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India: Funcionarios de gobierno recuerdan el desastre

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22 de diciembre, 2005 — Un año después del tsunami de diciembre pasado, cada aldea desvastada en India guarda sus propias historias.

 

Las historias más destacadas hablan de una administración que tuvo que pensar con rapidez, de la generosidad del espíritu humano, de enormes esfuerzos logísticos y del trabajo en equipo y el compromiso demostrado a pesar de estar encarando un desafío incomprensible.

 

Estas historias entrañan muchas lecciones. Cuando los muros de agua azotaron la costa, era un día domingo como cualquier otro. Las mujeres vendían pescado en los embarcaderos, los niños jugaban críquet en la arena, las abuelas tomaban sol y la mayoría de los funcionarios estaban de vacaciones. Era el día después de Navidad, de modo que la Basílica de Vellankanni, ubicada frente al mar, estaba atestada de peregrinos provenientes de todo el país.

 

Respuesta inmediata

 

“Oí los primeros informes de boca de los cientos de miles de personas que venían huyendo de la costa hacia tierras interioresâ€, dice el Dr. J. Radhakrishnan, funcionario de gobierno hoy a cargo del distrito de Nagapattinam y que estaba tierra adentro cuando ocurrió el desastre.

 

“No podía imaginar lo que había ocurridoâ€. Peor aun, los teléfonos celulares no funcionaban y comenzaba a llover copiosamente.

 

Más de 6.000 personas murieron sólo en la corta franja costera de 10 kilómetros del distrito indio de Nagapattinam. La mayoría eran mujeres y niños que no pudieron escapar del agua. Otras 200.000 resultaron afectadas, sólo en el distrito.

 

Mientras salió a buscar la causa de tal terror, encontró personas pasmadas, caminos arrasados, puentes destruidos y barcas pesqueras depositadas en las carreteras cortando el paso hacia las áreas más afectadas. Sólo había una sala del hospital disponible para recibir la constate llegada de heridos.

 

“La magnitud de la gravedad de la tragedia sólo se calmó a la mañana siguienteâ€, recuerda.

 

En acción

 

Si bien nunca habían enfrentado un desastre de estas dimensiones, los funcionarios de gobierno entraron inmediatamente en acción, trabajando para mantenerse visibles con el fin de detener posibles reacciones de pánico. Se iniciaron exhaustivas labores de socorro, con la ayuda de cientos de organizaciones no gubernamentales que llegaron al lugar.

 

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Una mujer local de pie frente a su refugio temporal.
Una de las peores tragedias tuvo lugar en las afueras de la iglesia de Vellankanni, reverenciada por todas las corrientes religiosas. Muchas familias que pululaban en improvisados mercados para realizar sus compras festivas fueron arrasadas por el desastre. Al ver a los huérfanos que quedaron en Vellankani, S. Ganesan, funcionario local, decidió ayudar a todos los que pudiese, a pesar de haber perdido a propia su esposa. “Me entregué por completo a las labores de socorroâ€, dice, “me ayudó a soportar mi pérdidaâ€.

 

Había cuerpos por todos lados, tanto humanos como animales. Había que hacer algo con ellos, ya que debido al clima cálido y húmedo era imperioso prevenir el brote de una epidemia.

 

Otra inquietud inmediata era la entrega de alimentos, refugio y asistencia médica a los cientos de miles de sobrevivientes, la mayoría de ellos demasiado afectados emocionalmente como para comprender lo que había ocurrido.

 

Sin embargo, entregar alimentación a miles de personas repartidas en una vasta zona no fue fácil.

 

“Todos quienes pudieron hacerlo huyeronâ€, recuerda Prabhakaran, funcionario a cargo de las labores de socorro del distrito de Cuddalore. “¿Quién iba a cocinar? ¿Dónde había cocinas y gas para cocinar?â€

 

Con ingenio y agilidad, usando sólo comunicación inalámbrica, hicieron arreglos para que se cocinaran grandes cantidades de alimentos en los distritos vecinos. "Durante semanas mantuve a mano 5.000 paquetes de comida, ya que nunca sabíamos cuándo aumentaría la necesidadâ€, comenta Prabhakaran.

 

Se montaron campos de refugiados en salones para bodas, escuelas y refugios anticiclones. Tras obtener el consentimiento de familiares y la comunidad, los voluntarios reunieron los cuerpos en fosas comunes. Se tomaron fotografías y vídeos para identificar a los muertos, pues los sobrevivientes buscaban desesperadamente a sus seres queridos desaparecidos.

 

Sin descanso

 

Aproximadamente 1.000 funcionarios y personal del gobierno trabajaron sin descanso en el distrito de Nagapattinam. “Nuestra jornada comenzaba a las 6am y continuaba hasta entrada la noche. Nadie descansó, sin importar cuán exhausto estuviese", dice el suplente de Radhakrishnan.

 

Las ambulancias llegaban rápidamente y equipos de doctores y enfermeras provenientes de otras zonas ayudaron a vacunar a los sobrevivientes contra posibles enfermedades.

 

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Casas nuevas están en construcción.
Debido a que el suministro de agua corría peligro de contaminarse por cadáveres de animales, se cortó el suministro municipal. Se trajo agua embotellada junto con los materiales de socorro y camiones cisterna abastecieron a los campamentos con agua.

 

El clima cálido hacia que el saneamiento fuera de vital importancia. Se aplicó lejía en polvo para desinfectar grandes zonas.

 

Las salas de control supervisaban la distribución de materiales de socorro, gracias a una combinación de teléfonos, aparatos inalámbricos e instalaciones de radio para averiguar qué se necesitaba y dónde.

 

En Nagapattinam, el distrito más afectado, la administración se dividió en 11 equipos compuestos por médicos y oficiales de la policía, personal de servicios básicos y funcionarios de bomberos y rescate, cada uno bajo el mando de un funcionario principal del gobierno. Los equipos debían tomar decisiones inmediatas en cada lugar y contaban con fondos suficientes. Los funcionarios principales acamparon fuera del distrito para supervisar las operaciones y garantizar el flujo continuo de auxilio.

 

En los campamentos, voluntarios capacitados para entregar alivio a gran escala ofrecían consuelo a los traumatizados sobrevivientes. Se crearon grupos de personas desaparecidas y se publicó un sitio web para llevar registro de los muertos, heridos y desaparecidos.

 

“Antes del 31 de diciembre, la mayoría de los muertos ya habían sido recuperados y enterrados. Se había restaurado el suministro de agua y electricidad. No había saqueos ni violaciones y no hubo brotes epidémicos", agrega Radhakrishnan.

 

Coordinación de las labores de socorro

 

Debido a la llegada de grandes cantidades de material de socorro por vía terrestre y aérea, administrar y entregar los suministros en los lugares más necesitados presentó un enorme desafío. Cualquier retraso causaría aun mayor sufrimiento, de modo que los inventarios se administraron en línea. C. Kamaraj comenta que fue toda una experiencia. “Me pidieron que me hiciera cargo de las operaciones de socorro en la principal bodega de Channai. No habían instrucciones sobre lo que se debía hacer, así que empezamos con lo que sabíamosâ€.

 

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Botes destruidos por el maremoto están ahora siendo reconstruidos.
En los distritos, se asignaron tareas a organizaciones no gubernamentales de acuerdo a su experiencia práctica. Durante 60 días, los administradores se reunieron cada tarde con las organizaciones para analizar la situación. “No era una competenciaâ€, comenta Radhakrishnan. “El trabajo en equipo era fundamentalâ€.

 

“Fortalecer la confianza de un pueblo abatido a través de un gobierno fuerte y visible es fundamental para ayudarlos a mantener la calmaâ€, agrega. “Les ayuda a saber que alguien vela por ellos, que toda solicitud es significativa, sin importar cuan pequeña seaâ€.

 

Cuando le preguntamos que dijera, en retrospectiva, qué se podría haber hecho mejor, contesta: “Quizás los equipos podrían haberse formado uno o dos días antesâ€.

 

Los equipos también aprendieron lecciones importantes. Tal vez contar con directorios con los nombres de todos los proveedores de servicios de socorro, sería de muchísima ayuda en emergencias mayores. Un catastro de las zonas con detalles de sus habitantes y las actividades que realizaban llegó a ser muy útil para que la administración evaluase el riesgo de una comunidad.

 

Sin embargo, Radhakrishnan dice: “los desastres no son estadísticasâ€. “A fin de cuentas, es la humanidad del enfoque lo que realmente importaâ€. Y de todas las historias que hemos oído, está claro que la respuesta estuvo a la altura de las circunstancias.




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