 |  | Las niñas constituyen el 35% de las matrículas escolares en Afganistán.
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11 de noviembre, 2004 -- Para algunas personas, una hora de caminata puede parecer poco, pero para los padres que están preocupados por la seguridad de sus hijas es una eternidad. Habibullah Wajdi, especialista en educación del Banco Mundial en Kabul, conoce muy bien el temor que sienten los padres. "Todavía rondan muchos caudillos locales y algunas milicias en numerosos sectores del país", dice. Señala además que "si bien el gobierno se encuentra en su segundo año de mandato, no tiene mucha autoridad fuera de Kabul. La seguridad nacional y la presencia de la policía es limitada y los padres temen que sus hijas puedan ser secuestradas si las dejan caminar solas a la escuela". Los secuestros no son el único problema que afecta la segurid "Todavía ocurren episodios tales como la quema de tiendas y edificios escolares, explosiones en las cercanías de las escuelas y amenazas a las maestras, todos los cuales minan la confianza de la comunidad en cuanto a enviar a las niñas a la escuela". Sin embargo, la angustia de los padres a la hora de enviar a las niñas a la escuela es sólo uno de los factores que explica las profundas divergencias en materia de asistencia escolar en Afganistán.  |  | Hoy en día, 5 millones de niños están matriculados en las escuelas de Afganistán.
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Aún persisten las disparidades de género En total, las niñas constituyen el 35% de las matrículas escolares en Afganistán. Sin embargo, la cifra está distorsionada debido a la alta matrícula escolar que se registra en las ciudades principales como Herat y Kabul, donde las niñas representan entre el 35% y el 58% del total, y no refleja la situación real que se vive en los pueblos rurales en grandes zonas del país. En alrededor de 11 provincias, en especial en aquellas ubicadas en las zonas sur y este, menos del 20% del total de la matrícula primaria corresponde a niñas. En los otrora bastiones de los talibanes en el sur de Afganistán, la matrícula de las niñas alcanza su nivel más bajo: sólo 3% en Zabul, 5% en Helmand y 7% en Khost. "Estas son las zonas donde lo habitual era no enviar a las niñas a la escuela, ya que la visión islámica tradicional mantenía una postura muy conservadora respecto de la educación de las mujeres", explica Wajdi. "En algunas regiones, las mujeres debían permanecer en la Pardah y los hombres no podían verlas fuera del hogar". Incluso antes de que se iniciaran los conflictos de los últimos 23 años, pocas veces se propiciaba la educación de las niñas, salvo en unas pocas ciudades, de tal manera que las guerras y los conflictos de las últimas dos décadas sólo profundizaron la brecha de género. Sin embargo, los talibanes no son los únicos responsables de atentar contra las oportunidades educacionales de las niñas. "Los conflictos, las dificultades económicas y el conservatismo cultural y religioso impidieron a las autoridades centrar la atención en la educación, en especial la de las mujeres. En realidad, nunca se tuvo en cuenta el valor de la educación". Wadji ahora percibe las primeras pruebas de que las cosas están cambiando. "En la mayoría de las comunidades, la presencia de una maestra es crucial para los padres que desean enviar sus hijas a la escuela", señala Wajdi. El Ministerio de Educación está utilizando los fondos del Banco Mundial para establecer un programa pedagógico certificado y coherente, en el cual se prestará especial atención al reclutamiento de mujeres y al traslado de maestros capacitados de las zonas urbanas a las rurales. La paz engendra posibilidades Una señal del cambio es la cantidad de familias que ya han matriculado a sus niños y niñas en la escuela. "Desde que comenzó la reconstrucción de Afganistán la demanda de educación ha sido enorme y sigue superando todas las expectativas", afirma Keiko Miwa, especialista en educación del Banco Mundial, quien reside y trabaja en Kabul. "Más de tres millones de estudiantes se matricularon en los grados uno a 12 en 2002, cuando se esperaba que sólo lo harían 1,7 millones de estudiantes; en marzo de 2003, se inscribieron más de cuatro millones". En la actualidad, según Habibullah Wajdi hay más de cinco millones de estudiantes matriculadas en las escuelas. "Es la declaración más rotunda en favor de la educación de toda la historia afgana".  | Desde abril de 2002, Afganistán ha recibido del Banco Mundial US$317 millones en donaciones y US$441 millones adicionales en préstamos sin intereses -los cuales se conocen como "créditos" para proyectos de desarrollo. os fondos del Banco se utilizaron no sólo para mantener encendidas las luces, sino también para reparar los sistemas de suministro de agua, mejorar la infraestructura, fortalecer las comunidades, crear empleo, reparar escuelas, ayudar al Ministerio de Educación en su tarea de elaborar la política educacional y capacitar a los maestros. demás, el Banco administra seis donaciones del Fondo Japonés para el Desarrollo Social por un total de US$27,6 millones y una donación de US$1,5 millones destinada a capacitación docente, proveniente del Fondo Post Conflicto del Banco Mundial. |
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Los recursos pedagógicos están muy exigidos debido a la creciente demanda Para los maestros ha sido difícil lidiar con la falta de recursos y de apoyo y enfrentar cursos con cada vez más alumnos. Además, algunos han recibido escasa capacitación y sólo han completado el octavo año de enseñanza. "Aunque muchos maestros no reciben oportunamente sus salarios y tienen poca o ninguna capacitación, siguen acudiendo a la escuela para enseñar lo mejor posible dentro de sus posibilidades. Hay un enorme entusiasmo", relata Keiko Miwa. Si bien la mayor parte del personal docente en Kabul, capital de Afganistán, son mujeres, la escasez crónica de profesoras en otras regiones se percibe como un factor adicional que condiciona la baja asistencias de las niñas a las escuelas. "En la mayoría de las comunidades, la presencia de una maestra es crucial para los padres que desean enviar sus hijas a la escuela", señala Wajdi. El Ministerio de Educación está utilizando los fondos del Banco Mundial para establecer un programa pedagógico certificado y coherente, en el cual se prestará especial atención al reclutamiento de mujeres y al traslado de maestros capacitados de las zonas urbanas a las rurales. Cuando las cuatro paredes no son suficientes En Afganistán, el tipo de edificio escolar tiene un significado muy especial, ya que en algunas comunidades es el factor que puede determinar si una niña asistirá a la escuela o no. "En la región meridional, las comunidades exigen que los edificios estén provistos de Pardah -es decir, una escuela con un muro que la rodee", explica Wajdi. Con ayuda de la comunidad internacional, Afganistán está trabajando para ofrecer alternativas, entre las que se cuentan las escuelas en mezquitas y casas, tiendas con Pardah y edificios nuevos básicos. Además, existen iniciativas adicionales en marcha para rehabilitar numerosas escuelas primarias con la participación de la comunidad local. En cerca de 700 escuelas en las provincias de Bamyan, Logar, Parwan, Kapisa y Badakhshan se han creado comités de administración escolar, los cuales permitirán a las comunidades locales fiscalizar la educación de sus niños. Estas provincias podrán rehabilitar unas 100 escuelas primarias con ayuda de las donaciones del Banco Mundial. Un aspecto que está ayudando a mantener y ampliar las oportunidades educacionales es la difusión de un sentido de pertenencia de los programas de educación entre las comunidades a través de la participación y el compromiso. Wajdi rápidamente destaca, por ejemplo, que "la comunidad entrega tierra a la escuela, los habitantes construyen el edificio y los maestros y alumnos provienen de la propia comunidad: éstos son los componentes que generarán una sólida unión y un fuerte sentido de pertenencia entre la comunidad en el contexto afgano". En efecto, este modelo se está emulando en las provincias sureñas.  |  | Las niñas a menudo son obligadas a cuidar de sus hermanos pequeños en vez de acudir a la escuela.
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Cómo superar las barreras culturales Con el fin de superar la renuencia de enviar las niñas a la escuela -cuyas raíces son culturales- se recurre a la promoción de la educación femenina entre los líderes comunales y religiosos y a actividades de movilización social. Sin embargo, un problema fundamental relacionado con la educación es la pobreza. "En las zonas rurales, las madres dependen de sus hijas desde aproximadamente los seis años para que les ayuden a cuidar de sus hermanos menores y a realizar algunas de las tareas domésticas", afirma Wajdi. También se usan otros incentivos, como la entrega de petróleo adicional para cocinar y de trigo a las alumnas a través del programa de alimentación escolar del PMA. En términos generales, según Wajdi, "ahora se ha producido un genuino cambio positivo en la actitud de los padres frente a la educación de sus hijas. Actualmente las mujeres pueden ir a la universidad y estudiar medicina para convertirse en doctoras y las familias están conscientes de lo valiosa que es la educación para todos, hijos e hijas". |