El Ãndice de precios de la población pobre muestra que, en la mayorÃa de los paÃses, los pobres deben hacer frente a una inflación que es cerca de tres puntos porcentuales más alta que la tasa general.
Los datos de una encuesta por hogares indican que la vasta mayorÃa de las personas en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua son consumidores netos de la canasta de productos alimenticios básicos.
Mientras las familias recurren a estrategias privadas de gestión de riesgos, los programas públicos de protección social permiten garantizar un nivel mÃnimo de bienestar en caso de crisis de precios o de otro tipo.
Debido a cuatro razones, toda evaluación del impacto del precio de los alimentos en los pobres debe ir más allá del análisis de las tendencias mundiales. En primer lugar, las polÃticas de precios de los gobiernos, las restricciones comerciales, los costos de transporte y los oligopolios, influyen en el hecho de que los cambios en el precio mundial de los productos básicos no se traduzcan automáticamente en tendencias similares en el precio local de los alimentos.
En segundo lugar, el efecto del alza del precio de los alimentos varÃa conforme a la dieta tÃpica de cada paÃs, de modo que los análisis deben hacerse sobre la base de datos especÃficos locales.
En tercer lugar, al interior de cada paÃs las personas pobres gastan en alimentos una mayor proporción de su ingreso total que los ciudadanos promedio. Por consiguiente, los cambios en el precio de los alimentos les afectan más profundamente.