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EL BANCO MUNDIAL SEÑALA UNA NUEVA TENDENCIA IMPORTANTE EN EL SIGLO XXI, LA "LOCALIZACIÓN"

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Comunicado de prensa Nº:2000/032/S

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Washington, 15 de septiembre de 1999--La localización –el creciente poder económico y político de las ciudades, las provincias y otras entidades subnacionales– será una de las principales tendencias del siglo XXI. Así se concluye en un informe del Banco Mundial dado a conocer hoy. En él también se manifiesta que, junto con la globalización acelerada de la economía mundial, la localización podría revolucionar las posibilidades de desarrollo de la humanidad o bien provocar el caos y agravar su sufrimiento.

De acuerdo con el Informe sobre el desarrollo mundial, 1999-2000: En el umbral del siglo XXI, las mejoras en las comunicaciones y el transporte y la eliminación de las barreras comerciales no sólo acortan las distancias en el mundo sino que también alimentan el deseo de las comunidades locales de forjar su propio futuro y les otorgan los recursos para ello. Ante las demandas populares de mayor autodeterminación, los gobiernos nacionales, desde África a América Latina, y desde Europa a Asia sudoriental, están delegando poder al nivel local, con resultados dispares.

"La globalización es como una ola gigantesca, que puede arrastrar naciones a su paso o hacerlas avanzar", señala Joseph Stiglitz, Primer Vicepresidente y Primer Economista del Banco Mundial, supervisor del equipo que elaboró el Informe. "Si la localización logra sus objetivos, las entidades locales y otros grupos de la sociedad –la tripulación del barco, por así decir– pueden ejercer su autonomía, pero también encuentran incentivos para trabajar juntos."

La localización: un beneficio a medias

La localización puede adoptar la forma de una demanda general de mayor participación popular en la política, como ocurrió en los movimientos democráticos de Polonia y el Brasil en los años ochenta, la República de Corea en el decenio de 1990 e Indonesia en la actualidad. O puede traducirse en demandas de mayor autonomía local, que pueden dar lugar a la descentralización o el reconocimiento oficial de la identidad cultural local, como en el Canadá, España y Uganda. En cualquiera de los dos casos, es posible que la localización sea una ventaja a medias.

Cuando resulta satisfactoria, la delegación del poder en los niveles provinciales y locales puede dar como fruto un gobierno local más sensible y eficiente. En el Informe se prevé que "habrá menos espacio para negociaciones comerciales secretas y mayor exigencia de responsabilidad y se irá abandonando el autoritarismo que se registró en diversas partes del mundo entre los años sesenta y ochenta".

Por ejemplo, en algunos países de América Latina, los servicios públicos como la educación, la atención de la salud, la infraestructura vial y el abastecimiento de agua y saneamiento han quedado en manos de los gobiernos semiautónomos subnacionales. En Colombia y la Argentina, la educación primaria se ha descentralizado y ha pasado a los niveles intermedios de gobierno, mientras que en Chile se ha transferido a las municipalidades. También se han producido importantes aumentos en las transferencias fiscales a los gobiernos subnacionales, particularmente en el Brasil, México y Colombia.

Pero, asimismo, la localización puede constituir una carga excesiva para los gobiernos locales que no estén en condiciones de proporcionar la infraestructura y prestar los servicios correspondientes. También puede poner en peligro la estabilidad macroeconómica y, en consecuencia, el crecimiento económico, si los gobiernos locales se endeudan y se embarcan en fuertes gastos y después el gobierno nacional tiene que socorrerlos. Y en situaciones extremas, las demandas de autonomía local pueden ocasionar luchas étnicas y desembocar en una guerra civil.

La globalización entraña riesgos y oportunidades

La globalización también entraña riesgos y oportunidades. La ampliación de los mercados y la difusión de la tecnología pueden aumentar la productividad y mejorar el nivel de vida, pero también provocar inestabilidad y cambios no deseados: temor a la pérdida de puestos de trabajo ante la entrada de productos importados, inestabilidad financiera causada por los flujos irregulares de capitales extranjeros y peligros para el medio ambiente mundial.

Según el Informe, la globalización y la localización son inevitables. El éxito de un país en el siglo XXI dependerá de su capacidad para manejar estas dos fuerzas simultáneamente.

"La globalización y la localización están transformando muchos aspectos de la experiencia del hombre, y los países pueden prosperar o fracasar según la eficacia con que aprovechen estas fuerzas y encaucen su energía", señala Shahid Yusuf, director del equipo del Informe sobre el desarrollo mundial de este año. "El mundo es cada vez más pequeño pero, al mismo tiempo, más complejo. Por ello, nunca antes había sido tan importante abordar el desarrollo con un criterio amplio y pragmático."

La primera mitad del Informe se centra en tres temas en los cuales la cooperación mundial es decisiva: el comercio, las corrientes financieras y las cuestiones ambientales, como la biodiversidad y el cambio climático. En la segunda mitad se analizan tres aspectos clave de la localización: la descentralización, las ciudades como motor del crecimiento económico y la búsqueda de ciudades habitables.

Yusuf afirma que, puesto que la globalización acorta las distancias en el mundo y la localización multiplica la variedad de marcos normativos, en el nuevo siglo los frutos de las estrategias de desarrollo acertadas se verán con más rapidez que en el pasado. Análogamente, las consecuencias de las estrategias deficientes se verificarán antes y serán más dolorosas. "El objetivo de este Informe es determinar qué métodos han dado buenos resultados, para ayudar así a los países y las comunidades locales a progresar y emplear estrategias de desarrollo satisfactorias", manifestó.

Enseñanzas para el desarrollo

Con este propósito, en el Informe se examinan "cuatro enseñanzas cruciales" para el desarrollo extraídas en la última mitad del siglo:

  • La estabilidad macroeconómica es esencial para alcanzar el crecimiento necesario para el desarrollo.
  • En el caso del crecimiento no se verifica el efecto de filtración y, por ello, las actividades de desarrollo deben estar encaminadas directamente a atender las necesidades de la población.
  • Ninguna política, por sí sola, impulsa el desarrollo; se impone una solución integral.
  • El desarrollo sostenido debe ser un proceso de inclusión social, lo suficientemente flexible como para adaptarse a la evolución de las circunstancias.

Según el Informe, estas enseñanzas son "fundamentales para la labor que el Banco Mundial ha de llevar a cabo en el siglo XXI y para la forma en que se propone hacer frente a los principales obstáculos al desarrollo en el futuro". En el Informe se hace notar que estas conclusiones también serán importantes para los países clientes del Banco, cuya población es la más pobre del mundo y que seguramente son los que tendrán más dificultades para domeñar las fuerzas de la globalización y la localización.

El Presidente del Banco Mundial, James D. Wolfensohn, afirma que el acento del Informe en las repercusiones de la localización y la globalización para los pobres subraya la necesidad de que las ideas sobre el desarrollo trasciendan los conceptos simplistas del crecimiento económico para adoptar una visión más global:

"Hasta el momento, los comentarios económicos han girado en torno al avance de la globalización y se ha prestado mucha menos atención a las fuerzas de la localización. En ambos casos, sin embargo, lo más importante es trascender los conceptos tradicionales del crecimiento económico y hacer del hombre –sus oportunidades, salud, bienestar, educación e inclusión– el protagonista de los planes de desarrollo para el siglo XXI."

En el Informe se hace notar que, habida cuenta de las proyecciones actuales, el número de personas que vive en la pobreza absoluta seguirá en aumento. Se calcula que, al comenzar el nuevo milenio, 1.500 millones de personas vivirán con el equivalente a un dólar diario, frente a 1.200 millones en 1987. Para el año 2015, esa cifra podría llegar a los 1.900 millones.

Además, a juzgar por las últimas tendencias, continuará ahondándose la disparidad de ingresos entre los países industriales y en desarrollo.

Las ciudades y el bienestar de la población

De acuerdo con el Informe, un número cada vez más elevado de los pobres del mundo vivirá en ciudades. En 1950, la cantidad de habitantes era aproximadamente la misma en las ciudades de los países en desarrollo que en las de los industriales: alrededor de 300 millones. Para el año 2000, cerca de 2.000 millones de personas vivirán en las ciudades de los países en desarrollo, más del doble de la población urbana de los países industriales.

Muchas ciudades de los países en desarrollo ya tienen dificultades para hacer frente a este aumento de la población. Unos 220 millones de habitantes urbanos, el 13% de la población urbana del mundo, carecen de agua potable y aproximadamente el doble no dispone siquiera de las letrinas más rudimentarias. En Bangladesh, por ejemplo, el Banco Mundial estima que más del 60% de los residentes de las ciudades se ve afectado por la grave crisis de la vivienda y carece de las comodidades básicas.

A medida que la producción industrial se desplaza hacia los países en desarrollo, la contaminación atmosférica despierta cada vez mayor preocupación. "Para la mayoría de los niños de las ciudades de los países en desarrollo, respirar el aire contaminado puede ser tan dañino como fumar dos paquetes de cigarrillos por día", se afirma en el Informe. Por ejemplo, en Nueva Delhi, uno de cada 10 niños de 5 a 16 años sufre de asma bronquial, causada en parte por la contaminación atmosférica.

En el siglo XXI, en las ciudades se profundizarán las diferencias entre quienes puedan ponerse a salvo de estos problemas y quienes no puedan hacerlo. A fines del siglo XIX, en Europa y América del Norte los ciudadanos ricos, aliados con empresas, utilizaban su poder para obtener mejoras en los servicios urbanos y así protegerse de las enfermedades.

Pero los adelantos de la medicina y las innovaciones como los filtros de agua, las cámaras sépticas, los generadores portátiles, el aire acondicionado en hogares, automóviles y oficinas, y las agencias de seguridad privadas han permitido a la población de ingresos más elevados mantenerse al margen de los problemas urbanos. En consecuencia, se afirma en el Informe, es menos probable que los ricos presionen para conseguir mejoras que beneficiarían a toda la sociedad.

En el Informe se incluyen varios estudios detallados de casos prácticos sobre cuestiones de desarrollo en el siglo XXI: "Cómo aprovechar al máximo la liberalización del comercio" (Egipto); "Reforma de los sistemas bancarios deficientes" (Hungría); "Macrogestión en situaciones de descentralización fiscal" (Brasil); "Cómo mejorar las condiciones de vida en las ciudades" (Karachi, Pakistán), y "Cómo fomentar las sinergias urbano-rurales" (Tanzanía).

En el estudio sobre Karachi se explica que las disposiciones oficiales fijaron patrones de construcción demasiado estrictos y alejados de la realidad; de este modo, las viviendas del "sector formal" quedaron fuera del alcance de la mayor parte de la población y se favoreció el crecimiento de los barrios de tugurios. La mitad de los 11 millones de habitantes de la ciudad vive en asentamientos que se desarrollaron de manera desordenada y sin planificación, muchos de los cuales carecen de caminos, agua corriente y alcantarillado. En el Informe se describe a grandes rasgos una estrategia para solucionar estos problemas, que consiste, por ejemplo, en flexibilizar las normas de construcción y ocuparse principalmente de otorgar títulos de propiedad de la tierra y dotar a estos barrios de tugurios de infraestructura básica.

En el Informe se indica que incluso en los países donde la pobreza está muy extendida, las políticas acertadas y las instituciones eficaces pueden hacer mucho por mejorar la calidad de vida de la población. Por ejemplo, en Nicaragua, la India y algunos otros países de ingreso bajo, nueve de cada diez hogares urbanos tienen acceso a agua potable, mientras que en Mozambique y Camboya, donde los niveles de ingreso son similares, la proporción se invierte: sólo uno de cada diez hogares tiene agua potable.

Al igual que en años anteriores, se incluye en el Informe sobre el desarrollo mundial un caudal de nueva información acerca de la situación del mundo. En el apéndice sobre los Indicadores seleccionados del desarrollo mundial se presentan datos básicos como el tamaño de la economía y el crecimiento económico, e indicadores de la calidad de vida, como la malnutrición y la mortalidad infantil, la esperanza de vida y el analfabetismo de adultos. También se han incluido indicadores sobre salud, medio ambiente y "enlaces globales", como el comercio y los flujos financieros.

Para obtener gratuitamente material sobre el Informe, incluso el texto completo, una charla ilustrada y preguntas y respuestas, se puede visitar nuestro sitio en la World Wide Web en http://www.worldbank.org/wdr
inmediatamente después del vencimiento del embargo. Se solicita a los órganos de información que incluyan esta dirección en sus notas sobre el Informe.

Los periodistas pueden acceder al material antes del vencimiento del embargo a través del World Bank Online Media Briefing Center. Los periodistas acreditados que todavía no tuvieran una contraseña pueden solicitarla completando el formulario de inscripción que se encuentra en http://wb.forumone.com/media/

El Informe sobre el desarrollo mundial 1999-2000 ha sido preparado por el equipo del Informe sobre el desarrollo mundial del Banco Mundial. El precio de la edición de tapa dura es de US$50 y el de la edición económica, US$26. Los periodistas que deseen ejemplares gratuitos del texto en inglés pueden ponerse en contacto con Phil Hay o Christopher Walsh (véase la página 1). Más adelante, se publicarán ediciones del Informe en alemán, árabe, chino, español, francés, japonés, portugués y ruso. Para más información sobre publicaciones del Banco Mundial, sírvanse ponerse en contacto con el Departamento de Publicaciones del Banco Mundial, teléfono (202) 473-1883.




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