resultados conseguidos por el paÃs en el marco de la Iniciativa. Al mismo tiempo, toda modificación de la Iniciativa que provoque un aumento de su costo debe examinarse teniendo al mismo tiempo muy en cuenta la manera de financiar el déficit resultante. De lo contrario, existe el riesgo de que la Iniciativa resulte un instrumento politizado e ineficaz. Por esta razón, nos oponemos a las distintas interpretaciones amplias de la Iniciativa, entre las que figura la consideración de la misma como fuente alternativa de financiamiento para el desarrollo o como una obra de caridad. En nuestra opinión, la Iniciativa para los PPME es un programa equilibrado orientado a reducir a niveles sostenibles la carga de la deuda de los paÃses pobres en desarrollo que adoptan polÃticas económicas y sociales acertadas. Este programa se basa en principios claros que definen los criterios de admisibilidad y las fases de aplicación convenidas por la comunidad internacional. Entre los principios figuran la distribución proporcional de la carga y una condicionalidad estricta que vincula el alivio de la deuda a los progresos obtenidos en el área de la polÃtica social. En algunos casos, ciertas desviaciones respecto a las normas convenidas sobre los criterios de admisibilidad, los lÃmites de alivio de la deuda y la duración del tiempo transcurrido entre los puntos de admisibilidad, decisión y culminación pueden estar justificadas por el comportamiento ejemplar del paÃs en lo que respecta a los programas macroeconómicos y sociales convenidos con las instituciones financieras internacionales. Comprendemos también que serÃa erróneo prolongar las fases de la Iniciativa y penalizar asà a los paÃses que han emprendido reformas radicales y complejas en condiciones adversas. Por el contrario, deberán alentarse esos esfuerzos ofreciendo un alivio real de la carga actual de la deuda. No obstante, seguimos oponiéndonos categóricamente a la modificación de los principios fundamentales de la Iniciativa, en particular cuando ello dé lugar a un considerable aumento de sus costos. En la práctica, disfrutamos ya de una flexibilidad suficiente en la aplicación de los principios básicos de la Iniciativa, que permite tener en cuenta las peculiaridades económicas locales y regionales. DesearÃamos también hacer hincapié en que la participación del Banco en la Iniciativa no debe representar una presión excesiva sobre su presupuesto en un momento de creciente riesgo y de necesidad de reponer su base de recursos. Toda decisión de aumentar el alcance de la participación del Banco en la Iniciativa debe tener también cuenta la necesidad de conservar la capacidad de riesgo de la institución y de mantener otros programas existentes e igualmente importantes. Principios y buenas prácticas en materia de polÃtica social En lo que se refiere a los principios y buenas prácticas en materia de polÃtica social, desearÃa señalar antes que nada su extraordinaria importancia para un desarrollo equilibrado y sostenible. En conjunto, respaldamos la lista propuesta de principios básicos y prácticas. En su mayor parte, coincide con los objetivos del Gobierno ruso. Naturalmente, las prioridades y objetivos deben responder siempre a las peculiaridades de cada paÃs lo que, como señala acertadamente el Presidente Wolfensohn, constituye la base del Marco integral de desarrollo. Creemos que, en el caso de las economÃas en transición, los factores institucionales revisten una importancia particular. Cuando se conciben las instituciones, se espera de ellas que resuelvan problemas sumamente complejos y multinacionales. Deben ser capaces de reaccionar con rapidez y eficacia a las nuevas necesidades, sobre todo las de los grupos sociales más vulnerables, de aplicar las directrices aprobadas por los gobiernos democráticamente elegidos y de promover una participación eficaz de la población, en particular en el plano local y subnacional. En este sentido, estamos convencidos de que estas instituciones sólo pueden establecerse si se erradican por completo la corrupción y todas sus causas. Por ello, aprobamos decididamente la creciente atención del Banco Mundial al problema de la corrupción, y creemos que este enfoque es beneficioso para los paÃses donde el desarrollo de las instituciones constituye un objetivo prioritario. Los problemas de la polÃtica social son igualmente importantes para todos los paÃses en desarrollo, en transición e industriales. Estamos de acuerdo con el Banco en que no se ha llegado a comprender debidamente los complejos acontecimientos sociales ni la forma en que una combinación de polÃticas diversas, cada una de ellas destinada a producir un resultado especial y justificable, pueden dar lugar a consecuencias muy distintas de las inicialmente previstas. El análisis de estos problemas debe continuar ocupando un lugar importante en las actividades de investigación del Banco. Al tratar estos temas, convendrÃa tener en cuenta la universalidad de los objetivos de la polÃtica social. La experiencia de muchos paÃses industriales puede arrojar enseñanzas importantes y de amplia aplicación, tanto positivas como negativas. Estos paÃses tienen también que seguir esforzándose, circunstancia que no se debe olvidar en un enfoque realmente mundial de los problemas sociales. En este sentido, estamos de acuerdo con el enfoque dual al formular los objetivos del Banco en el contexto más amplio de la red de instituciones internacionales. En particular, debe observarse en el futuro la práctica actual, en que las Naciones Unidas asumen un papel de liderazgo al esbozar los principios generales. Finalmente, conviene recordar que el mandato del Banco es luchar contra la pobreza y favorecer el desarrollo sostenible, en particular mediante la transferencia de recursos financieros. Por ello, las dimensiones sociales de las polÃticas del Banco no deben contribuir a agravar la carga ya pesada de la condicionalidad. Además, el Banco no debe tolerar casos de proteccionismo oculto disfrazado como búsqueda de principios sociales universales, sobre todo en las polÃticas laborales. Cabe señalar que algunas medidas que aparentemente tienen como finalidad mejorar los aspectos sociales del desarrollo pueden de hecho constituir un impedimento a la inversión y, en consecuencia, dar lugar a un aumento de la pobreza. Este problema tiene especial importancia en estos momentos, en que los flujos de capital a las economÃas en desarrollo y en transición han descendido notablemente y, en algunos casos, han adquirido signo negativo. Capacidad financiera del Grupo del Banco Mundial Desde el primer momento hemos compartido la preocupación por la necesidad de mantener en un nivel adecuado la capacidad de riesgo del Banco, expresada por sus coeficientes de endeudamiento. Estamos agradecidos a la administración y, de manera personal, al Presidente Wolfensohn por su constante atención a este importante problema. Los recientes estudios analÃticos realizados por el Banco y los resultados de los debates del Directorio nos han indicado claramente los efectos que las futuras crisis de multiplicación de los préstamos no productivos podrÃan tener en la rentabilidad del Banco y en su capacidad de desempeñar un papel activo en el desarrollo y de participar en la resolución de las crisis de los paÃses y regiones en situación difÃcil. Valoramos el hecho de que el grupo de expertos independientes haya aprobado esta metodologÃa y los principales resultados analÃticos. Teniendo en cuenta la actual inestabilidad económica de los paÃses en desarrollo y de las economÃas en transición, junto con la reducción de los flujos de capital privado y la intensificación de la inestabilidad polÃtica en algunas regiones importantes, el fortalecimiento de la capacidad de riesgo del Banco y el mantenimiento de su sólida solvencia crediticia deben constituir una prioridad absoluta para todos los accionistas responsables. Al mismo tiempo, el logro práctico de este objetivo supone algunas decisiones complejas en lo que se refiere a la determinación de la dinámica adecuada y la estructura de activos del Banco, la generación y asignación de los ingresos, asà como el aumento del capital desembolsado. Una combinación de estas medidas basada en el principio de distribución equitativa de la carga serÃa una manera adecuada de resolver la necesidad de mantener la estabilidad financiera del Banco. Esta estrategia corresponderÃa al carácter cooperativo de la institución y garantizarÃa el consenso necesario entre los accionistas. Ninguna solución asimétrica puede considerarse como realista ni sostenible a largo plazo. Estamos firmemente convencidos de que este enfoque basado en el consenso impedirá que se repita la situación creada durante la votación sobre los préstamos y la asignación de los ingresos netos del ejercicio de 1998, que dio lugar a una importante división entre los paÃses prestatarios y no prestatarios. En las condiciones actuales, estos acontecimientos serÃan especialmente inaceptables, dada la enorme importancia de mantener la alta calificación crediticia del Banco. En este sentido, creemos que no está justificada la referencia a la necesidad de dar más relieve al elemento de subvención implÃcito en el financiamiento del Banco, cuantificado en forma de simple diferencia entre las tasas de interés de mercado y los recargos del Banco en concepto de préstamo. Este enfoque resulta especialmente dudoso cuando se aplica en condiciones de crisis caracterizadas por el fuerte deterioro del acceso de los paÃses prestatarios incluidos los que mantienen la estabilidad macroeconómica y se muestran fieles a la reforma estructural– al mercado de capitales internacionales. DesearÃamos hacer hincapié en que la inestabilidad del acceso a los mercados de capital es una de las caracterÃsticas estructurales de los paÃses en desarrollo, debido a su solvencia marginal y a la impresión de riesgo que provocan en los posibles prestamistas. Si bien los paÃses desarrollados pueden compensar el deterioro de su situación económica solicitando empréstitos del mercado, esa opción resulta muy difÃcil y hasta imposible para los paÃses en desarrollo. Este factor puede agravar notablemente los problemas de salida de recursos y profundizar la recesión. Creemos que la naturaleza y mandato del Banco no le permiten adoptar un comportamiento "procÃclico", caracterÃstico de los prestamistas del sector privado. De lo contrario, lo lógico serÃa fijar los recargos en concepto de préstamo de acuerdo con la calificación crediticia de los prestatarios soberanos o suprimir las actividades crediticias durante las crisis. Al mismo tiempo, respaldamos la idea de diferenciar los precios de los préstamos de acuerdo con la naturaleza del instrumento crediticio, quizá teniendo en cuenta las repercusiones de cada operación en la situación financiera del Banco y, por lo tanto, en su capacidad de ayudar a todos los prestatarios. Desde la última reunión del Comité para el Desarrollo, el Banco ha realizado progresos en este terreno concreto, lo que ha repercutido positivamente en su rentabilidad. Finalmente, apoyamos la continuación de las consultas entre los principales grupos de accionistas y la administración, lo que ayudarÃa a establecer un conjunto equilibrado y ampliamente aceptado de opciones para mantener y consolidar la capacidad financiera del Grupo del Banco Mundial. Futuro del Comité para el Desarrollo y el Comité Provisional Observamos con atención los debates sobre la nueva arquitectura financiera internacional. Sin ninguna duda, el Comité para Desarrollo debe ser en cualquier caso uno de los elementos más importantes de esta arquitectura, como lo es desde hace muchos años. Sin duda, la estructura concreta de este foro representativo deberá tener en cuenta toda una serie de requisitos muy importantes, no todos los cuales se pueden cumplir a plenitud. Es inevitable llegar a una forma de compromiso, y la principal tarea es definir un conjunto de principios a los que se deba atener el resultado final. En nuestra opinión, el Banco ha formulado acertadamente estos principios, en particular los siguientes: · un amplio mandato, que incluye la mayor parte de las cuestiones de desarrollo económico y financiero; · responsabilidad compartida de los paÃses de mantener la eficiencia del sistema financiero mundial; · diseño y estructura adecuados de las instituciones pertinentes; · representación y legitimidad; · eficacia y concentración en los problemas más importantes. Hay varias maneras de definir una organización especÃfica del Comité para el Desarrollo más en consonancia con los principios establecidos. No obstante, conviene no politizar esta cuestión –pues ello puede provocar interminables conflictos y divisiones– ni complicarla demasiado, pues podrÃa contribuir a aumentar todavÃa más la burocracia internacional. Además, una de las normas importantes y mejor conocidas del desarrollo de las instituciones es estudiar cuidadosamente la experiencia acumulada y materializada en las formas y tradiciones establecidas. Teniendo cuentas estos factores, nos inclinamos por la solución No. 3, que ha recibido el nombre de estructura "dual". Esta solución, como se ha observado acertadamente, no requerirá ningún procedimiento jurÃdico especial. Está en total conformidad con la práctica consagrada de los dos comités; en nuestra opinión, agilizará todavÃa más su labor y, por lo tanto, los hará más eficaces en este momento complejo y crucial. Marco integral de desarrollo Acogemos con satisfacción el nuevo enfoque integral del desarrollo. La Federación de Rusia sabe por experiencia que una insistencia excesiva en las medidas macroeconómicas a expensas de los aspectos estructurales, institucionales y sociales del desarrollo no es la mejor manera de conseguir un crecimiento sostenido. El desarrollo es un proceso muy complejo y delicado que no se presta a soluciones fáciles. Sólo con una profunda comprensión de sus mecanismos internos podemos conseguir resultados positivos sostenibles en lo que se refiere a los niveles de vida y la reducción de la pobreza. Otra caracterÃstica importante del planteamiento propuesto es su insistencia en los recursos intelectuales y polÃticos propios de cada paÃs para la formulación de una estrategia de desarrollo que se adapte especialmente a sus necesidades. Este programa, basado en un amplio consenso dentro del paÃs y respaldado por un grupo coordinado de donantes, es el que mayores posibilidades ofrece de promover mejoras radicales y sostenidas en la economÃa. Esperamos con sumo interés los resultados de la introducción del Marco integral de desarrollo en los paÃses donde se está aplicando de forma experimental. Esperamos también que, antes de que se puedan conocer plenamente cuáles son los resultados, algunos aspectos evidentemente útiles de la nueva ideologÃa se plasmen en las operaciones cotidianas del Banco Mundial. Asistencia a los paÃses que salen de un conflicto El Fondo y el Banco tienen un considerable acervo de instrumentos disponibles para ayudar a los paÃses que salen de conflictos armados. Entre ellos figuran los préstamos para fines de ajuste estructural, la asistencia de emergencia, la Iniciativa para los PPME, las donaciones de la AIF y las operaciones especiales del BIRF. Por desgracia, en la práctica esos instrumentos muchas veces son insuficientes debido a las peculiaridades de los paÃses que salen de un conflicto. Además, muchos de esos paÃses tienen atrasos con los acreedores multilaterales y bilaterales. Por esa razón, nos complace observar los ininterrumpidos esfuerzos del Fondo y el Banco para encontrar la manera de incrementar su ayuda a los paÃses más pobres que salen de conflictos, con especial atención a la cronologÃa de esa ayuda. Durante el tiempo transcurrido desde las últimas reuniones anuales ambas instituciones han realizado grandes avances en su comprensión del problema. Nos complace observar que ahora se reconoce en general la urgente necesidad de resolver el problema de la liquidación de los atrasos de forma coherente y coordinada, lo mismo que la necesidad de vincular la ayuda a los paÃses que salen de un conflicto y la Iniciativa para los PPME. Respaldamos los esfuerzos realizados para garantizar un flujo neto positivo de recursos hacia los paÃses que salen de un conflicto tanto antes como después de la liquidación de los atrasos, siempre que todos los indicadores de desempeño convenidos con el gobierno se cumplan debidamente. Respaldamos también las propuestas especÃficas formuladas por el Banco con el fin de mejorar la vinculación entre la asistencia después de un conflicto y la Iniciativa para los PPME. Al mismo tiempo, sigue habiendo algunos motivos de preocupación. Reafirmamos nuestro convencimiento de que sólo con medidas coordinadas de todos los donantes, tanto bilaterales como multilaterales, en el marco de un programa conjunto de rehabilitación con participación amplia y eficiente de todos los organismos internacionales se pueden conseguir resultados positivos. Toda medida unilateral del Banco o todo intento de recargarle con una responsabilidad desproporcionada serÃa inaceptable. El mecanismo financiero de los cambios propuestos en materia de polÃticas requiere un estudio más detallado. El análisis de los ingresos netos demuestra que después de asignar los fondos a las prioridades tradicionales (exención de intereses, AIF y PPME) no quedan recursos suficientes para sufragar esta nueva iniciativa. Por ello, no es probable que se puedan conseguir donaciones procedentes de los ingresos netos con destino a los paÃses en conflicto. De la misma manera, no respaldamos una utilización activa de las donaciones de la AIF con ese fin, sobre todo porque estos recursos son limitados. En nuestra opinión, la mejor forma de financiar las iniciativas iniciales después de un conflicto y de resolver el problema de la deuda externa serÃa mediante un fondo especial administrado por el Banco e integrado por contribuciones voluntarias de donantes bilaterales. Es preciso continuar estudiando los criterios de admisibilidad para la asistencia destinada a actividades de emergencia después de un conflicto. DesearÃamos evitar un enfoque basado en el estudio caso por caso y en relación con paÃses especÃficos, que puede hacer que el proceso de decisión sea vulnerable a los intereses polÃticos. Toda conclusión sobre el ofrecimiento de asistencia de emergencia en una situación posterior a un conflicto debe basarse en criterios claros, transparentes y reconocidos, orientados a la reducción de la pobreza y al desarrollo económico a largo plazo. Los últimos acontecimientos ocurridos en los Balcanes han demostrado que incluso los paÃses que no participan directamente en un conflicto pueden sufrir daños materiales considerables. En consecuencia, es necesario adoptar una concepción más amplia de las situaciones que se producen después de un conflicto y estudiar las maneras en que la comunidad internacional puede ayudar a las vÃctimas del mismo. PermÃtanme reiterar que concedemos gran importancia a la iniciativa de asistencia a los paÃses después de un conflicto y estamos dispuestos a examinarla en profundidad. Al mismo tiempo, deseamos mantener nuestras reservas sobre las posibles iniciativas que puedan poner en peligro la posición financiera del Banco y de sus programas de desarrollo. Cooperación del Banco Mundial con los bancos regionales de desarrollo En el informe sobre la cooperación con los bancos regionales de desarrollo presentado al Comité para el Desarrollo se ofrece una descripción detallada de los logros en ese importante terreno, se evalúa la experiencia acumulada y se señalan las tareas pendientes para el futuro. Estamos en total acuerdo con las evaluaciones y conclusiones básicas del documento. Un mecanismo muy útil para reforzar las relaciones entre los bancos multilaterales de desarrollo son las reuniones periódicas entre sus presidentes. Estos contactos ofrecen una buena oportunidad de articular una visión estratégica coherente de los desafÃos comunes e individuales de estas organizaciones. Además, estas reuniones entre presidentes demuestran al personal de sus respectivas organizaciones la necesidad de una cooperación más estrecha y de una asociación más firme en todos los niveles. Desde el punto de vista de los paÃses clientes, parece especialmente importante la necesidad de fomentar la cooperación de estos bancos sobre el terreno. En el informe se cita todo un cúmulo de ejemplos recientes sobre esta forma de cooperación en la labor analÃtica y operacional. DesearÃa hacer especial hincapié en el hecho de que, en las estrategias de los distintos bancos multilaterales de desarrollo para los respectivos paÃses, se insiste cada vez más en la colaboración con otros bancos semejantes. Los bancos internacionales de desarrollo están financiando también cada vez más proyectos y programas especÃficos. Al mismo tiempo, es evidente que los progresos conseguidos en el fortalecimiento de la cooperación entre Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo han sido hasta ahora limitados. Además, la experiencia ha arrojado resultados de distinto signo en algunas esferas de actividad y en determinados paÃses. Por encima de todo, en nuestra opinión, es imprescindible deshacerse de los elementos de competencia enconada y desconfianza mutua que se observan todavÃa ocasionalmente entre los bancos multilaterales de desarrollo. En calidad de miembro del Banco Mundial, del Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento y del Banco de Comercio y Desarrollo del Mar Negro, Rusia tiene sumo interés en mejorar la cooperación entre esas instituciones. Dicha cooperación es fundamental para nosotros en estos momentos, sobre todo para promover con la máxima urgencia posible la revitalización del sector financiero y el desarrollo del sector real de la economÃa rusa. Tendencias de las transferencias de recursos financieros Hoy, como en las anteriores reuniones del Comité, no podemos dejar de sentir preocupación por la situación de la transferencia de recursos financieros para actividades de desarrollo. El flujo total de recursos a los paÃses en desarrollo y economÃas en transición ha sido claramente inestable: su volumen bajó de unos US$ 319.000 millones en 1997 a unos US$275.000 millones en 1998. Resulta especialmente alarmante el fuerte descenso de la afluencia de inversiones de cartera y de capital bancario, debido a los efectos derivados de la crisis mundial. Muchos paÃses se han encontrado en la práctica aislados de los mercados financieros, mientras que otros se han visto obligados a pagar precios exorbitantes –en forma de márgenes exagerados– para poder seguir disfrutando de acceso al mercado. Conviene señalar que la comunidad mundial y, en particular, las instituciones financieras internacionales no se han mostrado pasivas ante la crisis. Su parte en la transferencia de recursos ha aumentado de forma espectacular, lo que ha compensado hasta cierto punto el fuerte golpe sufrido por los paÃses receptores. DesearÃamos destacar el papel positivo que estas instituciones y su administración han desempeñado en el proceso de movilización de la asistencia internacional a los paÃses castigados por la crisis. La eficacia de estos programas de ayuda ha variado según los casos, pero ninguno de los paÃses afectados ha sido abandonado a su propia suerte. Es especialmente importante señalar la relativa estabilidad de los flujos de capital asociados con la inversión extranjera directa. Sin duda ninguna, parte de esta capacidad de adaptación se puede explicar por el fuerte descenso de los precios de los activos en algunos paÃses en desarrollo. No obstante, la inversión extranjera directa ha resultado ser una de las fuentes más fiables de fondos para el desarrollo. En consecuencia, el Grupo del Banco Mundial deberÃa proponerse como objetivo la creación en los paÃses clientes de un entorno favorable a ese tipo de inversión. Por el momento, los problemas distan mucho de estar ya resueltos. La comunidad mundial debe hacer frente al desafÃo de una nueva movilización de recursos. En este contexto, examinaremos el problema de la suficiencia de capital de las instituciones financieras internacionales. Iniciativa para los PPME Compartimos la preocupación de la comunidad internacional con respecto al deterioro de la situación financiera de los paÃses en desarrollo más pobres y la necesidad de esfuerzos adicionales para aliviar su carga de la deuda y encauzar los fondos liberados hacia actividades de desarrollo. Apoyamos las iniciativas formuladas por algunos gobiernos y ONG a fin de suavizar los criterios de admisibilidad para recibir asistencia en el marco de la Iniciativa y aumentar el volumen de los recursos disponibles para alivio de la deuda. Valoramos enormemente la contribución realizada por el Banco y el Fondo a la puesta en marcha de la Iniciativa, asà como la de los acreedores y donantes que disponen de recursos adicionales para ayudar a los PPME. Al mismo tiempo, nos alarma comprobar la necesidad cada vez mayor de nuevos recursos para la Iniciativa, incluso en su forma original. Por ejemplo, de acuerdo con las estimaciones, actualmente el valor neto actualizado de las necesidades financieras se cifra en US$12.500 millones, lo que representa un 30% más de la estimación de agosto de 1998. Ello significa que, si se observa el principio de distribución equitativa de la carga, la contribución de los acreedores del Club de ParÃs deberá aumentar en unos US$1.100 millones, y la del Banco Mundial US$400 millones. Si la Iniciativa se amplÃa más allá de su ámbito original, de acuerdo con las nuevas propuestas, las contribuciones de todas las partes, incluido el Banco, deberán aumentar en forma significativa. En general creemos que, por su misma naturaleza, la Iniciativa supone la necesidad de ajustes periódicos en el curso de su aplicación, siempre que tales ajustes no modifiquen los principios acordados. Por ejemplo, la situación financiera de algunos PPME se ha deteriorado debido a circunstancias que escapan de su control. Por ello, serÃa razonable examinar la posibilidad de concentrar los fondos y esfuerzos de la Iniciativa en los paÃses que han demostrado su compromiso con la reducción de la pobreza, a fin de conseguir una resolución de la deuda en forma duradera y un desarrollo futuro sostenible. Este enfoque selectivo serÃa una solución mucho mejor que la de ampliar el número de posibles candidatos, ya que ofrecerÃa una mayor garantÃa de que no se van a malgastar los recursos. En este sentido, podemos pensar en establecer criterios adicionales distintos de los ya contemplados (como los coeficientes del servicio de la deuda) y garantizar una mayor flexibilidad en su aplicación. La idea de conceder alivio temprano en materia de liquidez, durante el perÃodo intermedio subvencionando el servicio de la deuda de los paÃses admisibles para con las instituciones financieras internacionales debe ser objeto de atenta consideración. Los incentivos positivos contenidos en la Iniciativa podrÃan multiplicarse utilizando el concepto de " tramo flotante", que vincula la liberación de recursos en el punto de culminación a los resultados conseguidos por el paÃs en el marco de la Iniciativa. Al mismo tiempo, toda modificación de la Iniciativa que provoque un aumento de su costo debe examinarse teniendo al mismo tiempo muy en cuenta la manera de financiar el déficit resultante. De lo contrario, existe el riesgo de que la Iniciativa resulte un instrumento politizado e ineficaz. Por esta razón, nos oponemos a las distintas interpretaciones amplias de la Iniciativa, entre las que figura la consideración de la misma como fuente alternativa de financiamiento para el desarrollo o como una obra de caridad. En nuestra opinión, la Iniciativa para los PPME es un programa equilibrado orientado a reducir a niveles sostenibles la carga de la deuda de los paÃses pobres en desarrollo que adoptan polÃticas económicas y sociales acertadas. Este programa se basa en principios claros que definen los criterios de admisibilidad y las fases de aplicación convenidas por la comunidad internacional. Entre los principios figuran la distribución proporcional de la carga y una condicionalidad estricta que vincula el alivio de la deuda a los progresos obtenidos en el área de la polÃtica social. En algunos casos, ciertas desviaciones respecto a las normas convenidas sobre los criterios de admisibilidad, los lÃmites de alivio de la deuda y la duración del tiempo transcurrido entre los puntos de admisibilidad, decisión y culminación pueden estar justificadas por el comportamiento ejemplar del paÃs en lo que respecta a los programas macroeconómicos y sociales convenidos con las instituciones financieras internacionales. Comprendemos también que serÃa erróneo prolongar las fases de la Iniciativa y penalizar asà a los paÃses que han emprendido reformas radicales y complejas en condiciones adversas. Por el contrario, deberán alentarse esos esfuerzos ofreciendo un alivio real de la carga actual de la deuda. No obstante, seguimos oponiéndonos categóricamente a la modificación de los principios fundamentales de la Iniciativa, en particular cuando ello dé lugar a un considerable aumento de sus costos. En la práctica, disfrutamos ya de una flexibilidad suficiente en la aplicación de los principios básicos de la Iniciativa, que permite tener en cuenta las peculiaridades económicas locales y regionales. DesearÃamos también hacer hincapié en que la participación del Banco en la Iniciativa no debe representar una presión excesiva sobre su presupuesto en un momento de creciente riesgo y de necesidad de reponer su base de recursos. Toda decisión de aumentar el alcance de la participación del Banco en la Iniciativa debe tener también cuenta la necesidad de conservar la capacidad de riesgo de la institución y de mantener otros programas existentes e igualmente importantes. Principios y buenas prácticas en materia de polÃtica social En lo que se refiere a los principios y buenas prácticas en materia de polÃtica social, desearÃa señalar antes que nada su extraordinaria importancia para un desarrollo equilibrado y sostenible. En conjunto, respaldamos la lista propuesta de principios básicos y prácticas. En su mayor parte, coincide con los objetivos del Gobierno ruso. Naturalmente, las prioridades y objetivos deben responder siempre a las peculiaridades de cada paÃs lo que, como señala acertadamente el Presidente Wolfensohn, constituye la base del Marco integral de desarrollo. Creemos que, en el caso de las economÃas en transición, los factores institucionales revisten una importancia particular. Cuando se conciben las instituciones, se espera de ellas que resuelvan problemas sumamente complejos y multinacionales. Deben ser capaces de reaccionar con rapidez y eficacia a las nuevas necesidades, sobre todo las de los grupos sociales más vulnerables, de aplicar las directrices aprobadas por los gobiernos democráticamente elegidos y de promover una participación eficaz de la población, en particular en el plano local y subnacional. En este sentido, estamos convencidos de que estas instituciones sólo pueden establecerse si se erradican por completo la corrupción y todas sus causas. Por ello, aprobamos decididamente la creciente atención del Banco Mundial al problema de la corrupción, y creemos que este enfoque es beneficioso para los paÃses donde el desarrollo de las instituciones constituye un objetivo prioritario. Los problemas de la polÃtica social son igualmente importantes para todos los paÃses en desarrollo, en transición e industriales. Estamos de acuerdo con el Banco en que no se ha llegado a comprender debidamente los complejos acontecimientos sociales ni la forma en que una combinación de polÃticas diversas, cada una de ellas destinada a producir un resultado especial y justificable, pueden dar lugar a consecuencias muy distintas de las inicialmente previstas. El análisis de estos problemas debe continuar ocupando un lugar importante en las actividades de investigación del Banco. Al tratar estos temas, convendrÃa tener en cuenta la universalidad de los objetivos de la polÃtica social. La experiencia de muchos paÃses industriales puede arrojar enseñanzas importantes y de amplia aplicación, tanto positivas como negativas. Estos paÃses tienen también que seguir esforzándose, circunstancia que no se debe olvidar en un enfoque realmente mundial de los problemas sociales. En este sentido, estamos de acuerdo con el enfoque dual al formular los objetivos del Banco en el contexto más amplio de la red de instituciones internacionales. En particular, debe observarse en el futuro la práctica actual, en que las Naciones Unidas asumen un papel de liderazgo al esbozar los principios generales. Finalmente, conviene recordar que el mandato del Banco es luchar contra la pobreza y favorecer el desarrollo sostenible, en particular mediante la transferencia de recursos financieros. Por ello, las dimensiones sociales de las polÃticas del Banco no deben contribuir a agravar la carga ya pesada de la condicionalidad. Además, el Banco no debe tolerar casos de proteccionismo oculto disfrazado como búsqueda de principios sociales universales, sobre todo en las polÃticas laborales. Cabe señalar que algunas medidas que aparentemente tienen como finalidad mejorar los aspectos sociales del desarrollo pueden de hecho constituir un impedimento a la inversión y, en consecuencia, dar lugar a un aumento de la pobreza. Este problema tiene especial importancia en estos momentos, en que los flujos de capital a las economÃas en desarrollo y en transición han descendido notablemente y, en algunos casos, han adquirido signo negativo. Capacidad financiera del Grupo del Banco Mundial Desde el primer momento hemos compartido la preocupación por la necesidad de mantener en un nivel adecuado la capacidad de riesgo del Banco, expresada por sus coeficientes de endeudamiento. Estamos agradecidos a la administración y, de manera personal, al Presidente Wolfensohn por su constante atención a este importante problema. Los recientes estudios analÃticos realizados por el Banco y los resultados de los debates del Directorio nos han indicado claramente los efectos que las futuras crisis de multiplicación de los préstamos no productivos podrÃan tener en la rentabilidad del Banco y en su capacidad de desempeñar un papel activo en el desarrollo y de participar en la resolución de las crisis de los paÃses y regiones en situación difÃcil. Valoramos el hecho de que el grupo de expertos independientes haya aprobado esta metodologÃa y los principales resultados analÃticos. Teniendo en cuenta la actual inestabilidad económica de los paÃses en desarrollo y de las economÃas en transición, junto con la reducción de los flujos de capital privado y la intensificación de la inestabilidad polÃtica en algunas regiones importantes, el fortalecimiento de la capacidad de riesgo del Banco y el mantenimiento de su sólida solvencia crediticia deben constituir una prioridad absoluta para todos los accionistas responsables. Al mismo tiempo, el logro práctico de este objetivo supone algunas decisiones complejas en lo que se refiere a la determinación de la dinámica adecuada y la estructura de activos del Banco, la generación y asignación de los ingresos, asà como el aumento del capital desembolsado. Una combinación de estas medidas basada en el principio de distribución equitativa de la carga serÃa una manera adecuada de resolver la necesidad de mantener la estabilidad financiera del Banco. Esta estrategia corresponderÃa al carácter cooperativo de la institución y garantizarÃa el consenso necesario entre los accionistas. Ninguna solución asimétrica puede considerarse como realista ni sostenible a largo plazo. Estamos firmemente convencidos de que este enfoque basado en el consenso impedirá que se repita la situación creada durante la votación sobre los préstamos y la asignación de los ingresos netos del ejercicio de 1998, que dio lugar a una importante división entre los paÃses prestatarios y no prestatarios. En las condiciones actuales, estos acontecimientos serÃan especialmente inaceptables, dada la enorme importancia de mantener la alta calificación crediticia del Banco. En este sentido, creemos que no está justificada la referencia a la necesidad de dar más relieve al elemento de subvención implÃcito en el financiamiento del Banco, cuantificado en forma de simple diferencia entre las tasas de interés de mercado y los recargos del Banco en concepto de préstamo. Este enfoque resulta especialmente dudoso cuando se aplica en condiciones de crisis caracterizadas por el fuerte deterioro del acceso de los paÃses prestatarios incluidos los que mantienen la estabilidad macroeconómica y se muestran fieles a la reforma estructural– al mercado de capitales internacionales. DesearÃamos hacer hincapié en que la inestabilidad del acceso a los mercados de capital es una de las caracterÃsticas estructurales de los paÃses en desarrollo, debido a su solvencia marginal y a la impresión de riesgo que provocan en los posibles prestamistas. Si bien los paÃses desarrollados pueden compensar el deterioro de su situación económica solicitando empréstitos del mercado, esa opción resulta muy difÃcil y hasta imposible para los paÃses en desarrollo. Este factor puede agravar notablemente los problemas de salida de recursos y profundizar la recesión. Creemos que la naturaleza y mandato del Banco no le permiten adoptar un comportamiento "procÃclico", caracterÃstico de los prestamistas del sector privado. De lo contrario, lo lógico serÃa fijar los recargos en concepto de préstamo de acuerdo con la calificación crediticia de los prestatarios soberanos o suprimir las actividades crediticias durante las crisis. Al mismo tiempo, respaldamos la idea de diferenciar los precios de los préstamos de acuerdo con la naturaleza del instrumento crediticio, quizá teniendo en cuenta las repercusiones de cada operación en la situación financiera del Banco y, por lo tanto, en su capacidad de ayudar a todos los prestatarios. Desde la última reunión del Comité para el Desarrollo, el Banco ha realizado progresos en este terreno concreto, lo que ha repercutido positivamente en su rentabilidad. Finalmente, apoyamos la continuación de las consultas entre los principales grupos de accionistas y la administración, lo que ayudarÃa a establecer un conjunto equilibrado y ampliamente aceptado de opciones para mantener y consolidar la capacidad financiera del Grupo del Banco Mundial. Futuro del Comité para el Desarrollo y el Comité Provisional Observamos con atención los debates sobre la nueva arquitectura financiera internacional. Sin ninguna duda, el Comité para Desarrollo debe ser en cualquier caso uno de los elementos más importantes de esta arquitectura, como lo es desde hace muchos años. Sin duda, la estructura concreta de este foro representativo deberá tener en cuenta toda una serie de requisitos muy importantes, no todos los cuales se pueden cumplir a plenitud. Es inevitable llegar a una forma de compromiso, y la principal tarea es definir un conjunto de principios a los que se deba atener el resultado final. En nuestra opinión, el Banco ha formulado acertadamente estos principios, en particular los siguientes: · un amplio mandato, que incluye la mayor parte de las cuestiones de desarrollo económico y financiero; · responsabilidad compartida de los paÃses de mantener la eficiencia del sistema financiero mundial; · diseño y estructura adecuados de las instituciones pertinentes; · representación y legitimidad; · eficacia y concentración en los problemas más importantes. Hay varias maneras de definir una organización especÃfica del Comité para el Desarrollo más en consonancia con los principios establecidos. No obstante, conviene no politizar esta cuestión –pues ello puede provocar interminables conflictos y divisiones– ni complicarla demasiado, pues podrÃa contribuir a aumentar todavÃa más la burocracia internacional. Además, una de las normas importantes y mejor conocidas del desarrollo de las instituciones es estudiar cuidadosamente la experiencia acumulada y materializada en las formas y tradiciones establecidas. Teniendo cuentas estos factores, nos inclinamos por la solución No. 3, que ha recibido el nombre de estructura "dual". Esta solución, como se ha observado acertadamente, no requerirá ningún procedimiento jurÃdico especial. Está en total conformidad con la práctica consagrada de los dos comités; en nuestra opinión, agilizará todavÃa más su labor y, por lo tanto, los hará más eficaces en este momento complejo y crucial. Marco integral de desarrollo Acogemos con satisfacción el nuevo enfoque integral del desarrollo. La Federación de Rusia sabe por experiencia que una insistencia excesiva en las medidas macroeconómicas a expensas de los aspectos estructurales, institucionales y sociales del desarrollo no es la mejor manera de conseguir un crecimiento sostenido. El desarrollo es un proceso muy complejo y delicado que no se presta a soluciones fáciles. Sólo con una profunda comprensión de sus mecanismos internos podemos conseguir resultados positivos sostenibles en lo que se refiere a los niveles de vida y la reducción de la pobreza. Otra caracterÃstica importante del planteamiento propuesto es su insistencia en los recursos intelectuales y polÃticos propios de cada paÃs para la formulación de una estrategia de desarrollo que se adapte especialmente a sus necesidades. Este programa, basado en un amplio consenso dentro del paÃs y respaldado por un grupo coordinado de donantes, es el que mayores posibilidades ofrece de promover mejoras radicales y sostenidas en la economÃa. Esperamos con sumo interés los resultados de la introducción del Marco integral de desarrollo en los paÃses donde se está aplicando de forma experimental. Esperamos también que, antes de que se puedan conocer plenamente cuáles son los resultados, algunos aspectos evidentemente útiles de la nueva ideologÃa se plasmen en las operaciones cotidianas del Banco Mundial. Asistencia a los paÃses que salen de un conflicto El Fondo y el Banco tienen un considerable acervo de instrumentos disponibles para ayudar a los paÃses que salen de conflictos armados. Entre ellos figuran los préstamos para fines de ajuste estructural, la asistencia de emergencia, la Iniciativa para los PPME, las donaciones de la AIF y las operaciones especiales del BIRF. Por desgracia, en la práctica esos instrumentos muchas veces son insuficientes debido a las peculiaridades de los paÃses que salen de un conflicto. Además, muchos de esos paÃses tienen atrasos con los acreedores multilaterales y bilaterales. Por esa razón, nos complace observar los ininterrumpidos esfuerzos del Fondo y el Banco para encontrar la manera de incrementar su ayuda a los paÃses más pobres que salen de conflictos, con especial atención a la cronologÃa de esa ayuda. Durante el tiempo transcurrido desde las últimas reuniones anuales ambas instituciones han realizado grandes avances en su comprensión del problema. Nos complace observar que ahora se reconoce en general la urgente necesidad de resolver el problema de la liquidación de los atrasos de forma coherente y coordinada, lo mismo que la necesidad de vincular la ayuda a los paÃses que salen de un conflicto y la Iniciativa para los PPME. Respaldamos los esfuerzos realizados para garantizar un flujo neto positivo de recursos hacia los paÃses que salen de un conflicto tanto antes como después de la liquidación de los atrasos, siempre que todos los indicadores de desempeño convenidos con el gobierno se cumplan debidamente. Respaldamos también las propuestas especÃficas formuladas por el Banco con el fin de mejorar la vinculación entre la asistencia después de un conflicto y la Iniciativa para los PPME. Al mismo tiempo, sigue habiendo algunos motivos de preocupación. Reafirmamos nuestro convencimiento de que sólo con medidas coordinadas de todos los donantes, tanto bilaterales como multilaterales, en el marco de un programa conjunto de rehabilitación con participación amplia y eficiente de todos los organismos internacionales se pueden conseguir resultados positivos. Toda medida unilateral del Banco o todo intento de recargarle con una responsabilidad desproporcionada serÃa inaceptable. El mecanismo financiero de los cambios propuestos en materia de polÃticas requiere un estudio más detallado. El análisis de los ingresos netos demuestra que después de asignar los fondos a las prioridades tradicionales (exención de intereses, AIF y PPME) no quedan recursos suficientes para sufragar esta nueva iniciativa. Por ello, no es probable que se puedan conseguir donaciones procedentes de los ingresos netos con destino a los paÃses en conflicto. De la misma manera, no respaldamos una utilización activa de las donaciones de la AIF con ese fin, sobre todo porque estos recursos son limitados. En nuestra opinión, la mejor forma de financiar las iniciativas iniciales después de un conflicto y de resolver el problema de la deuda externa serÃa mediante un fondo especial administrado por el Banco e integrado por contribuciones voluntarias de donantes bilaterales. Es preciso continuar estudiando los criterios de admisibilidad para la asistencia destinada a actividades de emergencia después de un conflicto. DesearÃamos evitar un enfoque basado en el estudio caso por caso y en relación con paÃses especÃficos, que puede hacer que el proceso de decisión sea vulnerable a los intereses polÃticos. Toda conclusión sobre el ofrecimiento de asistencia de emergencia en una situación posterior a un conflicto debe basarse en criterios claros, transparentes y reconocidos, orientados a la reducción de la pobreza y al desarrollo económico a largo plazo. Los últimos acontecimientos ocurridos en los Balcanes han demostrado que incluso los paÃses que no participan directamente en un conflicto pueden sufrir daños materiales considerables. En consecuencia, es necesario adoptar una concepción más amplia de las situaciones que se producen después de un conflicto y estudiar las maneras en que la comunidad internacional puede ayudar a las vÃctimas del mismo. PermÃtanme reiterar que concedemos gran importancia a la iniciativa de asistencia a los paÃses después de un conflicto y estamos dispuestos a examinarla en profundidad. Al mismo tiempo, deseamos mantener nuestras reservas sobre las posibles iniciativas que puedan poner en peligro la posición financiera del Banco y de sus programas de desarrollo. Cooperación del Banco Mundial con los bancos regionales de desarrollo En el informe sobre la cooperación con los bancos regionales de desarrollo presentado al Comité para el Desarrollo se ofrece una descripción detallada de los logros en ese importante terreno, se evalúa la experiencia acumulada y se señalan las tareas pendientes para el futuro. Estamos en total acuerdo con las evaluaciones y conclusiones básicas del documento. Un mecanismo muy útil para reforzar las relaciones entre los bancos multilaterales de desarrollo son las reuniones periódicas entre sus presidentes. Estos contactos ofrecen una buena oportunidad de articular una visión estratégica coherente de los desafÃos comunes e individuales de estas organizaciones. Además, estas reuniones entre presidentes demuestran al personal de sus respectivas organizaciones la necesidad de una cooperación más estrecha y de una asociación más firme en todos los niveles. Desde el punto de vista de los paÃses clientes, parece especialmente importante la necesidad de fomentar la cooperación de estos bancos sobre el terreno. En el informe se cita todo un cúmulo de ejemplos recientes sobre esta forma de cooperación en la labor analÃtica y operacional. DesearÃa hacer especial hincapié en el hecho de que, en las estrategias de los distintos bancos multilaterales de desarrollo para los respectivos paÃses, se insiste cada vez más en la colaboración con otros bancos semejantes. Los bancos internacionales de desarrollo están financiando también cada vez más proyectos y programas especÃficos. Al mismo tiempo, es evidente que los progresos conseguidos en el fortalecimiento de la cooperación entre Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo han sido hasta ahora limitados. Además, la experiencia ha arrojado resultados de distinto signo en algunas esferas de actividad y en determinados paÃses. Por encima de todo, en nuestra opinión, es imprescindible deshacerse de los elementos de competencia enconada y desconfianza mutua que se observan todavÃa ocasionalmente entre los bancos multilaterales de desarrollo. En calidad de miembro del Banco Mundial, del Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento y del Banco de Comercio y Desarrollo del Mar Negro, Rusia tiene sumo interés en mejorar la cooperación entre esas instituciones. Dicha cooperación es fundamental para nosotros en estos momentos, sobre todo para promover con la máxima urgencia posible la revitalización del sector financiero y el desarrollo del sector real de la economÃa rusa. Tendencias de las transferencias de recursos financieros Hoy, como en las anteriores reuniones del Comité, no podemos dejar de sentir preocupación por la situación de la transferencia de recursos financieros para actividades de desarrollo. El flujo total de recursos a los paÃses en desarrollo y economÃas en transición ha sido claramente inestable: su volumen bajó de unos US$ 319.000 millones en 1997 a unos US$275.000 millones en 1998. Resulta especialmente alarmante el fuerte descenso de la afluencia de inversiones de cartera y de capital bancario, debido a los efectos derivados de la crisis mundial. Muchos paÃses se han encontrado en la práctica aislados de los mercados financieros, mientras que otros se han visto obligados a pagar precios exorbitantes –en forma de márgenes exagerados– para poder seguir disfrutando de acceso al mercado. Conviene señalar que la comunidad mundial y, en particular, las instituciones financieras internacionales no se han mostrado pasivas ante la crisis. Su parte en la transferencia de recursos ha aumentado de forma espectacular, lo que ha compensado hasta cierto punto el fuerte golpe sufrido por los paÃses receptores. DesearÃamos destacar el papel positivo que estas instituciones y su administración han desempeñado en el proceso de movilización de la asistencia internacional a los paÃses castigados por la crisis. La eficacia de estos programas de ayuda ha variado según los casos, pero ninguno de los paÃses afectados ha sido abandonado a su propia suerte. Es especialmente importante señalar la relativa estabilidad de los flujos de capital asociados con la inversión extranjera directa. Sin duda ninguna, parte de esta capacidad de adaptación se puede explicar por el fuerte descenso de los precios de los activos en algunos paÃses en desarrollo. No obstante, la inversión extranjera directa ha resultado ser una de las fuentes más fiables de fondos para el desarrollo. En consecuencia, el Grupo del Banco Mundial deberÃa proponerse como objetivo la creación en los paÃses clientes de un entorno favorable a ese tipo de inversión. Por el momento, los problemas distan mucho de estar ya resueltos. La comunidad mundial debe hacer frente al desafÃo de una nueva movilización de recursos. En este contexto, examinaremos el problema de la suficiencia de capital de las instituciones financieras internacionales. Iniciativa para los PPME Compartimos la preocupación de la comunidad internacional con respecto al deterioro de la situación financiera de los paÃses en desarrollo más pobres y la necesidad de esfuerzos adicionales para aliviar su carga de la deuda y encauzar los fondos liberados hacia actividades de desarrollo. Apoyamos las iniciativas formuladas por algunos gobiernos y ONG a fin de suavizar los criterios de admisibilidad para recibir asistencia en el marco de la Iniciativa y aumentar el volumen de los recursos disponibles para alivio de la deuda. Valoramos enormemente la contribución realizada por el Banco y el Fondo a la puesta en marcha de la Iniciativa, asà como la de los acreedores y donantes que disponen de recursos adicionales para ayudar a los PPME. Al mismo tiempo, nos alarma comprobar la necesidad cada vez mayor de nuevos recursos para la Iniciativa, incluso en su forma original. Por ejemplo, de acuerdo con las estimaciones, actualmente el valor neto actualizado de las necesidades financieras se cifra en US$12.500 millones, lo que representa un 30% más de la estimación de agosto de 1998. Ello significa que, si se observa el principio de distribución equitativa de la carga, la contribución de los acreedores del Club de ParÃs deberá aumentar en unos US$1.100 millones, y la del Banco Mundial US$400 millones. Si la Iniciativa se amplÃa más allá de su ámbito original, de acuerdo con las nuevas propuestas, las contribuciones de todas las partes, incluido el Banco, deberán aumentar en forma significativa. En general creemos que, por su misma naturaleza, la Iniciativa supone la necesidad de ajustes periódicos en el curso de su aplicación, siempre que tales ajustes no modifiquen los principios acordados. Por ejemplo, la situación financiera de algunos PPME se ha deteriorado debido a circunstancias que escapan de su control. Por ello, serÃa razonable examinar la posibilidad de concentrar los fondos y esfuerzos de la Iniciativa en los paÃses que han demostrado su compromiso con la reducción de la pobreza, a fin de conseguir una resolución de la deuda en forma duradera y un desarrollo futuro sostenible. Este enfoque selectivo serÃa una solución mucho mejor que la de ampliar el número de posibles candidatos, ya que ofrecerÃa una mayor garantÃa de que no se van a malgastar los recursos. En este sentido, podemos pensar en establecer criterios adicionales distintos de los ya contemplados (como los coeficientes del servicio de la deuda) y garantizar una mayor flexibilidad en su aplicación. La idea de conceder alivio temprano en materia de liquidez, durante el perÃodo intermedio subvencionando el servicio de la deuda de los paÃses admisibles para con las instituciones financieras internacionales debe ser objeto de atenta consideración. Los incentivos positivos contenidos en la Iniciativa podrÃan multiplicarse utilizando el concepto de " tramo flotante", que vincula la liberación de recursos en el punto de culminación a los resultados conseguidos por el paÃs en el marco de la Iniciativa. Al mismo tiempo, toda modificación de la Iniciativa que provoque un aumento de su costo debe examinarse teniendo al mismo tiempo muy en cuenta la manera de financiar el déficit resultante. De lo contrario, existe el riesgo de que la Iniciativa resulte un instrumento politizado e ineficaz. Por esta razón, nos oponemos a las distintas interpretaciones amplias de la Iniciativa, entre las que figura la consideración de la misma como fuente alternativa de financiamiento para el desarrollo o como una obra de caridad. En nuestra opinión, la Iniciativa para los PPME es un programa equilibrado orientado a reducir a niveles sostenibles la carga de la deuda de los paÃses pobres en desarrollo que adoptan polÃticas económicas y sociales acertadas. Este programa se basa en principios claros que definen los criterios de admisibilidad y las fases de aplicación convenidas por la comunidad internacional. Entre los principios figuran la distribución proporcional de la carga y una condicionalidad estricta que vincula el alivio de la deuda a los progresos obtenidos en el área de la polÃtica social. En algunos casos, ciertas desviaciones respecto a las normas convenidas sobre los criterios de admisibilidad, los lÃmites de alivio de la deuda y la duración del tiempo transcurrido entre los puntos de admisibilidad, decisión y culminación pueden estar justificadas por el comportamiento ejemplar del paÃs en lo que respecta a los programas macroeconómicos y sociales convenidos con las instituciones financieras internacionales. Comprendemos también que serÃa erróneo prolongar las fases de la Iniciativa y penalizar asà a los paÃses que han emprendido reformas radicales y complejas en condiciones adversas. Por el contrario, deberán alentarse esos esfuerzos ofreciendo un alivio real de la carga actual de la deuda. No obstante, seguimos oponiéndonos categóricamente a la modificación de los principios fundamentales de la Iniciativa, en particular cuando ello dé lugar a un considerable aumento de sus costos. En la práctica, disfrutamos ya de una flexibilidad suficiente en la aplicación de los principios básicos de la Iniciativa, que permite tener en cuenta las peculiaridades económicas locales y regionales. DesearÃamos también hacer hincapié en que la participación del Banco en la Iniciativa no debe representar una presión excesiva sobre su presupuesto en un momento de creciente riesgo y de necesidad de reponer su base de recursos. Toda decisión de aumentar el alcance de la participación del Banco en la Iniciativa debe tener también cuenta la necesidad de conservar la capacidad de riesgo de la institución y de mantener otros programas existentes e igualmente importantes. Principios y buenas prácticas en materia de polÃtica social En lo que se refiere a los principios y buenas prácticas en materia de polÃtica social, desearÃa señalar antes que nada su extraordinaria importancia para un desarrollo equilibrado y sostenible. En conjunto, respaldamos la lista propuesta de principios básicos y prácticas. En su mayor parte, coincide con los objetivos del Gobierno ruso. Naturalmente, las prioridades y objetivos deben responder siempre a las peculiaridades de cada paÃs lo que, como señala acertadamente el Presidente Wolfensohn, constituye la base del Marco integral de desarrollo. Creemos que, en el caso de las economÃas en transición, los factores institucionales revisten una importancia particular. Cuando se conciben las instituciones, se espera de ellas que resuelvan problemas sumamente complejos y multinacionales. Deben ser capaces de reaccionar con rapidez y eficacia a las nuevas necesidades, sobre todo las de los grupos sociales más vulnerables, de aplicar las directrices aprobadas por los gobiernos democráticamente elegidos y de promover una participación eficaz de la población, en particular en el plano local y subnacional. En este sentido, estamos convencidos de que estas instituciones sólo pueden establecerse si se erradican por completo la corrupción y todas sus causas. Por ello, aprobamos decididamente la creciente atención del Banco Mundial al problema de la corrupción, y creemos que este enfoque es beneficioso para los paÃses donde el desarrollo de las instituciones constituye un objetivo prioritario. Los problemas de la polÃtica social son igualmente importantes para todos los paÃses en desarrollo, en transición e industriales. Estamos de acuerdo con el Banco en que no se ha llegado a comprender debidamente los complejos acontecimientos sociales ni la forma en que una combinación de polÃticas diversas, cada una de ellas destinada a producir un resultado especial y justificable, pueden dar lugar a consecuencias muy distintas de las inicialmente previstas. El análisis de estos problemas debe continuar ocupando un lugar importante en las actividades de investigación del Banco. Al tratar estos temas, convendrÃa tener en cuenta la universalidad de los objetivos de la polÃtica social. La experiencia de muchos paÃses industriales puede arrojar enseñanzas importantes y de amplia aplicación, tanto positivas como negativas. Estos paÃses tienen también que seguir esforzándose, circunstancia que no se debe olvidar en un enfoque realmente mundial de los problemas sociales. En este sentido, estamos de acuerdo con el enfoque dual al formular los objetivos del Banco en el contexto más amplio de la red de instituciones internacionales. En particular, debe observarse en el futuro la práctica actual, en que las Naciones Unidas asumen un papel de liderazgo al esbozar los principios generales. Finalmente, conviene recordar que el mandato del Banco es luchar contra la pobreza y favorecer el desarrollo sostenible, en particular mediante la transferencia de recursos financieros. Por ello, las dimensiones sociales de las polÃticas del Banco no deben contribuir a agravar la carga ya pesada de la condicionalidad. Además, el Banco no debe tolerar casos de proteccionismo oculto disfrazado como búsqueda de principios sociales universales, sobre todo en las polÃticas laborales. Cabe señalar que algunas medidas que aparentemente tienen como finalidad mejorar los aspectos sociales del desarrollo pueden de hecho constituir un impedimento a la inversión y, en consecuencia, dar lugar a un aumento de la pobreza. Este problema tiene especial importancia en estos momentos, en que los flujos de capital a las economÃas en desarrollo y en transición han descendido notablemente y, en algunos casos, han adquirido signo negativo. Capacidad financiera del Grupo del Banco Mundial Desde el primer momento hemos compartido la preocupación por la necesidad de mantener en un nivel adecuado la capacidad de riesgo del Banco, expresada por sus coeficientes de endeudamiento. Estamos agradecidos a la administración y, de manera personal, al Presidente Wolfensohn por su constante atención a este importante problema. Los recientes estudios analÃticos realizados por el Banco y los resultados de los debates del Directorio nos han indicado claramente los efectos que las futuras crisis de multiplicación de los préstamos no productivos podrÃan tener en la rentabilidad del Banco y en su capacidad de desempeñar un papel activo en el desarrollo y de participar en la resolución de las crisis de los paÃses y regiones en situación difÃcil. Valoramos el hecho de que el grupo de expertos independientes haya aprobado esta metodologÃa y los principales resultados analÃticos. Teniendo en cuenta la actual inestabilidad económica de los paÃses en desarrollo y de las economÃas en transición, junto con la reducción de los flujos de capital privado y la intensificación de la inestabilidad polÃtica en algunas regiones importantes, el fortalecimiento de la capacidad de riesgo del Banco y el mantenimiento de su sólida solvencia crediticia deben constituir una prioridad absoluta para todos los accionistas responsables. Al mismo tiempo, el logro práctico de este objetivo supone algunas decisiones complejas en lo que se refiere a la determinación de la dinámica adecuada y la estructura de activos del Banco, la generación y asignación de los ingresos, asà como el aumento del capital desembolsado. Una combinación de estas medidas basada en el principio de distribución equitativa de la carga serÃa una manera adecuada de resolver la necesidad de mantener la estabilidad financiera del Banco. Esta estrategia corresponderÃa al carácter cooperativo de la institución y garantizarÃa el consenso necesario entre los accionistas. Ninguna solución asimétrica puede considerarse como realista ni sostenible a largo plazo. Estamos firmemente convencidos de que este enfoque basado en el consenso impedirá que se repita la situación creada durante la votación sobre los préstamos y la asignación de los ingresos netos del ejercicio de 1998, que dio lugar a una importante división entre los paÃses prestatarios y no prestatarios. En las condiciones actuales, estos acontecimientos serÃan especialmente inaceptables, dada la enorme importancia de mantener la alta calificación crediticia del Banco. En este sentido, creemos que no está justificada la referencia a la necesidad de dar más relieve al elemento de subvención implÃcito en el financiamiento del Banco, cuantificado en forma de simple diferencia entre las tasas de interés de mercado y los recargos del Banco en concepto de préstamo. Este enfoque resulta especialmente dudoso cuando se aplica en condiciones de crisis caracterizadas por el fuerte deterioro del acceso de los paÃses prestatarios incluidos los que mantienen la estabilidad macroeconómica y se muestran fieles a la reforma estructural– al mercado de capitales internacionales. DesearÃamos hacer hincapié en que la inestabilidad del acceso a los mercados de capital es una de las caracterÃsticas estructurales de los paÃses en desarrollo, debido a su solvencia marginal y a la impresión de riesgo que provocan en los posibles prestamistas. Si bien los paÃses desarrollados pueden compensar el deterioro de su situación económica solicitando empréstitos del mercado, esa opción resulta muy difÃcil y hasta imposible para los paÃses en desarrollo. Este factor puede agravar notablemente los problemas de salida de recursos y profundizar la recesión. Creemos que la naturaleza y mandato del Banco no le permiten adoptar un comportamiento "procÃclico", caracterÃstico de los prestamistas del sector privado. De lo contrario, lo lógico serÃa fijar los recargos en concepto de préstamo de acuerdo con la calificación crediticia de los prestatarios soberanos o suprimir las actividades crediticias durante las crisis. Al mismo tiempo, respaldamos la idea de diferenciar los precios de los préstamos de acuerdo con la naturaleza del instrumento crediticio, quizá teniendo en cuenta las repercusiones de cada operación en la situación financiera del Banco y, por lo tanto, en su capacidad de ayudar a todos los prestatarios. Desde la última reunión del Comité para el Desarrollo, el Banco ha realizado progresos en este terreno concreto, lo que ha repercutido positivamente en su rentabilidad. Finalmente, apoyamos la continuación de las consultas entre los principales grupos de accionistas y la administración, lo que ayudarÃa a establecer un conjunto equilibrado y ampliamente aceptado de opciones para mantener y consolidar la capacidad financiera del Grupo del Banco Mundial. Futuro del Comité para el Desarrollo y el Comité Provisional Observamos con atención los debates sobre la nueva arquitectura financiera internacional. Sin ninguna duda, el Comité para Desarrollo debe ser en cualquier caso uno de los elementos más importantes de esta arquitectura, como lo es desde hace muchos años. Sin duda, la estructura concreta de este foro representativo deberá tener en cuenta toda una serie de requisitos muy importantes, no todos los cuales se pueden cumplir a plenitud. Es inevitable llegar a una forma de compromiso, y la principal tarea es definir un conjunto de principios a los que se deba atener el resultado final. En nuestra opinión, el Banco ha formulado acertadamente estos principios, en particular los siguientes: · un amplio mandato, que incluye la mayor parte de las cuestiones de desarrollo económico y financiero; · responsabilidad compartida de los paÃses de mantener la eficiencia del sistema financiero mundial; · diseño y estructura adecuados de las instituciones pertinentes; · representación y legitimidad; · eficacia y concentración en los problemas más importantes. Hay varias maneras de definir una organización especÃfica del Comité para el Desarrollo más en consonancia con los principios establecidos. No obstante, conviene no politizar esta cuestión –pues ello puede provocar interminables conflictos y divisiones– ni complicarla demasiado, pues podrÃa contribuir a aumentar todavÃa más la burocracia internacional. Además, una de las normas importantes y mejor conocidas del desarrollo de las instituciones es estudiar cuidadosamente la experiencia acumulada y materializada en las formas y tradiciones establecidas. Teniendo cuentas estos factores, nos inclinamos por la solución No. 3, que ha recibido el nombre de estructura "dual". Esta solución, como se ha observado acertadamente, no requerirá ningún procedimiento jurÃdico especial. Está en total conformidad con la práctica consagrada de los dos comités; en nuestra opinión, agilizará todavÃa más su labor y, por lo tanto, los hará más eficaces en este momento complejo y crucial. Marco integral de desarrollo Acogemos con satisfacción el nuevo enfoque integral del desarrollo. La Federación de Rusia sabe por experiencia que una insistencia excesiva en las medidas macroeconómicas a expensas de los aspectos estructurales, institucionales y sociales del desarrollo no es la mejor manera de conseguir un crecimiento sostenido. El desarrollo es un proceso muy complejo y delicado que no se presta a soluciones fáciles. Sólo con una profunda comprensión de sus mecanismos internos podemos conseguir resultados positivos sostenibles en lo que se refiere a los niveles de vida y la reducción de la pobreza. Otra caracterÃstica importante del planteamiento propuesto es su insistencia en los recursos intelectuales y polÃticos propios de cada paÃs para la formulación de una estrategia de desarrollo que se adapte especialmente a sus necesidades. Este programa, basado en un amplio consenso dentro del paÃs y respaldado por un grupo coordinado de donantes, es el que mayores posibilidades ofrece de promover mejoras radicales y sostenidas en la economÃa. Esperamos con sumo interés los resultados de la introducción del Marco integral de desarrollo en los paÃses donde se está aplicando de forma experimental. Esperamos también que, antes de que se puedan conocer plenamente cuáles son los resultados, algunos aspectos evidentemente útiles de la nueva ideologÃa se plasmen en las operaciones cotidianas del Banco Mundial. Asistencia a los paÃses que salen de un conflicto El Fondo y el Banco tienen un considerable acervo de instrumentos disponibles para ayudar a los paÃses que salen de conflictos armados. Entre ellos figuran los préstamos para fines de ajuste estructural, la asistencia de emergencia, la Iniciativa para los PPME, las donaciones de la AIF y las operaciones especiales del BIRF. Por desgracia, en la práctica esos instrumentos muchas veces son insuficientes debido a las peculiaridades de los paÃses que salen de un conflicto. Además, muchos de esos paÃses tienen atrasos con los acreedores multilaterales y bilaterales. Por esa razón, nos complace observar los ininterrumpidos esfuerzos del Fondo y el Banco para encontrar la manera de incrementar su ayuda a los paÃses más pobres que salen de conflictos, con especial atención a la cronologÃa de esa ayuda. Durante el tiempo transcurrido desde las últimas reuniones anuales ambas instituciones han realizado grandes avances en su comprensión del problema. Nos complace observar que ahora se reconoce en general la urgente necesidad de resolver el problema de la liquidación de los atrasos de forma coherente y coordinada, lo mismo que la necesidad de vincular la ayuda a los paÃses que salen de un conflicto y la Iniciativa para los PPME. Respaldamos los esfuerzos realizados para garantizar un flujo neto positivo de recursos hacia los paÃses que salen de un conflicto tanto antes como después de la liquidación de los atrasos, siempre que todos los indicadores de desempeño convenidos con el gobierno se cumplan debidamente. Respaldamos también las propuestas especÃficas formuladas por el Banco con el fin de mejorar la vinculación entre la asistencia después de un conflicto y la Iniciativa para los PPME. Al mismo tiempo, sigue habiendo algunos motivos de preocupación. Reafirmamos nuestro convencimiento de que sólo con medidas coordinadas de todos los donantes, tanto bilaterales como multilaterales, en el marco de un programa conjunto de rehabilitación con participación amplia y eficiente de todos los organismos internacionales se pueden conseguir resultados positivos. Toda medida unilateral del Banco o todo intento de recargarle con una responsabilidad desproporcionada serÃa inaceptable. El mecanismo financiero de los cambios propuestos en materia de polÃticas requiere un estudio más detallado. El análisis de los ingresos netos demuestra que después de asignar los fondos a las prioridades tradicionales (exención de intereses, AIF y PPME) no quedan recursos suficientes para sufragar esta nueva iniciativa. Por ello, no es probable que se puedan conseguir donaciones procedentes de los ingresos netos con destino a los paÃses en conflicto. De la misma manera, no respaldamos una utilización activa de las donaciones de la AIF con ese fin, sobre todo porque estos recursos son limitados. En nuestra opinión, la mejor forma de financiar las iniciativas iniciales después de un conflicto y de resolver el problema de la deuda externa serÃa mediante un fondo especial administrado por el Banco e integrado por contribuciones voluntarias de donantes bilaterales. Es preciso continuar estudiando los criterios de admisibilidad para la asistencia destinada a actividades de emergencia después de un conflicto. DesearÃamos evitar un enfoque basado en el estudio caso por caso y en relación con paÃses especÃficos, que puede hacer que el proceso de decisión sea vulnerable a los intereses polÃticos. Toda conclusión sobre el ofrecimiento de asistencia de emergencia en una situación posterior a un conflicto debe basarse en criterios claros, transparentes y reconocidos, orientados a la reducción de la pobreza y al desarrollo económico a largo plazo. Los últimos acontecimientos ocurridos en los Balcanes han demostrado que incluso los paÃses que no participan directamente en un conflicto pueden sufrir daños materiales considerables. En consecuencia, es necesario adoptar una concepción más amplia de las situaciones que se producen después de un conflicto y estudiar las maneras en que la comunidad internacional puede ayudar a las vÃctimas del mismo. PermÃtanme reiterar que concedemos gran importancia a la iniciativa de asistencia a los paÃses después de un conflicto y estamos dispuestos a examinarla en profundidad. Al mismo tiempo, deseamos mantener nuestras reservas sobre las posibles iniciativas que puedan poner en peligro la posición financiera del Banco y de sus programas de desarrollo. Cooperación del Banco Mundial con los bancos regionales de desarrollo En el informe sobre la cooperación con los bancos regionales de desarrollo presentado al Comité para el Desarrollo se ofrece una descripción detallada de los logros en ese importante terreno, se evalúa la experiencia acumulada y se señalan las tareas pendientes para el futuro. Estamos en total acuerdo con las evaluaciones y conclusiones básicas del documento. Un mecanismo muy útil para reforzar las relaciones entre los bancos multilaterales de desarrollo son las reuniones periódicas entre sus presidentes. Estos contactos ofrecen una buena oportunidad de articular una visión estratégica coherente de los desafÃos comunes e individuales de estas organizaciones. Además, estas reuniones entre presidentes demuestran al personal de sus respectivas organizaciones la necesidad de una cooperación más estrecha y de una asociación más firme en todos los niveles. Desde el punto de vista de los paÃses clientes, parece especialmente importante la necesidad de fomentar la cooperación de estos bancos sobre el terreno. En el informe se cita todo un cúmulo de ejemplos recientes sobre esta forma de cooperación en la labor analÃtica y operacional. DesearÃa hacer especial hincapié en el hecho de que, en las estrategias de los distintos bancos multilaterales de desarrollo para los respectivos paÃses, se insiste cada vez más en la colaboración con otros bancos semejantes. Los bancos internacionales de desarrollo están financiando también cada vez más proyectos y programas especÃficos. Al mismo tiempo, es evidente que los progresos conseguidos en el fortalecimiento de la cooperación entre Banco Mundial y los bancos regionales de desarrollo han sido hasta ahora limitados. Además, la experiencia ha arrojado resultados de distinto signo en algunas esferas de actividad y en determinados paÃses. Por encima de todo, en nuestra opinión, es imprescindible deshacerse de los elementos de competencia enconada y desconfianza mutua que se observan todavÃa ocasionalmente entre los bancos multilaterales de desarrollo. En calidad de miembro del Banco Mundial, del Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento y del Banco de Comercio y Desarrollo del Mar Negro, Rusia tiene sumo interés en mejorar la cooperación entre esas instituciones. Dicha cooperación es fundamental para nosotros en estos momentos, sobre todo para promover con la máxima urgencia posible la revitalización del sector financiero y el desarrollo del sector real de la economÃa rusa. |