La economía de género en México: familia, trabajo, Estado y mercado

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Ciudad de México, 10 de diciembre de 2002- De la parcela a la maquila y tanto en la escuela como en la oficina, la mujer mexicana ha realizado grandes avances en materia de equidad, pero aún deberá ganar la batalla en su propio hogar donde los roles tradicionales siguen limitando su acceso a un mercado laboral de calidad, señala un nuevo estudio del Banco Mundial.

La economía de género en México: trabajo, familia, Estado y mercado, una compilación de estudios sobre el tema presentado hoy conjuntamente con Nacional Financiera (Nafin) y el Instituto Nacional de las Mujeres, sostiene que los roles sociales tradicionales en el hogar tienen mayor influencia para determinar la actividad en el mercado laboral que el sexo de la persona, tanto para hombres como para mujeres.

"México ha hecho un progreso significativo en cerrar la brecha de género, especialmente entre los estudiantes de primaria y mujeres y hombres solteros", señaló María Correia, líder de la Unidad de Género del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, y una de las coordinadoras de la publicación. "Pero aunque los roles entre hombres y mujeres tienden a confluir cuando ninguno de los dos tiene dependientes, las obligaciones de la mujer en el hogar se convierten en su principal obstáculo para desarrollarse en un campo de trabajo bien remunerado".

Esto, sostiene la publicación coeditada conNafin y coordinada también por Elizabeth G. Katz, del St. Mary's College de California, debido a la relación existente entre el trabajo y la familia, en la cual las mujeres deben balancear por un lado las responsabilidades del matrimonio y los hijos así como el trabajo no remunerado, y por el otro, la educación formal, la participación en la fuerza laboral remunerada y la seguridad financiera independiente.

La participación femenina en el mercado laboral es de 37 por ciento que, aunque contrasta con el alrededor de 20 por ciento en los años ochenta, es reducida si se compara con el 79 por ciento de los hombres. Además, la tasa de participación de las mujeres varía del 25 por ciento para las casadas a 51 por ciento para madres solteras y hasta 69 por ciento para mujeres solteras sin hijos, encontrándose este último grupo mejor representado en el sector formal de la economía. De hecho, más del 62 por ciento de las mujeres solteras y sin hijos trabaja en grandes compañías y recibe prestaciones, mientras que 47 por ciento de los hombres solteros y 51 por ciento de los maridos tienen estas condiciones de trabajo.

En este aspecto, la educación es fundamental. La publicación señala que aunque se ha logrado la paridad en la asistencia de niños y niñas a la escuela primaria o en el total de años de escolaridad, todavía menos mujeres que hombres tienen acceso a la educación media superior y superior. Y el precio que las niñas pagan al dejar la escuela es mayor al de los niños, ya que la experiencia que adquieren en el trabajo infantil tiende a ser doméstico y no remunerado, mientras que el de los niños está más relacionado con la industria y los servicios, lo cual les servirá como "experiencia adquirida" en un futuro, permitiéndole encontrar empleos mejor remunerados que los de las mujeres.

En cambio, para aquellas que logran quedarse en la escuela, se abren nuevas y mejores oportunidades laborales. La mujer en áreas rurales que ofrecen educación secundaria y preparatoria, tiene más posibilidades de emplearse en trabajos de mano de obra calificada que sus contrapartes masculinas. Si bien su participación en el mercado laboral del campo es menor que en las ciudades, la nueva generación ofrece tendencias similares a la de los hombres, superándolos incluso en su duración en empleos fuera de la parcela, generalmente en el sector comercial e industrial o en otros trabajos remunerados en el sector servicios.

"La brecha generacional es sorprendente para las mujeres: las hijas que todavía viven en el hogar tienen casi siete veces más probabilidades de trabajar fuera de la parcela que sus madres", dijo Elizabeth G. Katz, coordinadora del libro junto con Correia. "Lo que no está claro es que las hijas puedan mantener su tasa de participación en la fuerza laboral una vez que formen sus propios hogares y enfrenten los roles tradicionales de cuidar y atender a la familia ellas solas".

Otro de los estudios de La economía de género en México: trabajo, familia, Estado y mercado sostiene que si bien el sector de las maquiladoras sigue siendo mayoritariamente femenino, cada vez más varones se integran a él. Así, la proporción de mujeres empleadas en el sector pasó de 78 por ciento en 1975 a 57 por ciento en 1998, estando desproporcionadamente concentradas en las industrias con sueldos y prestaciones más bajas como textiles y vestido, mientras que los hombres en la industria mejor remunerada de maquinaria y ensamblaje

Por otro lado, la publicación señala que si bien las mujeres de la tercera edad son sumamente dependientes de su condición de esposas, viudas o madres para recibir ingresos y atención médica, se encuentran mejor cubiertas por la seguridad social que las más jóvenes.

"El matrimonio y la orientación hacia la familia de las instituciones mexicanas que proporcionan pensiones y cobertura médica a los trabajadores formales, han sido un medio importante para que las mujeres mexicanas de la tercera edad alcancen un nivel de vida decoroso", afirman Correia y Katz.

Por todo lo anterior, Correia y Katz sostienen que las instituciones desempeñan un papel importante en el impacto de género en la vida de las personas, pues ya sea que estas pertenezcan al Estado o al mercado, los fenómenos demográficos y al nivel del hogar no determinan por sí solos la situación de las mujeres y los hombres en términos de capital humano, participación en la fuerza laboral y seguridad en la tercera edad.

Los apoyos públicos para promover la paridad en la educación son fundamentales, lo mismo que políticas públicas que reconozcan la interacción entre el matrimonio y los mercados laborales, ya que la combinación de los papeles de género en la familia mexicana -que asigna a las niñas y mujeres la responsabilidad primaria del trabajo doméstico no remunerado- y las características estructurales del mercado laboral, hace que para las mujeres casadas sea más difícil encontrar y mantener un empleo.

Asimismo, la publicación recomienda una mayor atención gubernamental a programas para mantener a las niñas en la escuela, atender su problema del trabajo doméstico "invisible", mayor capacitación de la mujer trabajadora y atender también diversos problemas de los niños, como la repetición y deserción escolar y su entrada prematura en el mercado laboral.

Los estudios compilados en La economía de género en México: trabajo, familia, Estado y mercado son resultado directo del interés del gobierno mexicano en los papeles y relaciones de género en el México actual, así como sus implicaciones en las políticas públicas, y se enmarca en el trabajo analítico sobre el tema que el Banco Mundial realiza para sus países clientes en América Latina y el Caribe.



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