Los altos índices de delincuencia y violencia amenazan el crecimiento y la prosperidad del Caribe

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3 de mayo, 2007—Los altos índices de delincuencia y violencia en el Caribe están socavando el crecimiento, amenazando el bienestar humano e impidiendo el desarrollo social, según indica un nuevo informe publicado hoy por el Banco Mundial y la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD).
La delincuencia afecta los negocios y constituye un obstáculo mayor para las inversiones. En varios países, el aumento en la delincuencia está provocando una disminución del acceso a financiamiento, un aumento en el gasto en medidas formales e informales de seguridad y una disminución en la productividad laboral. En este sentido, los cálculos indican que si el Caribe redujera en una tercera parte la tasa actual de homicidios, podría aumentar en más del doble su tasa de crecimiento económico per cápita.

Como lo indica el informe “Delincuencia, violencia y desarrollo: tendencias, costos y opciones de políticas públicas en el Caribe”, las tasas de homicidios de la región superan a todas las demás regiones del mundo, mientras que las tasas de agresiones son considerablemente más altas que el promedio mundial. El principal factor que explica los índices tan altos es el tráfico de drogas, actividad que obliga a desviar recursos de otras actividades importantes hacia la justicia penal, aumenta y arraiga la violencia, socava la cohesión social y contribuye a la amplia circulación de armas de fuego en la región.

“El informe muestra claramente que la delincuencia y la violencia son problemas que afectan el desarrollo. Los donantes y los países de la OCDE necesitan trabajar en conjunto con los países del Caribe para reducir los niveles actuales de la región”, indicó Carolina Anstey, directora del Banco Mundial para el Caribe. “Algunos de los factores que hacen que los países del Caribe sean más vulnerables a la delincuencia y la violencia, principalmente el comercio de estupefacientes y el tráfico de armas, requieren una respuesta que trasciende las fronteras nacionales e inclusive las regionales”.

El informe del Banco Mundial y la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD) incluye información proporcionada por gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y profesionales de la región, y presenta un análisis detallado del impacto que genera la delincuencia y la violencia tanto a nivel nacional como regional. Además, proporciona información acerca de enfoques fundados en prácticas ejemplares obtenidos a partir de experiencias internacionales y ofrece medidas y recomendaciones concretas en materia de estrategias de prevención y reducción de la delincuencia.

“Aunque no existe un enfoque ‘ideal’ para prevenir la delincuencia y la violencia, intervenciones como los proyectos de mejoramiento de barrios marginales o de tugurios, iniciativas de desarrollo juvenil y reformas del sistema de justicia penal, pueden contribuir a reducir este flagelo”, indicó Francis Maertens, director de la división de análisis de políticas y relaciones públicas de la ONUDD.

El informe sostiene que:

Los países del Caribe son lugares de tránsito y no productores de cocaína, por lo cual la intercepción debe complementarse con otras estrategias fuera de la región: principalmente, exigiendo la reducción en los países consumidores y la erradicación y/o alternativas de desarrollo en los países productores.

La posesión de armas es el resultado del comercio de estupefacientes y, en algunos países, de la actividad política y de las comunidades vinculadas a los partidos políticos. Si bien es difícil reducir la posesión de armas, algunas iniciativas tales como mejorar los registros, las marcas y el seguimiento de las armas pueden ayudar. Asimismo, lo puede hacer la intercepción de armas en los puertos. Las políticas también deberían centrarse en limitar la disponibilidad de armas de fuego y proveer alternativas significativas para los jóvenes.

Las muertes y las lesiones producto de la violencia juvenil constituyen una gran amenaza para la salud pública y el progreso económico y social del Caribe. La juventud está desproporcionadamente representada tanto entre las víctimas como entre los perpetradores de delitos y situaciones violentas en la región.

A pesar de que el típico deportado caribeño no está involucrado en actividades criminales, una minoría puede estar causando graves problemas, tanto a causa de su participación directa en estas actividades como al proyectar un modelo de conducta perjudicial para los jóvenes. El informe recomienda que se ofrezcan más servicios para reintegrar a los deportados y que los países que deportan contribuyan al financiamiento de estos programas.

En general, existe una excesiva dependencia en el sistema judicial penal para combatir la delincuencia en la región. Además, se debe reconocer que cierto tipo de delincuencia, por ejemplo el crimen organizado y el tráfico de drogas y de armas de fuego, suele ser inmune a las iniciativas de prevención ya que su control requiere de un sistema penal eficiente. Entre las prioridades urgentes para mejorar el sistema penal de la región están: desarrollar sistemas de información para la administración, hacer seguimiento del desempeño del sistema de justicia, fiscalizar los programas de reforma y aumentar la responsabilidad y transparencia ante los ciudadanos.

Varios países están invirtiendo cada vez más en la prevención de delitos, por ejemplo mediante enfoques como los programas integrados de seguridad ciudadana, la prevención de la delincuencia mediante el diseño del entorno y una estrategia de salud pública centrada en los factores de riesgo del comportamiento agresivo. Estos enfoques alternativos tienen posibilidades de reducir considerablemente los delitos contra la propiedad y la violencia interpersonal.

La violencia juvenil es un problema especialmente grave en la región y en muchos países, las tasas de homicidio juvenil son significativamente superiores al promedio mundial. Para abordar los temas de violencia juvenil en el Caribe, las autoridades responsables de formular políticas deben invertir en programas que han probado ser fructíferos luego de exhaustivas evaluaciones, por ejemplo: i) programas de mentores y desarrollo de la primera infancia; ii) intervenciones para mantener a los jóvenes de alto riesgo en la escuela secundaria; y iii) apertura de las escuelas fuera del horario de clases y durante los fines de semana para ofrecer actividades y capacitación adicional.

Varios de los problemas que enfrenta el Caribe trascienden las fronteras nacionales y necesitan una respuesta coordinada a nivel regional e internacional. La demanda de drogas proviene de Europa y Estados Unidos; los deportados son enviados de regreso a la región desde Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá; y muchas de las armas que se trafican son traídas desde Estados Unidos.

La delincuencia y la violencia no son inmutables. Si bien es cierto que el Caribe enfrenta serios desafíos, especialmente en las áreas de las drogas, las armas y la violencia juvenil, políticas sensatas y cónsonas a nivel nacional, regional e internacional pueden lograr una significativa diferencia.




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