17 de mayo, 2006—Niños de tan sólo 6 ó 7 años empuñan armas en la volátil región de Ãfrica central conocida como los “Grandes Lagosâ€, comenta Roisin De Burca, especialista superior en desarrollo social del Banco Mundial.
Los niños de la calle, ya indefensos y vulnerables, son un blanco fácil de reclutamiento.
Les enseñaron a los niños a convertirse en soldados, a empuñar armas y a matar.
Algunos fueron entrenados para ser espÃas, o los utilizaron como criados, cocineros o esclavos sexuales.
Las tropas consideraron que los niños era fáciles de controlar y manipular – además de prescindibles – cuenta De Burca, miembro del equipo del Banco que apoya los proyectos especiales del Programa multinacional de desmovilización y reintegración i (MDRP) para los niños soldados de la República Democrática del Congo (RDC).
Problema Global Hoy dÃa, más de tres millones de niños participan en conflictos armados alrededor del mundo.
AllÃ, un proyecto especial respaldado por el MDRP ha permitido que la Comisión de AmnistÃa colabore con organizaciones no gubernamentales y con otros asociados para asistir en el reasentamiento de millares de niños, según comenta Kees Kingma, especialista superior en desmovilización y reintegración del MDRP.
En la República Democrática del Congo, los grupos de protección a la niñez estiman que el número de niños soldados podrÃa rondar los 30.000, dice De Burca.
Alrededor de 18.000 de estos niños están recibiendo asistencia gracias a los proyectos especiales y a un programa nacional para reintegrar a los ex soldados a la vida civil.
Pero varios miles más de niños y niñas no han sido “desmovilizados†y muchos continúan participando en conflictos en la parte oriental del paÃs, mientras que la República Democrática del Congo se prepara para sus primeras elecciones libres en 40 años que tendrán lugar el próximo mes de julio.
“Los niños continúan siendo el blanco del reclutamiento entre la milicia de la República Democrática del Congo. Las agencias de protección a la infancia y los grupos de derechos humanos continúan informando sobre el abuso sexual de las niñas por los grupos armadosâ€, señala De Burca, ex funcionaria de protección a la infancia del UNICEF, con años de la experiencia en la región.
“TodavÃa no se ha acabado. Es un proceso que todavÃa requiere el esfuerzo de todos, tanto a nivel polÃtico nacional como a nivel internacionalâ€.
Las organizaciones de protección a la niñez han trabajado para liberar a los niños soldados de la República Democrática del Congo desde 1996, cuando los rebeldes derrocaron al gobierno de Mobutu, en el entonces Zaire que ahora es la República Democrática del Congo.
“Todos utilizaron niños, algunos de tan sólo 6, 7 años. Los niños han estado activamente involucrados en este conflicto, tanto en la República Democrática del Congo como en otros paÃsesâ€.
“Niños congoleños han luchado en la República Centroafricana. Otros niños han cruzado la frontera entre Rwanda y la República Democrática del Congo, y Burundi y la República Democrática del Congo. Niños congoleños han sido entrenados en Uganda. Ha sido una guerra bastante compleja durante los últimos 10 añosâ€, dice De Burca.
Desde el principio del último conflicto, los organismos internacionales, como Save the Children Fund (Reino Unido) y el UNICEF, negociaron con los comandantes de la región oriental de la República Democrática del Congo para que se liberaran a los niños y cesara su reclutamiento, comenta De Burca.
Trabajaron asimismo con el nuevo gobierno para liberar a los niños del servicio militar y abogaron por una legislación que prohibiera el uso de menores de 18 años en las fuerzas armadas.
En 2002, el Banco, junto con donantes internacionales, financió proyectos especiales dirigidos a los niños soldados para que los grupos pudieran ampliar aún más su asistencia a estos niños.
Los proyectos brindaron albergue, tanto en centros como con familias adoptivas, asistencia psicosocial, localización de familiares, reunificación, educación y capacitación profesional especial.
Su objetivo es preparar a los niños para que se reincorporen a sus familias y a la sociedad, pero plantea a veces un desafÃo, señala John Elder, especialista principal de protección social.
“La idea es que estos niños se reintegren a la vida civil, pero muchos de ellos han pasado los últimos tres o cuatro años matando gente y están desocializados en muchos sentidosâ€, agrega.
“Estos niños han sido privados de una niñez normal - el amor y el cuidado de sus familias, la posibilidad de ir a la escuela y de jugar con otros niñosâ€, dice Elisabeth Maier, analista de operaciones del Banco.
De Burca agrega, “Necesitan el apoyo psicosocial de estos organismos que los preparan para que vuelvan a sus hogares, y les enseñan algunas tareas básicas que les permita reintegrarse a las comunidades y quizás volver a la escuela, o ir a la escuela por primera vez si es que aún no lo hecho, o a aprender algún oficioâ€.
Visitas de seguimiento
Según De Burca, la tarea de reunir a los niños con sus familias y sus comunidades – a veces reacias a recibirlos nuevamente – es ardua.
“Un niño que fue secuestrado cuando tenÃa 6 años y vuelve a los 16, es una persona diferente – una persona totalmente diferente – a la cual la familia tiene que adaptarse, mientras que ese joven tiene que volver a conocer a su familiaâ€.
Bruno Donat agrega que el Banco acaba de terminar una revisión independiente de los proyectos el mes pasado, según la cual, los grupos han hecho un buen trabajo tratando de localizar a las familias, aunque sólo pudieron lograr que cerca del 60% de los niños hicieran alguna actividad, como ir a la escuela, una vez que regresaron a sus comunidades.
De Burca dice que el programa continuará esforzándose para llegar al 85%. “Es necesario un poco más de impulso para asegurar que la mayorÃa de los niños – y digo la mayorÃa, no estoy diciendo todos – realicen algún tipo de actividadâ€, agrega.
En algunos casos, resulta difÃcil y muy costoso hacer algo más que devolver a un niño a su familia en una zona alejada y difÃcilmente accesible. “No esperamos que cada niño logre algo más que la reunificación con su familia, pero debemos tratar de hacer todo lo posibleâ€, dice De Burca.
El MDRP exhorta a los organismos de protección a la niñez para que realicen visitas de seguimiento, aunque entiende que esta tarea resulta difÃcil en zonas donde no hay caminos y existen problemas de seguridad. A veces, un trabajador social tiene que pasar cuatro o cinco dÃas tratando de encontrar el camino para visitar a un niño en zonas inaccesibles.
Este documento fue el resultado de un simposio celebrado en 1997 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, por el Grupo de Trabajo de Organizaciones no Gubernamentales para la Convención sobre los Derechos del Niño y el UNICEF con el propósito de elaborar estrategias para poner fin al reclutamiento infantil.
Los principios de Ciudad del Cabo definen al niño soldado como cualquier persona menor de 18 años que forma parte de cualquier tipo de fuerza armada regular en cualquier capacidad, inclusive niñas utilizadas como esclavas sexuales o niños empleados como espÃas o para otras labores.
Según estos principios, no es necesario que un niño porte armas para ser clasificado como niño soldado, aclara De Burca, agregando que actualmente se están revisando los principios de Ciudad del Cabo para que tengan una visión más global. Un nuevo documento de polÃtica velará por una interpretación común de lo que es un niño soldado, a fin de que la misma se pueda utilizar para dar forma a programas, financiamientos y enfoques del problema.
La revisión final del documento está programada para octubre.