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Datos del Banco Mundial señalan convergencia entre las tasas de crecimiento de las regiones en desarrollo

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Comunicado de prensa Nº:2006/363/DEC

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CIUDAD DE WASHINGTON, 22 de abril de 2006. El crecimiento económico global del mundo en desarrollo registra un promedio del 4,8% anual desde 2000, cifra que duplica con creces el promedio del 2,0% anual correspondiente a las economías de ingreso alto. Si bien esta sólida trayectoria ha sido impulsada en gran medida por el rápido crecimiento de Asia oriental y meridional, de los Indicadores del desarrollo mundial 2006, publicados recientemente, se desprende que en 2004 África al sur del Sahara, durante largo tiempo a la zaga de otras regiones, alcanzó una tasa de crecimiento anual del 4,8%, que superó la tasa mundial del 4,1% registrada en 2004.

 

“El crecimiento es esencial para reducir la pobreza, y estos datos lo prueban”, dijo François Bourguignon, primer economista y vicepresidente de Economía del Desarrollo del Banco Mundial. “Por este motivo, el fuerte crecimiento de África es prometedor. Después de muchos años, el continente está experimentando un avance que podría traducirse en una reducción mucho más pronunciada de la pobreza que la registrada en los últimos años. Es importante que África aproveche esta expansión, impulsada en parte por el aumento del precio de los productos básicos y en parte por las variables fundamentales de la economía, para seguir cerrando la brecha que la separa del resto del mundo”.

 

Asia oriental y el Pacífico, que ha crecido a una tasa promedio del 8% anual durante los últimos 20 años, siguió siendo en 2004 la región con mejor desempeño; dentro de la región, China avanzó a un ritmo del 10,1%. Asia meridional ha tenido un crecimiento anual del 5,8% como promedio durante el período de cuatro años que concluyó en 2004, cuando llegó al 6,7%. Gran parte de esta mejora coincide con el aumento de las exportaciones de bienes y servicios y con el vigoroso desarrollo de los sectores de las manufacturas y los servicios.

           

En África se aceleró el crecimiento, pero persisten las dificultades

 

Según datos de los Indicadores del desarrollo mundial 2006, África al sur del Sahara ha tenido una notable recuperación desde 2000. De los 48 países de la región, 20 crecieron más del 5% en 2004. Han contribuido a ello el reciente auge de las exportaciones de petróleo y el alza repentina de su precio, que impulsaron el avance de países productores de petróleo, como Angola, Chad, Nigeria y Sudán. Sin embargo, 15 países no petroleros han tenido una tasa de crecimiento mediana del 5,3% desde 1995, lo que demuestra su potencial de crecimiento a largo plazo. En los Indicadores del desarrollo mundial se ponen de relieve las conclusiones del Informe sobre el seguimiento mundial 2006: la reducción de la pobreza se vincula a políticas racionales, ayuda bien dirigida, una mejor gestión del gobierno y un buen clima para la inversión.

 

A pesar de la reciente recuperación de África al sur del Sahara, es probable que la tasa de pobreza de la región siga siendo la más alta del mundo, como ocurría en 2002, cuando más de 300 millones de africanos, el 44% de la población, vivían con menos de un dólar por día, lo que representó un aumento de 139 millones de personas respecto de 1981. La situación contrasta con la de Asia oriental, donde el número de habitantes que padecen la pobreza extrema disminuyó en 580 millones, hasta llegar a constituir el 12% de la población. Según las proyecciones actuales, en 2015 la tasa de pobreza de África continuará siendo superior al 38%, muy por encima del 22,3% fijado como uno de los objetivos de desarrollo del milenio para el continente.

 

Los países africanos que han sufrido conflictos e inestabilidad política, como Côte d’Ivoire y Eritrea, o los que han quedado al margen del auge de los productos básicos, como el Níger y la República Centroafricana, tuvieron un crecimiento inferior al 2%. La lentitud del avance de estos y otros países, sumada a un aumento regional de la población del 2,5%, ha limitado el incremento promedio del ingreso per cápita al 1,6% desde 2000, cifra que no deja de representar una mejora bienvenida tras dos decenios de retroceso. En los últimos cuatro años, el aumento anual del ingreso per cápita de África ha sido igual o superior al de las economías de ingreso alto, y el crecimiento africano sobrepasó el de América Latina en seis de los últimos 10 años. 

 

“La diversidad de resultados económicos entre las naciones de África es asombrosa. Como sucede en otras regiones, algunos países africanos tienen una actuación bastante buena, mientras que otros marchan retrasados”, dijo John Page, economista jefe del Banco Mundial para la región de África al sur del Sahara. “Tenemos la esperanza de que más de una docena de países de África puedan llegar a alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio, pero para muchos otros las posibilidades de lograrlo siguen siendo muy remotas”. 

 

El crecimiento demográfico africano presenta tanto riesgos como oportunidades. Una gran población joven —actualmente el 44% de los habitantes tiene menos de 14 años— podría tener mayor capacidad para promover el crecimiento y la reducción de la pobreza, si goza de buena salud y cuenta con la preparación suficiente. Pero para aprovechar esa oportunidad será necesario aumentar la inversión en educación. Los datos recogidos recientemente en encuestas sobre trabajo infantil muestran que en muchos de los países más pobres, como Chad, Togo, Burkina Faso y Sierra Leona, más del 65% de los niños de siete a 14 años trabaja y, de estos, más de la mitad no asiste a la escuela. La tasa de terminación de la escuela primaria es de apenas 62%, 20 puntos porcentuales por debajo de la correspondiente a Asia meridional, y los avances en educación han sido desparejos, con enormes progresos en países tales como Malí, donde esa tasa se triplicó con creces, al pasar del 11% al 44% entre 1991 y 2004, y Benin, donde la razón entre niñas y niños en la educación primaria y secundaria asciende al 71%. Algunas naciones, como Mauricio y Botswana, han declarado tasas de terminación de la escuela primaria superiores al 90% en los últimos años.

 

En cambio, en otros países, entre ellos Chad, Guinea Bissau y Níger, las tasas de terminación de la escuela primaria todavía no llegan al 30%, y en algunos, como Burundi y Zimbabwe, se han registrado disminuciones superiores al 10% entre 1991 y 2004. Las tasas de alfabetismo entre los jóvenes (de 15 a 24 años) han retrocedido en algunas naciones, por ejemplo Chad y Kenya, entre 1990 y 2002.

 

Las encuestas sobre el clima para la inversión indican que África al sur del Sahara sigue siendo un lugar caro y de alto riesgo para hacer negocios, lo que tiene como consecuencia menos inversión y empleo, ingresos más bajos, menos crecimiento y competitividad, y aumento de la pobreza. En general, hacer negocios en África cuesta aproximadamente entre un 20% y un 40% más que en otras regiones del mundo en desarrollo. De las encuestas que el Banco Mundial y la CFI llevaron a cabo para Doing Business en 33 países africanos, surge que en África se necesitan más reformas. Sin embargo, de los 16 países encuestados de África occidental, solo dos modificaron las disposiciones que rigen la actividad empresarial. En la región en su conjunto, de cada tres países que procuraron mejorar la normativa, uno la hizo más gravosa.

 

En Rwanda, no obstante, las reformas están dando fruto. Hace tres años comenzaron a emprenderse reformas de las leyes laborales, la concesión de títulos de propiedad sobre la tierra, el régimen aduanero y los procedimientos judiciales, y el país experimentó un crecimiento económico promedio del 5,2% anual en el período 2000-2004. Uganda se ha beneficiado de un mejor clima para la inversión y ha logrado un incremento anual del PIB de alrededor del 6,1% entre 1995 y 2004. Entre otros países que han avanzado en la reforma de la actividad empresarial se cuentan Mauricio, Namibia, Nigeria y Sudáfrica.

 

En África se necesitan esfuerzos en gran escala para suministrar la infraestructura que permita reducir los costos del transporte y mejorar el suministro de energía eléctrica. Solo el 30% de la población rural de África al sur del Sahara tiene acceso a caminos transitables todo el año —el nivel más bajo de la totalidad del mundo en desarrollo—, a diferencia de Asia oriental, donde casi toda la población rural (94%) tiene la posibilidad de acceder a ese tipo de caminos. Y si bien África al sur del Sahara ha participado de la expansión mundial del sector de las telecomunicaciones, ha tenido un progreso reducido en comparación con otras regiones.

 

África al sur del Sahara es la región más vulnerable del mundo en lo que respecta a la existencia de agua y la seguridad alimentaria, y podría verse gravemente afectada por las consecuencias del cambio climático mundial. Los cambios en el régimen de precipitaciones podrían tener serios efectos en las zonas que dependen de la energía hidroeléctrica. Las sequías importantes —hubo tres en otras tantas décadas— aumentan el peligro de pérdida de cosechas y ganado, malnutrición y enfermedades.

 

América Latina avanza por un sendero irregular

 

En los últimos 10 años (1995-2004), África al sur del Sahara, donde la producción total registró un incremento del 3,4% anual y el producto per cápita aumentó 0,9%, tuvo resultados superiores a los de América Latina y el Caribe, que logró una tasa de crecimiento del 2,1% y apenas un alza del 0,6% en el producto per cápita. México, la economía más importante, representa aproximadamente el 33% del PIB de la región y, con un crecimiento global del 3,6% anual, fue, de las tres economías más grandes, la que más creció. Brasil, la segunda economía en orden de importancia, avanzó a razón de 2% anual, mientras que el crecimiento de Argentina fue de solo 0,1% al año durante el último decenio. El avance de América Latina ha sido irregular, con fuertes retrocesos de Argentina entre 1999 y 2002 y de Venezuela en 1999, 2002 y 2003.

 

La tendencia más reciente es positiva, ya que las principales economías se están recuperando: en 2003 y 2004 el crecimiento de Argentina fue cercano al 9% anual y, según las proyecciones, continuará siendo sostenido en 2005. Brasil creció casi 5% y México, más de 4% en 2004. Venezuela, que representa alrededor del 5% de la economía global de América Latina, se benefició del alza de los precios del petróleo y tuvo un crecimiento del 18% en 2004.

 

América Latina y el Caribe, la más rica de las regiones en desarrollo, ha avanzado considerablemente hacia la consecución de muchos de los objetivos de desarrollo del milenio. En numerosos países los niños ya completan el ciclo de educación primaria y las tasas de matriculación de las niñas son iguales o superiores a las de los varones. Las tasas de mortalidad de niños menores de cinco años pasaron de 54 por mil en 1990 a 31 en 2004, de modo que la región está próxima a alcanzar el objetivo de reducirlas en dos tercios para 2015. Sin embargo, la inestabilidad del crecimiento y los elevados niveles de desigualdad de ingresos en muchos países no le permiten lograr una reducción importante de las tasas de pobreza.

 

El comercio y la inversión están uniendo el mundo

 

El comercio ha impulsado fuertemente el crecimiento de Asia oriental y explica el 81% del PIB de la región, mientras que representa el 55% del PIB mundial. La rápida expansión del comercio de China no solo ha permitido a esta nación mantener su crecimiento, sino que también ha ayudado a los países de la región que tienen relaciones comerciales con ella a integrarse con más celeridad en la producción mundial de manufacturas. Las exportaciones de bienes y servicios aumentaron entre el 10% y el 28% en Malasia, Tailandia, Filipinas, Viet Nam y Camboya, y contribuyeron a que todos estos países tuvieran tasas de crecimiento económico superiores al 6% en 2004. En cambio, el comercio cumple un papel mucho más secundario en América Latina y el Caribe, donde representa apenas el 52% de la producción total. Las exportaciones de los países latinoamericanos solo crecieron 4,5% al año desde 2000, cifra que constituye menos de un tercio del incremento de las exportaciones de Asia oriental y menos de la mitad del aumento de las procedentes de Asia meridional y Europa y Asia central.

 

Si bien las economías de ingreso bajo y mediano todavía reciben solo un tercio de la inversión extranjera directa mundial —que ascendió a US$625.000 millones en 2004—, el nivel absoluto aumentó casi 10 veces entre 1990 y 2004. Los países de Asia oriental recibieron los flujos netos más cuantiosos de ese tipo de inversión (US$64.600 millones), seguidos de Europa oriental y Asia central, donde dichos flujos se duplicaron desde 1999 hasta alcanzar los US$62.000 millones en 2004.

 

Las mediciones del clima para la inversión indican que los mayores progresos tuvieron lugar en Europa oriental y Asia central, donde todos los países han adoptado medidas para introducir reformas. Muchos países de la región simplificaron la administración tributaria y redujeron la carga impositiva; los de mejor actuación fueron Eslovaquia, Rumania y Letonia, todos los cuales facilitaron los trámites necesarios para poner en marcha una nueva empresa. Esos esfuerzos han tenido su recompensa, ya que el número de empresas que iniciaron actividades aumentó 8% en Letonia, 13% en Eslovaquia y 22% en Rumania.

 

El sector de las telecomunicaciones fue el que atrajo el mayor volumen de inversiones con participación privada entre 2000 y 2004 (alrededor de US$200.000 millones). En los países en desarrollo, el número de usuarios de Internet se cuadruplicó de 2000 a 2004, y en todas las regiones la penetración aumentó rápidamente. Se observaron incrementos espectaculares en Europa oriental y Asia central, donde el acceso a Internet subió abruptamente, de 30 personas cada 1.000 en 2000 a 138 en 2004; para 2003, más de la mitad de la población tenía acceso a teléfonos fijos y móviles.

 

“La expansión del comercio, la nueva inversión extranjera directa y el crecimiento del sector de las telecomunicaciones son prueba de que los países se están integrando en la economía mundial y tienen buenas perspectivas de crecimiento”, afirmó Eric Swanson, director de programa del Grupo de Gestión de Datos sobre el Desarrollo, del Banco Mundial.

 

Guía integral de las tendencias del desarrollo

 

Los Indicadores del desarrollo mundial, publicados anualmente por el Banco Mundial, constituyen el conjunto más fidedigno de estadísticas sobre el desarrollo. Se valen de una base de datos con más de 600 indicadores que abarcan 206 países y territorios. El Banco Mundial trabaja en estrecha colaboración con otros organismos internacionales a fin de recopilar las estadísticas más confiables para sus publicaciones.

 

Mejorar la producción de estadísticas en los países en desarrollo también es un tema importante entre las cuestiones de desarrollo que aborda el Banco Mundial. “Los gobiernos, las empresas y los ciudadanos necesitan estadísticas bien fundadas para poder adoptar decisiones racionales, afirmó Shaida Badiee, directora del Grupo de Gestión de Datos sobre el Desarrollo, del Banco Mundial. “Hemos asumido el compromiso a largo plazo de trabajar con nuestros asociados para mejorar la calidad y la disponibilidad de estadísticas que abarquen todos los aspectos del desarrollo”.

 




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