El acceso a la educación no es suficiente: lo esencial es el aprendizaje

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Washington, DC, 17 de octubre de 2007 —  En América Latina y el Caribe, casi todos los países han logrado que la mayoría de los niños ingresen a la escuela primaria y han aumentado la matrícula de la secundaria y la educación superior.

Desde la década de los noventa, prácticamente todos los países de la región han experimentado con pruebas nacionales normalizadas, con resultados variados. En algunos casos, como en APRENDO (pdf) en Ecuador o PRONERE i (pdf) en Guatemala, los programas de evaluación fueron financiados por organizaciones internacionales, pero pronto dejados de lado al terminarse el financiamiento externo. En otros casos, los países han dado mucha importancia a la ejecución y promoción de las evaluaciones nacionales, las que a su vez se han aplicado de manera regular y así han influido en la formulación de las políticas educacionales. 

Sin embargo, y a pesar de que el gasto promedio en educación en la región, pasó de 2,7% del Producto Interno Bruto (PIB) en 1990 a 4,3% en 2003, algunos países de la región se han quedado atrás en relación a otras naciones de ingreso medio y alto. En 1960, América Latina, Asia Oriental, los países escandinavos y España tenían niveles de instrucción similar, pero en 2005 América Latina y el Caribe se encontraba retrasada en cuanto a la cantidad de niños que completaban 12 años de educación.

De acuerdo al estudio Mejorar el aprendizaje de los estudiantes en América Latina: El desafío del siglo XXI, la calidad de la educación en los países de América Latina y el Caribe podría tener un impacto mayor en el desarrollo económico que la cantidad de años de estudio; por ello, mejorar el nivel de aprendizaje de los estudiantes es el mayor desafío en materia educativa que enfrenta la región. Además indica que son muchos los países de la región que por alcanzar la matrícula universal para la educación primaria han dejado atrás otras metas como mejorar el nivel de aprendizaje. El informe indica que los países de la región se encuentran entre los que tienen los puntajes más bajos en las evaluaciones internacionales de las competencias de los estudiantes, con un alto porcentaje de estudiantes que alcanza niveles de competencia por debajo del mínimo en todas las materias.

Escuela rural en Paraguay

Escuela rural en Paraguay.
Foto: Heriberta Meza.

Uno de los resultados más interesantes del estudio tiene que ver con la disparidad de logros entre un estudiante y otro, y como ello es un indicador de la gran desigualdad en los resultados del aprendizaje que se produce entre estudiantes provenientes de diferentes trasfondos, algo muy común en varios países de la zona. Si bien los estudiantes pobres y pertenecientes a minorías de la región tienen más probabilidades de obtener puntajes inferiores a los de niveles socioeconómicos más altos, lo cierto es que las mayorías étnicas/raciales y económicamente favorecidas de la región obtienen resultados inferiores a aquellos de los estudiantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en las evaluaciones internacionales. Esta situación hace desvanecer el mito de que los estudiantes más privilegiados de la región obtienen una educación de buena calidad.

Escuela rural en Nicaragua

Escuela rural en Nicaragua.
Foto: Arne Hoel.

“América Latina se encuentra en la particular situación de tener niveles relativamente normales de desigualdad en materia de educación junto con elevados niveles de desigualdad de ingresos”, aseguró Pamela Cox, vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe. “Si bien los países de la región han ampliado su educación y brindan acceso equitativo a las oportunidades de aprendizaje a la mayoría de los niños, persisten las desigualdades en los ingresos, el subdesarrollo y la pobreza”.

Mejorar el aprendizaje de los estudiantes en América Latina: El desafío del siglo XXI indica que la calidad de la educación puede influir mucho más en el crecimiento que la cantidad de años estudiados, pues distintos análisis y datos apuntan cada vez más a que la calidad de la educación, y no sólo la cantidad, puede ser la responsable de perpetuar las desigualdades en los ingresos y que, a la inversa, también podría mitigarlas. Los efectos de la calidad de la educación, evidenciados por las calificaciones obtenidas en evaluaciones internacionales, son mucho más marcados que los efectos que produce la cantidad.

Según el documento, para que la calidad de la educación se traduzca en mayores ingresos a nivel de los individuos y en mejores tasas de crecimiento económico para los países, es necesario un entorno económico y laboral apropiado  una teoría de acción respecto de la entrega de la educación y una clara armonización de los roles y responsabilidades de todos los participantes en el sistema educacional para garantizar la calidad de la educación.




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