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Luz de esperanza en la lucha contra el SIDA en Burkina Faso

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16 de agosto de 2006—En diversos sentidos, Burkina Faso es el típico país africano que lucha contra el VIH.

En los últimos 20 años, el virus se ha propagado desde los grupos de alto riesgo, como los mineros del oro, los camioneros y los trabajadores sexuales, hasta la población general. Es así como hoy cerca de 140.000 personas mayores de 15 años viven con VIH según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA.

Como en tantos otros países, la mayoría de las personas tienen dificultades para costear los exámenes médicos, sin hablar del costo del tratamiento.

No obstante, hay una luz de esperanza.

El Resumen mundial de la epidemia de SIDA 2006 de Naciones Unidas concluyó que la proporción de habitantes urbanos que viven con el virus ha disminuido en más de 25%, por lo que ahora el promedio nacional se acerca a 2,3%, muy por debajo del 7,2% vigente en 1997 y entre los promedios más bajos de Ãfrica al sur del Sahara.

Además, el tratamiento antirretroviral que prolonga la vida de los pacientes se hace cada vez más asequible a medida que los donantes y las organizaciones ayudan a pagar y administrar el tratamiento al gobierno nacional y a sus asociados en la lucha contra el SIDA.

Por su parte, el 16 de agosto la Organización Mundial de la Salud anunció que por primera vez más de un millón de personas recibe terapia antirretroviral contra el VIH en Ãfrica al sur del Sahara, lo cual representa un aumento de 10 veces en el acceso a tratamiento en la región desde diciembre de 2003. Además, la OMS calcula que hoy en día 63% de quienes reciben esta terapia en países de ingreso bajo y mediano son africanos, en comparación con 25% registrado a finales de 2003. Aunque Ãfrica al sur del Sahara registra la mayor cantidad de personas en tratamiento, y la segunda tasa más alta en cobertura de tratamiento entre quienes lo necesitan, la región aún da cuenta del 70% de la necesidad mundial que aún no recibe tratamiento, según la OMS.

Antes, en Burkina Faso menos de 1.000 personas tenían acceso a medicamentos para combatir la enfermedad y algunos incluso pagaban el tratamiento en forma directa. Otros lo recibían a través de organizaciones no gubernamentales o redes de personas con VIH o bien mediante donaciones de ciudadanos de naciones más ricas que se distribuían de manera informal.

En la actualidad, según ONUSIDA 24% de las personas que viven con VIH recibe terapia antirretroviral.

De ellos, cerca de 850 reciben tratamiento antirretroviral a través de lo que se denomina el proyecto MAP, siglas en inglés del Programa multinacional de lucha contra el VIH/SIDA en Ãfrica. Este programa fue diseñado por el Banco y sus asociados y puso a disposición un primer monto de US$1.000 millones con el fin de ampliar los esfuerzos nacionales contra el VIH/SIDA y respaldar las iniciativas subregionales (multinacionales) relacionadas. Cerca de 400 de los pacientes que reciben tratamiento antirretroviral forman parte de una investigación que hace un seguimiento de la resistencia a los medicamentos y el fracaso del tratamiento.

Otras 7.000 personas recibirán tratamiento a través del Programa de aceleración del tratamiento (TAP, por sus siglas en inglés) creado hace dos años como una asociación entre el Banco Mundial, la Comisión Económica para Ãfrica (CEA) y la OMS.

Miles de otras personas obtienen los medicamentos antirretrovirales mediante otros programas, como aquellos financiados por el Fondo Mundial de lucha contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo.

El TAP es un proyecto experimental que destina un total de US$60 millones a financiar el tratamiento antirretroviral en tres países: Burkina Faso, Mozambique y Ghana, con la perspectiva de entregar dicho tratamiento a miles de otras personas más.

En Burkina Faso, US$18 millones del TAP financian los medicamentos y ayudan a los consultorios administrados por organizaciones no gubernamentales y redes de personas que viven con VIH.

El financiamiento también busca fortalecer a 21 de los 54 pequeños hospitales distritales que atienden a comunidades rurales a través de la capacitación de médicos y enfermeras en temas como consejería y seguimiento, señala Timothy Johnston, experto en desarrollo humano del Banco Mundial quien dedicó tres años a trabajar en proyectos de salud en Burkina Faso.

El Banco Mundial colabora además con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con institutos locales de investigación para realizar seguimientos y evaluar el programa nacional de tratamiento. La labor incluye medir las determinantes que definen el éxito de un tratamiento antirretroviral, además de los beneficios generales de este tratamiento para los individuos y el país.

Una vez concluido el proyecto experimental en 2007, el Ministerio de Salud de Burkina Faso piensa acceder a fondos comunes de donantes para pagar el tratamiento antirretroviral a largo plazo.  Además, el Banco Mundial acaba de aprobar un nuevo proyecto por US$47,7 millones, el Proyecto multisectorial contra el SIDA y de apoyo al sector de salud, el cual respaldará el fondo común de donantes destinado a salud además de reforzar la labor de prevención contra el VIH/SIDA.

Aunque el costo del tratamiento antirretroviral más común ha disminuido drásticamente en los últimos cinco años, los pacientes pueden llegar a desarrollar resistencia a estos medicamentos y necesitar tratamientos mucho más caros.

La primera línea de tratamiento antirretroviral cuesta cerca de US$300 al año por cada paciente. Si los medicamentos de la primera línea no funcionan o dejan de funcionar, es necesario aplicar la segunda línea de tratamiento, cuyo costo es el doble o el triple. Según Johnston, la tercera línea de medicamentos es demasiado cara como para tener acceso a ella.

Más de 90% de las personas que reciben tratamiento antirretroviral a través del proyecto TAP de Burkina Faso recibe la primera línea de medicamentos, la más barata, agrega.

Johnston señala además que las organizaciones no gubernamentales (ONG) y la comunidad con VIH cumplirán una función vital en el éxito del programa, ya que, con sólo 400 doctores para 12 millones de personas, los médicos tienen demasiado trabajo como para hacer seguimientos regulares a los pacientes y asegurarse de que tomen sus medicamentos.

"Los pacientes deben saber que tienen que tomar sus medicamentos todos los días, que no pueden saltarse un día. Por eso es tan importante la participación de las ONG y las asociaciones".

Las ONG visitan a la familia del paciente, quienes suelen ser muy pobres, y se aseguran de que éste tome sus medicamentos, además de ofrecer apoyo psicológico a todo el núcleo familiar. Si los pacientes no son constantes en aplicar el tratamiento, "el fracaso se hace evidente muy pronto así como el aumento en las tasas de resistencia", indica Johnston.

Los resultados del tratamiento antirretroviral son hasta la fecha tan buenos que aquellos que pensaban que el VIH era una sentencia de muerte pueden disfrutar de una vida más sana, incluso normal, y a sus amigos les cuesta creer que aún tienen VIH, comenta Johnston.

El desafío ahora es asegurarse de que la población general comprenda que los nuevos medicamentos no son una cura, por lo que deben seguir atentos a la enfermedad, agrega.

"Necesitamos trabajar más en prevención", afirma Johnston. "Existe un riesgo real de un repunte de nuevas infecciones, lo cual socavaría todo lo que hemos logrado con el tratamiento".




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