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El acceso a la energía y su seguridad son cruciales en la lucha contra la pobreza

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28 de mayo, 2006— ¿Cuánto se necesita para que 1.600 millones de personas puedan encender una luz en sus propios hogares?
 
¿Cómo pueden cientos de millones de personas dejar de contaminar el aire que respiran al interior de sus viviendas con combustibles para cocinar y calentarse que dañan los pulmones y amenazan la vida de los niños?
 
¿Cuándo llegará el día en que energía más limpia, eficiente y renovable reemplace a los cada vez más costosos combustibles que producen gases de efecto invernadero y que envenenan nuestra atmósfera y causan estragos en el clima de la Tierra?

Éstas son algunas de las temáticas incluidas en la Conferencia Anual del Banco Mundial sobre Economía del Desarrollo (ABCDE) que se celebrará los días 29 y 30 de mayo en Tokio bajo el lema de “Reformulación de la infraestructura para el desarrollo”. Este año, la conferencia vuelca su atención en el tema de la infraestructura y muchas de las conversaciones de centrarán en la energía. En particular, los asistentes analizarán algunas inquietudes respecto de las futuras necesidades energéticas de las poblaciones en rápido crecimiento, la vulnerabilidad de las zonas densamente pobladas a los mayores precios del petróleo y el cambio climático y la falta de acceso a energía en esos mismos lugares.
 
La seguridad energética es un término que tiene diferentes significados en los diversos países, según sean ellos productores o importadores de petróleo, y es un tema que ocupa un lugar destacado en la agenda de la Cumbre del Grupo de los 8 que se realizará a mediados de julio en San Petersburgo, Rusia.
 
El Banco Mundial ha puesto la energía en el centro de su lucha contra la pobreza, señala Jamal Saghir, director del Banco Mundial para energía y agua.

Los altos precios del petróleo significan que muchos de los países importadores netos del crudo de África al Sur del Sahara estén perdiendo terreno económico al causarles pérdidas acumulativas superiores a 3% del producto interno bruto (PIB), además de aumentar la pobreza entre 4% y 6%  en esas zonas, señala Saghir.
 
Al mismo tiempo, la falta de acceso a energía moderna “daña a los pobres”, en especial en África y Asia meridional, donde 70% y 59% de la población, respectivamente, no dispone de acceso a energía eléctrica y un número incluso mayor usa combustibles tradicionales de biomasa para cocinar al interior de sus viviendas, situación que llena sus hogares de aire contaminado, agrega Saghir.
 
Esta contaminación de aire intradomicilaria mata a unos 2 millones de personas al año, la mayor parte de los cuales son niños y mujeres.
 

  • De los habitantes en África al Sur del Sahara, 77% (526 millones de personas) no tiene acceso a electricidad.
  • En Asia meridional, 800 millones (59%) no disponen de energía eléctrica.
Pobreza de energía
 
Según Saghir, los servicios de energía modernos brindan un medio para salir de la pobreza a los 1.600 millones de personas que aún no tienen acceso a ella.
 
Sin embargo, todavía hay muchos países que, frente a otros desafíos y a la necesidad de responder al rápido aumento de las poblaciones urbanas, no han desarrollado estrategias para abastecer de energía a los más pobres, muchos de los cuales viven en zonas rurales, comenta Ede Ijjasz, administrador del Programa de asistencia para la gestión del sector de energía (ESMAP).
 
Además, miles de millones de los dólares asignados a subsidios para energía no se orientan específicamente a los pobres o no los benefician, agrega.
 
El Organismo Internacional de Energía calcula que se deberán invertir unos US$8 billones a US$320.000 millones al año durante los próximos 25 años para satisfacer las necesidades energéticas de los países en desarrollo y de ingreso mediano.
 
Sin embargo, en la actualidad sólo se dispone de la mitad del monto necesario y la mayor parte proviene de los propios países, de instituciones internacionales de desarrollo como el Banco Mundial y de pequeños empresarios. Hoy día, el Banco gasta unos US$2.000 millones al año en proyectos de infraestructura para energía.
 
Se requieren más recursos financieros para que los países construyan el tipo de infraestructura energética necesaria para disminuir la cantidad de personas que viven con menos de un dólar de aquí al año 2015, uno de los varios Objetivos de Desarrollo del Milenio a nivel mundial que se beneficiarían del desarrollo dicha infraestructura, señala Ijjasz.
 
En busca de inversión privada
 
“Existe una gran brecha de financiamiento que no se soluciona sólo con una mayor entrada de dinero al sector, sino que depende asimismo de un entorno y políticas más propicias para atraer la inversión”, agrega Ijjasz.
 

Más energía renovable

FDurante el año pasado, el Banco Mundial hizo estudios sobre lo que tardaría el mundo en reducir de modo sustancial las emisiones de dióxido de carbono hacia la atmósfera, comenta Gary Stuggins, economista del Banco Mundial especializado en energía.
 
La investigación, efectuada a solicitud de los líderes del G8 después de la Cumbre de Gleneagles celebrada en julio pasado, se concentra en la posibilidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono en las centrales de China e India que utilizan carbón como combustible y, en menor medida, en el potencial de aumentar la eficiencia energética en Rusia, ya que estos tres países son algunos de los mayores emisores de dióxido de carbono del mundo.
 
El análisis concluye que las tecnologías de energía renovable podrían reemplazar los combustibles fósiles más rápido de lo que se creía en el pasado, ya que estas tecnologías ahora son más atractivas debido a los altos precios de la energía. Según Stuggins, ya existen algunas tecnologías renovables, como la energía eólica, que son viables en términos económicos.
 
“Creemos que ya se dispone de suficientes tecnologías, de modo que si existe la voluntad política de hacerlo, podríamos lograr algo importante”, señala Stuggins, quien agrega que el Banco es uno de los mayores promotores de proyectos sobre energía renovable y eficiencia en el uso de la energía en el mundo, y así lo demuestra el financiamiento cercano a los US$9.000 millones que ha entregado a estos proyectos desde 1990.
 
La energía hidroeléctrica sigue siendo el componente más importante de la cartera de energía renovable del Banco, señala, aunque desde 2000 ha aumentado fuertemente el apoyo a proyectos de otros tipos de energía renovable.
 
En China, la cartera de proyectos del Banco para energía incluye el Proyecto de desarrollo de energía renovable, el que pretende “marcar el tono” de los futuros proyectos de este tipo en el país, indica Stuggins.
 
El proyecto ofrece donaciones a empresas que produzcan celdas solares conocidas como celdas fotovoltaicas (PV). Las empresas comercializan, venden y hacen mantenimiento a sus productos en zonas rurales que no tienen acceso a una red eléctrica. Las donaciones cubren unos 300.000 a 400.000 sistemas fotovoltaicos en hogares e instituciones para alimentar la iluminación y los aparatos de radio y televisión de comunidades aisladas ubicadas en Qinghai, Gansu, Mongolia interior, Xinjiang, Xizang y Sichuan.
 
Otro proyecto en China busca aumentar en 50% la eficiencia de centrales que utilizan carbón como combustible. Por otra parte, el Banco trabaja con el gobierno de China para establecer una nueva central a carbón que utilizará una tecnología de “captura de carbono”, la que generaría electricidad y al mismo tiempo capturaría permanentemente y almacenaría dióxido de carbono en formaciones geológicas.

Si la tecnología “FutureGen” del Departamento de Energía de Estados Unidos consigue sus objetivos cuando la central inicie sus actividades en Estados Unidos en 2012, la captura de carbono seguramente comenzará a aplicarse de manera más generalizada en muchos lugares, señala Stuggins.
 
Además, en un esfuerzo por dar nueva vida a la investigación y el desarrollo de sistemas de energía renovable, el Banco ha propuesto la creación de un fondo de capital de riesgo para financiar las actividades de investigación y desarrollo en el ámbito de las tecnologías de generación de energía con baja emisión de carbono.

En los países en desarrollo, la inversión del sector privado en el sector de energía ha disminuido de US$47.000 millones en 1997 a US$14.000 millones, comenta Saghir. “Necesitamos atraer nuevamente a los inversionistas internacionales, movilizar a los inversionistas y bancos locales y obtener dineros públicos para producir un efecto multiplicador en el dinero privado”.
 
Señala que el Banco puede ser crucial en este campo, ya que puede trabajar con los países en la promoción de políticas públicas que eviten distorsiones del mercado y premien la inversión, las prácticas de buena gobernabilidad y el imperio de la ley.
 
“La labor del Banco Mundial es muy importante para ofrecer al sector privado una buena razón para invertir y también para compartir riesgos y asociarse para atraer a protagonistas e inversionistas en algunas de esas áreas difíciles donde el sector privado no se involucraría sin nuestra participación directa”.
 
 
Energía limpia
 
Invertir en infraestructura para energía en África aumentaría las emisiones de dióxido de carbono hacia la atmósfera en apenas 3%, menos que el 4% que emiten las líneas aéreas en la actualidad, afirma Saghir, “y reduciría la contaminación al interior de las viviendas causada por la quema de combustibles sólidos para calefacción y cocina”.
 
Indica asimismo que un mayor acceso a energía no significa necesariamente empeorar el medio ambiente. “Es un aspecto importante en este tema. Pero debemos evitar que África al Sur del Sahara pague el costo del cambio climático”.
 
El 20% más pobre de los países consume menos de 4% de la energía mundial, mientras que el 20% más rico consume 58%.

La meta es dejar una “huella medioambiental pequeña” y, donde sea posible, emplear energía renovable y tecnología eficiente en su uso, comenta Saghir. O bien, en las palabras del Presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, “Hoy, la comunidad global trabaja para lograr un posible doble dividendo: satisfacer las necesidades energéticas esenciales para estimular el crecimiento y luchar contra la pobreza, por un lado, y preservar el medio ambiente, por el otro. En realidad, estas dos metas no se contraponen, ya que es muy difícil reducir la pobreza si en ese proceso destruimos el medio ambiente”.
 
Entre los posibles proyectos se encuentran no sólo las “pequeñas soluciones hermosas”, sino una combinación de proyectos que abarcan desde la generación de energía a gran escala hasta soluciones a nivel de hogar, agrega Ijjasz.
 
“La energía limpia”, señala Saghir, “podría ser una manera de asegurar la construcción de un mundo energético que sea más limpio, más justo y menos divisionista para las futuras generaciones de lo que hemos presenciado en los últimos 50 años”.
 
Energía compartida
 
En África, el desarrollo de proyectos de energía a pequeña escala en algunos casos ha derivado en energía costosa, de modo que “los lugares que tienen menos posibilidades de costearla en ocasiones tienen la energía más cara”, constata Gary Stuggins, economista del Banco especializado en energía.
Agrega que el Banco por esa razón está examinando la posibilidad de desarrollar proyectos de electricidad regional, como redes energéticas regionales en las zonas oeste, este y sur de África.
 
Según la opinión de Ijjasz, algunos países son ricos en recursos, como petróleo o potencial hidroeléctrico, pero no existe infraestructura suficiente para comerciarla entre los países y así crear un abastecimiento seguro para los importadores y un mercado estable para los exportadores.
 
“Financiar proyectos de infraestructura que en primer lugar mejoren la seguridad del abastecimiento energético en estos países y que en segundo lugar reduzcan de alguna manera el costo de la sobrecarga para todos al compartir estos recursos finalmente se traducirá en mejores recursos energéticos para la totalidad de los habitantes de África”.
 
“Esta es una nueva era”, señala Saghir, “donde existe interdependencia entre el acceso a energía, su desarrollo y la seguridad energética”.
 
El hecho de que los precios del petróleo hayan aumentado tanto trae una nueva realidad a los países que son importadores netos de petróleo al ser blancos de un importante alza en los precios de la energía para el desarrollo y para su población.
 
 
 




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