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LOS PAÍSES RICOS DEBEN SEÑALAR EL CAMINO

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Comunicado de prensa Nº:News Release No. 2003/094/S

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WASHINGTON, a 27 de septiembre de 2002Los países ricos deben apoyar a los países en desarrollo en sus esfuerzos de lucha contra la pobreza y creación de sociedades más prósperas y estables, eliminando los obstáculos que impiden la participación de los países pobres en el comercio mundial, afirmó hoy Nicholas Stern, Primer Economista del Banco Mundial.

“Mejorar el acceso de los países en desarrollo a los mercados es una de las medidas más importantes que pueden tomar los países ricos para ayudar a combatir la pobreza mundial”, dijo Stern, que es también el Primer Vicepresidente del Banco para Economía del Desarrollo. “Resulta hipócrita alentar a los países pobres a abrir sus mercados si al mismo tiempo se imponen medidas proteccionistas para complacer a poderosos grupos de presión. Los países ricos deben servir de ejemplo”.

Las barreras a las exportaciones de los países en desarrollo hacia países de ingreso alto comprenden crestas y contingentes arancelarios, subsidios masivos a la agricultura, medidas antidumping, reglas de origen restrictivas y normas de productos que se aplican arbitraria y burocráticamente, en ocasiones como medidas disimuladas de proteccionismo. Los países en desarrollo aplican también políticas proteccionistas que les impiden crecer y luchar contra la pobreza y dañan al mismo tiempo a los países en desarrollo con los que mantienen relaciones comerciales.

Según Stern, la reforma del comercio exterior tendría que dar lugar a un desplazamiento de los recursos desde los usos menos productivos hacia los de mayor productividad, al igual que ocurre con otras reformas de carácter más general. El proceso genera nuevas oportunidades pero también, inevitablemente, ciertas perturbaciones. “Estas transiciones llevan tiempo y deben gestionarse con cuidado. La gente necesita ayuda para encontrar las nuevas oportunidades que se generan con la reforma”, afirmó, añadiendo que, si bien esto es así en todos los países, los países ricos tienen más capacidad para afrontar los costos de transición.

Muchos responsables de las políticas de los países de ingreso alto son conscientes de estos problemas y han propuesto medidas para abrir aún más sus mercados. Sin embargo, los avances se producen con excesiva lentitud. “Ahora es el momento de actuar”, dijo Stern.

Según Uri Dadush, Director del nuevo Departamento de Comercio del Banco Mundial, los países de ingreso alto han tomado medidas importantes para abrir sus mercados, especialmente a los países más pobres. “Pero también ha habido reveses y algunos problemas importantes siguen sin resolverse”, afirmó. El Departamento se creó recientemente para integrar las crecientes actividades del Banco en apoyo de los esfuerzos que realizan los países en desarrollo para impulsar el comercio exterior.

Para Dadush, la iniciativa europea “Todo menos armas”, la ley estadounidense sobre Crecimiento y Oportunidad en África y otras iniciativas a cargo de Japón, Canadá, Nueva Zelandia y Noruega han mejorado significativamente el acceso de algunos de los países más pobres a los mercados, pero subsisten problemas importantes. El Banco está alentando a los países ricos a resolver ahora estos problemas, sin esperar al resultado de las extensas negociaciones que se llevan a cabo en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Según Gobind Nankani, Vicepresidente del Banco y Jefe de la Red sobre Reducción de la Pobreza y Gestión Económica, una actuación inmediata de los países de ingreso alto alentaría la liberalización del comercio en los países en desarrollo. “Para los países en desarrollo resulta difícil entender por qué tendrían que abrir aún más sus mercados cuando los países de ingreso alto persisten en su proteccionismo”, dijo.

Algunos de los problemas a los que se enfrentan los exportadores de los países en desarrollo para acceder a los mercados de los países de ingreso alto se describen en un nuevo estudio conjunto del Banco Mundial y el FMI titulado Market Access for Developing Country Exports—Selected Issues. En el informe se indica que, a pesar de las recientes iniciativas de los principales países industrializados para ofrecer acceso preferente a los mercados a los países más pobres, “existen aún grandes bolsas de medidas proteccionistas que afectan a productos de particular interés para los países en desarrollo”.

Las medidas restrictivas se refieren a menudo precisamente a estos productos, que son los que mejor pueden producir los países en desarrollo. Por ejemplo, en los Estados Unidos y Canadá las crestas arancelarias (derechos de aduana muy por encima de la media) se concentran en los productos textiles y las prendas de vestir; Europa y Japón tienen crestas arancelarias en los productos agrícolas, alimentos y calzado. “Este patrón proteccionista crea dificultades a los países que están dando los primeros pasos en la escala de la tecnología”, se asegura en el informe.

Según el informe, se estima que los aranceles y contingentes que afectan a las exportaciones de productos textiles a los países desarrollados cuestan a los países en desarrollo 27 millones de puestos de trabajo. Cada empleo que se salva en el sector textil de los países industrializados gracias a estas barreras cuesta alrededor de 35 puestos de trabajo en el mismo sector en los países de ingreso bajo. Mientras tanto, en los países de ingreso alto, los aranceles a la alimentación y a las prendas de vestir hacen aumentar los precios de estos productos, lo que representa una carga excesiva para los presupuestos de las familias de ingreso bajo.

El escalonamiento arancelario —aranceles mínimos a las materias primas que crecen rápidamente a medida que una determinada materia prima va incorporando mayor valor agregado en los sucesivos procesos de transformación— socava la industria manufacturera y el empleo en sectores en los que los países en desarrollo serían competitivos sin estas medidas de protección. Esto afecta a muchos cultivos tropicales, como el cacao, el café y el algodón.

En el informe se señala que las subvenciones a la agricultura en los países ricos ascendieron a US$311.000 millones en 2001. Estas subvenciones, que van a parar en su mayor parte a grandes corporaciones agroindustriales, socavan la economía de los agricultores pobres de los países en desarrollo. “Buena parte de estas ayudas van aumentando a medida que aumenta el nivel de producción, lo que contribuye a que se genere un exceso de producción en competencia con los productos de los agricultores de los países en desarrollo”, se señala en el informe.

Por ejemplo, aunque los agricultores africanos producen el algodón más barato del mundo, no pueden hacer frente a competidores internacionales que perciben US$4.800 millones anuales en subvenciones. Los precios del azúcar en los Estados Unidos y Europa son tres veces más altos que los del mercado mundial, debido a la protección y a las subvenciones a la producción de remolacha azucarera, en detrimento de Brasil y de otros productores tropicales de azúcar de caña.

Mientras tanto, la normativa aplicable a los productos y a los procesos de producción “resulta cada vez más compleja y gravosa”, según el informe. Por ejemplo, para cumplir la normativa de la Unión Europea, los productores de pulpa de mango de la India no sólo deben acreditar que el producto cumple las normas de calidad, sino que también deben mantener registros detallados de cada entrega que les realizan los pequeños agricultores que cultivan esta fruta.

Las medidas antidumping perjudican especialmente a los pequeños países y las pequeñas empresas, que carecen de medios para probar ante los tribunales que no están vendiendo por debajo del costo de producción. Las dudas respecto a cuándo tendrían que entablarse estas acciones legales, las elevadas costas y la incertidumbre del resultado desalientan la inversión en industrias de los países en desarrollo que, en otras condiciones, serían prometedoras.

Las barreras al comercio que establecen los propios países en desarrollo suponen también un problema importante. Los aranceles de los países en desarrollo cuestan a los exportadores de estos países alrededor de US$57.000 millones al año, tres veces el importe de los aranceles que perciben los países ricos. Con todo, las crestas arancelarias y las medidas antidumping son aún más corrientes en los países en desarrollo que en los países ricos.

“Los países en desarrollo han realizado notables esfuerzos para abrir sus mercados. Una mayor liberalización les reportará beneficios adicionales, con independencia de lo que hagan los países ricos. Pero los beneficios serán mucho mayores si los países ricos dan ejemplo, y estos mayores beneficios ayudarían a los países pobres a sufragar los elevados costos de la transición”, afirmó Stern.

El Banco Mundial y otras organizaciones están apoyando a los países en desarrollo en sus esfuerzos por liberalizar sus regímenes comerciales y eliminar los estrangulamientos en las infraestructuras mejorando, por ejemplo, el transporte interior, los puertos y la administración aduanera.

En este contexto, el Banco ha creado un nuevo Departamento de Comercio para integrar la investigación y el análisis, los programas de formación y el fortalecimiento de la capacidad de las instituciones, y dirigir la ayuda a los países en desarrollo para que reformen sus regímenes comerciales, cumplan las normas de productos y resuelvan las denominadas cuestiones transfronterizas, como el transporte y las telecomunicaciones.




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