La transparencia y gobernabilidad forman parte de los elementos esenciales con los cuales un país debe contar para lograr el desarrollo equitativo y disminuir la pobreza. “ Estimamos que un país que mejora su gobernabilidad de un nivel relativamente bajo a un nivel promedio podría prácticamente triplicar los ingresos per capita de su población en el largo plazo, y así también reducir la mortalidad infantil y el analfabetismo” expresó Daniel Kaufmann, Director de Programas en el Instituto del Banco Mundial durante su participación en la “Semana de Transparencia y Valores Éticos ”, organizado por la Fundación para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), el Programa de Transparencia y Gobernabilidad de AID (TAG), la Fundación para el Desarrollo (FUNDE) y el Banco Mundial. En los últimos años, los países latinoamericanos han realizado avances en la aplicación de prácticas institucionales más transparentes. A pesar de esto, aún persisten algunos mitos sobre el tema de gobernabilidad y corrupción que deben ser analizados: Mito 1: La gobernabilidad y la lucha contra la corrupción son lo mismo. Existe una marcada tendencia a considerar ambas cosas como una misma. En realidad, la primera debe ser entendida como toda aquella situación en la cual existe el ejercicio una autoridad por el bien común. Contrariamente a la primera, la corrupción es “el abuso de la función pública en beneficio privado”.
Mito 2: No es posible medir la gobernabilidad y la corrupción. Hace algunos años esto no era posible, actualmente, el Banco Mundial y otras organizaciones elaboran indicadores de gobernabilidad agrupados en seis variables de medición: voz y rendición de cuentas, estabilidad política y ausencia de violencia, eficacia de gobierno, calidad regulatoria, Estado de Derecho y control de la corrupción.
Mito 4: La gobernabilidad es un lujo al que solo pueden acceder los países ricos. No es acertado sugerir que la corrupción obedece al bajo ingreso de los países. Algunas economías emergentes, han demostrado que es posible alcanzar altos niveles de gobierno pese a no haberse incorporado aún a las filas de las naciones ricas.
Mito 6: Los donantes pueden “aislar” proyectos en países y sectores sumamente corruptos. Los datos sugieren que ante la ausencia de un enfoque sistémico hacia la gobernabilidad, las libertades civiles, el imperio de la ley y el control de la corrupción, las probabilidades de éxito de un proyecto que recibe ayuda financiera se reducen enormemente.
Mito 9: Los países no pueden hacer mucho por mejorar la gobernabilidad. Los avances para mejorar la voz y la participación, así como, las reformas en busca de mayor transparencia, pueden ser particularmente eficaces.
Mito 10: No es mucho lo que pueden contribuir las instituciones financieras internacionales (IFI). Las iniciativas tendientes a fomentar la transparencia, los programas participativos de lucha contra la corrupción liderados por el país, la libertad de información y una prensa independiente, bien podrían estar dentro del ámbito de capacidades de las IFI y los donantes.
En términos generales, los países deben pensar más allá del acceso a la información. Es importante desarrollar el derecho de acceso a la información, partiendo de una aplicada transparencia y rendición de cuentas. Realizado por: Karla Ma. Villanueva |