Bajo una lluvia intensa llegamos a la Escuela Marco Aurelio Soto en la Aldea de San Fernando, departamento de Intibucá, para reunirnos con directivos de la Junta de Agua y el Patronato de San Fernando. Todos formamos parte de una misión del Banco Mundial para supervisar el Proyecto Hidroeléctrico La Esperanza.
En los alrededores de la escuela hay unas 92 casas en las que habitan aproximadamente 600 personas. La mayoría de los habitantes en la zona viven de la agricultura. Siembran papas, maíz o frijoles en lotes de tierra de poco más de 26.26 metros cuadrados. Algunos jefes de familia y madres solteras trabajan en la cabecera municipal como albañiles o como carpinteros. Es una vida muy dura la de estas personas que viven con menos de un dólar diario y que carecen de casi todos los servicios básicos. Durante la reunión el Presidente de la Junta de Agua y el Vicepresidente del Patronato se quejan de que el salario mínimo es muy bajo y que no alcanza para todas las necesidades. Sin embargo, el tema de ese día no es ese sino la luz eléctrica que recién acaba de llegar a la comunidad después de muchos esfuerzos y muchas gestiones producto de una exitosa sociedad público-privada que ha involucrado a la comunidad, la empresa privada y la empresa pública. En los países menos adelantados, a veces sucede que los habitantes de las comunidades esperan todo del gobierno. En este caso, los líderes comunitarios de San Fernando se movilizaron y obtuvieron una respuesta positiva tanto de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) y del Proyecto Hidroeléctrico La Esperanza. Decimos exitosa porque se ha logrado electrificar la mayoría de las casas de la comunidad lo que ha significado un ahorro para un buen número de familias que allí habitan. El gerente del Proyecto Hidroeléctrico La Esperanza, Ron Turner, es un hombre emprendedor proveniente del Canadá que ha dedicado una gran parte de su vida a crear la empresa energética ubicada en Intibucá cerca de la ciudad de La Esperanza. El proyecto produce energía eléctrica generada por la potencia hidráulica del Rió Intibucá que pasa por la propiedad de la empresa. A su vez la empresa vende la energía eléctrica a la ENEE que la capta en sus centros de distribución para repartirla a diversos sitios en el país. El proyecto en si es un proyecto bastante innovador en Honduras y en el mundo entero, no solamente porque es un proyecto pequeño que genera electricidad, sino también porque es un proyecto que recibe del Banco Mundial fondos provenientes de los bonos de carbono. Esto debido a que por cada vatio de energía eléctrica hidráulica que produce, evita la emisión de dióxido de carbono en la atmósfera de la tierra, que de lo contrario se emitiría por empresas térmicas. Las emisiones de dióxido de carbono han estado en el eje de una de las más recientes controversias en el mundo. Se ha demostrado científicamente que las emisiones de carbono son la principal causa del incremento en las temperaturas terrestres lo que a su vez esta ocasionando el deshielo de los glaciares e inundaciones en diversas zonas del planeta. Debido a ello alrededor de unos 175 países del mundo firmaron el Protocolo de Kyoto a partir del cual acordaron llevar a cabo esfuerzos para incentivar la disminución de las emisiones de carbono a través del Mecanismo para un Desarrollo Limpio o MDL. Para tal fin se han diseñado varios mecanismos que contribuyen a la sostenibilidad de esfuerzos como el Proyecto Hidroeléctrico La Esperanza que recibe una compensación en bonos de carbono por cada vatio que produce. Los países receptores de las inversiones de proyectos (Honduras en este caso) se benefician debido al aporte al desarrollo sustentable que estos proyectos deben hacer. Los proponentes de proyectos MDL, además de los eventuales "créditos de carbono", obtienen beneficios adicionales, entre otros, la transferencia de tecnologías más limpias y el acceso a nuevos mercados. A su vez, el proyecto Hidroeléctrico La Esperanza asumió -con apoyo del Fondo para el Desarrollo Comunitario del Banco Mundial- algunos compromisos sociales con las comunidades en el área de influencia del proyecto. San Fernando es una de las comunidades que el proyecto seleccionó para apoyar en la obtención de energía eléctrica debido a su excelente organización. Además los han apoyado en la reforestación de la fuente que abastece de agua a la comunidad y les han proporcionado las plantas y la asistencia técnica necesaria para sembrar un bosque de pinos que hoy protegen todos los habitantes. El Proyecto Hidroeléctrico La Esperanza apoyó a las familias de San Fernando que podían pagar por los gastos de instalación a colocar los postes, gestionar el alumbrado de las calles y la bajada a sus casas. Esa actividad tiene un costo elevado aproximado de US$ 157 por casa. El vicepresidente del patronato nos dice que en total la comunidad gasto US$ 42,000 para obtener la energía eléctrica. Sin embargo, algunas familias no han podido pagar los costos del alambrado eléctrico al interior de sus casas y el costo de la obra de conexión y se han quedado sin luz. Xiaopin g Wang, Gerente del Proyecto, discute con los representantes del Patronato y la Junta de Agua opciones viables para que las familias que aún no han sido conectadas puedan obtener financiamiento de micro-crédito para pagar por los gastos de electrificación. Concluyen que es posible que asuman una deuda de alrededor de 100 lempiras mensuales con un banco o una cooperativa para cubrir esos gastos. Algunos están ansiosos por concretar esa solución pero deben esperar a que la alternativa se concrete. Se nota que la gente esta orgullosa de su esfuerzo y de sus logros pero no quieren dejar por fuera las familias que aún no han podido electrificar sus casas. Las familias en San Fernando que gastaban aproximadamente ciento cincuenta lempiras mensuales en candelas y baterías para alumbrarse y escuchar la radio hoy gastan alrededor de sesenta lempiras en el pago de la energía eléctrica. Esto ha significado un ahorro importante para las familias que en su mayoría son pobres. Así como se han apoyado las familias de San Fernando el proyecto también ha brindado apoyo a una escuela que queda cerca de la represa y las familias de alrededor.
Los proyectos de energía renovable tales como el Proyecto Hidroeléctrico La Esperanza son de mucho interés para el Banco Mundial y para el mundo entero. Asimismo el Banco Mundial también esta explorando nuevas formas de ofrecer mecanismos de financiamiento innovadores que den asistencia para mitigar, adaptar y lograr la penetración rápida de innovaciones tecnológicas. Actualmente el Banco Mundial esta gerenciando 10 fondos de carbono y facilidades financieras que andan alrededor de los 2 billones de dólares para 66 empresas privadas y 16 gobiernos.
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