Discurso ante la Junta de Gobernadores James D. Wolfensohn Presidente Grupo del Banco Mundial Praga, República Checa, 26 de septiembre de 2000 This speech is also available in PDF format, suitable for printing or reading offline: jdwsp-es.pdf (185K) Tengo mucho placer en darles la bienvenida a estas Reuniones Anuales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo del Banco Mundial. Doy una bienvenida especial a la delegación de San Marino, que se convierte en el miembro más reciente del Banco. Quiero expresar mi agradecimiento al Presidente, Trevor Manuel, por su apoyo y su ferviente alocución. Él ha dado muestras de una combinación poco corriente de liderazgo en la lucha por la libertad y sólida gestión económica una vez alcanzada la libertad. Quiero agradecer también a los Gobernadores y al Directorio Ejecutivo por su colaboración en las actividades que desarrolla el Banco. Asimismo, deseo manifestar mi admiración por todo lo que Michel Camdessus logró realizar durante su mandato al frente del FMI, y agradecerle su amistad y estrecha colaboración. Espero poder entablar una relación de trabajo similar con Horst Köhler, y creo que hemos empezado bien. Espero también con interés nuestra visita conjunta a África, como Horst lo ha mencionado. Permítanme subrayar que comparto plenamente lo que Horst acabar de señalar sobre la manera en que entendemos las funciones complementarias que desempeñan el Banco y el Fondo. Nuestro objetivo común es elevar la calidad de vida de la población y reducir la pobreza por medio de un crecimiento sostenible y equitativo. Para alcanzar esta meta común, el mandato fundamental del Banco es reducir la pobreza, concentrándose de manera especial en los aspectos institucionales, estructurales y sociales del desarrollo. En consecuencia, el Banco complementa la atención que presta el Fondo a las cuestiones macroeconómicas en pos del logro de su objetivo primordial de promover y mantener la estabilidad financiera internacional. Permítanme insistir en la estrecha relación que existe entre esas funciones. Si no logramos subsanar las deficiencias estructurales y eliminar las tensiones sociales que socavan la estabilidad macroeconómica, las principales víctimas serán los pobres. Al mismo tiempo, en nuestros esfuerzos por lograr la responsabilidad fiscal, la primera prioridad debe ser proteger a la gente pobre. Quiero también expresar mi agradecimiento a nuestros anfitriones, la República Checa, el pueblo y las autoridades de Praga. Todos ellos han realizado una magnífica labor en circunstancias difíciles. Agradezco al Presidente Václav Havel, quien de manera tan singular reúne en una sola persona, en una voz, las esperanzas y los sueños de una generación. Sus palabras de hoy han sido, sin duda, muy visionarias, y siempre recordaremos su llamado a la renovación de los valores. La República Checa ha sentido en carne propia el dolor y las dificultades del proceso de transición. Este país ha sido pionero en este aspecto y tiene la firme determinación de crear las instituciones, estructuras de mercado y sistema de gestión de gobierno que son fundamentales para lograr un crecimiento con equidad. Y el hecho de que estemos reunidos en Praga, en el corazón de Europa, simboliza la extraordinaria importancia del movimiento por la integración europea. Esta es la sexta vez que me presento ante ustedes en calidad de Presidente del Grupo del Banco Mundial, y este es el primer discurso que pronuncio en mi segundo mandato al frente de la institución. Es mucho lo que he aprendido en los últimos cinco años, durante los cuales Elaine y yo hemos visitado más de 100 países. He aprendido de una mujer de las favelas de Rio de Janeiro que participó en un programa comunitario autosostenible de abastecimiento de agua y saneamiento, que el desarrollo no tiene que ver con la caridad, sino con la inclusión y el empoderamiento. He aprendido de un criador de camarones del delta del Mekong que vio desaparecer sus medios de subsistencia a causa de la degradación ambiental en los manglares, que el trabajo esforzado puede ser totalmente inútil si no se solucionan los problemas ecológicos. He aprendido de un dirigente religioso musulmán de Côte d'Ivoire, durante uno de mis primeros viajes como Presidente del Banco, que si con una mano damos a los pobres dinero y con la otra recibimos de vuelta esa misma cantidad en forma de endeudamiento, es poco los que se hace por reducir la pobreza. Esta simple enseñanza fue el fundamento para crear la Iniciativa para los PPME. Y, sobre todo, he aprendido acerca de nuestra calidad común de seres humanos. La gente que vive en la pobreza quiere para sus hijos lo mismo que los aquí reunidos anhelamos para los nuestros: educación, buena salud, seguridad y oportunidades. Los pobres quieren que se les escuche. No quieren caridad. Quieren tener la oportunidad de lograr una vida mejor por sí mismos. Quieren que se respeten sus derechos humanos. Todos estamos aquí para trabajar en favor de esa calidad común de seres humanos y, sobre todo, para combatir la pobreza con pasión. Pero la pasión no es suficiente para superar la pobreza. Debemos actuar, y hacerlo en forma eficaz. Y nuestro compromiso debe ser a largo plazo. Creo que los cambios fundamentales que se han producido en la última década, por arduos y difíciles que hayan sido, nos ofrecen una verdadera oportunidad para hacer avances extraordinarios en la lucha contra la pobreza. Esa oportunidad está ante nosotros y debemos aprovecharla. Hemos profundizado nuestra comprensión de lo que es la pobreza y de la manera en que se puede generar un desarrollo con equidad. Estamos introduciendo cambios en nuestra institución y en la manera en que realizamos nuestras actividades, con el fin de aumentar la eficacia, la transparencia y la rendición de cuentas sobre nuestra labor. Pero podremos avanzar en la lucha contra la pobreza únicamente si todos trabajamos unidos: los países en desarrollo y desarrollados, las instituciones internacionales, la sociedad civil representada en todas sus formas, y el sector privado. La nuestra debe ser una asociación de esfuerzos que permita impulsar la lucha contra la pobreza. La nuestra debe ser una asociación de esfuerzos que permita forjar un nuevo internacionalismo acorde con una economía globalizada. Fuera de este recinto hay jóvenes que están manifestando su oposición a la globalización. Creo sinceramente que muchos de ellos plantean interrogantes legítimos, y me hago partícipe del compromiso de una nueva generación para combatir la pobreza. Comparto su pasión y sus dudas. Sí, todos tenemos mucho que aprender. Pero creo que la única manera en que podremos avanzar es mediante una relación constructiva y de respeto mutuo. En este contexto, le estoy muy agradecido al Presidente Havel por haber organizado recientemente un coloquio para el diálogo aquí en Praga. El mundo en el nuevo milenio Nos encontramos en el inicio de un nuevo milenio, al final de una década en que la globalización se ha acelerado en forma extraordinaria. Es el momento de evaluar nuestra situación pasada y presente, y de tener una visión para el futuro. Es una época de grandes oportunidades, y también de enormes retos. Debemos considerar la globalización como una oportunidad, y la pobreza como nuestro desafío. Pero, ¿qué entendemos por globalización? La globalización se refiere a un mundo cada vez más interrelacionado e interdependiente. Se refiere al comercio, las inversiones y las finanzas internacionales, cuyo crecimiento ha sido mucho más veloz que el de los ingresos nacionales, de manera que nuestras economías están cada vez más integradas. Se refiere también a las crisis financieras internacionales. Como lo comprobamos en el caso de Asia oriental, la inestabilidad de un país nos puede afectar a todos. Se refiere a las tecnologías que ya han transformado nuestra capacidad de comunicación de una manera que habría sido impensable unos pocos años atrás. Se refiere a las enfermedades, y pienso especialmente en el VIH/SIDA, el paludismo y la tuberculosis. Se refiere a la delincuencia, a la violencia, a las amenazas y al terrorismo, que traspasan las fronteras nacionales. Se refiere a las nuevas oportunidades para los trabajadores de todos los países de desarrollar su potencial y de sostener a sus familias con trabajos que son resultado de la mayor integración económica. Pero también se refiere a los trabajadores de los países desarrollados que temen perder sus trabajos debido a los menores costos en los países donde los derechos laborales son restringidos. Se refiere a los trabajadores de los países en desarrollo, a quienes les preocupan las decisiones sobre su vida que se adoptan a la distancia, en las oficinas matrices de las empresas internacionales. En resumen, la globalización se refiere a los riesgos y también a las oportunidades. Debemos encarar esos riesgos a nivel nacional mediante la gestión de los procesos de ajuste y el fortalecimiento de los sistemas sociales, estructurales y financieros. Y en el plano mundial, debemos establecer una arquitectura financiera internacional más sólida, y esmerarnos en combatir las enfermedades, en hacer retroceder la degradación ambiental y en utilizar las comunicaciones para dar voz a los que no la tienen. No podemos hacer retroceder la globalización. Nuestro desafío es convertirla en un instrumento que ofrezca oportunidades y promueva la inclusión, no en uno que produzca temor e inseguridad. En el decenio pasado no sólo se aceleró la globalización, sino que también se produjeron verdaderos progresos en lo que respecta a la calidad de las políticas aplicadas en los países en desarrollo. En todo el mundo hay más niños que asisten a la escuela primaria y secundaria. En muchos países la gente vive más tiempo, son menos los recién nacidos que mueren antes de llegar a la niñez, y más las madres que viven para conocer a sus hijos. Y en materia de política económica, la inflación ha descendido, los mercados se han liberalizado y las inversiones han aumentado considerablemente. Las perspectivas económicas para los próximos años son prometedoras, previéndose que es posible que el ingreso per cápita de los países en desarrollo aumente mucho más del 3%. Ese sería el mayor crecimiento sostenido que se haya registrado en décadas, y su ritmo sería más acelerado que el observado en países desarrollados. De hecho, un gran número de personas de los países en desarrollo está viendo los frutos de esta combinación de políticas mejoradas y globalización. Sin embargo, para muchas personas ese panorama optimista sigue siendo una ilusión. Son demasiados los países donde el crecimiento de la población ha echado por tierra el aumento del ingreso per cápita. Son demasiados los países donde el VIH/SIDA ha echado por tierra el aumento de la esperanza de vida y provocado tanto dolor y penurias. Son demasiados los países donde las armas, la guerra y los conflictos han echado por tierra el desarrollo. Y en el plano mundial, no podremos adoptar una actitud complaciente acerca de las perspectivas futuras, sobre todo en vista de la inestabilidad de los precios del petróleo y de los productos básicos, y de las desenfrenadas fluctuaciones cambiarias. Vivimos en un mundo marcado por la desigualdad. Algo marcha mal cuando el 20% más rico de la población mundial recibe más del 80% del ingreso mundial. Algo marcha mal cuando el 10% de la población recibe la mitad del ingreso nacional, como sucede actualmente en muchos países. Algo marcha mal cuando el ingreso medio de los 20 países más ricos es 37 veces superior al ingreso medio de los 20 países más pobres, diferencia que se ha duplicado con creces en los últimos 40 años. Algo marcha mal cuando 1.200 millones de personas continúan subsistiendo con menos de US$1 al día y 2.800 millones viven con menos de US$2 al día. En vista de todas estas fuerzas que acercan más al mundo, ha llegado el momento de cambiar nuestra manera de pensar. Ha llegado el momento de reconocer que todos vivimos en un mundo, no en dos; esta pobreza está en nuestra comunidad, donde sea que vivamos. Es nuestra responsabilidad. Ha llegado el momento de que los dirigentes políticos reconozcan esa obligación. Es muchísimo lo que está en juego. Los conflictos que han afectado tan profundamente el desarrollo no son simples accidentes de la historia. Hay mayor probabilidad de que se produzcan conflictos en los países donde la pobreza es grave y existe una gran dependencia de los productos primarios. Hay mayor probabilidad de que se registren delitos violentos en los países con una gran desigualdad de ingresos. Y lo que hoy es cierto en una determinada sociedad más lo será con respecto a los conflictos y el terror internacionales en este mundo globalizado. La lucha contra la pobreza es la lucha por la paz y la seguridad en el mundo. ¿Qué hemos aprendido sobre la manera de combatir la pobreza? Para afrontar estos desafíos tenemos que actuar unidos. Y debemos aprovechar las enseñanzas de la experiencia. ¿Qué hemos aprendido? Hemos aprendido que la pobreza es algo más que insuficiencia de ingresos, o incluso escaso desarrollo humano; la pobreza también se refiere a la falta de expresión, a la falta de representación. Pobreza es la vulnerabilidad al abuso y a la corrupción. Es la violencia contra la mujer, y el temor a la delincuencia. Se refiere a falta de autoestima. Como nos han enseñado las conversaciones sostenidas con 60.000 personas pobres de 60 países, la pobreza se refiere a la falta de libertad básica de acción, de elección y de oportunidades. Hemos aprendido que las reformas orientadas al mercado, cuando se combinan con el desarrollo social e institucional, pueden significar crecimiento económico para los pobres. Hemos aprendido que el crecimiento económico es la fuerza más poderosa para reducir la pobreza en forma perdurable. El crecimiento es fundamental, pero no es suficiente. Si verdaderamente queremos combatir la falta de equidad, también debemos ayudar a los pobres a aumentar sus activos, inclusive la educación, la salud y las tierras. Debemos conseguir que la infraestructura y los conocimientos lleguen a las zonas pobres, tanto rurales como urbanas. Debemos hacer frente a las desigualdades profundamente arraigadas, y para ello es preciso eliminar las diferencias étnicas, sociales, raciales y de género. Debemos proteger a los pobres de la pérdida de cultivos y los desastres naturales, de la delincuencia y los conflictos, y de las enfermedades y el desempleo. El desarrollo tiene que ser integral. Debe abarcar la educación y la salud, pero también debe comprender la buena gestión de los asuntos públicos, la lucha contra la corrupción, la reforma de los sistemas jurídico y judicial, y la reforma del sector financiero. El desarrollo debe abarcar la infraestructura y la protección del medio ambiente, y también la adopción de políticas económicas acertadas. Todos estos elementos son interdependientes y se refuerzan unos con otros. Hemos aprendido —y esto es fundamental— que el desarrollo no se puede imponer desde arriba. No existe un plan universal para el desarrollo. Éste debe ser de inspiración nacional, y cada país debe identificarse con él. Si no se aplica un criterio integral, concebido y adoptado en cada país, no lograremos alcanzar el desarrollo que es vital para forjar un mundo de paz y equidad. Estamos poniendo en práctica lo que hemos aprendido. Reconociendo la importancia de aplicar un criterio integral, hace más de un año pusimos en marcha el Marco Integral de Desarrollo (MID). Se trata de un marco holístico, a largo plazo y con el que los países se sienten identificados, que se está aplicando en 12 países. El año pasado, conjuntamente con el FMI, comenzamos a prestar apoyo a nuestros países asociados en la preparación de sus estrategias de lucha contra la pobreza, estrategias que son impulsadas por los propios países y están orientadas a la reducción de la pobreza. El MID y las estrategias de reducción de la pobreza conforman un planteamiento que se está ganando el sólido reconocimiento de la comunidad dedicada al desarrollo. Hay que admitir que en este planteamiento existe un elemento de importancia fundamental que es la participación. La participación produce importantes resultados a nivel de los proyectos y de los programas. Además, puede permitir la formación de consenso social, que es la base de los cambios y las reformas sociales. Forma parte de la libertad. ¿Qué mejor lugar que Praga, cuna de la revolución de terciopelo, para subrayar la importancia fundamental de la participación? ¿Qué mejor lugar para reafirmar lo que los pobres de todo el mundo expresan como su anhelo: libertad, participación y posibilidad de expresión para mejorar sus condiciones de vida? La participación puede adoptar muchas formas, y surte efecto. En Bangladesh estamos respaldando a organizaciones no gubernamentales que están a la vanguardia en programas de microfinanciamiento en beneficio de más de cinco millones de personas pobres, de las cuales el 90% son mujeres. En Uganda hemos proporcionado donaciones de contrapartida a agrupaciones comunitarias, y el resultado ha sido un aumento extraordinario de la asistencia escolar y de la utilización de los establecimientos de salud. En la India, el afianzamiento de la democracia ha fomentado la participación en las ciudades más pequeñas. Las reformas han permitido consolidar en gran medida la representación de las mujeres en los consejos locales. Con el apoyo y el liderazgo de los gobiernos de nuestros países clientes, estamos trabajando con las comunidades, los gobiernos locales, el sector privado y la sociedad civil para respaldar el desarrollo impulsado por la comunidad. En Indonesia, más de 2.000 poblados y agrupaciones comunitarias están formulando sus propias propuestas para recibir financiamiento de fuentes locales. En Benin, las mujeres se han unido para proteger a los bosques y convertirlos en fuentes de ingreso, en lugar de combustible. En el plano nacional, estamos ayudando a crear instituciones sólidas para garantizar que los pobres puedan participar en la economía y la sociedad y aprovechar los beneficios de éstas. Debemos conseguir que las instituciones públicas atiendan mejor las necesidades de los pobres. Debemos reconocer que en muchos países la lucha contra la pobreza también se refiere a la lucha contra intereses creados de una minoría selecta que ejerce una influencia indebida en las políticas, la reglamentación y la legislación. Si, en colaboración con los gobiernos, adoptamos un enfoque integral, si conseguimos esta participación, esta equidad y esta inclusión, habremos logrado democratizar el desarrollo. La revolución de la información y las comunicaciones Hoy disponemos de un instrumento singular para permitir la participación de todos en una escala imposible de soñar incluso hace unos años. La revolución de la información y las comunicaciones transformará el proceso de desarrollo tal como lo conocemos. Esta revolución promete una oportunidad histórica para volver a trazar la economía global a través del acceso amplio y equitativo a los conocimientos y la información, a través del mayor empoderamiento e inclusión de las comunidades locales, y a través del crecimiento económico, el empleo y un mayor acceso a los servicios básicos. Es así que en los últimos cinco años nos hemos venido centrando en la manera de aprovechar el poder de la tecnología de la información y las comunicaciones, y de los conocimientos, para acelerar el desarrollo. Estamos colaborando con los gobiernos para promover las condiciones necesarias para el establecimiento de políticas, reglamentaciones y redes, a través de nuestra labor analítica y de asesoría, y de infoDev, nuestro fondo de donaciones para la información y el desarrollo. Estamos conectando a las autoridades en materia de desarrollo de todo el planeta a través de nuestra Red Mundial de Educación a Distancia, que proporciona capacitación y forma comunidades amplias de enseñanza. Estamos conectando a estudiantes y profesores de escuelas secundarias de países en desarrollo con sus contrapartes de países industrializados a través del programa Enlaces mundiales para el desarrollo. Estamos utilizando la tecnología de la información y las comunicaciones para crear una "universidad sin paredes" y conectar a países de África al sur del Sahara directamente con un cuerpo de profesores y recursos didácticos de todo el mundo a través de la universidad virtual africana. A través del Portal mundial sobre el desarrollo y de la Red Mundial para el Desarrollo estamos promoviendo la generación y el intercambio de conocimientos. Estamos apoyando las investigaciones mundiales y el establecimiento de redes de conocimientos y círculos especializados desde las bases. Por último, estamos desarrollando muchas aplicaciones prácticas que están usando las comunidades pobres de todo el mundo, a fin de llevarles conocimientos en los idiomas locales, formar comunidades, generar negocios, prestar asistencia para los tratamientos médicos, y crear enlaces entre ellas y con el mundo. La revolución de la información y las comunicaciones nos brinda una oportunidad sin precedentes de hacer realidad el empoderamiento y la participación. Las personas pobres de todo el mundo están exigiendo que actuemos. Tras el estudio La voz de los pobres, muchos grupos nos han pedido, como prioridad fundamental, más acceso a la tecnología de la información y las comunicaciones. Debemos esforzarnos por que llegue el día en que —a través de Internet, la educación a distancia, los teléfonos celulares y las radios de cuerda— los ancianos de las aldeas o los futuros estudiantes tengan acceso a la misma información que los ministros de hacienda. La tecnología de las comunicaciones nos brinda el instrumento para lograr una verdadera participación. Esto es brindar igualdad de oportunidades. Esto es verdadera equidad. Un Banco que está produciendo resultados A lo largo de toda su historia, el Banco se ha ajustado a la evolución del medio externo, desde las tareas de reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial hasta los desafíos del desarrollo mundial. Esos cambios siguen d |