Cumbre de Durban: ¿Qué representa para América Latina?

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Washington, 14 de diciembre 2011- Los resultados de las negociaciones (i) de este mes sobre cambio climático en Durban, Sudáfrica, generan una plataforma para seguir avanzando en el corto y mediano plazo. Por un lado, los delegados de 194 países acordaron un paquete de medidas que podría forzar a todos los grandes contaminantes a adoptar un plan de acción vinculante para frenar el ritmo del calentamiento global para el año 2015.

Por otro, la comunidad internacional reconoció la urgente necesidad de hacer más para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, mantener el aumento de la temperatura media global por debajo de dos grados centígrados, y ayudar a los países en desarrollo a adaptarse a los efectos inevitables del cambio climático.

¿Pero qué significa esto realmente para América Latina y el Caribe?

Pese a que América Latina tiene una matriz energética limpia, y que proporcionalmente contribuye sustantivamente menos que otras regiones al cambio climático, sí es una de las zonas más afectadas por sus consecuencias. En este sentido, varios países de la región han demostrado con el ejemplo propio, un gran liderazgo para ser parte de la solución global que se requiere para llevar al mundo hacia una senda de desarrollo con baja emisión de carbono.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, afirmó que el clima es un asunto fundamental para las naciones y la humanidad. Brasil ya se comprometió por sí solo a unos ambiciosos objetivos voluntarios de reducir sus emisiones en 39% para 2020. Otros países latinoamericanos también asumieron promesas voluntarias, más notablemente México, Colombia, Chile y Costa Rica.

Según un estudio del Banco Mundial titulado Desarrollo con menos carbono: respuestas latinoamericanas al desafío del cambio climático, gracias a sus políticas innovadoras para promover un crecimiento con baja intensidad de carbono, América Latina produce sólo el 6% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en el sector energético y 13% si se toma en cuenta la deforestación y la agricultura. El nivel relativamente bajo de emisiones de América Latina se debe en gran medida a un extendido uso de energía hidroeléctrica.

No obstante, se prevé que esta situación cambie en los próximos 25 años, a medida que se expandan los sectores de transporte e industria en centros urbanos y peri-urbanos. De mantenerse las tendencias actuales, se proyecta que las emisiones de CO2 derivadas del consumo de energía en la región se incrementarán en un 33% per cápita (superior al promedio mundial de 24%) de aquí al 2030. De ser así, los ciudadanos de América Latina, en particular los que viven en condiciones de extrema pobreza, serán altamente afectados por los efectos del cambio climático.

Hacia un crecimiento verde

América Latina ha demostrado que está en condiciones de profundizar un desarrollo o crecimiento “verde”, que no implica otra cosa que generar alternativas energéticas limpias que también sean viables económicamente y que generen oportunidades de trabajo en industrias de avanzada.

“Las economías que logren ser más verdes, serán más competitivas en el futuro”, dijo Ede Ijjasz-Vásquez, director de desarrollo sostenible para América Latina y Caribe del Banco Mundial. Y agregó que gran parte de la evidencia de investigación indica grandes sinergias entre la eficiencia económica, la eficiencia en el uso de recursos y el menor impacto ambiental.

Por ejemplo, una mayor eficiencia energética a menudo ahorra dinero; una menor deforestación tiene beneficios sociales y ambientales; un mejor transporte público puede reducir la congestión y la contaminación local, y tener un efecto benefactor para la salud, la productividad y la calidad de vida mientras que la expansión de la energía renovable fuera de la red puede ayudar a cubrir la población rural que no tiene acceso a la electricidad.

Precisamente, un estudio realizado por el Banco Mundial, demostró que México podría ahorrarse la emisión de 15 millones de toneladas de dióxido de carbono entre 2008 y 2030 si el país empieza a mejorar la eficiencia en la iluminación residencial, comercial e industrial.

Fuentes alternativas de financiamiento

A pesar de que varios países de la región han expresado sus preocupaciones sobre la cantidad de dinero disponible para adaptarse a los efectos del cambio climático, la región puede aprovechar los mecanismos internacionales en la financiación de tecnologías de baja intensidad de carbono y crear nuevas ventajas comparativas.

En este sentido, la reunión de Durban logró algunos progresos en los detalles técnicos del Fondo Verde para el Clima, que fue acordado en principio en la conferencia de Cancún el año pasado, y espera recaudar US$100.000 millones para 2020. Los países latinoamericanos podrían beneficiarse del fondo para ayudar a la adaptación y a reducir sus emisiones.

A su vez, la iniciativa SIDS-DOCK (i), (por sus siglas en inglés) también lanzada en Cancún en el 2010 y que busca apoyar los esfuerzos de energía limpia por parte de las naciones insulares más pequeñas y más vulnerables del mundo, recibió en Durban un financiamiento adicional de US$15 millones por parte de Japón, lo que se suma a los US$14,5 millones de Dinamarca. Algunos de los proyectos apoyados por esta iniciativa ya están en marcha y apoyan especialmente al Caribe a través de estudios de viabilidad sobre energía renovable, así como sobre la interconexión de los mercados de electricidad de la región.

"Esta iniciativa ayudará a aumentar la independencia energética y crear capacidad de adaptación para estas naciones además de permitirles liderar y demostrar estrategias de mitigación innovadoras frente a las limitaciones de recursos", dijo Andrew Steer, enviado especial en temas de cambio climático del Banco Mundial.

Para ayudar a los países menos desarrollados a acceder al financiamiento para inversiones con baja emisión de carbono y permitirles aprovechar los mercados de carbono después de 2012, el Banco Mundial puso en marcha dos nuevas iniciativas financieras (i), la Iniciativa del Carbono para el Desarrollo (Ci-Dev, por sus siglas en inglés) y el tercer tramo del Fondo del Biocarbono. 

¿Y ahora qué?

Muchos observadores dicen que el acuerdo de Durban representa un paso hacia delante, pero duras negociaciones han de seguir en el horizonte cercano hasta alcanzar un acuerdo global.

Mientras tanto, el Banco Mundial seguirá trabajando para movilizar fondos de todas las fuentes y apoyar a la región en su transición hacia caminos de crecimiento más ecológicos, elaborando planes de desarrollo con bajas emisiones que ayuden a los pobres a salir de la pobreza, aumenten su capacidad de adaptación al cambio climático y logren reducir las emisiones.

Como complemento a las fuentes alternativas de financiamiento mencionadas arriba, el Banco Mundial ha puesto en marcha un nuevo portal sobre cambio climático (i) junto con el concurso “Aplicaciones para el Clima” (i) en busca de soluciones informáticas innovadoras que ayuden a resolver algunos de los problemas de desarrollo que plantea el cambio climático.  

El Banco Mundial financia actualmente 200 proyectos relacionados con cambio climático en América Latina y el Caribe con unos US$5.000 millones.