Mesa redonda de las OSC sobre la volatilidad de los precios de los alimentos

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El presidente del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, fue el anfitrión de la mesa redonda de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) sobre la volatilidad de los precios el 14 de abril, en vísperas de las Reuniones de Primavera de 2011. Fue la séptima mesa redonda sobre este tema del Banco Mundial y las OSC desde marzo de 2008 y reunió a representantes de unas 80 OSC y directivos superiores del Banco, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las Naciones Unidas (ONU) para debatir el reciente aumento de los precios de los alimentos que están alcanzando niveles peligrosos, lo que pone en riesgo a decenas de millones de pobres en todo el mundo. El respectivo índice proyectado por el Banco Mundial subió 15% entre octubre de 2010 y enero de 2011, 29% por sobre su nivel del año anterior y solo 3% bajo su nivel máximo, alcanzado en 2008. El Banco Mundial calcula que dichas alzas han llevado a unos 44 millones de personas a la pobreza desde junio pasado. El propósito de esta sesión fue discutir el impacto de la volatilidad de los precios de los alimentos, además de analizar las iniciativas destinadas a abordar la inseguridad alimentaria en los países en desarrollo.

La sesión fue copresidida por Ray Offenheiser (presidente de Oxfam/America) e Inger Andersen (vicepresidenta de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial). Se incluyeron dos videos breves - "Aumento de precios de los alimentos – Cerca de 1.000 millones de personas padecen hambre" y "Promoción de la seguridad alimentaria en Togo y Rwanda mediante el Programa Mundial para la Agricultura y la Seguridad Alimentaria (GAFSP, por sus siglas en inglés) " – que hacen hincapié en el impacto de la inestabilidad de los precios en los ciudadanos de los países en desarrollo. A continuación se ofrece un resumen de las observaciones de los panelistas y del debate general que siguió posteriormente.

Observaciones de los panelistasf
Robert B. Zoellick (presidente del Banco Mundial) destacó la importancia del diálogo y el intercambio con las OSC para ayudar a aplicar programas orientados a la acción y destinados a producir resultados. Subrayó la necesidad de que los Gobiernos, las OSC y los organismos donantes trabajen asociados con el fin de transformar la seguridad alimentaria de cuestión humanitaria a objetivo del desarrollo. Afirmó que el desarrollo de arriba hacia abajo no funciona sin la participación de los ciudadanos y que las OSC pueden desempeñar un rol natural en la facilitación de dicha participación.

El Grupo del Banco Mundial aumentó rápidamente sus inversiones (pasaron de US$4.000 millones el año pasado a US$7.000 millones este año) orientadas a apoyar la producción y productividad agrícolas, dijo Zoellick. Esto incluye también los US$2.000 millones de la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), institución del Grupo del Banco Mundial que otorga financiamiento al sector privado. Pidió a los donantes que cumplieran con urgencia con sus compromisos con iniciativas como el Mecanismo alimentario de la Unión Europea, que proporciona alivio inmediato para poblaciones arraigadas. Sobre cuestiones de volatilidad de los precios, señaló la necesidad de: trabajar con el Grupo de los Veinte (G-20) sobre los obstáculos al comercio o 'códigos de conducta' ante las crisis humanitarias; mejorar la administración de la información sobre existencias, en particular existencias reguladoras, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) y el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, por sus siglas en inglés); crear instrumentos de gestión de riesgos para financiar los mercados de productos básicos, e implementar respuestas específicas de protección social.

Agnes Kalibata (ministra de Agricultura de Rwanda) habló de su experiencia de priorizar la agricultura en Rwanda para lograr resultados eficaces. Insumos primarios como los fertilizantes ayudaron a resolver la crisis inmediata en 2008 y luego la inversión en actividades agrícolas como la disposición de tierras en terrazas creó un espacio de producción y una productividad adicionales. Rwanda invirtió también en sus agricultores y los ayudó a organizarse. Como consecuencia, aumentaron los ingresos y el mayor desafío del país es no seguir produciendo alimentos sino almacenarlos y comercializarlos. A largo plazo, el trabajo consistirá en rehabilitar la tierra y el medio ambiente. Los problemas a resolver en el futuro incluyen hacer frente al cambio climático, brindar capacitación y manejar los mercados de productos básicos. La Ministra atribuye el éxito de estos resultados al papel activo de liderazgo del Gobierno, el trabajo con los asociados -en particular las OSC-, y la capacidad de participar escuchándose mutuamente en un sistema muy abierto.

Sam Worthington (presidente de InterAction) comenzó por otorgar reconocimiento al reciente discurso del presidente Zoellick sobre la necesidad de ampliar la relación entre el Banco y las OSC. Manifestó que se ha ingresado en una nueva fase mundial, en que los Gobiernos hacen frente a los problemas mediante contratos sociales con todos los estratos de la sociedad, incluidas las organizaciones de la sociedad civil. Señaló que aunque la volatilidad de los precios de los alimentos afecta principalmente a los pobres, también tiene que ver con los negocios y los mercados internos. Según Worthington, los Gobiernos deben invertir en una cadena de valor a largo plazo, a través de nuevos tipos de alianzas con las OSC y el sector empresarial. La participación de las OSC en los programas gubernamentales de seguridad alimentaria a nivel nacional es particularmente importante para mejorar los resultados de dichas iniciativas.

David Nabarro (representante especial de Seguridad Alimentaria y Nutrición de Naciones Unidas) se refirió a la evolución de la respuesta internacional a la crisis de los alimentos en los últimos tres años. Desde 2008 cuando era difícil centrar la atención de los Gobiernos en el problema de los alimentos, hasta 2010 en que alcanzamos un amplio acuerdo sobre la necesidad de invertir en la agricultura, hasta la actualidad en que los Gobiernos y los organismos donantes dan respuestas más pensadas y las OSC ponen la comida primero en su propio temario político. Según Nabarro, la inversión en agricultura produce tres resultados: es el medio más eficiente en función de los costos para reducir la pobreza; es clave para mitigar el cambio climático y adaptarse a él, y es vital para el futuro desarrollo y bienestar de la sociedad.

Peter Jeranyama (presidente de la Asociación de Profesionales Agrícolas de África en la Diáspora) expresó preocupación sobre el impacto de la volatilidad de los precios de los alimentos en las poblaciones vulnerables y sugirió que se tomen medidas en dos frentes: la productividad agrícola y la cadena de valor. Los pequeños agricultores (en su mayoría mujeres) necesitan una voz y apoyo para organizarse, dado que su compromiso con las comunidades los convierte en líderes ideales para iniciativas de cultivos en pequeña escala y de seguridad alimentaria. Jeranyama recomendó un aumento de las inversiones por parte de organizaciones regionales interesadas en la agricultura, poniendo el énfasis en los jóvenes, dado que serán los futuros agricultores.

Hugh Bredenkamp (director subrogante del Departamento de Estrategias, Políticas y Análisis del FMI) manifestó que aunque los efectos macroeconómicos son más limitados esta vez, los impactos distributivos son fundamentales porque repercuten en el tejido social de los países, como se ve por ejemplo en Oriente Medio y Norte de África. Sugirió varias acciones: evitar medidas que agraven la situación (tal como prohibiciones a la exportación o ajustes de las políticas monetarias), utilizar redes de protección social, informar mejor sobre los mercados y apoyar las medidas del G-20.

Neil Watkins (director de ActionAid) ofreció su perspectiva sobre el Programa Mundial para la Agricultura y la Seguridad Alimentaria (GAFSP), dado que es uno de los tres representantes de las OSC en su Comité Directivo. Destacó el enfoque incluyente de la gestión pública que tiene el programa, que incluye no solo a las OSC sino también a representantes de organizaciones agrícolas de los países en desarrollo. Esta mayor participación no solamente permite tomar decisiones sobre financiamiento más informadas, sino que impulsa a los Gobiernos a trabajar con el sector privado y la sociedad civil a nivel nacional. Aunque reconoce que el GAFSP no puede dictar a los Gobiernos receptores cómo implementar sus programas, les pidió que involucren más plenamente a la sociedad civil, especialmente a las mujeres y otras poblaciones vulnerables. Finalmente, solicitó a los organismos donantes que cumplan con los compromisos de financiamiento de la seguridad alimentaria que formularon en los últimos tres años.

La Dra. Julie Howard (subcoordinadora de Seguridad Alimentaria de USAID) comenzó describiendo la Iniciativa “Alimentar el Futuro”, que está dirigida a fortalecer la seguridad alimentaria y nutricional en los países más vulnerables. Establece las bases para incrementar la cuota de mercado de los alimentos, fortalecer las instituciones agrícolas y trabajar con diversos organismos estatales como también con instituciones multilaterales y bilaterales, el sector privado y las OSC. Se centra en 20 países (la mayoría de ellos en África) donde invierte en las prioridades nacionales y moviliza financiamiento adicional de organismos multilaterales de desarrollo como el Banco. La Dra. Howard habló de viajes recientes a África, donde observó que se escuchan cada vez más las voces de las OSC y que más agentes no estatales participan en programas gubernamentales.

Debate general

Un tema común que apareció en las preguntas y comentarios de los participantes se centró en el proceso de participación de las OSC: cómo llegar a la diáspora africana e involucrarla; cómo comprometer eficazmente a los grupos de agricultores en la aplicación del programa, y cómo asociarse con el sector privado. Varios participantes señalaron la necesidad de desarrollar un lenguaje común para comunicarse con los diversos actores. En respuesta, varios panelistas destacaron la oportunidad única que generó para el diálogo el aumento en los precios de los alimentos, que apremió a los Gobiernos a incrementar las inversiones y aseguró que las autoridades comprendieran el papel central de la agricultura.

Otras cuestiones incluyen si la especulación en relación a los productos básicos aceleró la crisis alimentaria, a lo que el FMI respondió que sus datos no demuestran que haya sido un factor determinante. Otro grupo de preguntas se refirió a los actuales compiladores de datos y si eran adecuados para seguir la situación. Los panelistas indicaron que el Programa Mundial de Alimentos tiene un buen sistema de seguimiento, pero destacaron también el valor de los datos complementarios aportados por las OSC que documentan la dimensión humana de la inseguridad alimentaria. Finalmente, se puso de manifiesto el vínculo entre los Estados frágiles y el papel que cumple el conflicto en el agravamiento de la situación de inseguridad alimentaria y cómo afecta con mayor intensidad a los más vulnerables.

Ngozi Okonjo-Iweala (directora gerente del Banco Mundial) cerró la sesión agradeciendo a todos por su participación en la misma y haciendo hincapié en la necesidad de una mayor coordinación en torno a la seguridad alimentaria. Señaló el hecho de que la sucesión de crisis permitió reunir a los actores clave y generó más diálogo y mayor participación de las distintas partes interesadas.

1Proyecto de informe producido por Michelle Egan y John Garrison del Banco Mundial. Envíe sus comentarios por correo electrónico a: civilsociety@worldbank.org

 




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