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En los países donde la diferencia entre el hombre y la mujer es menor, hay menos pobreza y el crecimiento es más rápido

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Comunicado de prensa Nº:2001/253/S

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Los países que promueven los derechos de la mujer e incrementan su acceso a los recursos y a la escolarización tienen tasas de pobreza más bajas, un crecimiento económico más rápido y menos corrupción que las naciones que no siguen ese camino. Así se concluye en un informe del Banco Mundial recientemente publicado,
EnGendering Development - Through Gender Equality in Rights, Resources and Voice.

Los países con menor diferencia entre el hombre y la mujer en esferas como la educación, el empleo y los derechos de propiedad no sólo tienen tasas más bajas de malnutrición y mortalidad infantil, sino que gozan también de un entorno más transparente en el sector de las empresas y el gobierno, y de un crecimiento económico más rápido, lo que a su vez contribuye a reducir todavía más la diferencia entre sexos.

"El logro de una mayor igualdad entre el hombre y la mujer forma parte integrante de la idea de desarrollo concebido como libertad, de la ampliación de oportunidades y del control que las personas pueden tener sobre sus propias vidas", ha declarado Nicholas Stern, Primer Economista y Primer Vicepresidente de Economía del Desarrollo del Banco Mundial. "Las pruebas encontradas en este informe revelan que la educación, la salud, la productividad, el crédito y el sistema de gobierno funcionan mejor cuando se cuenta con las mujeres."

El informe, publicado en coincidencia con el Día Internacional de la Mujer, es el estudio más amplio realizado hasta la fecha sobre los vínculos entre género y progreso económico en los países en desarrollo. Sus recomendaciones son fruto de detenidas investigaciones y del compromiso con grupos de mujeres, así como de una amplia consulta en línea sobre el texto provisional, y un debate acerca de las conclusiones de la investigación en el último período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre igualdad entre los géneros, desarrollo y paz en el siglo XXI.

"Las diferencias de género están estrechamente asociadas con la pobreza", ha declarado Elizabeth King, coautora del informe. "La diferencia entre el hombre y la mujer en aspectos como la salud y la educación es mayor en los países pobres que en las naciones con economías más avanzadas, y dentro de los países es especialmente grande entre los pobres. Las experiencias privadas de análisis comparativo entre países y de estudios de casos revelan que el desarrollo económico y el cambio institucional son igualmente necesarios para mejorar la condición de la mujer."

La desigualdad de géneros es nociva para todos los miembros de la sociedad, no sólo para las niñas y las mujeres. En el informe se recomienda que las sociedades con altos niveles de desigualdad entre los géneros adopten medidas especificas para mejorar la situación de las mujeres de todas las edades. Como ejemplos cabría citar la garantía de la igualdad de derechos a la tierra y otros bienes, y el diseño de la infraestructura y los servicios –como el abastecimiento de agua, el transporte, la educación, la salud y el crédito– de manera que respondan mejor a las necesidades de la mujer. Otras medidas son la eliminación del sesgo por razón de género en el trabajo y el incremento de la participación de la mujer en la política.

"Las sociedades que discriminan en razón del sexo pagan un alto precio: mayor pobreza, crecimiento económico más lento, gobiernos más débiles y menor calidad de vida", ha declarado Andrew Mason, coautor del informe. "Aunque el crecimiento del ingreso y el desarrollo económico contribuyen favorablemente a la igualdad entre géneros a largo plazo, el crecimiento por sí sólo no puede conseguir los resultados apetecidos. Las sociedades progresan más rápidamente si aceptan también medidas especificas para reducir la diferencia entre el hombre y la mujer."

Según el informe, los países que reducen la diferencia entre géneros en el acceso a los recursos y oportunidades consiguen un crecimiento económico más rápido. En África, por ejemplo, el mayor acceso de las mujeres rurales a los recursos productivos, en particular la educación, la tierra y los fertilizantes, podría aumentar la productividad agrícola nada menos que una quinta parte.

Los estudios comparativos entre países indican que, si Oriente Medio y África del Norte, Asia meridional y África al sur del Sahara hubieran conseguido con la misma eficacia que Asia oriental reducir la diferencia entre géneros en la educación durante el período comprendido entre 1960 y 1990, el PNB per cápita de esas regiones habría crecido un 0,5% y un 0,9% más al año, lo que representa un incremento sustancial con respecto a las tasas de crecimiento realmente alcanzadas.

En el informe se confirma también que las niñas y mujeres han conseguido importantes progresos en los últimos decenios. Por ejemplo, durante los 25 últimos años las tasas de matrícula de las niñas en enseñanza primaria se duplicó en Oriente Medio, Asia meridional y África al sur del Sahara. En el medio siglo pasado, la esperanza de vida de la mujer ha aumentado entre 15 y 20 años en los países en desarrollo, hasta el punto de que el decenio de 1999 las mujeres de Asia meridional llegaron por primera vez a vivir más que los hombres.

A pesar de este progreso, las mujeres continúan teniendo menos control que los hombres sobre algunos recursos importantes. En Asia meridional, la mujer recibe sólo la mitad de años de educación que el hombre, y las tasas de matrícula femenina en enseñanza secundaria son sólo dos tercios de las masculinas. El control de la tierra y de otras formas de capital es también muy desigual. En América Latina, la mayor parte de las mujeres que son jefes de hogar en las zonas rurales no tienen tierra o tienen sólo propiedades muy pequeñas y fragmentadas. Lo mismo ocurre en África al sur del Sahara, donde las mujeres son las principales productoras de cultivos alimenticios. En todo el mundo en desarrollo, las empresas gestionadas por mujeres están con frecuencia insuficientemente capitalizadas, tienen menos acceso al crédito y utilizan menos insumos y maquinaria que las empresas dirigidas por hombres.

Más allá de los efectos directos en el bienestar de la mujer y en su posibilidad de generar ingresos, estos factores reducen la capacidad de la mujer de asignar los recursos familiares y de orientar algunas decisiones tan básicas como el número de hijos que va a tener. Esta impotencia tiene efectos negativos en el bienestar de los hijos. La ausencia de control de los recursos significa también que las mujeres son más vulnerables frente a las crisis personales familiares.

En política, la mujer continúa estando claramente subrepresentada en las asambleas nacionales y subnacionales, ya que ocupa menos del 10% de los escaños parlamentarios en todos los países, con excepción de un reducido número de ellos. En Europa oriental, la representación femenina ha bajado del 25% al 7% desde el comienzo de la transición económica y política.

Los países que reducen la desigualdad entre géneros pueden conseguir grandes beneficios. Algunos de ellos, como el descenso de la mortalidad infantil, la mejora de la nutrición y la reducción de las tasas de fecundidad, son ya bien conocidos. En el informe se muestra cómo entre los efectos positivos de la reducción de la diferencia entre géneros se incluye también la menor difusión del SIDA y de la corrupción, una mayor productividad económica y un crecimiento más rápido, resultados que tradicionalmente no se han asociado a la igualdad entre el hombre y la mujer. Los países donde las mujeres tienen más derechos y participan más en la vida pública suelen tener entre empresas y gobiernos menos corruptos. Según varios estudios mencionados en el informe, a medida que crece la influencia de la mujer en la vida pública, disminuye el nivel de corrupción. Así ocurre incluso cuando se comparan países con los mismos niveles de libertades civiles, instrucción, instituciones jurídicas e ingreso.

En el informe se destacan los actuales esfuerzos del Banco Mundial por contribuir a reducir la diferencia entre géneros mediante programas y proyectos en países en desarrollo. Otras actividades del Banco son las siguientes:

· Educación: En el quinquenio que precedió al año 2000, los préstamos para la educación de las niñas han sumado un total de US$3.400 millones. Los programas de educación del Banco hacen especial hincapié en los 31 países donde las diferencias entre el hombre y la mujer en la educación elemental y secundaria son especialmente grandes.
· Salud, nutrición y población: Hasta ahora, el Banco mundial ha prestado más de US$4.000 millones en apoyo de actividades relacionadas con la población y la salud reproductiva en todo el mundo. En 1999, dos tercios de los préstamos en estas áreas comprendían acciones destinadas a promover la igualdad entre el hombre y la mujer.
· Programas de crédito y ahorro: El Banco está integrando los programas de crédito y ahorro que atienden las necesidades de la mujer en sus proyectos en muchos sectores; además, está colaborando con sus asociados para reforzar los programas de microfinanciamiento.
"Se han conseguido grandes progresos en las gestiones relacionadas con el género durante los últimos años, tanto en la labor del Banco Mundial como en los países que esperan nuestra asistencia", ha declarado Karen Mason, Directora del Banco Mundial para cuestiones relacionadas con el género y el desarrollo. "Los que trabajamos en este terreno estamos orgullosos de lo que se ha conseguido, pero somos también muy conscientes de cuánto es lo que queda por hacer. Esperamos que el informe ayude a los responsables de la formulación de políticas a valorar más plenamente el papel fundamental del género en el camino hacia el desarrollo."


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