Discurso ante la Junta de Gobernadores James D. Wolfensohn Presidente Grupo del Banco Mundial Washington, DC, 29 de septiembre de 2002 This speech is also available as a PDF: jdwsp092902-es.pdf (170K PDF) Sr. Presidente, señores Gobernadores, honorables invitados: Es un placer para mí darles la bienvenida a estas Reuniones Anuales. Quisiera manifestar mi agradecimiento a las autoridades de los Estados Unidos por hacer posible la celebración de nuestras reuniones en la ciudad de Washington y al Departamento de Policía del Distrito de Columbia por toda su ayuda. También agradezco a mi amigo, Horst Köhler, la excelente colaboración y relación de trabajo que hemos mantenido en los dos últimos años y el inspirado discurso de esta mañana. Me sumo al Presidente Macki para dar la bienvenida al Banco a Timor-Leste, nuestro país miembro de ingreso más reciente. Acepte nuestros mejores deseos de éxito en su misión de construcción nacional. Sr. Presidente: Cuando nos reunimos hace dos años hablé de las oportunidades y los desafíos que plantea el desarrollo. Estos dos años han sido difíciles. En el mundo rico, el hundimientos de los mercados de valores y los escándalos empresariales han hecho tambalear la credibilidad y la confianza mutua. En el mundo en desarrollo, la población ha sufrido mucho como consecuencia de las constantes guerras y conflictos, la disminución del precio de los productos básicos, la caída de la demanda y las constantes restricciones al comercio con los países ricos. Las poblaciones de África y América Latina se han visto muy afectadas. Sin embargo, a pesar de esas dificultades, gran parte del mundo en desarrollo ha demostrado una fuerte capacidad de recuperación ante estas dificultades, mérito que debe atribuirse a los progresos realizados en el diseño y la aplicación de políticas. Muchos países han debido hacer frente a los trastornos que inevitablemente trae aparejados la reforma, y se han esforzado por mejorar las instituciones y la gestión de gobierno. Y en medio de esas dificultades y de nuestra actuación colectiva, hemos observado que, en muchos aspectos, la gente ha dado lo mejor de sí. Hemos visto una voluntad de acercamiento, el reconocimiento de que los problemas internacionales exigen respuestas internacionales. El 11 de septiembre del año pasado todos finalmente tomamos conciencia de que no hay dos mundos, uno rico y otro pobre, sino uno solo. Nos unen las finanzas, el comercio, los movimientos migratorios, las comunicaciones, el medio ambiente, las enfermedades transmisibles, la delincuencia, las drogas e, indudablemente, el terrorismo. Hoy en día, más y más gente dice que la pobreza de algunos es la pobreza de todos, y sus voces se están haciendo oír. Exigen un sistema mundial basado en la equidad, los derechos humanos y la justicia social. Éste debe ser también nuestro reclamo, ya que los esfuerzos por lograr un mundo más equitativo conducirán a alcanzar una paz duradera, algo que el poder militar nunca podrá lograr por sí solo. Y el mundo está comenzando a escuchar. Este año, los compromisos contraídos en Doha, Monterrey y Johannesburgo sentaron las bases para un nuevo pacto mundial. La comunidad del desarrollo ha confirmado que los objetivos de desarrollo del milenio son nuestro marco de acción. En la búsqueda de este objetivo, hemos observado el surgimiento de una fuerte colaboración internacional basada en el consenso de que el mundo es interdependiente. Nuestras ideas y acciones deben ser al mismo tiempo de alcance local, regional y mundial, y debemos trabajar y actuar juntos. Se ha logrado un consenso notable sobre lo que se necesita para reducir eficazmente la pobreza. Ante todo, los dirigentes de los países en desarrollo han sostenido que la responsabilidad de su futuro está en sus propias manos. Deben impulsar su desarrollo y crear un entorno constructivo para alentar un crecimiento justo y equitativo para los pobres o, mejor, para todos. Todo ello debe estar basado en políticas sociales y económicas acertadas: inversión en salud y educación, sobre todo en la enseñanza durante la primera infancia; un sistema jurídico y judicial eficaz; unos marcos tributarios y normativos claros, plasmados en mecanismos que combatan la corrupción en todos los niveles, y sistemas financieros sólidos y bien reglamentados. De esa manera se crearán condiciones propicias para la actividad empresarial, la productividad y el empleo. Es también necesario potenciar a los pobres, para que puedan forjar su propia vida. En el balance mundial, los pobres forman parte del activo y no del pasivo. En Monterrey y Johannesburgo los países desarrollados convinieron en trabajar en colaboración con los países en desarrollo, ayudarles a fortalecer su capacidad, aumentar la asistencia externa para el desarrollo donde se la administre correctamente y con eficacia, abrir los mercados al comercio y reducir las subvenciones agrícolas. Reafirmaron su compromiso con los objetivos de desarrollo del milenio en lo atinente a la pobreza y el hambre, la educación, la salud, la igualdad de género y el medio ambiente. Sr. Presidente: Juntos fijamos el año 2015 como plazo para verificar los resultados obtenidos. Ahora, juntos, debemos ir más allá de las palabras y fijar plazos para las medidas concretas. Hemos dicho que debemos rendir cuentas unos a otros. Ha llegado el momento de pasar a la acción. Es la hora de la verdad. Para alcanzar los objetivos de 2015 cada uno de nosotros debe comenzar a trabajar ya. Al hacerlo, es preciso reconocer que, cuando se trata de desarrollo, no existen soluciones instantáneas. El logro de cambios duraderos requiere tiempo y paciencia. Requiere un compromiso a largo plazo. Requiere concentración y disciplina. Y requiere la cuantificación de nuestra eficacia. Algunos dirán que es necesario aprender antes de actuar. A ellos les respondería que, naturalmente, aprenderemos más a medida que avancemos, pero ya se sabe con bastante certeza cuáles son las medidas que dan buenos resultados y cuáles fracasan. Ya sabemos lo suficiente como para pasar a la acción. ¿Qué debe hacer cada uno de nosotros? Comenzaré con los países ricos. Cumplan el programa de Doha. Sabemos que los obstáculos que los países ricos ponen al comercio son demasiado penosos. Pues entonces, pueden bajar los aranceles y reducir los obstáculos no arancelarios, que suelen no ser otra cosa que proteccionismo encubierto. Respeten el calendario de Doha. Pero los países ricos pueden hacer mucho sin necesidad de ceñirse a él. Sabemos que las subvenciones que otorgan al sector agrícola, del orden de los US$1.000 millones diarios, representan un derroche de recursos y perjudican seriamente las oportunidades de los países pobres de invertir en su propio desarrollo. Debería fijarse un calendario para la eliminación de esas subvenciones. Aprovechen la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Cancún, en 2003, para contraer compromisos firmes al respecto, aunque los exhorto a actuar antes. Cumplan el compromiso de aumentar la ayuda formulado en Monterrey, y la excelente respuesta que se formuló en Kanananskis para financiar el déficit de la Iniciativa para los PPME. Parece que está resurgiendo la voluntad de aumentar la ayuda cuando se utiliza en forma productiva. Desvinculen la ayuda y coordinen y armonicen mejor los programas y las políticas de desarrollo. La fragmentación de los esfuerzos de los donantes conspira desde hace largo tiempo contra la eficacia de la ayuda. Muchos de los errores que se endilgan a los países prestatarios obedecen, en realidad, a la incapacidad de los donantes para coordinar sus actividades. Un multilateralismo bien entendido permitirá obtener mejores resultados en términos de desarrollo. ¿Qué deben hacer los países en desarrollo? Deben continuar fortaleciendo su capacidad, la gestión del gobierno y las instituciones; impulsando las reformas jurídicas, judiciales y financieras, e invirtiendo en las personas. Deben también centrarse más en los resultados: supervisar los efectos y gestionar los programas de manera que se puedan conseguir los objetivos del crecimiento y la reducción de la pobreza. Para muchos países, la Nueva Asociación para el Desarrollo de África señala el rumbo que se debe seguir. ¿Qué debe hacer el Banco? Concentrarnos en hacer realidad nuestras promesas para poder avanzar hacia la consecución de los objetivos de desarrollo del milenio. Si bien como institución hemos evolucionado mucho en el último decenio, debemos progresar más aún. Debemos aumentar la transparencia de nuestras actividades. Debemos ayudar a los países en desarrollo a fortalecer mejor su capacidad. Aunque estemos en la vanguardia en lo que se refiere a la medición de los resultados de nuestros proyectos y programas, debemos medir nuestros resultados con mayor rigor y asumir, junto con otros, la responsabilidad que nos corresponda frente a las metas más amplias de los países y los objetivos de desarrollo del milenio. Estamos impacientes por impulsar los intentos de armonizar y coordinar nuestra labor con el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas, los bancos multilaterales de desarrollo y otros donantes. Todos los interesados en el desarrollo deben prestar atención especial a la inclusión, la participación y el empoderamiento: - La inclusión, porque no podemos esperar que las reformas prosperen si los pobres quedan excluidos cuando se toman decisiones y se buscan soluciones de compromiso. - La participación, porque los pobres saben mejor que nadie qué es lo que pueda cambiar sus vidas. - El empoderamiento, porque no habrá cambios duraderos hasta que la población pobre obtenga los bienes y los medios que le permitan forjar su futuro. Las sociedades de todo el mundo están evolucionando. Sus miembros quieren saber, que se les consulte y que se escuchen sus opiniones. Si no aprovechamos lo que pueden ofrecer, habremos desperdiciado la fuerza más poderosa. Sin embargo, la actuación de los gobiernos de los países en desarrollo y los países desarrollados, así como de las instituciones internacionales, es sólo una parte de la solución. Debemos hacer lo posible por atribuir un papel más relevante a la sociedad civil y al sector privado. El viejo multilateralismo se refería a las relaciones de gobierno a gobierno; el nuevo debe incluir la participación del sector privado y la sociedad civil. Todos debemos ser más responsables. Mejores colaboradores. Mejores interlocutores. Más cumplidores. Y debemos tener conciencia de lo que hacemos. Hemos logrado progresos reales al haber coincidido en que el desarrollo debe abordarse de manera integral, con el compromiso de los países en desarrollo. Para la mayoría de los países pobres, este criterio se ha plasmado en su estrategia de reducción de la pobreza, que está transformando la concepción de estrategia y colaboración en muchos países. De la misma manera, en el caso de los países de ingreso mediano, el Marco Integral de Desarrollo está resultando eficaz. Por primera vez contamos con un instrumento —el Portal del desarrollo— que nos permite cotejar y aprender más acerca de los proyectos de desarrollo que se están llevando a cabo en todo el mundo. La realidad es que, como podemos comprobar en el Portal del desarrollo, hay más de 63.000 proyectos de desarrollo en curso, sin contar los programas emprendidos por la sociedad civil o por grupos religiosos. Con demasiada frecuencia, proyectos realizados en el mismo sector del mismo país son administrados por una gran variedad de organismos que no se comunican entre sí. Debemos utilizar el Portal del desarrollo para efectuar un seguimiento de nuestras actividades y así poder coordinar mejor nuestros esfuerzos. Sr. Presidente: Hemos recorrido un largo camino. No vamos a empezar desde cero. Tenemos listos programas que pueden hacerse realidad. Por ejemplo, la iniciativa de Educación para Todos nos permitiría trabajar juntos para matricular por primera vez en la escuela a unos 17 millones de niños. Contamos con programas sobre el VIH/SIDA. Hasta el momento, 20 economías en desarrollo y en transición han diseñado y están aplicando estrategias de lucha contra el SIDA basadas en la prevención, la atención y el tratamiento. Tenemos programas relacionados con el agua potable y el saneamiento. Pero debemos ampliarlos para que puedan tener repercusiones nacionales, regionales y mundiales. Y necesitamos el apoyo de los donantes para implementar estas iniciativas. Que la educación, el SIDA y el agua limpia sean la primera prueba que debe atravesar nuestra promesa de obtener resultados concretos a través de la colaboración. Para impulsar la puesta en práctica, debemos ponernos de acuerdo para fijar plazos ahora a fin de poder alcanzar los objetivos en 2015. Pero es preciso ir más allá. El año 2015 es sólo un mojón en un largo camino. En los próximos 50 años es probable que la población mundial pase de los 6.000 millones a los 9.000 millones de personas; casi el 95% de ese aumento se producirá en los países en desarrollo. Se duplicará la necesidad de alimentos, la emisión anual de dióxido de carbono se triplicará, y por primera vez vivirá más gente en las ciudades que en las zonas rurales, lo que representará una enorme carga para la infraestructura y el medio ambiente. Para alcanzar los objetivos de 2015 y continuar reduciendo eficazmente la pobreza, calculamos que la economía mundial deberá crecer a un ritmo anual de alrededor del 3,5%, como promedio; para el año 2050, la economía mundial podría llegar a los US$140 billones. Sr. Presidente: Si no podemos proteger el medio ambiente y hacer realidad ese crecimiento con responsabilidad ecológica, no lograremos un desarrollo sostenible. Si mantenemos la distribución del ingreso que existe en la actualidad, cuando el 15% de la población del planeta controla el 80% del ingreso mundial, no lograremos un desarrollo sostenible. Si continuamos impidiendo que los menos favorecidos —las mujeres, las poblaciones indígenas, los discapacitados, los niños de la calle— cumplan la función que les corresponde legítimamente en la sociedad, si desconocemos sus derechos humanos, no lograremos un desarrollo sostenible. Y sin desarrollo sostenible, es posible que no haya paz duradera. Este es el desafío que todos juntos debemos enfrentar. Sr. Presidente: No quisiera concluir sin decir que estoy sumamente orgulloso del personal del Grupo del Banco Mundial. Les une el deseo apasionado de combatir la pobreza. Les doy las gracias desde lo más profundo de mi corazón por su abnegada labor y su dedicación. Queridos amigos: Juntos, tenemos la ocasión, la responsabilidad y el privilegio de plasmar el futuro del planeta. No somos meros espectadores. Podemos decidir si viviremos en un planeta de paz, de justicia social, de equidad, de crecimiento, o en un planeta de diferencias insondables entre los pueblos, un planeta de recursos físicos desperdiciados, de lucha, de terrorismo y de guerra. La nuestra puede ser una época de renacimiento de los valores y la justicia, libre de privaciones y temores. Debemos fijarnos aspiraciones elevadas y no perderlas de vista. Debemos cumplir nuestras promesas AHORA. Debemos actuar con una sensación de urgencia. Esa es nuestra responsabilidad y ése es nuestro destino. Gracias. |