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El auge y colapso de los préstamos privados fue un componente decisivo de una serie de conmociones financieras que se iniciaron con la crisis de Asia Oriental de 1997-98 y siguieron con una nueva oleada de problemas relativos a la deuda en América Latina en 2002. Sin embargo, un aspecto positivo de esta situación es la menor volatilidad de la inversión extranjera directa (IED) y las remesas, lo que está promoviendo un entorno más estable para aquellos países en desarrollo que aprendieron a vivir con una deuda externa de menor magnitud. Según declaraciones de Philip Suttle, principal autor del informe, "la caída en los préstamos privados fue especialmente grave en 2001 y 2002, a medida que la economía mundial se debatía por superar una recesión causada por la ruptura de los cerrados mercados bursátiles de las economías de mayor tamaño. La financiación mediante endeudamiento de los países en desarrollo se redujo y la recuperación no será muy rápida, de modo que la excesiva dependencia en los préstamos se ha vuelto problemática para muchos países. En el futuro se vislumbra un moderado optimismo en relación con la menor volatilidad de los flujos de capital hacia los países en desarrollo en los próximos años, lo que sería beneficioso tanto para el crecimiento como para los pobres". Según el informe, Global Development Finance 2003 (Flujos mundiales de financiamiento para el desarrollo 2003), los flujos netos privados de crédito hacia los países en desarrollo en forma de bonos y préstamos bancarios alcanzaron su máximo nivel de cerca de US$135.000 millones anuales en el período 1995-1996 y desde entonces han disminuido de manera sostenida hasta llegar a ser salidas netas en la mayoría de los años a partir de 1998. Los flujos netos de créditos de acreedores del sector privados nuevamente fueron negativos en 2002 y los países en desarrollo pagaron U$$9.000 millones más por el reembolso de deudas antiguas de lo que recibieron en préstamos nuevos. La inversión extranjera directa neta disminuyó de su nivel máximo de US$179.000 millones en 1999 a US$143.000 millones en 2002, aunque sigue siendo la principal fuente de financiamiento externo de los países en desarrollo. Los flujos netos de cartera fueron US$9.000 millones, elevando el total de los flujos de capital (IED y cartera) a más de US$152.000 millones. La remesas de los trabajadores, en tanto, subieron de US$60.000 millones en 1998 a US$80.000 millones en 2002. Con US$16.000 millones, los préstamos netos de parte de los acreedores oficiales a los países en desarrollo fueron positivos. Otros $32.900 millones se entregaron en forma de donaciones. En términos generales, los países en desarrollo tuvieron un excedente en cuenta corriente de US$48.000 millones con el resto del mundo (en comparación con US$28.000 millones en 2001), lo que significa que estos países siguieron siendo exportadores netos de capital. Este incremento se explica con creces por los acontecimientos en América Latina, donde las devaluaciones y la caída en las importaciones generaron fuertes aumentos en los superávit comerciales. Asia Oriental siguió teniendo un superávit en cuenta corriente de alrededor de US$43.000 millones, mientras que el aumento en el precio del petróleo tuvo efectos divergentes en las demás regiones. La disminución de los créditos en parte es impulsada por las preferencias de los inversionistas. Los bancos y los tenedores de bonos tal vez ejerzan ahora mayor cautela al momento de mantener obligaciones de deuda de países en desarrollo, mientras que los organismos no financieros, si bien reservados y cada vez más sofisticados en la evaluación que hacen de cada país, reconocen que de todos modos un número cada vez mayor de países en desarrollo ofrece buenas posibilidades de crecimiento, según se lo sostiene el informe. En términos generales, la creciente dependencia de la Inversión Extranjera Directa es positiva para los países en desarrollo, dado que los inversionistas de IED suelen comprometer sus recursos por un mayor plazo y están más capacitados que los tenedores de deuda para tolerar una adversidad de corto plazo. Muchos gobiernos que antes se endeudaban en el exterior ahora se endeudan dentro de sus respectivos países con vencimientos de menor plazo. Según el informe, si bien esto reduce los riesgos cambiarios, la deuda a menor plazo incrementa los riesgos de fluctuaciones en la tasa de interés local y puede generar la renuencia de los inversionistas locales a renovar los préstamos pendientes cuando hay problemas. Y mientras la IED suele ser menos volátil que la deuda, su estabilidad no se puede dar por sentada, dado que tanto la inversión interna como la externa dependen de un entorno propicio. "El desplazamiento de deuda a capital pone de relieve los enormes esfuerzos que están haciendo los países en desarrollo por estimular un entono sólido para las inversiones", manifestó Nicholas Stern, Economista en Jefe y Principal Vicepresidente para la Economía del Desarrollo del Banco Mundial. "El 90% de las inversiones en los países en desarrollo proviene de fuentes internas. Pero los inversionistas nacionales tienen la misma necesidad de contar con un entorno de trabajo positivo que los inversionistas extranjeros. Ambos buscan condiciones macroeconómicas estables, acceso a los mercados mundiales, infraestructura confiable y una sólida gobernabilidad que impida la corrupción y la molesta burocracia". Un entorno propicio para las inversiones también es importante para una utilización positiva de las remesas de los trabajadores. En los países donde esto no ocurre, es muy probable que las remesas se gasten tan sólo para "arreglárselas", mientras que en países con un clima de inversión positivo es más probable que este dinero se invierta en operaciones agrícolas y pequeñas y medianas empresas que son fundamentales en la lucha contra la pobreza. "Un entorno propicio para las inversiones es importante para la utilización eficiente de cualquier tipo de flujo de capital, incluidas inversiones extranjeras directas, remesas, ayuda y endeudamiento", sostuvo el Sr. Stern. Al igual que la Inversión Extranjera Directa, las remesas son una fuente más estable de financiamiento externo que el endeudamiento. De hecho, las remesas suelen ser anticíclicas y amortiguar otras crisis, dado que los ciclos económicos descendentes estimulan a más trabajadores a emigrar al extranjero y a aquellos que ya están en el extranjero, a aumentar la cantidad de dinero que envían a las familias que han dejado atrás. Durante gran parte de la década de los noventa, las remesas han sido mayores que la ayuda oficial que se entrega para el desarrollo. Si se mantiene la reciente tendencia de aplicar mayores restricciones a las transferencias informales y de disminuir las tarifas de los bancos, es probable que las remesas a través del sistema bancario sigan aumentando. No obstante la relativa fortaleza de los flujos de capital y las remesas, la adaptación a un disminuido flujo de créditos privados implica un desafío para muchos países en desarrollo que han llegado a depender de los préstamos externos. Los US$9.000 millones netos que estos países reembolsaron a los acreedores del sector privado en 2002 son favorables si se comparan con la cifra de casi US$25.000 millones en 2001. Si bien es probable que el tercer trimestre de 2002 marcara el punto más bajo del actual ciclo crediticio, también es probable que cualquier repunte sea esquivo por el momento. Los flujos de créditos netos hacia los países en desarrollo bien podrían no aumentar en términos generales en 2003. En general, las expectativas de crecimiento a corto plazo de los países en desarrollo seguirán dependiendo fuertemente de las perspectivas de los países de altos ingresos, las cuales a la vez estarán influenciadas por factores geopolíticos. Según Uri Dadush, director del Grupo de Perspectivas para el Desarrollo, "En el futuro cercano, los próximos seis a ocho meses, mucho dependerá de factores que están fuera del control de las autoridades responsables de los países en desarrollo. En el mediano plazo, sin embargo, las mejoras que estos países realicen en su estructura normativa y en su clima de inversiones pueden ser un fuerte impulso para aumentar el crecimiento y acelerar la reducción de la pobreza". Estas proyecciones incorporan algunas perturbaciones de las acciones militares en Irak, incluido un alza temporal en el precio del petróleo, pero no suponen ningún desbarajuste severo y prolongado. Sobre la base de estos supuestos, se espera que el crecimiento del PIB de los países ricos aumente de 1,4% en 2002 a 1,9% en 2003, llegando en el futuro cercano a tasas máximas de 2,9% en 2004 antes de ajustarse a 2.6% en 2005. El crecimiento de los países en desarrollo fue de 3,1% en 2002, incrementándose apenas en 0,3 puntos porcentuales respecto de los deficientes resultados de 2001. El crecimiento se vio restringido por una recuperación muy mediocre de los países ricos y por las incertidumbres financieras y políticas de varios mercados emergentes de gran tamaño. El comercio mundial apenas aumentó en 3%, mientras que los precios de los bienes primarios, excluido el petróleo, aumentaron en 5,1%. Los flujos de créditos netos fueron muy bajos, en especial hacia América Latina, y los flujos de inversión extranjera directa, si bien más robustos que los créditos, de todos modos disminuyeron en US$29.000 millones en 2002 respecto de 2001. El precio del petróleo aumentó fuertemente de US$19 a US$28 por barril en el transcurso de 2002 y este incremento más que contrarrestó cualquier ganancia en los precios agrícolas y de los metales. La predicción de línea base estima que el crecimiento de los países en desarrollo se acelerará a 4% en 2003 y a 4,7% en 2004. Los resultados del crecimiento durante los últimos 18 meses mostraron marcadas divergencias entre las principales regiones del mundo en desarrollo, en gran medida debido a diferencias en las condiciones internas, algunas de las cuales son: - El producto de China siguió progresando fuertemente (alrededor de 8% durante 2002), no obstante el relativo estancamiento de Japón y la volátil demanda de EE.UU., lo que ha ayudando a impulsar la recuperación en Asia Oriental. Junto con el estímulo de las políticas en otros países, los resultados de China aumentaron el crecimiento de la región a 6,7% en 2002.
- En el otro extremo del espectro del crecimiento, el crecimiento de América Latina y el Caribe se vio afectado por el no pago de la deuda de parte del Gobierno de Argentina y por el colapso de su sector bancario, la incertidumbre en torno a las elecciones en Brasil, las condiciones en franco deterioro en Venezuela y una caída asociada de US$31.000 millones en los flujos del mercado financiero. El PIB disminuyó en 0,9% durante el año, lo que representa un fuerte descenso de 2,4% en términos per cápita.
- Aunque la moderación del ritmo de crecimiento en el Área del Euro ensombreció las economías de los países en desarrollo estrechamente ligadas a ella, una fuerte recuperación de la actividad en Turquía luego de su crisis en 2001, junto con los sostenidos avances en Rusia y en los países de la Comunidad de Estados Independientes debido al aumento en los precios del petróleo, inyectaron dinamismo al crecimiento en Europa y Asia Central generando un aumento de 4,1%.
- La sostenida fortaleza de la demanda interna en India impulsó las ganancias en el Sur de Asia a 4,9%, no obstante las perturbaciones en las condiciones regionales asociadas con las persistentes tensiones en torno a Afganistán y entre India y Pakistán.
- El crecimiento languideció tanto en África al Sur del Sahara como en Oriente Medio y en África Septentrional y ambas regiones registraron tasas de crecimiento de 2,6% en 2002.
El informe explica que la variabilidad en los resultados de las regiones enmascara similitudes fundamentales en el mundo en desarrollo. Con la creciente integración de los países en desarrollo a la producción, el comercio y los flujos comerciales internacionales, ha surgido un ciclo de negocios verdaderamente global. Las condiciones económicas de los países ricos ahora tienden a emularse rápidamente en los países en desarrollo a través de los mayores vínculos comerciales, la logística "justo a tiempo" y conexiones financieras más intensas con filiales y proveedores en países de medianos ingresos. Según las expectativas, las condiciones financieras que enfrentarán los países en desarrollo en 2003 deberían ser algo menos restringidas de lo que fueron en el período 2001-02. Se proyecta que los flujos de Inversión Extranjera Directa se recuperen levemente, mientras que los flujos netos de fuentes privadas deberían ser moderadamente positivos, si bien todavía bastante débiles. Según se mencionó, este panorama se basa en el supuesto de una rápida solución de la situación en Irak y una fuerte disminución en el precio del petróleo en el transcurso del año 2003. Véanse los cuadros adjuntos. |