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El precio de la corrupción

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8 de abr√≠l, 2004‚ÄĒM√°s de un bill√≥n de d√≥lares estadounidenses (US$1.000.000.000.000) se paga cada a√Īo en sobornos, seg√ļn las investigaciones que lleva a cabo el Instituto del Banco Mundial.
Daniel Kaufmann, director de gobernabilidad del mencionado Instituto, dice que esta cifra es una estimación de los sobornos pagados en todo el mundo, tanto en países ricos como en países en desarrollo.

‚ÄúEs importante recalcar que no se trata de un problema de los pa√≠ses en desarrollo exclusivamente‚ÄĚ, dice Kaufmann. ‚ÄúLuchar contra la corrupci√≥n es un desaf√≠o mundial‚ÄĚ.

La cifra de un bill√≥n de d√≥lares, calculada utilizando datos econ√≥micos de 2001‚Äď02, contrasta con la magnitud estimada de la econom√≠a mundial, que en ese entonces se calculaba en algo m√°s de US$30 billones, dice Kaufmann, y no incluye la malversaci√≥n de fondos p√ļblicos ni el robo de bienes p√ļblicos.

Es sumamente dif√≠cil evaluar la magnitud mundial de la malversaci√≥n de fondos p√ļblicos, ‚Äúpero s√≠ sabemos que en muchos casos se trata de un problema realmente grave‚ÄĚ. Transparencia Internacional estima, por ejemplo, que el antiguo l√≠der indonesio Suharto desfalc√≥ entre US$15.000 millones y US$35.000 millones de su pa√≠s, mientras que Ferdinand Marcos en Filipinas, Mobutu en Zaire y Abacha en Nigeria pueden haber malversado hasta US$5.000 millones cada uno.

Kaufmann observa que el cálculo de los montos totales de las transacciones corruptas no es más que una parte del costo total de la corrupción, que constituye un obstáculo importante para reducir la pobreza, la desigualdad y la mortalidad infantil en las economías emergentes.

Las investigaciones realizadas por el Instituto indican que los ingresos nacionales de los pa√≠ses que combaten la corrupci√≥n y mejoran el imperio de la ley pueden aumentar hasta cuatro veces en el largo plazo y que la mortalidad infantil puede disminuir hasta un 75%. ‚ÄúHemos comprobado lo que denominamos ‚Äėel dividendo del 400%‚Äô que reporta la gobernabilidad‚ÄĚ, se√Īala Kaufmann.

Un país con un ingreso per cápita de US$2.000 que combata la corrupción, mejore la gobernabilidad y el imperio de la ley podría esperar que sus ingresos aumenten a US$8.000 en el largo plazo.

Combatir la corrupción puede contribuir al desarrollo

Seg√ļn Kaufmann, no es sorprendente que combatir la corrupci√≥n y mejorar la gobernabilidad puedan dar un impulso importante a un pa√≠s en desarrollo.

Pa√≠ses como Botswana, Chile, Costa Rica y Eslovenia, que han reducido la corrupci√≥n a niveles comparables a los de muchos pa√≠ses industrializados ricos, ponen en tela de juicio la idea muy generalizada de que un pa√≠s debe hacerse rico para poder combatir la corrupci√≥n. Investigaciones en que se utiliza una amplia base de datos sobre gobernabilidad de 200 pa√≠ses demuestran, de hecho, que al mejorar la gesti√≥n de los asuntos p√ļblicos, el imperio de la ley y el control de la corrupci√≥n, se eleva el ingreso nacional per c√°pita.

Muchos √©xitos a nivel de los proyectos ilustran tambi√©n lo que es factible, tales como la ‚Äúlibreta de calificaciones‚ÄĚ que preparan los ciudadanos en Bangalore (India), cuyo resultado ha sido un aumento en el grado de satisfacci√≥n de la ciudadan√≠a con los organismos locales y una disminuci√≥n de la corrupci√≥n; o los estudios de seguimiento del gasto p√ļblico en Uganda, que permitieron reducir las fugas presupuestarias en las escuelas locales.

¬ŅSe est√° ganando la batalla contra la corrupci√≥n?

Seg√ļn Kaufmann, se ha avanzado en la lucha contra la corrupci√≥n en algunos sentidos, pero todav√≠a queda mucho por hacer. Los problemas m√°s graves a√ļn no est√°n resueltos; para ello se necesitar√° una enorme voluntad pol√≠tica de parte de los gobiernos nacionales, el sector privado (incluidas las empresas multinacionales) y los organismos internacionales.

Algunos gobiernos y dirigentes nacionales han tomado en serio la lucha contra la corrupción. En el ámbito internacional, un paso positivo fue la aprobación de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, firmada en diciembre de 2003 en Mérida (México). Otras organizaciones internacionales, tales como la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos y la Organización de Estados Americanos, también han elaborado convenciones contra la corrupción.

Kaufmann dice que los esfuerzos del Banco Mundial por ayudar a los pa√≠ses a luchar contra la corrupci√≥n, que hasta mediados de los a√Īos noventa ten√≠an limitaciones, aumentaron notablemente con el actual presidente James Wolfensohn, despu√©s de su trascendental discurso sobre este desaf√≠o, al que llam√≥ el ‚Äúc√°ncer de la corrupci√≥n‚ÄĚ, pronunciado en las Reuniones Anuales del FMI y el Banco Mundial de 1996.

El Banco est√° colaborando en este sentido a trav√©s de proyectos en alrededor de 100 pa√≠ses. Igual importancia reviste la pol√≠tica de ‚Äútolerancia cero‚ÄĚ del propio Banco en lo que respecta a la corrupci√≥n interna y las medidas en√©rgicas que se toman para reducir al m√≠nimo la corrupci√≥n en los proyectos financiados por el Banco. El Banco publica los nombres de las compa√Ī√≠as cuando se descubre que han utilizado pr√°cticas corruptas en sus proyectos. Hasta la fecha se ha inhabilitado a m√°s de 100 empresas.

Las investigaciones confirman que algunos países han tenido éxito mientras que otros han fracasado.

‚ÄúSe han obtenido buenos resultados en algunos pa√≠ses, ciudades e instituciones. Sin embargo, la preocupante realidad es que por cada logro ejemplar, ha habido inacci√≥n o deterioro en otros casos. Existe una enorme diferencia entre los resultados obtenidos en distintos pa√≠ses, ciudades e instituciones en el control de la corrupci√≥n. La clave consiste en aprender de los errores y √©xitos de las experiencias iniciales en este √°mbito‚ÄĚ, dice Kaufmann.

El camino a seguir

Seg√ļn Kaufmann, dada la ‚Äúpreocupante realidad‚ÄĚ de la magnitud de la corrupci√≥n internacional, tal vez habr√≠a que reflexionar de nuevo sobre c√≥mo encararla. Entre las cuestiones clave se cuentan las siguientes:

  • Ver la corrupci√≥n en el contexto de la gesti√≥n de los asuntos p√ļblicos y el cambio institucional. Es vital promover el imperio de la ley, la protecci√≥n de los derechos de propiedad, la libertad de prensa, la competencia en el √°mbito pol√≠tico y la transparencia en general y en las pol√≠ticas en particular (por ejemplo, en el financiamiento de las campa√Īas electorales). Tambi√©n son decisivos los mecanismos que permiten a los ciudadanos expresar su opini√≥n de forma eficaz.
  • El poder de los datos y la transparencia. Los pa√≠ses reformistas utilizan datos para medir y vigilar los progresos alcanzados en materia de gobernabilidad. √Čstos contribuyen a la toma de decisiones sobre la gobernabilidad y la corrupci√≥n. Se deber√≠a alentar m√°s el uso de medidas que contribuyen a la transparencia, tales como leyes sobre la libertad de informaci√≥n, la divulgaci√≥n p√ļblica del patrimonio de los altos funcionarios y un acceso transparente al historial de voto de los parlamentarios. Tambi√©n es importante mejorar constantemente los indicadores que se utilizan a nivel mundial y los diagn√≥sticos sobre pa√≠ses espec√≠ficos.
  • No hay pruebas de que la ideolog√≠a, la cultura, la globalizaci√≥n o la privatizaci√≥n sean culpables de la corrupci√≥n. La corrupci√≥n ha prosperado o ha sido sofocada por gobiernos de todas las tendencias pol√≠ticas. La globalizaci√≥n puede ayudar a controlar la corrupci√≥n aumentando la transparencia y la competencia.
  • Examinar de nuevo la utilidad de los organismos contra la corrupci√≥n y las iniciativas legislativas tradicionales. En general, el desempe√Īo de los organismos contra la corrupci√≥n (que con frecuencia se crean por conveniencia pol√≠tica y a expensas de dif√≠ciles reformas sist√©micas) ha sido variable en el mejor de los casos. Tambi√©n lo han sido los resultados de la revisi√≥n de las leyes vigentes. Por ello, tal vez ser√≠a aconsejable desistir de estas iniciativas referentes a la creaci√≥n de organismos o de las iniciativas legislativas tradicionales. En cambio, se deber√≠a dar mucha m√°s prominencia a los incentivos, la prevenci√≥n y las reformas institucionales y normativas sist√©micas, concentr√°ndose en las instituciones p√ļblicas, privadas y de la sociedad civil existentes.
  • La participaci√≥n ciudadana en la lucha contra la corrupci√≥n. La batalla contra la corrupci√≥n no puede ganarse √ļnicamente a trav√©s de unas cuantas instancias de gobierno. La sociedad civil, los medios de informaci√≥n, el Parlamento, el Poder Judicial y el sector privado deben participar plenamente con voz y voto. Las formas innovadoras de participaci√≥n de los ciudadanos a nivel local, trabajando con sus municipalidades para mejorar la gobernabilidad y frenar la corrupci√≥n, pueden ser muy eficaces, como en el caso de un proyecto de gran envergadura en beneficio de numerosas aldeas indonesias o en el proceso de formulaci√≥n de presupuestos con participaci√≥n popular en Porto Alegre (Brasil).
  • Competencia libre y transparente del sector privado, para evitar que las instituciones del Estado caigan en manos de intereses creados privados de car√°cter monop√≥lico.
  • Las pol√≠ticas internas contribuyen enormemente al √©xito o fracaso de todas las medidas que se adopten para reducir la corrupci√≥n. Los intereses creados deben reconocerse y entenderse expresamente, admitiendo que a veces la √©lite privada nacional ejerce una influencia indebida contra las reformas encaminadas a mejorar la gesti√≥n de los asuntos p√ļblicos. Para que se puedan efectuar las reformas, los dirigentes pol√≠ticos nacionales tienen que estar dispuestos a resistir las presiones de miembros del sector p√ļblico y privado que obstaculizan las reformas. Es crucial redoblar los esfuerzos internacionales, pero √©stos no tendr√°n √©xito sin liderazgo y determinaci√≥n desde dentro del pa√≠s.
  • El papel de un pacto internacional. Las organizaciones internacionales deben extraer las lecciones que ofrece la experiencia y sugerir medidas francas y concretas para mejorar los resultados. Las empresas multinacionales pueden afectar notablemente ‚ÄĒpara bien o para mal‚ÄĒ la gobernabilidad y la corrupci√≥n en las econom√≠as emergentes. As√≠, para ejercer una influencia positiva se necesita una serie de incentivos y medidas de transparencia (tales como publicar lo que se paga a los gobiernos, inhabilitar a las empresas deshonestas que practican el soborno, etc√©tera). La divulgaci√≥n de informaci√≥n por la banca internacional y la lucha contra el lavado de dinero tambi√©n son importantes. Asimismo, se justifica que el Grupo de los Ocho d√© m√°s prioridad a la lucha contra la corrupci√≥n. Por √ļltimo, en este contexto, tambi√©n puede constituir un aliciente importante dar m√°s relevancia a los incentivos para fomentar la buena gesti√≥n p√ļblica y la lucha contra la corrupci√≥n y a los requisitos para formar parte de acuerdos econ√≥micos y comerciales mundiales o regionales. Ejemplos de ello son el caso de Chile (que se adhiri√≥ desde un principio al Tratado de Libre Comercio de Am√©rica del Norte y luego a pactos con la Uni√≥n Europea y otros similares) y los pa√≠ses de la regi√≥n con econom√≠as en transici√≥n que se han adherido a la Uni√≥n Europea. La posibilidad de ingresar en estos clubes econ√≥micos y pol√≠ticos internacionales ‚Äúselectos‚ÄĚ les ha dado el √≠mpetu necesario para mejorar la gobernabilidad.

Este artículo se publicó por primera vez en inglés el 8 de abril, 2004.

 




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