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Recuperación tras el tsunami: Pareja de Sri Lanka vuelve a hacer negocios en una semana

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La oficial de asuntos externos del Banco Mundial en Colombo, Chulie de Silva, salió a descubrir cómo está afectando a la población el proceso de reconstrucción. Descubrió a una pareja que perdió su empresa, pero que han podido comenzar de nuevo impulsados por la necesidad de resguardar la educación de sus hijos. La pareja recibió ayuda en forma de donaciones en efectivo y hoy realiza un pequeño pero significativo aporte a la economía local.

 

16 de diciembre, 2005 —
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Al viajar al sur a lo largo de la costa de Sri Lanka por el camino Galle hacia Hikkaduwa, un pequeño restaurante ubicado entre el poste miliar 93 y 94 ofrece una grata detención.

 

El restaurante ubicado en Daluwattemulla, en Thelwatte, lugar trágicamente conocido por el descarrilamiento de un tren que fue alcanzado y descarrilado por las gigantescas olas del tsunami de diciembre pasado. Los telespectadores de todo el mundo quizás no recuerden el nombre del lugar, pero pocos olvidarán esta demostración de la magnitud del tsunami.

 

Hoy, meses después, la señora L.W. Chandrakanthi da la bienvenida a sus clientes con una cálida sonrisa. El restaurante, que lleva el nombre de su hijo mayor, Pathum, todavía no tiene ningún letrero en su exterior. Es un lugar limpio, con mesas plásticas cuidadosamente dispuestas con jarras de agua y vasos. Un pequeño refrigerador enfría refrescos embotellados y un letrero indica que hay yogurt fresco.

 

Al otro lado del camino Galle, el mar es azul claro y no queda rastro de su furia desatada el 26 de diciembre. El pequeño negocio familiar de Chandrakathi, que ella administra junto a su esposo, el señor Upulsriananda, llevaba cinco años en funcionamiento cuando el tsunami asoló la región.

 

Gracias a la empresa, la familia financiaba la educación de sus tres hijos y una nueva casa, que estaba casi lista. Tanto la casa como el restaurante fueron reducidos a escombros en diciembre pasado.

 

Sri-Lanka.-L.W
Upulsriananda con una fotografía del restaurante que fue completamente destruído por el tsunami.
Aunque la pareja quedó desolada, su necesidad más imperante la impulsó a actuar: dinero para mantener la educación de sus tres hijos adolescentes sin interrupciones. La educación en Sri Lanka es gratuita, pero no lo son las clases particulares que prácticamente se han convertido en un sistema escolar paralelo. La escuela de los niños no fue destruida, pero perdieron todos sus libros de estudio y uniformes, a la para que todas sus pertenencias en el hogar. Los niños faltaron a clases durante un par de semanas, pero Chandrakanthi y Upulsriananda estaban resueltos a que debían volver a la escuela lo más pronto posible.

 

“Necesitábamos conseguir dinero para los uniformes, los libros y los zapatos y también para las clases particularesâ€, señaló Chandrakanthi. Encontramos cuatro postes metálicos, una lona se convirtió en el techo, rescatamos algunas sillas y con la ayuda de amigos que se juntaron para ofrecer ayuda, más las donaciones en efectivo iniciales, compramos las mesas y el Restaurante Pathum volvió a abrir en una semana.

 

El Banco Mundial apoyó al gobierno de Sri Lanka con US$34 millones destinados a otorgar cuatro rondas de donaciones en efectivo de US$50 (LKR 5.000) a cada una de las familias afectadas por el tsunami. El dinero fue entregado a más de 200.000 familias y pretendía ayudarles a enfrentar el período inicial de recuperación y dar impulso a la reactivación de las economías locales.

 

La inyección de dinero en las comunidades tenía como objetivo darles la oportunidad de reconstruir sus medios de subsistencia antes de que comenzara la reconstrucción definitiva. Como beneficiarios de este programa, Chandrakanthi y Upulsriananda recibieron las cuatro rondas de donaciones en efectivo.

 

SL.WB.-Cafe-on-Galle-Road
Chandrkanthi y Upulsriananda cuentan con la ayuda de sus dos hijos en el restaurante.

El restaurante y la casa se ubicaban dentro de los 100 metros de la zona de amortiguamiento, designada como área donde no está permitido construir, de modo que la familia no calificaba para obtener asistencia financiera para reconstruir en sus 100 metros cuadrados de propiedad. Sin embargo, lograron convencer a las autoridades, afirmando que necesitaban reabrir su restaurante debido a que era su único medio de subsistencia.

 

La hora de almuerzo es un verdadero banquete. Hay arroz “kekulu†rojo integral del sur de Sri Lanka con curry de pescado a la pimienta, lentejas al curry, “mallum†o verduras picadas finas con coco, “amberella†o curry de frutas y pescado frito con ají rojo muy picante, todo cubierto con “papadumsâ€.

 

Sin dejar de velar por el apetito de sus clientes, Upulsriananda muestra donde estaba su casa nueva y sin terminar. Recuerda la desesperanza que hubo y cómo el área Thelwatte estuvo más de dos meses sin agua potable. Pero su tristeza desaparece al recordar cómo sus amigos y clientes se juntaron para ayudarles y les trajeron alimentos y agua. “Vinieron desde cerca y desde lejos y su apoyo alivió el dolor en Thelwatte", declara.

 

“Las donaciones en efectivo también fueron muy útilesâ€, dice Chandrakanthi. “Primero compré chatties (ollas de arcilla tradicionales) y dos mesas y sillas. No había ninguna panadería cerca, de modo que tomé el bus y busqué en los pueblos interiores panaderías donde comprar pan y panecillos para el restauranteâ€.

 

Upulsriananda viaja todas las mañanas a la aldea de pescadores más cercana, Hikkaduwa, para comprar pescado fresco. “No nos gusta usar pescado congelado y tratamos de dar un mejor servicio que antes, pero el negocio no está tan bueno como solía serâ€, explica Chandrakanthi y nos presenta a su único ayudante de cocina que viene a trabajar todos los días. “Esta es una empresa familiar, estoy aprendiendo sobre cheques y finanzas gracias a mi hijo mayor que estudia comercio en la escuela", dice.

 

También cuidan y atienden a la madre de 82 años de Upulsriananda, Wimalawathi. Todos viven en dos viviendas temporales ubicadas detrás del restaurante que fueron construidas por una organización no gubernamental sueca. La mascota de la familia, el perro Bongsu, también tiene una casita temporal de madera. Detrás de ellos y más allá de la zona de amortiguamiento, se ven pulcras casitas rosadas nuevas construidas por un sacerdote budista. “Cuando el sacerdote quiso darnos una casa, se nos dijo que recibiríamos ayuda del Gobiernoâ€, dice Upulsriananda. “Hemos llenado todos los formularios, pero aún no hemos recibido nadaâ€.

 

Chandrakanthi es asimismo la secretaria del comité Samurdhi del poblado. Samurdhi, que significa prosperidad, es el programa de alivio de la pobreza del Gobierno de Sri Lanka. El objetivo principal del programa es el de organizar a jóvenes, mujeres y otros grupos desfavorecidos en grupos pequeños y alentarlos a participar en las actividades de adopción de decisiones y procesos de desarrollo a nivel comunitario.

 

“Tomamos un préstamo de US$500 (LKR 50.000) del programa Samurdhi y reabastecimos nuestro restaurante-tienda justo antes del tsunamiâ€, cuenta Chandrakanthi.

 

“Fuimos los primeros en regresar al poblado. Otras familias no regresaron sino hasta dos meses despuésâ€, agrega Upulsriananda. Al lado del café se ven los cimientos de la casa de su hermana, quien falleció en el tsunami. Su cuñado e hijos no han regresado.

 

“Nos tomará otros tres o cuatro años en recuperar las pérdidas que sufrimos, pero al menos ya estamos en caminoâ€. Dos camiones más se detienen para disfrutar de esta sabrosa comida. Upulsriananda da la bienvenida a los clientes con una sonrisa: es bueno hacer negocios de nuevo.

 




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