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El financiamiento para fines de ajuste fue sustituido por el financiamiento en apoyo de la política de desarrollo

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El 10 de agosto, 2004―En el contexto de una reforma en gran escala de la política operativa del Banco Mundial, uno de los principales instrumentos crediticios de la institución -el financiamiento para fines de ajuste- fue sustituido por el financiamiento en apoyo de la política de desarrollo.

El financiamiento en apoyo de políticas destinado a apoyar el programa de políticas de un país representa alrededor de un tercio del financiamiento anual otorgado por el Banco.

A través del otro instrumento de crédito del Banco -los préstamos para inversiones- se financian, entre otros, proyectos de caminos y escuelas.

La nueva política es la culminación de más de dos años de consultas con interesados tales como gobiernos, representantes de la comunidad, entidades de la sociedad civil, académicos y representantes del sector privado de todo el mundo.

El nuevo marco unifica las políticas aplicables a toda la gama de instrumentos, incluidos los préstamos para ajuste sectorial, los préstamos para ajuste estructural y los créditos de apoyo para la reducción de la pobreza. En él se abordan, además, cuestiones básicas de diseño, sistemas fiduciarios, opciones de financiamiento, y difusión y divulgación.

James Adams, vicepresidente y jefe de la Red de políticas de operaciones y servicios a los países, afirma que el cambio que llevó a la introducción del financiamiento en apoyo de la política de desarrollo representa mucho más que un cambio de nombre: refleja la profunda transformación experimentada por este instrumento financiero en la última década, aproximadamente.

Identificación de los países con sus programas

En la nueva política se reconoce que ningún patrón de reforma es eficaz para todos los países, por lo cual los gobiernos deben identificarse con las reformas a fin de elaborar un programa que satisfaga las necesidades nacionales.

Según Adams, “[h]emos quitado el carácter preceptivo al viejo enunciado de la política, en que en esencia incluíamos objetivos y métodos inalterables: ‘así es como se realiza la reforma del sector público’, ‘así es como se lleva a cabo la privatización’. Hemos aprendido que muy diversos métodos pueden dar resultados satisfactorios, pero también que el crecimiento económico requiere ingredientes clave, como la ampliación de la esfera de acción del sector privado y la promoción del estado de derecho y de un sistema judicial que funcione satisfactoriamente”.

A través de la nueva política se procura, asimismo, ampliar la gama de participantes en la elaboración de la política pública, haciendo hincapié en que las reformas no deben aplicarse sin realizar consultas con los interesados y conocer más profundamente sus repercusiones sociales y ambientales.

“Se enuncia con mucho mayor claridad la aspiración de que los gobiernos trabajen junto con la sociedad civil y otros protagonistas del desarrollo en la elaboración de programas de reducción de la pobreza. El Banco está dispuesto a respaldar a los gobiernos para que alcancen sus objetivos, en la medida en que crea que esos objetivos son razonables y asequibles y que el gobierno y la población del país están realmente identificados con ellos”.

Enfoque a largo plazo

En la nueva política se reconoce, además, que durante mucho tiempo sólo un porcentaje mínimo de operaciones de financiamiento “para fines de ajuste” fueron precedidos por una crisis que hiciera necesario el ajuste. De hecho, la mayor parte del financiamiento en apoyo de políticas consiste, en la actualidad, en apoyo programático para complicadas reformas estructurales e institucionales a mediano plazo, en lugar de promover la eliminación de distorsiones económicas.

Según Adams, “[m]uchas de esas operaciones incluyen actualmente reformas estructurales a más largo plazo. Entrañan complicadas cuestiones institucionales, como el fortalecimiento de las políticas de educación y salud, un mejor entorno para la inversión en el país, y la adopción de medidas correctivas respecto de la gestión pública, la gestión del gasto público y la responsabilidad financiera pública. Requieren un cuidadoso método de avance gradual a lo largo de muchos años”.

Evolución de la condicionalidad

Uno de los aspectos más polémicos del financiamiento en apoyo de reformas de políticas -la condicionalidad- también ha venido cambiando desde los años ochenta a esta parte. “La experiencia de los últimos 20 años muestra que los programas de políticas sólo resultan eficaces cuando los propios países están identificados con ellos y con la condicionalidad”, dice Stefan Koeberle, asesor de la Red de política de operaciones y servicios a países del Banco Mundial.

En la actualidad, el grueso de las operaciones de ajuste consiste en préstamos programáticos para el ajuste, en que los desembolsos se efectúan en función de actividades ya realizadas, y no de actividades prometidas.

A través de ese proceso, el Banco y el país llegan a un entendimiento en cuanto a sus objetivos y a la manera de evaluar el avance logrado, y si éste se considera adecuado, se puede conceder financiamiento para una segunda operación.

“El Banco ha comprobado que las operaciones programáticas se han convertido en un enfoque promisorio para reconciliar mutuamente los objetivos de identificación y previsibilidad de los recursos. En ese sentido, la condicionalidad se ha convertido en un instrumento en virtud del cual se asumen compromisos mutuos que hacen responsables a los gobiernos de avanzar de manera confiable hacia sus propias estrategias de reducción de la pobreza, a la vez que la comunidad del desarrollo proporciona un respaldo financiero confiable para contribuir a lograr esos resultados”.
                                                                                                                               




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