Panel sobre “Democracia mundial:
La lucha por los derechos polÃticos y civiles en el siglo XXIâ€
Miércoles, 25 de junio de 2008
 12.00 a 14.00 h
Banco Mundial / Auditorio JB1-080
PRESENTA EL AUTOR
Didier Jacobs
Asesor especial del Presidente, Oxfam America
PARTICIPAN
Ann Florini
Directora del Centro sobre la Globalización en Asia, Universidad Nacional de Singapur, y profesora invitada del Programa de estudios de PolÃtica Internacional, Brookings Institution
Amar Bhattacharya
Director, SecretarÃa del G-24 MODERA
John Garrison
Especialista superior en sociedad civil, Equipo de Sociedad Civil, Banco Mundial
La presentación del libro estuvo copatrocinada por el Infoshop y el equipo de Sociedad Civil del Banco Mundial, y Oxfam America. Se inició con una breve introducción a cargo de John Garrison, que dio la bienvenida a los participantes y agradeció a Oxfam America por haber auspiciado la sesión. Asimismo, señaló que su propia experiencia de haber crecido en Brasil y haber trabajado con la sociedad civil antes de unirse al Banco hace que se sienta muy identificado con la premisa básica del libro: que es necesario reforzar la participación y representación de los ciudadanos en instituciones internacionales como el Banco Mundial. Didier Jacobs realizó una breve presentación de los contenidos del libro. En él se destacan tres tendencias de gobierno mundial: globalización, crecimiento de los paÃses emergentes (por ejemplo, China, India, Brasil) y aumento del “cosmopolitismo†y la ciudadanÃa mundial. Estas tendencias se ven permanentemente socavadas por la acción del nacionalismo que continúa avivando las desigualdades entre norte y sur, las tensiones regionales y los conflictos nacionales. En el decenio de 1990 se observó un aumento del multilateralismo con el activismo de la Organización Mundial del Comercio, la firma del Protocolo de Kyoto y la creación de la Corte Penal Internacional, pero este Ãmpetu fue decreciendo durante la presente década. |  |
Lo popular hoy en dÃa son las iniciativas mundiales —interesantes pero fragmentadas— como la responsabilidad social de las empresas, los foros de múltiples interesados (por ejemplo, la Iniciativa para la transparencia de la industria extractiva) y las asociaciones público-privadas, que se basan en normas voluntarias para su gestión. No obstante, cuestiones como el cambio climático y la crisis de los alimentos no pueden manejarse simplemente con normas voluntarias. Se necesita la intervención del gobierno.
El problema subyacente es que las organizaciones intergubernamentales enfrentan cada vez más dificultades para lograr el consenso cuando aumenta el número de Estados con poder real. Además, existe un “déficit democrático†a nivel mundial, ya que ciertos ciudadanos no tienen voz ni voto en las decisiones que se toman en ese plano, aun cuando estas decisiones influyen en gran medida en su bienestar. Si bien hemos logrado cumplir la premisa “un ciudadano, un voto†a nivel nacional en la mayorÃa de los paÃses, en el ámbito internacional el poder está principalmente en manos de los más fuertes, económica o militarmente. Incluso el enfoque “un paÃs, un voto†practicado por las Naciones Unidas presenta problemas, puesto que no considera el tamaño de la población y la participación ciudadana. Las decisiones sobre polÃticas públicas mundiales deberÃan adoptarse por mayorÃa de votos, siguiendo el principio de “una persona, un votoâ€, lo cual incrementarÃa tanto la eficiencia como la legitimidad del proceso. Esta inclinación hacia el modelo de “una persona, un voto†podrÃa producirse paulatinamente durante el siglo XXI; en el libro se describe este proceso. Ann Florini comenzó la deliberación diciendo que, aunque está de acuerdo con las tres tendencias a largo plazo señaladas en el libro, no cree que los dos nuevos participantes —la clase media y las elites de todo el mundo— se hayan comprometido a reducir el déficit democrático a nivel mundial. Tampoco se mostró convencida con la premisa básica del libro, que las estructuras de gobierno mundial no están en equilibrio y son ineficaces. Si bien es innegable que los problemas inminentes requieren mejores mecanismos para la creación de consenso, no debemos olvidarnos de los logros alcanzados por instituciones como las Naciones Unidas y el Banco Mundial. SerÃa también un error proponer la creación de una suerte de “liga de las democraciasâ€, como lo han hecho recientemente algunos lÃderes mundiales, que excluirÃa a paÃses como China o Rusia, porque esto podrÃa llevar a mayores tensiones y una falta de consenso en torno a los principales desafÃos que enfrenta el planeta. Amar Battachrya, reflejando el punto de vista de los gobiernos emergentes, comenzó diciendo que se identificaba profundamente con la premisa del libro, es decir, que las estructuras de gobierno mundial, como las instituciones de Bretton Woods, están desequilibradas y que el poder se orienta hacia los paÃses ricos. Esto ha llevado a una gestión de gobierno mundial disfuncional en una época en que problemas mundiales como el cambio climático y la crisis energética requieren que la clase media y los paÃses pobres tengan una participación más importante en las decisiones sobre cómo solucionar estos problemas. Existen al menos dos formas de proceder en la reforma de las instituciones mundiales: una reforma gradual, mediante la cual el G-8, por ejemplo, se ampliarÃa para incluir a las potencias emergentes, o una reforma más estructurada de voto y representación en las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el FMI.
 | El debate que se planteó a continuación aportó distintas opiniones sobre las alternativas “idealistas†y “pragmáticas†para mejorar el gobierno mundial. Una sugerencia fue recompensar a los paÃses por su buen comportamiento en la promoción del desarrollo, tanto en el ámbito nacional como internacional, utilizando los indicadores de desarrollo humano de las Naciones Unidas como criterio para asignar la cantidad de votos en las instituciones mundiales. |
Un participante recordó a la audiencia que los paÃses en desarrollo eran responsables del 75% del crecimiento mundial y, en consecuencia, debÃan tener magnitudes proporcionales de poder de decisión en las instituciones mundiales. Otro participante propuso que se tomara como criterio el tamaño de la población para determinar la cantidad de votos, ya que un paÃs de más de 1.000 millones de personas no deberÃa tener los mismos votos que uno con menos de un millón de habitantes. Para conocer más sobre el libro, vea www.global-citizens.org i Podcasts: Partes 1 y 2 i |