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Sri Lanka: Una enorme tarea, pero hay indicios de progreso

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Sri Lanka Tsunami
L. Somaratna de Silva en el poblado de Walabada muestra su libreta bancaria y los fondos recibidos para comenzar a reparar su casa, que sufrió daños parciales. 

21 de octubre, 2005 - Cerca de 220.000 familias damnificadas por el tsunami que azotó Sri Lanka el pasado mes de diciembre, han recibido hasta tres pagos de donaciones en efectivo por un valor de US$50 cada uno, mientras que otro pago se encuentra ya en camino.

Esta ayuda del Banco Mundial, en forma de donaciones en efectivo cuyo objeto es ayudar a que la población se recupere y circule dinero en las pequeñas economías locales, asciende hasta el momento a US$33 millones.

Cuando las familias reciban el último pago durante el transcurso de este año, el total llegará a US$40 millones.

El director del Banco para Sri Lanka, Peter Harrold, señala que los pagos son sólo una parte de la respuesta del Banco para la reconstrucción de Sri Lanka tras el tsunami.

Harrold dice que si bien el proceso de reconstrucción que tiene lugar en Sri Lanka es una labor de enormes proporciones que ha tenido sus dificultades, existe en este momento una clara evidencia de progreso en el país.

"Es una labor enormemente desafiante y no cabe duda que ciertos aspectos han resultado muy difíciles, pero en general estamos bastante satisfechos con la manera en que marchan las cosas", agrega.

“Los recursos están llegando a la gente, la vida de los habitantes está volviendo a la normalidad y los aspectos físicos del país se están recuperando lentamente. Pero cada día la realidad nos recuerda la enormidad del reto que afronta el país".

"Este es un país de 19 millones de habitantes, de los cuales cerca de un millón fueron desplazados inicialmente. Es la misma cantidad de gente que fue evacuada de Nueva Orleans. Todas las familias, sin excepción, resultaron afectadas por este desastreâ€.

El Banco Mundial asignó una ayuda de US$150 millones a Sri Lanka.

"El país ya ha recibido US$50 millones y parece que al término del año civil habremos asignado la mayor parte de esos US$150 millones y hacia fines del próximo año se habrá desembolsado la mayoría de ese dinero", agrega.

El dinero se ha encauzado hacia la reconstrucción de viviendas y establecimientos sanitarios, la reconstrucción de caminos y el apoyo logístico.

Aparte de las donaciones en efectivo a las 220.000 familias damnificadas, el Banco Mundial ha estado distribuyendo donaciones en efectivo por un valor de US$2.500 para que las familias puedan reparar o reconstruir sus hogares.

Harrold señala que la tarea de reconstrucción de viviendas para las familias afectadas es inmensa.

"Estamos hablando de reconstruir un número de viviendas entre diez y veinte veces más grande que lo que se construye habitualmente en el país en todo un añoâ€.

"El proceso de planificación, la identificación de tierras, la consulta con las comunidades y la ubicación de los beneficiarios en las viviendas que les corresponde ocupar son tareas complejas que llevan mucho tiempo".

No obstante, Harrold es optimista respecto a los esfuerzos de reconstrucción de viviendas.
 
“Cerca de 90.000 hogares resultaron destruidos, dejando a más de 400.000 personas sin hogar que necesitan una nueva viviendaâ€.

“En la actualidad sólo quedan unos cientos de familias en tiendas de campaña. Se han terminado 50.000 viviendas transitorias en total y ya hay familias ocupándolas. Una cantidad similar de familias está viviendo con amigos o familiaresâ€.

Harrold dice que hay 60.000 viviendas en construcción o reparación, y que se están adjudicando otras 20.000 casas a la gente, habiéndose iniciado el proceso de distribución de tierras.

“Y literalmente al final del corriente año todos sabrán dónde estará ubicada su casa. Podrán verla y, en muchos casos, ayudarán a construirlaâ€.

“Cada familia sabrá en qué lugar estará ubicado su futuro hogar y podrá ver que en cuestión de unos pocos meses se comenzará su construcciónâ€.

“La vivienda fue la mayor causalidad física. Si todos saben dónde estará ubicada su casa y ven que pronto será una realidad, creo que el estímulo psicológico sería fantásticoâ€.

Un problema del proceso de reconstrucción ha sido la declaración de una zona protegida por parte del gobierno de Sri Lanka – una zona excluida de la reconstrucción. El gobierno prohibió la construcción de nuevas estructuras en dicha zona, argumentando que la iniciativa no sólo protegería a los ciudadanos en caso de futuros desastres, sino también a la zona costera.

Dentro de la zona protegida quedan unas 56.000 viviendas, pero se les había dicho a las familias que vivían allí que serían reubicadas.

Harrold, que previamente abogó por un enfoque flexible de la zona protegida, dice que la cuestión había sido una dificultad – aunque no para todos.

“En muchas partes del país, la reubicación se está realizando con bastante rapidez. Para muchas familias que han experimentado un trauma de tal magnitud y no quieren vivir cerca del mar, es una buena soluciónâ€.

“Pero para otros, es diferente. En primer lugar, quieren volver al lugar donde vivían. Pero, en segundo lugar, Sri Lanka es un país pequeño, con una gran densidad demográfica. El 26% de la población vive a menos de una milla de la costaâ€.

“El desafío de encontrar nuevas tierras lo suficientemente cerca del lugar donde vivían, ha resultado ser casi imposible en ciertas partes del paísâ€.

Por dicha razón, surgió la idea de modificar la zona protegida en ciertas áreas, en particular, en aquellas muy densamente pobladas donde escasean las tierrasâ€.

En la actualidad, el gobierno de Sri Lanka ha modificado la zona protegida, reduciéndola en muchas áreas, de acuerdo con la evaluación de riesgos que había llevado a cabo el Departamento de Conservación Costera con anterioridad.

Harrold comenta que aproximadamente la mitad de las familias que iban a ser reubicadas tienen ahora la opción de reconstruir sus hogares en el mismo lugar, sin tener que trasladarse.

Ahora se plantea el desafío de elaborar los programas apropiados para ayudar a que esas familias vuelvan a sus lugares y reconstruyan sus casas siguiendo normas de construcción más estrictas, concluye.




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