4 de april, 2007—En América Latina y el Caribe (ALC), los hogares, sobretodo los más pobres, solventan hasta 85% de los gastos de salud privada con dinero de su bolsillo, cifra bastante alta en comparación con el promedio de 72% desembolsado por los usuarios de países de Europa y la OCDE (Organización de Cooperación y de Desarrollo Económicos). En la actualidad, después de dos décadas de reformas en el sector de la salud, los hogares de la región de América Latina y el Caribe aún se encuentran sobreexpuestos a las consecuencias de enfermedades que los pueden obligar a reducir el presupuesto destinado a otras necesidades básicas e incluso dejarlos en la pobreza. El libro –“Beyond Survival: Protecting Households from Health Shocks in Latin America”– se funda en datos empíricos de seis estudios de casos prácticos: Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Honduras y México. Después de aplicar un marco clásico de seguros de salud para examinar el comportamiento de los hogares frente a crisis financieras ocasionadas por enfermedad y otros eventos que afectan la salud, los autores concluyen que los hogares latinoamericanos están sobrecargados con gastos de diversa índole y carecen de un acceso suficiente a programas que les permitan disminuir los riesgos de caer en situación de pobreza. “El gasto público en atención de salud es bajo en la mayoría de los países de la región y por ende, el gasto privado –particularmente gastos que los hogares pagan de su bolsillo cada vez que necesitan servicios– es bastante elevado”, afirmó Truman Packard, economista del Banco Mundial y uno de los autores del informe. A pesar de que América Latina registró un crecimiento económico moderado de 5% en 2006 y avances importantes en la lucha contra la pobreza durante los últimos años, los ciclos normales de vida, tal como envecejer, y problemas de salud, minan el bienestar de las personas y pueden empobrecer hogares. Además de los costos de tratamiento, las familias también asumen el costo de la pérdida de tiempo de producción en el trabajo, junto con los costos de perder oportunidades debido a los días que deben pasar sin trabajar cuidando familiares enfermos. Esta combinación puede obligar a las personas y a sus hogares a reducir gastos de consumo que no están relacionados con la salud, situación que afecta en mayor medida a quienes ya se encuentran en situación de pobreza. Uno de los casos del estudio muestra que en Argentina, 5% de los hogares de variadas clases sociales, quedó bajo la línea de pobreza al menos durante tres meses en 1997 luego de incurrir en gastos de salud. En Chile y Honduras también se observaron resultados similares. Por otra parte, el 11% de los hogares de varias clases sociales de Ecuador registraron una situación similar en 2000. “El gasto total en salud representa 6,4% del producto interno bruto de América Latina y el Caribe, nivel que sitúa a la región como la que más gasta en salud después de los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos”, declaró Cristian Baeza, director interino de salud del Banco Mundial y otro de los autores del informe. El informe entrega cuatro conclusiones útiles para las autoridades a cargo de formular políticas en la región de América Latina y el Caribe: Los gastos en salud solventados por los usuarios –y la pérdida de ingresos como resultado de una enfermedad– pueden empobrecer a los hogares latinoamericanos y hundir a las personas que ya son pobres en un círculo de miseria que trasciende a las generaciones. Las personas necesitan protección contra los costos, que podrían llegar a ser desastrosos, de la atención médica y la pérdida de ingresos debido a una enfermedad. Estos costos van a la par con la pérdida de ingresos como consecuencia del desempleo y como causa de la pobreza. En esta región, la cobertura conjunta de riesgos se ofrece principalmente a los trabajadores asalariados formales, quienes están cubiertos por mecanismos obligatorios públicos y cuasi públicos de cobertura. Es de máxima prioridad que la cobertura conjunta de riesgos cubra además al enorme y creciente sector laboral informal de ALC. Ello implica la necesidad de crear un mecanismo de colaboración para que los hogares que no se encuentran en situación de pobreza participen de un sistema de cobertura conjunta de riesgos que no esté vinculado a su lugar de trabajo o a la situación laboral de sus participantes.
“Los costos de salud están aumentando en todo el mundo y América Latina no es una excepción”, afirmó Guillermo Perry, economista jefe del Banco Mundial para la región de América Latina y el Caribe. A fin de reducir la brecha entre aportaciones y beneficios, el informe recomienda a las autoridades a cargo de formular políticas desvincular el financiamiento de cobertura conjunta de riesgos de la condición del trabajador, evitar el uso de impuestos sobre la nómina, reducir el costo de las aportaciones y aumentar los beneficios para todos los involucrados. |