Abril, 29, 2009 —Para Yarlis Miranda, cocinar para su marido y sus seis hijos solía ser una tarea muy pesada. “Cuando llegué a vivir aquí debía cocinar con leña en el suelo y era muy incómodo”, dice la joven madre de Repelón, en la costa caribeña de Colombia. “Era especialmente difícil cuando estaba embarazada, porque debía armar el hornillo en el suelo”. Yarlis explica que el humo infectó sus ojos varias veces y que su hija de dos años debió recibir tratamiento por una reacción alérgica causada por el mismo humo. Una alternativa a la leña es el gas natural, que se encuentra en abundancia en Colombia y es más seguro, barato y menos dañino para el medio ambiente que los otros combustibles que se usan para cocinar. Aunque el gobierno comenzó a subsidiar el consumo de gas para que los consumidores de menos recursos puedan pagarlo, muchos hogares todavía recurren a fuentes de energía peligrosas y menos eficientes. La razón es que la conexión residencial a este combustible es carísima: más de US$370 por hogar. La Asociación Mundial para la Asistencia Basada en los Resultados (GPOBA, en inglés), administrado por el Banco Mundial, se asoció con la Fundación Promigas, institución sin fines de lucro creada para ayudar a las familias de bajos ingresos a aprovechar los beneficios de este combustible natural. En conjunto, sentaron las bases de un proyecto destinado a llevar nuevas conexiones de gas natural a unos 35.000 hogares pobres en las regiones sudoccidental y caribeñas del país. GPOBA apoyó el proyecto con una donación de US$5,1 millones de la IFC y el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido, mientras que Fundación Promigas lo coordinó. La ejecución estuvo a cargo de cuatro compañías distribuidoras de gas regionales: Gases del Caribe, Surtigas, Gases de La Guajira y Gases de Occidente.  Las hijas de Yarlis crecen sanas con el proyecto. |
Subsidios de conexión “La situación de Colombia, donde las familias podían costear las cuentas mensuales pero no las tarifas de conexión, se prestaba para aplicar subsidios excepcionales basados en los resultados”, explica Cledan Mandri-Perrott, gerente del Banco Mundial para el proyecto. El proyecto de GPOBA entrega un subsidio de conexión de US$141 por hogar, equivalente al 38% del costo involucrado. Sin embargo, muchas familias no podían pagar de inmediato los US$229, de modo que las compañías regionales de distribución ofrecieron un plan de financiamiento a seis años. “El subsidio de GPOBA fue pensado para darle viabilidad económica a cada conexión, pero también requería que las familias beneficiarias hicieran un aporte financiero”, señala Mandri-Perrott. “Fijar el monto adecuado fue fundamental para asegurar que los fondos llegaran a más familias y fomentó la pertenencia entre los beneficiarios”. Resultados concretos El enfoque basado en los resultados del proyecto vinculó el pago del subsidio de GPOBA a los siguientes servicios o “resultados” previamente acordados: • En cada nueva conexión se debía probar que el hogar pertenecía a uno de los dos estratos socioeconómicos más pobres de Colombia. • Certificación e inspección de las nuevas conexiones, las que debían tener potencia suficiente para una cocina a gas natural (que se entregaba sin costo adicional a cada una de las familias idóneas). • En cada nueva conexión, se debía probar que el hogar había recibido (y pagado) el servicio durante al menos tres meses. El subsidio recién se pagaba cuando la compañía regional de distribución había cumplido los anteriores requisitos y un agente verificador externo los comprobaba. Este enfoque basado en los resultados era nuevo para Promigas. “Aprendimos mucho acerca de los procesos utilizados por GPOBA para medir los avances de un proyecto de este tipo y de la necesidad de documentar los resultados”, comentó Aquiles Mercado, gerente de finanzas de Promigas. Buen ejemplo El proyecto operó a modo experimental y mostró un modelo factible de replicar por las compañías distribuidoras regionales de gas en toda Colombia con el fin de acelerar el acceso de los hogares pobres al gas natural por cañería. Al cierre en julio de 2008, 34.142 hogares de ingresos bajos contaban ya con conexiones de gas natural y cocinas a gas y habían recibido al menos tres meses de servicios facturados. La conversión al gas natural para cocinar dio lugar a importantes ahorros en el gasto familiar entre los hogares participantes, además de mejorar las condiciones de seguridad e higiene. “Los efectos más importantes se dan en el ámbito de la salud”, dice Mercado, quien constató que la conexión de más familias al gas natural podría ayudar al gobierno a ahorrar dinero en el tratamiento de las infecciones respiratorias. Para Yarlis Miranda y su familia, la conexión rebajó las cuentas de energía y mejoró sus condiciones de vida. La mujer dice entusiasmada: “Ahora todas mis cacerolas y sartenes están limpias. ¡Es fantástico!” |